La campaña presidencial en Colombia: una nueva oportunidad para la democracia - Razón Pública
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La campaña presidencial en Colombia: una nueva oportunidad para la democracia

Escrito por Roberto Cajamarca

Insatisfacción en las urnas debilita la democracia, lo que hace un reto para las próximas elecciones

Roberto CajamarcaLas falsedades, la fiebre de las redes y el populismo se han tomado las campañas políticas. Pero en vez de resignarse, esto obliga a ir al fondo de la democracia. Y hay maneras concretas para hacerlo, empezando con las elecciones del próximo año.   

Roberto Cajamarca*

Democracia en crisis

La vieja forma de hacer las cosas no funciona, pero la nueva forma de hacerlas no se ha encontrado. Esta, según Antonio Gramsci, es la definición del “interregno” o de la  transición, cuando se da un vacío entre las reglas que ya no sirven y las que reglas que se están construyendo.  

Pues bien: la demoracia liberal y representativa ha quedado en “interregno” después de que el Brexit, la elección de Trump y el plebiscito por la paz en Colombia pusieran en evidencia sus debilidades – y mostraran, de paso, el poco entendimiento que tenemos de nuestras sociedades-.  

La democracia, que en muchos países se da por descontada, es mucho más frágil de lo que imaginamos. La llegada o permanencia en el gobierno como fin último de las elecciones ha dado pie a candidatos y campañas que apelan a la distorsión, a las acusaciones temerarias, al miedo o al odio hacia los presuntos “enemigos públicos”.

Estas campañas pueden ser muy efectivas en épocas de crisis de representatividad o de desgaste de los liderazgos. Por eso son frecuentes en las democracias afectadas por una gran incertidumbre o por la falta  de gobernabilidad. Además, en estos casos las encuestas fallan porque no alcanzan a advertir sobre la existencia de “espirales de silencio” que ocultan un voto vergonzante que crece hasta llegar a ser la mayoría. Y las advertencias  sobre el riesgo de un salto al vacío no se tienen en cuenta porque sus autores son vistos  como parte del establecimiento que debe ser removido.

Las redes sociales y los nuevos medios de comunicación tienen un papel central en estos procesos. Aunque ellos democratizan la información y son un medio ideal para ejercer el  poder  ciudadano, el anonimato que permiten las redes lleva a que rumores y mentiras se propaguen con una velocidad alarmante hasta adquirir la apariencia de verdad. En la política de la “pos-verdad” (elegida como palabra del año en 2016 por el Diccionario Oxford) los hechos tienen menos valor que la percepción que se tiene de ellos y los discursos engañosos no merecen el repudio social de otros tiempos.

Como si fuera poco, gran parte de la población ya no participa en los asuntos públicos ni se involucra en los procesos electorales. Por ejemplo Colombia presenta los mayores niveles de abstención entre los principales países democráticos. En el plebiscito del 2 de octubre de 2016, 63 por ciento de los colombianos habilitados para votar no lo hicieron (Gráfica1).

Gráfica 1. Abstención en las elecciones recientes

Abstención en las elecciones recientes

* Países con voto obligatorio.

Fuente: elaboración propia con información de organismos electorales.

Promesas incumplidas

Manifestación cultural realizada en Bogotá por una libertad de pensamiento.
Manifestación cultural realizada en Bogotá por una libertad de pensamiento. 
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

Sin embargo es un error atribuir exclusivamente este fenómeno a la indiferencia o a la “ignorancia” de los electores y desconocer la creciente y legítima insatisfacción de grandes sectores con los resultados de las instituciones democráticas, e incluso con la democracia misma.

La exclusión social, entendida como la falta de acceso de los ciudadanos al ejercicio de sus derechos, a las instituciones, a los recursos y a las oportunidades, es el fracaso más evidente de los liderazgos políticos contemporáneos. Las “promesas incumplidas”, sobre las cuales  advertía Norberto Bobbio hace tres décadas, han producido una paulatina degradación de los valores que nutren a la democracia y aseguran su sano funcionamiento.

Hoy están en crisis los principios que sirven de fundamento a la democracia, como decir la tolerancia frente a quien piensa distinto, el pluralismo, la lógica de inclusión como cimiento de una sociedad democrática, la preeminencia de la razón frente a los sentimientos como base de las decisiones y la valoración de la política como el arte de construir consensos que incorporen las visiones de los otros.

La democracia, es mucho más frágil de lo que imaginamos.

Los candidatos y partidos que representan las formas tradicionales de hacer política han perdido credibilidad. En Colombia, las principales instituciones políticas son desaprobadas por la mayoría de ciudadanos, muchos líderes parecen ligados a un establecimiento que está alejado de los intereses y necesidades de la población, y cada vez es más difícil construir consensos entre las fuerzas políticas para brindar respuestas a los problemas de fondo de la sociedad (Gráfica 2).

Gráfica 2. Percepción de las instituciones políticas en Colombia

Percepción de las instituciones políticas en Colombia

Fuente: Gallup Poll, diciembre de 2016.

Ante esta situación la escasa y lenta capacidad de respuesta de un Estado democrático ante problemas complejos y de largo plazo, es una desventaja frente a las propuestas populistas que son relativamente más fáciles de llevar a cabo. Como consecuencia, los electores se sienten más atraídos por expresiones políticas autoritarias fundadas en la intolerancia, la exclusión, la discriminación y la mentalidad binaria y reduccionista. En suma, en los valores propios de la antidemocracia.

Un pacto por la ética

La tolerancia frente a distintas opiniones y cultos, será de vital importancia para las nuevas campañas electorales.
La tolerancia frente a distintas opiniones y cultos, será de vital importancia para las nuevas campañas electorales.  
Foto: Presidencia de la República

Esta nueva realidad política no desaparecerá de manera espontánea. Por el contrario, el sistema democrático experimentará cambios profundos en poco tiempo que llevarán a nuevas formas de liderazgo, autoridad y gobierno.

La campaña del plebiscito del 2 de octubre fue un aviso sobre lo que puede ocurrir en las elecciones parlamentarias y presidenciales del próximo año en Colombia. Por eso las iniciativas políticas, las organizaciones ciudadanas y los medios de comunicación, sea cual sea su signo ideológico, deben tomar nota de estas lecciones y fomentar la construcción colectiva de mensajes renovadores que promuevan una ciudadanía informada, crítica e involucrada en las decisiones públicas.

Los desafíos de la democracia solo se superarán con más y mejor democracia.

Para ello podrían acoger un compromiso en torno a los siguientes principios fundamentales durante el desarrollo de la próxima campaña:

  • Garantizar el respeto y uso mesurado del lenguaje. Evitar los insultos y las acusaciones temerarias.
  • Se gobierna para todos, por eso hay que decir no al discurso de odio y a la invención de enemigos (internos o externos).
  • Se necesitan campañas sustentadas en hechos verificables. Hay que decir no a la desinformación.
  • Solo la transparencia garantiza la confianza que se traduce en capital político real. Toda idea debe resistir la exposición pública.
  • La calidad del debate público es esencial si se quiere dar más poder a la gente y construir una democracia inclusiva. Hay que escuchar a todos los representantes de sectores sociales y económicos que puedan brindar una perspectiva informada a los ciudadanos.
  • Hay que hacer uso responsable de redes sociales y nuevos medios de comunicación y promover los discursos que le den valor a las comunidades, de manera ética y responsable.
  • Promover espacios para que los líderes escapen de su zona de confort y busquen una mejor comprensión de lo que piensa y siente la sociedad.
  • Se necesita una cobertura informativa independiente y equilibrada que fomente el diálogo y el debate público informado.
  • Hay que asegurar un compromiso de respeto a los resultados electorales y al equilibrio institucional.
  • La democracia no se agota en las elecciones. Hay que promover espacios de deliberación local, asegurar las condiciones para que la ciudadanía puedan encontrarse y sostener discusiones informadas para que sus conclusiones sean divulgadas.

Los desafíos de la democracia solo se superarán con más y mejor democracia. Por fortuna, en Colombia existen muchos nuevos liderazgos que mantienen la congruencia entre el discurso y la acción, comprenden las necesidades de los ciudadanos y promueven propuestas innovadoras para atenderlas. Es hora de articularlos en torno a la construcción de una cultura cívica que renueve los valores democráticos de nuestra sociedad.

 

* Economista, consultor, ex Consejero Político y Económico de la Embajada de Colombia en Venezuela, y Director de Estudios Económicos de la Cámara Colombo Venezolana.

 

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