Benedetti: buscar gobernabilidad y afrontar el fracaso
Foto: MinInterior Colombia

Benedetti: buscar gobernabilidad y afrontar el fracaso

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Armando Benedetti, apoyado por la confianza del presidente en su destreza de operador político, encabeza un nuevo intento por consolidar el legado del presidente con la aprobación de las reformas sociales que fueron su principal bandera de campaña.

En los últimos días hemos presenciado varios cambios dramáticos en la configuración del gobierno Petro. El gabinete se ha acomodado a la llegada de un actor disruptivo a la cartera de Interior y ha concentrado sus fuerzas y su atención en un nuevo intento por consolidar el legado del presidente con la aprobación de las reformas sociales que fueron su principal bandera de campaña. 

Entre escándalos y logros iniciales

Armando Benedetti encabeza este esfuerzo apoyado por la confianza del presidente en su destreza de operador político. El nuevo ministro llegó a la Cámara de Representantes en una atmósfera tensa; su historia anterior está marcada por el escándalo y las actuaciones que varios sectores consideran delictivas y, en el mejor de los casos, deshonrosas y censurables. Algunas parlamentarias dirigieron una carta al presidente rechazando el nombramiento. Sin embargo, un ministro impávido y de buen humor llegó al recinto a gestionar los consensos que se esperaban de él. Benedetti se anotó en dos días una victoria: la aprobación de la reforma a la salud pareció demostrar que aún cuenta con la magia de otros tiempos. Pero la alegría duró poco y el panorama cambió en pocos días: la Comisión Séptima del Senado de la República decidió archivar la reforma laboral. El ministro Benedetti se quedó sin la oportunidad de obrar como negociador en el Senado.

La respuesta del presidente a la decisión de la Comisión Séptima fue pronta y radical: amenazó con un rompimiento de relaciones con el Congreso, denunció la decisión como una traición a la voluntad popular y lanzó una apuesta mayor y más riesgosa para asegurar su legado herido gravemente: buscará la aprobación de las reformas sociales (en plural) por medio de una consulta popular. 

Una apuesta de alto riesgo

Esta movida altera significativamente las relaciones con la rama legislativa. Además, vuelve a plantear la cuestión en términos que amenazan desestabilizar la situación política con una lucha por derribar lo que el presidente insiste en llamar bloqueo institucional. En este nuevo escenario Benedetti pasa de tener la responsabilidad de gestionar las reformas en la Cámara y el Senado a impulsar la consulta popular o, por lo menos, mover la idea, que en este momento no es más que una posibilidad. Una que puede descartarse, como ya ha ocurrido. 

Petro ha recurrido a su idea de una democracia directa en varias ocasiones anteriores. El retorno de la propuesta produce un gran impacto mediático, altera la discusión, modifica la agenda política del día. Pero pronto se enfrenta a las dificultades que se plantean para un recurso como la consulta popular. Benedetti debe encargarse de que el Senado la apruebe, que se plantee una pregunta clara y contundente, que se la promueva y que al realizarse consiga el umbral de votación, que es mucho mayor que el resultado obtenido por el presidente en las elecciones de 2020. Hay un largo trecho por recorrer y las decisiones del presidente implican para el ministro del Interior una modificación de su misión y una escasa probabilidad de éxito. Esta figura controversial puede estar a punto de recorrer el camino de fracasos de sus antecesores, todos los cuales tenían el prestigio de avezados operadores políticos con muchos menos cuestionamientos gravitando sobre ellos.

La historia de este gobierno se ha caracterizado por momentos de expectativa seguidos de propuestas maximalistas y llamados a la movilización popular que buscan lograr con el apoyo de la calle lo que no se ha logrado en los recintos del Congreso o en las oficinas de las instituciones oficiales. Varias alineaciones del Ejecutivo han intentado y han fracasado consistentemente en lograr lo prometido. 

Cada tanto el Gobierno, bajo la batuta del inspirado jefe del Estado, retoma sus banderas y sus argumentos: el mandato popular que se manifestó en el Estallido Social y luego en el voto popular de 2022. El pueblo, según la interpretación del presidente, reclamaba, entonces como ahora, un conjunto de reformas sociales que permitan la plena realización de la paz y la democracia. Petro ha tratado de convertir en ley esas reformas y se ha encontrado con obstáculos que ha denominado “bloqueo institucional” (golpe blando, traición al pueblo, etc.) Con esta expresión que encarna su frustración pretende atribuir el fracaso de estas iniciativas no ha su gestión, sino la voluntad de una clase política, una élite, una oligarquía que se resiste al cambio que requiere Colombia. La inspiración sigue produciendo discursos interminables, pero su capacidad de inspirar a otros se desvanece.

Este escenario se repite con distintos títulos y por períodos variables concentra la conversación nacional en los medios, los espacios de opinión y los espacios políticos durante un tiempo, mientras múltiples problemas graves y urgentes pasan a segundo plano, así hemos hablado de Acuerdo Nacional, Asamblea Constituyente y, ahora, Consulta Popular. 

La pasión con la que Gustavo Petro concibe y proclama diversas versiones de la democracia directa, del poder popular, delata su convicción en el viejo ideario del M-19 que su mentor, su héroe, Jaime Bateman Cayón (1940-1983), denominaba, no sin poesía, “El gran Sancocho Nacional”. Una suerte de confluencia de la voluntad popular en la formación de una nueva sociedad en la que fueran posibles la paz y la justicia social. ¿Cómo se prepara semejante plato? ¿Quién puede combinar con maestría la variedad de ingredientes que requiere tan festiva receta? Gustavo Petro ha creído ver en Armando Benedetti alguien dotado de la magia y la poética locura de su héroe de juventud. Las fantasías siempre resultan problemáticas en política, pero ese no es un motivo para desecharlas. En cierto sentido, la conducción de un proyecto político es siempre en buena parte la concepción de una fantasía que pueda ser compartida por muchos de una forma tan inspiradora y enérgica que logre concretar en el mundo al menos algunos de sus elementos. 

Foto: X: Senado de la República Este gobierno se ha caracterizado por momentos de expectativa seguidos de propuestas maximalistas y llamados a la movilización popular que buscan lograr con el apoyo de la calle lo que no se ha logrado en los recintos del Congreso o en las oficinas de las instituciones oficiales.

El desafío final

El presidente ha gobernado apostando a su talento poético durante estos años, ha concebido en el ardor de la plaza pública las demandas más altas de un cambio social, ha desplegado sus sueños de una sociedad ante las cámaras, ha citado teorías y ha ensayado metáforas, siempre en busca de una contraparte que le ayude a concretar sus sueños. Creyó ver personajes así en los exministros Cristo y Velasco, en Roy Barreras y en Jorge Iván González por un lapso demasiado breve. Petro fantasea con un personaje capaz de ejecutar y concretar, capaz de obrar la magia, como llama, muy significativamente, a la gestión del poder ejecutivo.

Un personaje así debe estar dotado de las virtudes del operador político, debe poder moverse como un pez en el agua por los pasillos del Congreso, debe manejar con soltura las luces de los reflectores de los noticieros y las penumbras de salas privadas de reunión, debe poder salirse con la suya cuando esté contra la pared y no parezca haber salida. Debe combinar al orador ocurrente y humorístico con la habilidad de un prestidigitador y, cuando todo lo demás falle, debe poder optar con singular gracia por el cinismo y el descaro. Con estas virtudes pueden negociarse los tratos, pueden reconocerse los dueños de pequeños feudos capaces de aportar sus votos y su influencia en cada espacio, en cada comisión. Así está construido el animal político que puede luchar hasta la última gota de sangre contra su propia extinción. Petro ha visto esta figura, casi mítica, en Armando Benedetti. Sin embargo, sus decisiones han cambiado el panorama: las tareas y los recursos son otros cuando se trata de una consulta popular. La opinión pública ha notado que esta misión final apunta también a preparar el escenario electoral que se avecina; el ministro cuenta con su última victoria en ese campo, pero las fuerzas de hoy no son las mismas.  

Cerremos estas consideraciones con una evocación garciamarquiana, apelando al parecido con el encuentro de dos guerreros agotados avocados a una batalla más. Esta situación se asemeja a la relación entre el general Gerineldo Márquez y el coronel Aureliano Buendía que con tanta libertad evoca el presidente. Benedetti tal vez sea un amigo que esté allí cuando todos los demás se hayan ido y que intente conjurar la implacable soledad del corazón, la implacable soledad que debe producir el naufragio de su legado. ¿Podrá recuperarse el Gobierno de un nuevo fracaso cuando el tiempo que resta es tan corto?

Le recomendamos: Gustavo Petro y la bandera del M-19

Acerca del autor

Juan Fernando Mejía
jmejia@razonpublica.org | + posts

*Investigador Independiente. Doctor en filosofía, exprofesor de la Facultad de Filosofía de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha publicado varios trabajos académicos sobre la filosofía colombiana del Siglo XX.

1 comentarios

Juan Fernando Mejía

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Juan Fernando Mejía

*Investigador Independiente. Doctor en filosofía, exprofesor de la Facultad de Filosofía de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha publicado varios trabajos académicos sobre la filosofía colombiana del Siglo XX.

Comentarios de “Benedetti: buscar gobernabilidad y afrontar el fracaso”

  1. Buenos días, Señor Juan Fernando. No habla usted de la oposición férrea que ha tenido que enfrentar el gobierno como ningún otro, y de que la clase política tradicional, el establecimiento, no quiere ninguna reforma porque teme perder los privilegios que ha tenido durante tantas décadas.

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