
Vida, feminismo y enamoramiento: Entrevista con Florance Thomas (parte 2)
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En la segunda parte de la entrevista de Rocío Londoño con Florance Thomas se abordan, entre otras cuestiones, los derechos sexuales y reproductivos, la relación mujer-hombre, el amor y la convivencia con “hombres imposibles”, las relaciones madre-hijo y madre-hija, las diferencias con nuevas generaciones de feministas, los movimientos anti-woke y antifeministas, y la percepción de Florance Thomas sobre las políticas de género en el Gobierno del Cambio.
R: De tus aportes al feminismo colombiano, ¿cuáles consideras que han contribuido más a mejorar la condición de las mujeres colombianas, tanto en el plano doméstico como en el cultural y el político?
F: Fue indudablemente muy importante mi aporte a la cuestión de los derechos sexuales y reproductivos. Me integré como fundadora de una Mesa por la Vida y la Salud de las mujeres que creó Profamilia. Nos reuníamos con mujeres especialistas en el tema y feministas en general, en el salón azul de Profamilia, con su directora, María Isabel Plata, una gran defensora de los derechos de las mujeres que murió hace unos años. Eso fue a finales de los años 90, justamente después del encuentro de El Cairo al cual ya hice referencia. Invitamos a periodistas e hicimos trabajos sobre la anticoncepción y el derecho al aborto. Ese fue un tema muy duro en esa época. Me acuerdo de mis primeras intervenciones en la televisión cuando me invitaba gente de la derecha para criticarme, incluso traían fetos de caucho para decir: “Miren lo que van a asesinar ustedes”. Hay un libro mío, Había que decirlo [publicado en 2010], donde cuento todo eso. Además (como lo narro en Fragmentos de Vida), yo aborté en París en condiciones muy difíciles, pues en Francia en 1965 todavía no estaba legalizado el aborto. Esa es una huella biográfica inscrita en mi cuerpo. Para mí, este es un tema muy sensible. Y lo es también para muchas mujeres. Y tomé esta causa como una causa mayor para las mujeres colombianas
Y, por supuesto, seguí trabajando sobre los derechos de las mujeres. Mis primeros libros, como El macho y la hembra [1985], eran trabajos de psicología social, de análisis del discurso y de las canciones más populares en ese momento. Esos libros ya tenían un enfoque un poco feminista. Yo era aún una feminista en construcción, pero me interesaba mucho ver cómo las canciones más populares en Colombia hablaban de lo femenino, de las mujeres y del amor: “Sin ti no podré vivir jamás” y “Si tú no eres mía, no serás de nadie”.
R: En una de tus columnas en El Tiempo expresas cierta nostalgia por el feminismo del cual has sido un punto de referencia. También extrañeza frente a corrientes feministas actuales.
F: Sí, soy nostálgica, digamos, de un feminismo en singular donde no éramos muchas y donde hacíamos grandes marchas y nos encontrábamos todas. En ese entonces también había la ruptura entre la investigación –las académicas–, las activistas y todas estas mujeres que estaban muy metidas en los temas del conflicto armado. Pero de todas maneras nos encontrábamos y podíamos debatir juntas. El año pasado hicimos un encuentro de mi generación de feministas en Santa Marta. Con un comité de cinco amigas lo organizamos y fue financiado en gran parte por ONU Mujer. Fuimos cien mujeres de más de sesenta años, de la segunda y la tercera ola. Estuvimos conversando y debatiendo tres días. Uno de los grandes temas fue la dificultad que tenemos para debatir con las jóvenes. Estamos en mora de hacer un encuentro intergeneracional, porque hay fisuras con la cuarta y la quinta ola.
R: ¿Qué tanto ha incidido el feminismo en cambiar las relaciones de subordinación de las mujeres a los hombres, o las relaciones hombre-mujer?
F: Yo creo que han cambiado enormemente; inclusive diría que no es muy confortable nacer hombre hoy, porque están encontrando mujeres jóvenes muy tenaces que además pueden competir profesionalmente con ellos y tienen grandes ambiciones, proyectos de vida y unas maneras de considerarse a sí mismas. Es decir, la relación hombre-mujer es muy complicada hoy; lo vemos un poco en el gran tema del amor, que creo se ha transformado mucho.
Los hombres de los que me enamoré, que eran de mi generación, a duras penas sabían dónde quedaba la cocina. Yo milité dos años en el Partido Socialista de los Trabajadores, a finales de los 70, y en las reuniones que hacíamos los sábados por la tarde al finalizar el trabajo, los hombres nos decían: “Mujeres, no olviden limpiar el salón y lavar las tazas de café”. Hay un cambio en las relaciones, en el reconocimiento de las mujeres y de sus derechos.
R: Voy a hacerte unas preguntas más personales que me surgieron de la lectura de tu libro Fragmentos de vida. Al hacer referencia a tus relaciones amorosas, dices que los hombres de los cuales te enamoraste eran hombres imposibles. ¿Qué características tenían esos hombres?
F: Eran hombres de mi generación, inteligentes y los escogía muy bien. A algunos los conocí en el Goce Pagano. Hombres interesantes que tenían carretas, pero eran completamente ajenos a la vida de las mujeres, a la vida cotidiana. La pasé muy bien con ellos, pero no era posible la convivencia, sobre todo al inicio de mi feminismo. Sin embargo, me enseñaron muchas cosas. Yo había encontrado una receta muy buena: enfocarme en lo que ellos saben hacer mejor, contar historias. Entonces los escuchaba y me enseñaban mucho de Colombia. Pero además yo ya era un poco feminista. Con ninguno hubo la pregunta de si nos íbamos a vivir juntos. Los veía los fines de semana. Yo fui muy buena madre, siempre disponible para mis hijos. Entonces, Manuel, que era y es muy buen padre, recogía a los niños los viernes por la noche y me los devolvía el domingo. El fin de semana era mío. Entonces podía estar o viajar con amigos o con mi enamorado, ir a visitar pueblitos de Cundinamarca y de Boyacá. Eso sí, fue muy rico. También tuve dos muy buenos amigos que ya murieron, Jorge Bossa y Javier Jaramillo, lo que fue muy duro para mí. Ellos eran del Departamento de Psicología. No sé por qué en Psicología no hice amistad con ninguna mujer.


R: En Fragmentos de vida afirmas que la relación madre-hijo es mucho más fácil que la relación madre-hija. ¿Cuáles son los fundamentos de esta afirmación?
F: Por el complejo de Edipo: los niños se enamoran de su madre y la madre, de sus hijos. En el Grupo Mujer y Sociedad he conocido los conflictos madre-hija. La niña es como Mafalda hablando de su mamá: “¿Ese es el mundo que me espera?” Cuando la madre está saliendo del deseo, la niña está entrando. Cuando la niña tiene 18 años, la madre ya está en la menopausia. Cuando veo los conflictos de mis amigas con sus hijas pienso que he tenido mucha suerte al tener dos hijos con los cuales no tuve ni tengo problemas.
R: ¿Por qué consideras que el amor es una trampa para las mujeres?
F: Porque las mujeres a veces no tienen límites en sus pedidos de amor, aunque ellas saben que nadie les podrá responder a todos sus deseos. Pero tendría que meterme en el psicoanálisis y no es el momento.
R: ¿Cómo podría replantearse la masculinidad sin que se perciba como una amenaza por parte de los hombres?
F: Es una muy buena pregunta. Yo creo que a veces algunos sienten el feminismo como una amenaza. Por eso ha sido muy difícil la relación de los hombres con el feminismo, no con las feministas. A pesar de que los patriarcas no entienden el feminismo, yo no odio a los hombres. Me entiendo muy bien con los hombres y los entiendo, pues ellos estaban tranquilos y su tranquilidad se acabó. Y ahora, como dije antes, nacer hombre y ser un joven de veinte años no es fácil frente de las chicas de hoy, a sus deseos, a sus expectativas y a las preguntas de estas niñas, a la agresividad a veces de las jóvenes, es decir, yo creo que a ellos les hemos quitado su campo de acción y de poder, les hemos quitado su tranquilidad.
El patriarca, el que sabía, el que hablaba, el que no tenía que pedir la palabra, ya no puede existir. Las niñas, las mujeres, hacen los mismos deportes que ellos y juegan fútbol. Yo creo que hay una redefinición de la masculinidad en la vida real. Yo creo que han perdido poder, pero han ganado en poder expresar sus emociones. Los jóvenes pueden llorar. Hay muchas cosas que han cambiado. Tal vez los hombres caminan un poco hacia lo femenino mientras las mujeres caminamos hacia lo masculino. Tal vez estamos más cerca el uno del otro, y eso me parece muy interesante.
R: Hay feministas que asocian el patriarcado con el capitalismo y no se preguntan por la situación de las mujeres en el socialismo. No sienten curiosidad por las transformaciones positivas de la condición de las mujeres y de los hombres en el mundo actual. El discurso sobre el patriarcado parece inamovible.
F: Tal vez yo no estoy muy ubicada en ese discurso, porque tengo dos hijos que han vivido conmigo. En general, siento que los hombres no están muy bien en su pellejo. Inclusive para los de la generación de mis hijos ha sido duro con esas madres que cambiaron tanto. Creo que el feminismo ha hecho transformar muchas cosas. Pero no hay que olvidar que hablamos desde Bogotá. Desde Bogotá tenemos la impresión de que eso ha avanzado, pero aún falta mucho. A veces, cuando me invitan a otras partes de este país tan diverso y tan complejo, hay sitios donde todavía no se puede hablar de las personas LGBTIQ+. Yo les decía a veces a las mujeres: “No saltemos etapas”. Por el momento, creo que todavía hay trabajo por hacer con los homosexuales y las lesbianas. Es decir, tengo la impresión de que estas jóvenes de la cuarta o quinta ola van demasiado rápido, hay cosas que hay que asentar antes de seguir avanzando.
R: Tengo la impresión de que las corrientes feministas en Colombia se ocupan principalmente de mujeres urbanas de clase media, educadas y con intereses intelectuales. Yo soy una estudiosa de los temas agrarios y conozco muy bien el Acuerdo de Paz de La Habana, cuyo programa de Reforma Rural Integral tiene un enfoque de género fuerte, sobre el cual no he visto reflexiones desde el feminismo.
F: Primero, tal vez, fueron las afrodescendientes. También es muy fuerte el feminismo indígena, que es relativamente reciente. Y las lideresas comunales. En la Escuela de Estudios de Género hay trabajos sobre la diversidad de las mujeres. Por ejemplo, los trabajos de Dora Isabel Díaz y de Mara Viveros, entre otros. Pero tienes razón, llegaron tarde en mi generación. Inclusive, en el lanzamiento de mi libro (Fragmentos de Vida) en la Feria del Libro del año pasado, una joven se levantó y dijo: “Bueno, muy bien, pero Florence es una feminista blanca”. Eso me golpeó mucho. Yo le respondí: “Mujer, yo soy una mujer blanca y soy feminista. No confunda las dos cosas, es distinto”. Pero hay mucho resentimiento por el hecho de que mi feminismo también es hegemónico, viene de París, viene de Francia. Pues yo llegué en 1967 y acababa de vivir la preparación de mayo del 68, estuve en las marchas de Simone de Beauvoir, pero no llegué feminista a Colombia. Llegué con una maleta llena de debates y de cosas que había oído, porque Francia es un país donde se debate todo el tiempo de política y de todo.
R: Veo un problema en la excesiva fragmentación de las políticas relativas a los grupos llamados vulnerables: las mujeres, los grupos étnicos, la población LGTBIQ+ e inclusive los jóvenes. Más el énfasis en lo territorial. Me pregunto entonces qué nos une hoy a los colombianos y las colombianas. Esa fragmentación hace muy difícil la comunicación.
F: Hoy eso es mucho más complicado por la interseccionalidad y por intereses tan diversos. Ya no es suficiente ser mujer. Hay que decir mujer popular, campesina, negra, indígena y todo lo demás. Probablemente eso está complicando tanto la comunicación, y habría que encontrar algo común, algo que nos reúna de vez en cuando. ¿Qué sería? Yo no lo sé, eso me preocupa.
R: ¿Los movimientos o posturas anti-woke, de los cuales el presidente Trump y sus electores son un ejemplo extremo, ponen en riesgo los derechos que las mujeres han logrado a lo largo de tantos años de lucha? También se perciben reacciones antifeministas entre los jóvenes de 18 a 25 años. ¿Qué hacer frente a tales reacciones?
F: Estoy empezando a leer sobre eso. Eso cambia todos los días. Ayer escuché al presidente francés, Emanuel Macron, diciendo que estamos en un momento de transformación del orden mundial. Cada vez que prendemos la radio, escuchamos cosas nuevas. No me atrevo a decir más, pues estoy empezando a leer sobre esos temas.
R: ¿Cómo romper barreras en la comunicación pública entre las mujeres y los hombres?
F: El patriarcado es muy resistente. Por ejemplo, Milei en Argentina, o lo que está pasando en Italia y a nivel mundial. Creo que de todas maneras el feminismo ha logrado meterse en la política, en las políticas públicas, y se ha avanzado mucho. Yo no estaba muy a favor de un Ministerio de la Igualdad y de la Equidad lleno de viceministerios. Yo pienso que quizá sería más eficaz una transversalización del enfoque de género a todo nivel. Y vimos que este ministerio no funcionó.
R: Actualmente, ¿cuáles son las luchas más urgentes de las mujeres?
F: Cerrar brechas, tanto en lo político como en lo laboral y en las violencias. También diría que es necesario lograr una comunicación intergeneracional para volver a examinar los grandes debates teniendo en cuenta lo que se ha hecho antes. Pienso que una cuestión como el feminicidio merece mucha más atención. En Colombia dos mujeres son asesinadas diariamente. Y eso justificaría asumirlo como un asunto de Estado.
Otro tema que me parece fundamental es la participación política de las mujeres. Las mujeres deberían estar, casi en paridad, en el Congreso, porque las mujeres no habitan el mundo de la misma manera que los hombres. Entonces no pueden ser solamente los hombres, en mayoría, los que decidan leyes para nosotras. Desde que hay mujeres en el Congreso (actualmente son el 29%, todavía ni siquiera el 30% de la Ley de cuotas), algunas de ellas feministas, se está hablando, por ejemplo, de la menstruación y de muchos otros temas de la vida de las mujeres, y eso es muy importante. En América Latina las mujeres están más representadas políticamente, como en Bolivia, Ecuador y otros países que tienen el 40% o más en el Congreso. En Colombia tenemos el 29% en el Congreso, el 12% de alcaldesas y el 6% de gobernadoras.

R: Una pregunta final: ¿Ha habido progresos en las políticas sobre las mujeres en el gobierno del presidente Petro, por ejemplo, con respecto al feminicidio y otras formas de violencia contra las mujeres?
F: Yo diría que hay progresos en el sentido de que hay más información, que la gente sabe que existe algo que se llama feminismo. En los años 90, las feministas nos preguntábamos si valía la pena meternos en la política. Eso empezó en la Alcaldía de Lucho Garzón con la creación de la primera Secretaría de la Mujer (hoy existen secretarías de la Mujer en muchas de las ciudades capitales). Eso fue un enorme avance, pues hoy en día nadie puede evadir o ignorar que hay problemas relacionados con la vida de las mujeres y que hay políticas públicas de género.
Sobre el Gobierno del Cambio yo diría que hay cierta decepción para nuestra generación, porque teníamos muchas expectativas. Petro sigue pareciéndome un tipo brillante, inteligente, que tiene un discurso sobre el país, que conoce el país de una manera impresionante, pero que no gobierna.
También tuvimos expectativas muy positivas con Francia Márquez. A mí me pareció muy interesante que la ministra de la Igualdad fuera una mujer negra. No sé si ella tuvo muchas dificultades para diseñar un ministerio nuevo y muy grande. Pero nos decepcionó un poco porque nunca habló con nosotras.
Lo de la Paz Total también es muy importante. Pero cuatro años es un tiempo demasiado corto. Recuerdo que Joe Broderick, muy buen amigo mío, siempre ha dicho que la paz con los elenos nunca se podrá hacer.
Hace poco escribí una columna en El Tiempo que titulé “Los matices”, porque el mundo no es blanco o negro y hay que tratar de escuchar y de pensar los argumentos. Termino mi columna diciendo que hay que reivindicar el coraje y el valor de las personas que argumentan con matices, es decir, como dice un intelectual francés, con la radicalidad de los matices.
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Acerca del autor
Rocío Londoño
*Socióloga de la Universidad Javeriana y doctora en Historia de Universidad Nacional de Colombia. Fue Directora del Instituto Distrital de Cultura y Turismo, cofundadora del Observatorio de Cultura Urbana y Decana de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional. Autora de diversas publicaciones. Cofundadora de Razón Pública.
9 comentarios




Muy interesante entrevista con una de las precursoras del feminismo en Colombia. Comparto su opinión de que los hombres caminan hacia lo femenino mientras las mujeres caminamos hacia lo masculino.
Creo que los hombres también se han venido liberando, aunque les cueste, de esa obligación de tener que ser los machotes. Los
jóvenes, hoy, tienen más espacio
para expresar sus emociones, y
eso es muy bueno para ellos.
Creo que han ganado mucho
también. Tengo un hijo y una hija
jóvenes, y la verdad, no he visto
ni sentido mayor diferencia en
mi relación con ellos, creo que
gracias precisamente al
feminismo, que mi hija de 19
años, nos renueva cada día.
Muchas gracias, maestra Rocío Londoño, por ésta entrevista.
Siendo un tema tan vibrante, aún la sociedad ignora el sentido antropológico e histórico esencial del feminismo.
Son los interrogantes de Londoño Botero y los conceptos desde la experiencia de vida y de lucha de Florence Thomas, los que ayudan para hallar la claridad, más allá de los debates políticos y académicos para avanzar hacia la apropiación de las mujeres de las diversidades requisito fundamental de la emancipación de los pueblos.
Traído el abordaje al caso colombiano, la apenas participación de las mujeres en la política aún por debajo del 30%, indica que el patriarcalismo, tiene determinantes ideológicos, más de 200 años con la burguesía y oligarquías en el poder no han permitido si no lo que la lucha de las mujeres ha impuesto. Ahora en el desarrollo de un gobierno progresista, se requiere el tiempo y la formación política, ideológica, administrativa y técnica para que iniciativas como el ministerio de la igualdad, tengan los resultados esperados en el cierre de las brechas propias del patriarcado en un capitalismo dependiente como el nuestro. La propuesta de dar pasos hacia una sociedad nueva como la construcción del socialismo, solo tendrá credibilidad en la medida que avancen en la práctica las reales factores de emancipación femenina.
Los interrogantes planteados son de importancia capital y la entrevistada, con valentía serena, nos deja planteamientos que merecen reflexión.
Hago parte de las feministas que nos llamamos «de a pie,»No tuvimos privilegios y le dimos oportunidad de pensar e investigar a mucha de la academia,y ha sido provechoso este vínculo, no tanto como lo esperado y deseado . Florence debería recordar que nos reclamamos sujetas de placer y deseo aún después de la menopausia y también que antes de la Secretaria de la mujer en Bogotá estaba la de Medellín y otras.Muy interesantes reflexiones pero no pertenezco al feminismo no solo para defender a las mujeres, sino por un sentido muy amplio de justicia Emancipatoria y corporalizada.
Bella e ilustrativa entrevista con una persona referente del feminismo en nuestro país. Gracias profesora Rocío Londoño por compartir y profundizar en este tema tan trascendental para mujeres y hombres.
Bella e ilustrativa entrevista a una persona referente del feminismo en nuestro país. Gracias profesora Rocío Londoño por compartir y profundizar en un trascendental tema tanto para mujeres como para hombres.
Me encanta cómo esta entrevista nos habla desde un lugar cercano y auténtico. Como mujeres, seguimos avanzando en la búsqueda de una sociedad más justa e inclusiva, donde nuestras voces y derechos sean escuchados y respetados. La entrevista nos recuerda que el feminismo no es algo estático; es un camino en construcción que necesita nuestro compromiso y apoyo mutuo para seguir avanzando.
Comparando la primera versión con la segunda, siento que la segunda se siente más cercana, más humana. Se nota un esfuerzo genuino por incluir distintas perspectivas y reconocer la diversidad dentro del feminismo. Eso la hace más real y representativa, permitiendo que más mujeres se sientan reflejadas y comprendidas.
Además, cuando la academia, el activismo y los movimientos sociales se unen, se logra algo poderoso. Juntas, podemos asegurarnos de que los avances que se han conseguido no solo se mantengan, sino que sigan creciendo hacia una sociedad donde todos y todas podamos vivir sin miedo ni discriminación. El feminismo debe seguir siendo un espacio inclusivo y respetuoso, capaz de abrazar nuestras diferencias y apoyarnos en nuestras luchas. Esa es la belleza de este movimiento: caminar juntas, aprendiendo unas de otras y creciendo como una gran comunidad.
El feminismo, y con mayor alcance, los feminismos, han logrado poner en evidencia, social y políticamente, que las mujeres son y deber seguir siendo anclajes de la civilización contemporánea; que sus miradas y sentires expresan intereses y reivindicaciones que cada día se escuchan con mayor potencia y presencia. Sus voces, todavía hoy, son verdades incómodas para un sistema patriarcal que se resiste a reconocer, ya no solo aceptar, que los poderosos hombres no estás solos, de seguro nunca lo han estado, ni con el mismo poder. Hoy cuando nos miramos en el espejo de la vida cotidiana, diaria, nos vemos ellas y nosotros. Difícil y perturbador para muchos poderosos y todos los poderes,
Es por estas consideraciones que valoro como mágica y liberadora esta conversación entre dos mujeres «hechas y derechas», Rocío indagando, explorando, picando el pensamiento y, Florence, tallando, esculpiendo las experiencias de su vida en una narrativa tan simple como bella y auténtica y las dos permitiendo que lectoras y lectores, ausentes pero involucrados, podamos dar rienda suelta a la imaginación, única experiencia intelectual, que nos permitirá actuar libres de enajenaciones políticas e ideológicas. Gracias Rocío por preguntar y gracias Florence por responder.
Agradezco mucho sus interesante y muy pertinentes comentaros