Venezuela: abunda el descontento, escasean las respuestas
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Ante los precios del petróleo en picada y el fracaso de su modelo económico, Maduro acaba de anunciar nuevas medidas. ¿En qué consisten ellas, cuál será su eficacia, a dónde van las cosas, que haría la oposición, y por donde es la salida?
Roberto Cajamarca Gómez*
La crisis y sus causas
La drástica caída del precio del petróleo ha sumido a Venezuela en una crisis económica apenas comparable a la que causó el paro petrolero de 2002-2003. Este 30 de diciembre, el Banco Central de Venezuela (BCV) reveló que la economía se había contraído en cerca del 4 por ciento durante 2014, y la inflación había sido 63 por ciento, la más alta del mundo.
Pero las causas de la crisis económica son muchas. La nacionalización de más de mil empresas afectó su productividad, mientras que otras están paralizadas por la falta de dólares asignados para importar insumos y por los controles de precios establecidos hace más de una década.
El índice de escasez, que el BCV publicaba cada mes, no ha sido dado a conocer desde enero de 2014, pero las filas de personas que buscan alimentos y otros productos básicos ilustran la situación de manera elocuente. Según la encuestadora Datanálisis (gráfica adjunta), la escasez supera a la inseguridad como el problema más grave en el país, pese a que Venezuela tiene la segunda tasa de homicidios del mundo. La tensión es tal que el Gobierno decidió resguardar los almacenes y mercados con sus fuerzas de seguridad.

Fuente: Datanálisis
Mientras tanto el presidente Maduro se empeña en culpar a los empresarios opositores de una "guerra económica", pues según él acaparan e inflan los precios para hacer que la gente trate de apresurar sus compras. Según Maduro, se trata de una reedición del paro petrolero, cuando los gremios paralizaron la economía para forzar la renuncia de Chávez. El presidente olvida que, a diferencia de aquella vez, hoy es el Estado quien controla la mayor parte de la comercialización de productos básicos.
El impacto fue agravado por un modelo cambiario y fiscal insostenible, por el debilitamiento del sector privado y, por una corrupción desbordada
En todo caso, según Datanálisis, la gente pasa un promedio de ocho horas a la semana en las filas ´de abastecimiento, y el 65 por ciento de quienes compran productos de higiene y farmacia acaban por revenderlos. Lo cual es especialmente crítico para un gobierno cuyo apoyo popular se basa en un amplio sistema de subsidios sobre los bienes y servicios de primera necesidad.
Paradójicamente, la crisis ha alterado la polarización tradicional de la sociedad venezolana, que ahora está unida en su mayoría por el descontento, pues todo mundo padece directamente las consecuencias de un modelo económico insostenible. Según la misma encuestadora, la aprobación del gobierno de Maduro descendió a 22 por ciento en diciembre.
Un modelo fallido
En 2012 y 2013, los altos precios del petróleo, que aporta el 96 por ciento de las divisas del país, permitieron aumentar el gasto público durante las campañas electorales, elevando el déficit fiscal hasta 17 por ciento del PIB.
2014 debió haber sido el año del ajuste, pues no había elecciones y Maduro contaba con una Ley Habilitante para legislar como tuviera a bien. Pero, asediado por las protestas, se quedó sin margen para tomar medidas impopulares y ahora está pagando muy altos costos políticos – a pocos meses de las elecciones parlamentarias-.
Una caída tan drástica del precio de los hidrocarburos afecta seriamente a cualquier economía petrolera. Sin embargo, en Venezuela el impacto fue agravado por un modelo cambiario y fiscal insostenible, por el debilitamiento del sector privado y, por supuesto, por una corrupción desbordada que se lucra de estos desequilibrios. La ineptitud de este modelo económico es tal que no es posible encontrar un país que lo haya replicado, aún entre los miembros afines del ALBA.
![]() Marcha estudiantil contra el gobierno de Nicolás Maduro en la ciudad de Maracaibo, Venezuela. Foto: Wikimedia Commons |
Los anuncios de Maduro
Desde 2003 está en vigencia un régimen de control de cambios que progresivamente se ha hecho más complicado. Hasta ahora convivían tres tasas oficiales (6,30; 12 y 52 bolívares por dólar) y una cuarta -considerada ilegal-, de 184 bolívares por dólar, 29 veces superior a la tasa subsidiada.
Este miércoles, después de casi un mes de postergaciones, Maduro anunció la modificación del sistema cambiario con tres tasas oficiales, como parte de las medidas contra la recesión, la inflación y el desabastecimiento.
El presidente informó que se mantendrá la tasa subsidiada de 6,30 bolívares por dólar para alimentos y medicinas, la unificación de las dos tasas administradas mediante subastas del Banco Central, y la reapertura de un mercado libre de permuta de títulos operado por las casas de bolsa, el cual había sido proscrito en 2010. En la práctica esto implica una legalización del mercado “paralelo” de divisas.
El presidente también reabrió el debate sobre el subsidio de la gasolina, que cuesta al Estado venezolano más de 15.000 millones de dólares por año. El precio del combustible venezolano –el menor del mundo- está congelado desde 1998. En 1989, un aumento de su precio desató la revuelta popular conocida como "El Caracazo".
Maduro también anunció medidas para mitigar el impacto del ajuste, que incluyen un aumento del 15 por ciento en el salario mínimo -muy por debajo de la inflación-, la asignación de 300.000 nuevas pensiones y 200.000 becas universitarias, algunas inversiones en infraestructura, y una “jornada especial” de abastecimiento.
Sin embargo el presidente, no aludió a lo que hará para reducir el déficit fiscal, ni explicó los resultados de su gira por siete países en busca de ayuda financiera y de aliados para contener la caída del crudo.
“Dios proveerá”
A falta de detalles sobre las medidas anunciadas, es difícil establecer si se moderarán las intensas presiones económicas que sufre Venezuela.
La legalización del mercado paralelo de divisas implica una devaluación implícita y de magnitud aun no conocida. Esto permitirá que el Gobierno reciba más bolívares por cada dólar, aliviando el déficit fiscal pero acentuando la inflación, que podría alcanzar los tres dígitos, con el costo político asociado. Además, mantener la tasa subsidiada de 6,3 bolívares por dólar para bienes prioritarios, preservará los incentivos para el arbitraje cambiario, las importaciones ficticias y el contrabando de extracción.
En la práctica esto implica una legalización del mercado “paralelo” de divisas.
El insólito "Dios proveerá", tan ampliamente registrado por medios y redes sociales, es una cruda confesión de la incapacidad del chavismo para asumir los costos de la crisis, y de su obstinación en esperar el repunte del precio del petróleo que no llegará pronto. Podría decirse que otro refrán venezolano e ha convertido en principio y guía del actual gobierno “como vaya viniendo, vamos viendo”.
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Las cosas van a empeorar
Todo indica que la crisis se agravará durante los próximos meses:
- De mantenerse en los niveles actuales el precio del petróleo, los ingresos por exportaciones de hidrocarburos caerán en 25.000 millones de dólares este año, agudizando la escasez de divisas.
- Esta semana, el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronosticó una contracción adicional del 7 por ciento del PIB para 2015.
- Simultáneamente, los mercados perciben una mayor probabilidad de default. Venezuela debe pagar 11.000 millones de dólares este año, pero el momento crítico llegará en octubre, cuando los vencimientos alcanzarán 5.000 millones de dólares. El costo de los contratos sobre la deuda venezolana a un año refleja un 65 por ciento de probabilidad de impago para diciembre de 2015, mientras que la firma Moody's bajó la calificación de la deuda soberana a Caa3, el mismo nivel de Ucrania, que atraviesa una guerra civil.
El escenario es más complejo si se considera que los venezolanos no tolerarán aumentos en el precio de la gasolina mientras se siga enviando petróleo subsidiado a otros países. Es muy probable que se recorten las asignaciones de crudo a través de Petrocaribe, lo cual afectaría a algunas economías de la región. Cuba se ha adelantado a esta posibilidad, y oportunamente ha volteado su mirada hacia Estados Unidos, en busca del oxígeno que ya no le puede proporcionar Venezuela.
Por otro lado, la crisis encuentra a una oposición fragmentada. En los últimos días, Henrique Capriles endureció su discurso y llamó a movilizaciones contra el gobierno. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD), debilitada por divergencias internas durante el último año, intenta[1] reaglutinar a los opositores para obtener la mayoría de la Asamblea Nacional en las elecciones de finales de este año. Pero el grupo liderado por María Corina Machado mantiene la estrategia que llama “La Salida” que busca la liberación de Leopoldo López y otros presos opositores, y el desalojo de Maduro y su gobierno.
Dos escenarios inciertos
La magnitud de la crisis y la caída de los ingresos son tales que el ajuste cambiario anunciado resultará insuficiente para cambiar el curso de la economía. La solución pasaría por reconocer los errores y dejar de reciclar fórmulas que han demostrado ser ineficaces. .
Venezuela necesita que su sector privado produzca. Para eso no solo es necesario simplificar los sistemas cambiario y de control de precios -haciéndolos más transparentes- sino establecer un diálogo constructivo. El gobierno debe dar un primer paso liberando a los estudiantes y dirigentes opositores detenidos durante las protestas.
Lamentablemente, este diálogo podría no ser atractivo para la oposición, que se debate entre dos escenarios más probables.
- Primero, la oportunidad que le brindará la elección parlamentaria de este año, cuando podría obtener la mayoría si hace un esfuerzo especial para trasladar el descontento a las urnas y reconstituirse como una alternativa apegada a mecanismos pacíficos y electorales;
- segundo, un estallido social al cual tendría que intentar darle un cauce democrático, resistiendo la tentación de una ruptura del orden constitucional de consecuencias imprevisibles.
La crisis venezolana está lejos de un desenlace inminente y no puede entenderse con criterios inmediatistas. La solución de la crisis económica exige también profundos cambios sociales y políticos. La sociedad venezolana tiene el desafío de emprender un proceso de reencuentro, reconocimiento y recomposición del tejido democrático.
* Economista, consultor, ex Consejero Político y Económico de la Embajada de Colombia en Venezuela, y Director de Estudios Económicos de la Cámara Colombo Venezolana.
[1] http://www.ultimasnoticias.com.ve/noticias/actualidad/politica/mud-se-reunira-en-pleno-para-armar-estrategia-para.aspx
Acerca del autor
Roberto Cajamarca
* Economista de la Universidad Nacional de Colombia, consultor en políticas públicas, docente universitario y ex diplomático.
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