Petro: “Tenemos que escaparnos del escenario del Polo” - Razón Pública
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Petro: “Tenemos que escaparnos del escenario del Polo”

Escrito por Rocío Londoño

Rocío LondoñoEn su entrevista para Razón Pública, el ex candidato presidencial analiza la coyuntura, critica duramente a otros sectores del Polo y propone un camino distinto para la izquierda.

Rocío Londoño *

Qué pasó en las elecciones

Rocío Londoño.- ¿Cuál es su balance de la campaña electoral?

Petro 2Gustavo Petro – Es una de las campañas más interesantes de la historia reciente del país, por la diversidad de propuestas, por el tema Uribe, por la montaña rusa de las encuestas y por la búsqueda de opciones por parte de la sociedad colombiana que fortaleció unas candidaturas y después las debilitó. Eso sucedió repetidas veces, lo que muestra un estado de ánimo que yo calificaría como de búsqueda; eso me parece interesante porque ese estado de ánimo al final permite encontrar salidas.

Mi campaña se desenvuelve en ese contexto. También sufre las vicisitudes de lo que yo llamo un punto de inflexión. El 14 de marzo es ese punto: las encuestas nos sacan de la segunda vuelta y hay un crecimiento inesperado del Partido Verde, así como el derrumbe de la candidatura de Fajardo. Las elecciones parlamentarias son en parte una radiografía real de lo que pasó.

R.L.– ¿Qué factores influyeron en ese punto de inflexión?

G.P.– Yo diría que hay dos grandes temas. El primero, las elecciones parlamentarias golpean durísimo a Fajardo. No ocurre lo mismo con el Polo, aunque sí muestran un agotamiento y una pérdida de encanto del partido. Mantiene su votación pero pierde curules. El Partido Verde crece en Bogotá mientras el Polo decae.

Bogotá se vuelve crucial, tanto para el Partido Verde como para nosotros. Lo que sucede en Bogotá es que la ciudadanía, especialmente el estrato tres (que en las elecciones pasadas había sido proclive al Polo y que en las elecciones de 2010 se pasa al Partido Verde y al Uribismo), tiene una percepción negativa de la Administración. Eso nos golpea al punto que perdemos nuestra posibilidad de segunda vuelta e incluso de ocupar el tercer lugar.

Fuerza del Polo, fuerza de Petro

R.L. ¿Qué le quedó a usted de la campaña electoral?

G.P.– El Partido Verde se quedó con buena parte de la expectativa juvenil. Nosotros logramos una enorme fuerza en el Caribe colombiano -población pobre y madura-. Nos convertimos en la segunda fuerza política sin regalar una bolsa de agua en una sociedad que culturalmente está acostumbrada a esas prácticas. Nos fue muy bien en el Occidente (Valle del Cauca, Cauca, Nariño), es decir, los dos litorales son mi gran base política. La región andina es más proclive a Mockus y fuertemente uribista. Estas tendencias nos llevan a dar, en el inmediato futuro, una respuesta sobre el poder regional en el Caribe colombiano y en el Pacífico; y nos obligan a buscar una reconstrucción democrática en la región andina (en especial en Antioquia y Bogotá)

R.L.– ¿Cómo consolidar la fuerza del Caribe y del Pacífico?

G.P.– El Polo no tiene fuerza regional en el Caribe pero sí en el Pacífico. Cuando hice la diferenciación geográfica no estoy hablando del Polo, estoy hablando de mi candidatura. Si se compara la votación de estructuras del Polo en el Caribe con la votación de Petro en esa zona, la distancia es muy grande. En el Pacífico hay una mayor conexión entre el Polo y Petro. En Antioquia es todo lo contrario: el partido anda separado de Petro. La fuerza del Polo estaba en Nariño y Bogotá.

¿Dónde está Petro?

R.L.– Usted calificó al Partido Verde de sectario y elitista: ¿Descarta cualquiera alianza con los Verdes?

G.P.– Esas frases provienen del hecho de que en varias oportunidades les he hecho el ofrecimiento de converger y no han dicho nada. El partido verde tiene un origen que pocos conocen: proviene de la AD-M 19. Las primeras reuniones se hacen entre Mockus, Lucho Garzón y Petro; yo soy el que sugiere que la agrupación de esas tres personas se comunique con el partido verde para adoptarlo como fórmula política. La propuesta fue mía.

R.L.– ¿Y por qué retornó al Polo?

G.P.– Cuando se abre la consulta del Polo nos toca decidir a Lucho y a mí si retirarnos o no. Lucho se va y yo decido permanecer y gano la consulta. Cuando proponemos la coalición, llamamos a Sergio Fajardo, que cometió el gran error de rechazar esa propuesta, pues en ese momento era el candidato más fuerte de los tres y habría sido el gran beneficiario de esa alianza. Alguien decide llamar a Peñalosa y aparece la famosa foto de los quíntuples. Yo estaba a treinta metros de la foto. La tomaron en el Congreso y desató una gran oleada de comentarios, pero quedaba la pregunta: ¿por qué Petro no está ahí?

Ese factor fue decisivo para tomar la decisión de participar en la consulta del Polo, no porque no me hubieran invitado a la foto, sino por lo que eso significaba: un sector de ellos, al parecer simpatizante de Peñalosa, vetó mi nombre, sin mayor oposición de Mockus y Lucho. Y vetaron mi nombre por el fuerte perfil que yo tenía y aún tengo de opositor de Uribe, de hombre de izquierda y excombatiente. Ellos no querían cargar con mi imagen negativa, construida por el mismo Uribe. Eso provocó un distanciamiento e imposibilitó la consulta interpartidista del 14 de marzo.

Todo lo negativo del 14 de marzo, golpeados Fajardo y yo, y con un leve fortalecimiento de Mockus, se hubiera podido evitar si se hubiera logrado una sinergia entre Pardo, Fajardo, Mockus y Petro, optando por una consulta interpartidista. La fuerza política hubiera sido considerable: no lo fue porque del partido verde, de Pardo y de un sector del Polo surgieron rechazos y estaban dispuestos a impedir que eso sucediera.

Aun con los resultados de primera vuelta, volví a proponer un acuerdo. Hablé con Pardo, pero el partido liberal ya estaba succionado por Santos. Pardo ya era un remedo de liderazgo. Ya no existían la iniciativa y la audacia para oponerse a Santos.

Yo logré recuperar al Polo, gracias al resultado electoral que fue bueno. Incluso intenté dar un salto a la convergencia democrática, proponiendo el apoyo a Mockus en la segunda vuelta. Pero el partido verde rechazó esa alianza, liderado otra vez por Peñalosa, sin que Mockus se opusiera. El resultado final no es solo que nos ganaron sino que nos triplican en votos, lo cual tiene efectos políticos. Eso afecta el proyecto democrático, el cual además está padeciendo diversas crisis, entre otras razones por el giro del actual gobierno que está colocando a Uribe en la oposición al gobierno, y porque nosotros no hemos mostrado capacidad de reacción y respuesta.

La vieja izquierda y la diversidad

R.L.– ¿Qué viabilidad y utilidad tendría para el país y para la oposición democrática el acuerdo pluripartidista que usted propone?

G.P.– Este tema tiene que ver con una discusión filosófica, pero atendiendo a la realidad histórica de Colombia. La discusión relacionada con el tema de lo múltiple y con el hecho de que la política del siglo XX, tanto de derecha como de izquierda, desconoció lo diverso. Hoy se debe reconocer que la vieja tesis democrática de las mayorías sobre las minorías no tiene razón de ser porque la minoría es irreductible, e incluso ya no se puede hablar de minorías sino de singularidades. Estamos ante la realidad de esas multiplicidades o de lo que Negri llamaría multitud, fenómeno que ha sido empujado por la globalización, la cual ha acercado esas diversidades y ha acortado las distancias simplemente oprimiendo una tecla.

Sobre la necesidad de mantener la multiplicidad del ser humano surge la pregunta ¿cómo construir un concepto de lo democrático? No puede ser la mayoría sobre la minoría, porque la primera termina aplastando, e incluso destruyendo físicamente a la segunda. Si lo singular es irreductible, la forma de tomar decisiones en una democracia del siglo XXI pasaría por el concepto del acuerdo.

Cuando se funda el Polo Democrático, el criterio era construir un partido que respetara la multiplicidad. Con la llegada de la vieja izquierda, el Polo regresa el viejo concepto de la homogenización ideológica y, por tanto, a la negación de cualquier idea de diferencia. De ahí parte la explicación de la crisis actual del Polo. Si se miran las consignas de la consulta del Polo, no sólo había dos personajes enfrentados -Carlos Gaviria y Petro- sino dos percepciones de la política que ya habían chocado dentro del Polo en varias oportunidades. La tesis de Gaviria era profundizar un proyecto de izquierda con identidad. Yo propongo acordar el futuro, es decir, el acuerdo como la opción dentro de la sociedad colombiana para resolver los problemas democráticos que la aquejan, y que tienen que ver al final con el tema de la violencia y la paz. El acuerdo es una propuesta vencedora en las elecciones del Polo, pero no pudo consolidarse en la práctica porque fue saboteada por la mayoría de la dirección del Polo.

Acuerdo fuera del Congreso

R.L.– ¿En qué se diferencia el acuerdo que usted propone de la alianza de Unidad Nacional del presidente Santos, que ya tiene cerca del 85 por ciento del Congreso?

G.P.– Hay una gran diferencia entre un acuerdo de partidos y un acuerdo ciudadano. El 85 por ciento de apoyo del Congreso no significa el 85 por ciento de apoyo ciudadano. No es que niegue la necesidad de acuerdos entre partidos, de hecho en la cotidianidad del Congreso de la República se hacen múltiples acuerdos partidistas. El tema no es un acuerdo entre partidos, sino acuerdos sobre lo fundamental, retomando la expresión de Álvaro Gómez Hurtado.

Es importante que a los jefes de la oposición les den carros, como solicitaron en la reunión que tuvieron con el ministro Vargas Lleras, pero ese no es un tema fundamental para el país, como si lo es la discusión sobre el territorio, la paz. Hay que propiciar un acuerdo ciudadano porque cada vez se demuestra más que los partidos no representan al conjunto de la sociedad. Hay un gran segmento de la sociedad, sobre todo la más débil, que necesita una transformación y que no se expresa en los partidos. Por eso no existe unidad nacional, eso es un criterio absolutamente equivocado. Existe una unidad entre sectores del gobierno, que por cierto ya se está fragmentando. El gobierno representa nueve millones de electores que constituyen una importante capa de la población colombiana, pero respecto al electorado es una tercera parte de los colombianos.

Aquí hay dos palabras mágicas: diálogo para un acuerdo y territorialización -es en el territorio donde se encuentra la base de la sociedad-. Para buscar un diálogo de la sociedad colombiana hay que territorializar los temas de tierra, agua, víctimas, reconciliación y democracia. Esa fue la propuesta que hice a Santos. No la ha acogido aunque ha tomado algunos temas. Que en su discurso de posesión Santos hablara de las cuatro piedras en lugar de los “tres huevitos” de Uribe es un avance.

El problema del gobierno es que quiere proponer esas reformas a través de un acuerdo interpartidista en el Congreso. Ahí está la gran debilidad, pues no se trata de expedir una ley, sino de hacer reformas que solo tendrán efecto si se aplican en el territorio.

La cuestión de la tierra

R.L.– ¿La presentación, por parte del gobierno, de los proyectos de ley sobre reparación de las víctimas de la violencia y restitución de tierras debilita a la oposición o la fortalece?

Petro_3G.P.– La oposición debería mantener la iniciativa, pero no en el sentido de atacar los proyectos, porque entonces estaríamos atacando lo que hemos defendido. Terminaríamos al lado de la extrema derecha. Cuando yo le propuse a Santos que dialogáramos y propiciáramos un diálogo nacional, había una actitud negativa de los partidos que no están en el gobierno. Este gobierno está dando un giro histórico sobre estos temas, similar al que dieron dos personajes que intentaron una reforma de tierras (Alfonso López Pumarejo y Carlos Lleras Restrepo). Pero ambos reformadores fracasaron. En el tema de tierras hubo un intento normativo en la Constitución de 1991, que desató una oleada de violencia, uno de cuyos principales agentes fue el paramilitarismo. Sin que las estadísticas aún estén completas, ya podemos hablar de 150 mil asesinatos en los campos de Colombia.

En días pasados hubo una reunión en Barrancabermeja a la que asistieron el gobierno y varias asociaciones campesinas. Me dijeron que hubo una gran movilización campesina, lo cual indica que hay una expectativa rural que se puede volver movimiento campesino y que representaría a quince millones de personas que por el miedo y el terror impuesto en los últimos años no se ha podido manifestar. El gobierno anuncia reformas, como lo hicieron López Pumarejo y Lleras Restrepo. Ese intento normativo coloca a la oposición en la tarea de profundizar esas reformas, territorializarlas y generar movilización social. Eso ayuda a volver eficaces esas reformas, e incluso a detener una nueva oleada de violencia que los usurpadores de tierras, que combinan todas las formas de lucha, pueden provocar. Esto nos lleva otro reto: formular un segundo paquete de reformas que ofrezcan salidas pacíficas a los usurpadores de tierras a través de la justicia transicional.

Desafortunadamente todavía no se ha empezado a discutir estos temas. El gobierno sólo ha mostrado intenciones y la oposición, en sus dos grandes vertientes, no ha mostrado iniciativa. El Partido Verde está ensimismado y el Polo, aunque ha pensado muchas veces estos temas, está perdiendo una oportunidad histórica, debido a sus conflictos internos y a que decidió censurar los temas de mi campaña.

Negociar con los narcos

R.L.– ¿En qué consiste su propuesta de “transar jurídicamente una salida pacífica con las mafias”? ¿Acaso no lo intentaron Gaviria y Uribe?

G.P.– César Gaviria lo logró con la familia Ochoa, pero nunca colocó requisitos distintos al de dejar de ser narcotraficantes a quienes se sometieran a la justicia; es decir, Gaviria no tocó el tema de la tierra y ese fue un gran error. Fue una solución a medias, porque Pablo Escobar quedó suelto y fundó el paramilitarismo, que después se legalizó con las Convivir, que inicialmente fueron decretadas por Gaviria, pero fue Uribe su gran impulsor.

Estos dos casos hacen que sea necesario diferenciar una negociación judicial de una negociación política. La negociación política siempre es sobre el poder, lo que se agravó cuando Uribe llegó a la Presidencia, pues negoció el poder con los grupos paramilitares. Yo propongo negociación judicial bajo el concepto de justicia transicional de cara la reconciliación.

La pregunta es: ¿qué se le puede proponer hoy a un narcotraficante usurpador con poder militar y político? Santos dice que hay que llevar el ejército y que si se establece que esa tierra es usurpada se le devuelve a las víctimas. Hasta ahí llega el gobierno de Santos. Yo le expresé personalmente mi opinión: el general que dirija esa operación termina en la nómina del narcotraficante. No hay ejército para combatir o defender la restitución de tierras porque así se mueve el poder local en Colombia. El gobierno no ha entendido este planteamiento.

Sería más eficaz si en vez de mostrar el fusil, yo muestro al fiscal y propongo una política de negociación judicial. Esa negociación no la hace Santos, la hace la Fiscalía. ¿Qué se puede tranzar en esa justicia transicional? Pues menos cárcel y garantías de no extradición. Y a cambio el Estado recibe la decisión, por parte de quienes acepten la negociación, de abandonar el narcotráfico, que no es más que la vieja política de sometimiento a la justicia, pero adicionada con la entrega de tierras por confesión, lo que equivale a entregar el poder.

No sé si esta negociación logre acabar con el narcotráfico -no soy tan optimista-. Posiblemente se desplace a México. Pero lo que sí lograríamos es que un porcentaje importante de narcotraficantes aprovechen la oportunidad de una justicia transicional, y queden millones de hectáreas en manos del Estado.

La ley de justicia y paz reformada por la Corte, que llevó a Uribe temeroso de la verdad a extraditar a los jefes paras, no la aprobada por el Congreso (que legalizó el poder paramilitar,) es un buen pilar para lo que yo propongo. La Ley de justicia y paz es un buen comienzo, pero no cubre un problemas grave y es la forma cómo el poder mafioso se ha tomado Colombia. Si hay una salida donde el usurpador, a través de la justicia transicional, entrega pacíficamente las tierras a las víctimas, habría no solo un proceso de restitución y democratización de la tierra, sino también un espacio para pasar de un diálogo nacional sobre tierras a un proceso de paz.

De la ley y del poder

R.L.– ¿Es suficiente la salida jurídica? ¿Qué hacemos con los sectores sociales y las prácticas culturales que mantienen vigentes las estructuras mafiosas en el país, que es en parte lo que Mockus planteó en la campaña presidencial?

G.P.– Coincidimos con Mockus en que no sólo se puede hablar de estructuras militares, sino que estamos hablando de prácticas culturales que sostienen el modelo, tema que también desarrolla Luis Jorge Garay. Fui el primero en decir que el paramilitarismo era un mal concepto porque no son organizaciones al lado de los militares, sino al lado de los políticos, al lado del poder.

Pero Mockus no habla del poder, su enorme afición a endiosar la norma, siendo la norma misma una segregación del poder, lo lleva a hacer invisible el tema del poder y del territorio. Desde una perspectiva académica, Foucault analiza la relación territorio y población, llegando a un concepto de poder diferente al del marxismo (Foucault define el poder como relacional y con capacidad de manifestarse de múltiples formas en el territorio). En Colombia la organización militar mafiosa se puede eliminar, enterrar, matar, desmovilizar, pero lo que prevalece es el poder mafioso sobre el territorio. Se engañó a la sociedad colombiana al decir que la desmovilización de las organizaciones militares de los narcos llevaba a la desnarcotización del país. El poder mafioso, por el contrario, aumentó en el territorio colombiano. La manifestación económica de este poder es el latifundismo improductivo y la concentración de la tierra. Por eso es que el gobierno de Uribe no podía explicar por qué seguían aumentando las estadísticas del desplazamiento forzado, aunque se había “arrinconado” a las FARC y “acabado” con el paramilitarismo. La pregunta que surgía entonces es: ¿quién desplaza a la gente? Pues el poder mafioso que se ha empoderado de Colombia. Este concepto de poder es clave porque se trata de desmantelarlo pacíficamente.

La paz, entre ciudadanos

R.L.– Usted ha sido particularmente crítico de las FARC y de la lucha armada en general. En las circunstancias actuales cuál sería su propuesta para solucionar el conflicto armado interno.

G.P.– Yo no soy crítico de la lucha armada en general. Yo tomé las armas alguna vez. En la realidad colombiana el uso de las armas está llevando a un fortalecimiento de la extrema derecha y el debilitamiento de una opción democrática. Eso lo habíamos reconocido los que estábamos en armas en 1989 y por eso las dejamos. En ese momento llegamos a la conclusión de que no era viable la lucha armada como un elemento de construcción democrática en Colombia. Las FARC y el ELN decidieron seguir con las armas y se degradaron. Hoy es muy difícil encontrar un colombiano que no crea que la continuidad de las FARC imposibilita la construcción de un proyecto democrático.

La persistencia de las FARC en las armas mueve mi crítica, pero yo no puedo criticar la historia de las FARC, no puedo criticar por qué surgieron, son realidades de nuestra historia. Lo que pregunto es porqué en América Latina los proyectos democráticos han avanzado con sus errores y aciertos y la excepción es Colombia.

Lo que colectivamente hemos propuesto en el Polo, que está escrito en el ideario de unidad aunque silenciado por quienes dirigen actualmente el partido, es una idea de paz diferente a la clásica, es decir, a la de una negociación entre actores armados, Estado – guerrilla. Yo pienso que ese tipo de negociación es irrepetible. La paz hoy es un acuerdo entre ciudadanos sobre temas fundamentales.

Me preguntó ¿qué pasaría con las FARC en una eventual situación donde hubiera una transferencia de tierras a víctimas y a campesinos y un proceso de equidad social? Posiblemente unos profundizarían la violencia y otros aceptarían esa nueva realidad y abandonarían la guerra. Ojalá que la mayoría aceptaran este cambio. Pero las FARC son un movimiento fragmentado, como el Estado y la sociedad colombiana. Las FARC no pueden seguir siendo las protagonistas de un proceso de paz: son los ciudadanos los que deben tomar el protagonismo y hacer que los actores armados reaccionen.

Territorializar la política

R.L.– ¿Cómo lograr que los ciudadanos se interesen en participar en lo que usted denomina diálogo nacional, teniendo en cuenta que usted mismo dijo que hay una gran parte de la sociedad colombiana que no está interesada en temas como el desplazamiento, las víctimas, el agua?

PetroG.P.– Si territorializamos, activamos la ciudadanía. Yo lo llamé en mi campaña constituyente local. Uno de los grandes errores de la constituyente del 91 es que se hizo un acuerdo nacional sin pensar en el territorio; se delegó este importante problema a una comisión de ordenamiento territorial que a pesar de los grandes esfuerzos de Orlando Fals Borda nunca se le prestó atención. Como consecuencia de la falta de atención al tema territorial, a los cinco años de promulgada la Constitución, las élites locales se levantaron en armas masacrando cualquier opción democrática y pregonando la idea de la refundación de la patria, de la cual el uribismo es su expresión política. Por eso hoy tenemos un gobierno balbuceante pues no sabe si seguir el proyecto del uribismo de la refundación de la patria o acogerse a la filosofía constitucional.

Insisto en que el tema del territorio es clave; eso lo logra Uribe con los consejos comunitarios, pues aunque no invita a toda la comunidad, sino a sus amigos, territorializa su gobierno y pega el uribismo al territorio. Por eso en mi campaña me di a la tarea de caminar por la calle, incluso sin la compañía de estructuras del Polo. Otra debilidad del Partido Verde es que no está territorializado, es una oleada virtual. Para mover el tema del agua, por ejemplo, debo ir a Carmen de Bolívar, la Mojana, Magangué, es ahí donde se mueve la población, donde se concreta la participación ciudadana.

El Polo, Carlos Gaviria

R.L.– En una entrevista reciente usted afirmó que el Polo era incapaz de expresar un proyecto nacional. Esa y otras críticas a la dirección del Polo dan la impresión de que usted no se siente cómodo en ese partido.

G.P.– El Polo se pensó para aglutinar a todos los sectores progresistas de Colombia y enfrentar el uribismo; pero eso ya no existe porque el proyecto democrático se diluyó en varias facciones políticas. El Polo no fue capaz de ser el partido del proyecto democrático. Hay demócratas en el Partido Verde, en organizaciones indígenas, en lo queda del liberalismo, incluso hay sectores democráticos en el uribismo que hoy no tienen una opción política. No fuimos capaces de ser el polo de atracción democrática del país. Ahora se trata de ver cómo logramos coordinar ese proyecto democrático en su dispersión.

R.L.– Clara López celebró la creación de una “corriente democrática” dentro del Polo, liderada por usted, y a la vez le recordó que en el Comité Ejecutivo lo espera una silla que usted se ha resistido a ocupar. Por eso le critican el no respetar las reglas del juego.

G.P.– Son ellos los que rompieron las reglas de juego, de convivencia mínima. La consulta es una regla fundamental dentro de la historia del Polo. Hubo una consulta para escoger candidato presidencial del PDI entre Antonio Navarro y Samuel Moreno. Nosotros derrotamos a Samuel Moreno. Cuando vino el proceso de aglutinamiento con Carlos Gaviria, hubo una consulta entre él y Antonio Navarro. Ganó Gaviria y de inmediato todos colaboramos en su campaña. En la alcaldía de Bogotá hubo una consulta para escoger candidato entre María Emma Mejía y Samuel Moreno. Yo apoyé a María Emma Mejía. Ganó Samuel: al día siguiente los que apoyamos a María Emma nos pusimos a trabajar en la campaña de Samuel. En cambio cuando yo gano la consulta, el resultado inmediato de los simpatizantes de Carlos Gaviria es no apoyar ni trabajar en la campaña.

R.L.– ¿Y la foto que usted y los miembros de la dirección del Polo se tomaron con Carlos Gaviria, fue flor de un día?

G.P.– Hay que mirar ese hecho dentro del cronograma electoral. Cuando Gaviria dice que entra a salvar el barco, es en el mes de abril de 2010. Pero la campaña había empezado en septiembre de 2009, y desde el 14 de marzo ellos habían roto las reglas del juego. Incluso sectores de Carlos Gaviria nunca estuvieron en mi campaña: Gloria Cuartas apoyó la candidatura de Jaime Araujo, sectores del antiguo trotskismo levantaron la campaña del voto en blanco y otros, sin decir nada, hicieron huelga, es decir no actuaron.

Hubo un hecho que no hice público porque estaba en medio de la campaña: un mes antes de las elecciones del 14 de marzo, el presidente del Polo negó la firma para la publicidad en televisión, aunque había dinero para eso. Todos los partidos tratando de ganar potenciaron a sus candidatos volviéndolos presidentes de sus partidos. En mi caso no fue así, porque no querían que a mí me fuera bien. Había un sector del partido que creía que si a mí me iba mal habría una recuperación del partido. Sólo cuando una encuesta muestra que estoy por debajo del 4 por ciento, ante el peligro de una crisis financiera por el famoso umbral del 4 por ciento (porcentaje mínimo para obtener recursos del Estado para la campaña presidencial), sólo entonces algunos sectores deciden meterse a la campaña y Gaviria dice: “El barco se está hundiendo, vengo a salvarlo porque usted no tiene un programa de izquierda”. ¿Quién rompió las reglas? ¡Ellos!

No es inteligente ni sensato que, una semana después de finalizada la campaña presidencial en la que yo había obtenido un millón 400 mil votos, resultado aplaudido incluso por nuestros rivales hasta el punto de tomar las banderas nuestras, lo que me lleva a enviar una carta a Santos proponiendo un diálogo sobre banderas que yo mismo he defendido, se me censura y se me dice que no estaba autorizado para hacer esa propuesta. Clara López, a quien yo puse como fórmula vicepresidencial de manera unilateral (pues no fue una negociación sino una decisión mía) es la encargada de censurarme. Entonces, lo que hay es una homogenización del partido, es decir, ellos no quieren a Petro. Me vuelvo un obstáculo porque gané la consulta y porque represento unas tesis que tienen que ver con el respeto de lo múltiple, con un foro plural, con una tesis de acuerdo que va en contravía de una homogenización ideológica del Polo y de confrontación.

Izquierda de estrato tres

R.L.– Usted dice que el discurso de la izquierda no llega a los pobres. ¿Es un defecto del programa del Polo o del lenguaje de los dirigentes? ¿Qué cambios introduciría usted para enmendar esa falla?

G.P.– Es un tema de comunicación. Hay incomunicación entre izquierda y pobres. La derecha se comunica más fácilmente con los pobres. ¿Nos preguntábamos por qué? Yo hablaba de la tradición de la izquierda que es el sindicalismo, que por la realidad política y violenta de Colombia se ha reducido a un sindicalismo de empleados públicos, los cuales son vistos en muchas partes del país como privilegiados por las capas mayoritarias pobres. Las campañas parlamentarias de izquierda son campañas encerradas en guetos sindicales de donde salen votos suficientes para ser senador o representante, pero no más.

Yo veía eso críticamente, porque mi estilo de campaña no es encerrado, sino en la calle. Hicimos un análisis de lo qué pasa en la calle en Colombia. La mayoría de la calle es estrato tres y dos. El pobre no está en la calle sino es por el vendedor por el ambulante o los trabajos informales. El estrato uno se refugia en su barrio, no tiene nada que hacer. El rico tampoco está en la calle. El tema está en que si la izquierda se queda en el estrato tres, donde tiene sus fuentes de comunicación, no va a lograr las mayorías y ahí es imprescindible la comunicación con los estratos uno y dos, tanto rural como urbano, es decir, con los pobres.

Samuel “solito”, MOIR y clientelismo

R.L.– ¿Cómo puede un proyecto de izquierda convivir con prácticas clientelistas? Usted afirmó recientemente que la corrupción en la Alcaldía de Bogotá no es de miembros del Polo, que son una ínfima minoría en la administración, sino de funcionarios nombrados por el alcalde Moreno y su hermano. ¿Significa esto que el Polo está exento de toda responsabilidad política en el manejo de la ciudad?

G.P.– Este es un tema que venía siendo discutido en el PDI, es decir, la fase del Polo entre 2002 y 2006. Para muchas corrientes (feministas, LGBT, indígenas, defensores de derechos humanos) que confluimos en la configuración del Polo nos encontramos con facciones que venían del sindicalismo, especialmente del magisterio, como la de Jaime Dussán. En ese momento también llegó Samuel, no la ANAPO, Samuel solito. Ambos traían un estilo de prácticas muy similares al clientelismo.

Hubo un primer choque porque cuando se disputa la candidatura presidencial del Polo en el 2006, había dos candidatos: Samuel y Navarro. Nosotros derrotamos de lejos a Samuel, pero el primer problema surge porque ganamos la Alcaldía de Bogotá con Garzón y obviamente al ganar la Alcaldía, la discusión de las prácticas administrativas se volvió fundamental. Garzón se equivocó en ese momento, pues tratando de no potenciar las corrientes de Petro y Navarro, que él llamaba las corrientes del M-19, decidió apoyarse en Dussán y Samuel. Y éstos traían el clientelismo, así que Garzón no logró detectar a tiempo el peligro de las prácticas clientelistas dentro de un proyecto alternativo.

Eso no fue muy visible porque estábamos creciendo y ellos no eran mayoría. Ellos van empoderándose y yo tomé la decisión de que para controlar ese clientelismo cada vez mayor, que se construyó a partir de la administración de Bogotá, nuestro mejor aliado era la izquierda tradicional y los invité a ser parte del PDI. No esperaba que al cabo de los años se armara una alianza entre la izquierda tradicional y ese sector clientelista, pues yo suponía que la izquierda tenía diferencias ideológicas con nosotros, pero no estaban involucrados en prácticas clientelares.

Y lo que ha sucedido es una alianza de Jorge Robledo e Iván Moreno, que en el pasado no hubiera sido tan importante porque Robledo no tenía la fuerza que ahora tiene en el Polo, e Iván Moreno estaba solo. La familia Moreno gana la Alcaldía de Bogotá y lo que hace es profundizar cien veces lo que Lucho incipientemente había permitido. Se empoderan las clientelas, logran poder político y económico y atraen una masa de miembros en el Congreso y en el ejecutivo por ese tipo de prácticas. Y al juntarse con la izquierda tradicional hacen una mayoría en el Polo.

La alianza izquierda tradicional – clientelismo se puede describir así: la izquierda tradicional cree que está utilizando unos personajes oscuros (clientelistas) con la intención de derrotar el oportunismo de derecha que representa Petro. Por su parte, los clientelistas creen que están utilizando a unos personajes de la izquierda tradicional para destruir la opción que está criticando al clientelismo en el Polo. Esta masa clientelar de Bogotá se destruye una vez se pierda la alcaldía. Desde la lógica del partido comunista y del MOIR esto hará posible que, una vez desaparecida la facción clientelar, se pueda construir un partido de marxistas revolucionarios, lo cual va en contravía de lo que se planteaba el Polo en sus inicios y era constituirse en un proyecto que convocara la diversidad.

El veto al entendimiento

R.L.– Me sorprende que la izquierda tradicional descarte lo que en la vieja terminología se llamaba un frente democrático amplio, táctica que tanto el Partido Comunista como el MOIR han utilizado en diferentes momentos de la vida nacional.

G.P.– Yo propuse hacer una consulta interpartidista para enfrentar a Uribe -me refería a la construcción de un frente amplio-; se lo dije a los sectores de la izquierda tradicional. Aquí debemos de nuevo aterrizar el tema a la realidad colombiana. El Partido Comunista cumplió la semana antepasada ochenta años y el MOIR no está muy lejos, ambos tiene una historia en la que volvieron cultura la oposición. Nosotros, en cambio, venimos de una corriente (el M 19) que se construyó con la tesis de ser una alternativa de poder. Y lo ha practicado: se volvió mayoría en la Constituyente, ganó la Alcaldía de Bogotá, la gobernación de Nariño, con todo y sus errores y aciertos.

Cuando yo propongo el acuerdo interpartidista sobre mínimos fundamentales, estoy hablando de ser gobierno y esa perspectiva de ser gobierno con otros no encaja en esa cultura de oposición. La izquierda se siente bien siendo oposición. Si perdemos la alcaldía de Bogotá, la izquierda tradicional se siente mejor porque se quita el embeleco de gobierno que existía y se mantiene la tesis de oposición.

El otro elemento fundamental es el uribismo, porque provoca polarización y reacción. Uribe polariza en contra de nosotros, y entre nosotros nace una contestación a ese ataque. La polarización lleva a que el contrincante se te parezca.

Dos hechos reflejan esa tesis. El primero, cuando estaba preparando el debate del paramilitarismo en Antioquia, lo cual genera la persecución de Uribe contra mí, sorprendentemente Jorge Robledo se opone al debate porque yo propongo un acuerdo por la verdad. Sabiendo yo que la verdad es un instrumento democrático. Es la única vez que yo vi que alguien de mi bancada se oponía a un debate. Para Robledo plantear el tema de un acuerdo era desdibujar la oposición. El segundo, fue la marcha contra las FARC. ¿Qué dice el Polo frente a la marcha contra las FARC? Dice que es uribista. Al decir que es uribista no capta que es la mayor marcha de la historia de este país. Estos hechos nos han costado muchísimo, hasta el punto de que hoy en día es muy difícil para el Polo desmarcarse de las FARC. Todo esto generado de manera hábil por Uribe, el cual ha sabido aprovechar las contradicciones internas del Polo.

Corriente democrática

R.L.– Usted afirmó que en Bogotá “la ciudadanía castigará al Polo” en las elecciones de octubre de 2011. Ante esa posibilidad, ¿quién sería un buen aliado?

Petro_4G.P.-Tenemos que escaparnos del escenario del Polo y plantear un proyecto democrático. ¿Cuál es la posibilidad de que el proyecto democrático mantenga la Alcaldía de Bogotá o por lo menos incida en ésta? O mejor dicho: ¿Cómo logramos que Bogotá no se pase a la derecha?

Nosotros hemos construido una, “la corriente democrática”, que involucra gente de dentro y fuera del Polo; todavía hay una discusión acerca de la permanencia o no dentro del Polo por parte de los integrantes de esta corriente que me han nombrado su vocero. Aunque el tema de Bogotá todavía se está debatiendo y es prematuro hablar de decisiones, hemos planteado que la “corriente democrática” mantendrá su autonomía política con miras a las elecciones de octubre de 2011 y con tres propuestas claves: (1) Tener excelentes candidatos, ajenos a la corrupción y con capacidad de gobierno; (2) Construir bloques regionales democráticos, y (3) Hacer propuestas de transformaciones democráticas reales que no se queden en simples coaliciones electorales. Esto lo vamos aplicar a Bogotá. Más adelante se presentarán propuestas concretas y veremos si funciona.

R.L.– Hay sectores del Polo que lo apoyan, pero dicen que usted actúa solo y no los consulta…

G.P.– Se ha formado un petrismo sectario que yo he intentado destruir porque no nos sirve para la construcción de las grandes colectividades que queremos construir para cambiar a Colombia. Por eso nunca he dejado que se consolide lo que ha dado en llamarse el petrismo. Si fuera por una decisión individual hace tiempo me hubiera retirado del Polo; pero la búsqueda de construcción colectiva, incluso antes de la consulta presidencial del Polo, me llevó a privilegiar, más que mi deseo personal, una colectividad plural que me quiere acompañar y que constituye una potencia que mis contradictores no ha podido destruir.

Herramientas como el Twitter también me han permitido complementar mi trabajo en la calle. Hoy tengo 20 mil seguidores, que no es una gran cifra pero que comparada a la de otros dirigentes del Polo es amplia, lo cual genera molestias en el sector tradicional. Lo cierto es que tenemos una corriente en proceso de organización. Ese vacío de organización, esa ambigüedad de no saber qué va a pasar en cuatro meses, si estamos dentro o fuera o del Polo, si construir o no un nuevo proyecto, es propio de un momento de transición que, además, genera la necesidad de mucha acción individual, pues mientras nosotros estamos sumergidos en nuestros problemas, el país se está moviendo, el gobierno está actuando, los grandes temas se están dirimiendo y nosotros aquí encerrados. Por eso es necesario construir más que una corriente, una colectividad. He llamado más de tres veces al Partido Verde para que salga de su ensimismamiento y hablemos de los temas nacionales.

R.L.– ¿Qué papel político aspira a desempeñar ahora y en los próximos dos años?

G.P.– Yo tengo un liderazgo derivado de 1 millón 400 mil votos, que es un acumulado colectivo e individual del trabajo realizado durante una década. Esa votación es un eco, que muchos quisieran que finalice lo más rápido posible. Yo quisiera alargarlo porque es la forma de reproducir un mandato popular en términos de programa. La encuesta de ayer (6 de septiembre) me da el punto de favorabilidad más alto desde cuando me tienen en cuenta en esta medición -es un signo favorable en el cambio de percepción de la sociedad colombiana con respecto a mi persona-. ¿Qué puede pasar con eso? No tengo idea.

*Cofundadora de Razón Pública. Para ver el perfil de la autora, haga clic aquí.

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