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Sucedió así en el Hay Festival

Escrito por Myriam Bautista
Myriam Bautista

Myriam BautistaPor sexta vez, escritores y músicos, nacionales y extranjeros, se expusieron a la mirada y oídos de un público heterogéneo que llenó auditorios en la Cartagena amurallada. Una crónica de lo sucedido, más allá del registro social y cultural de los medios.

Myriam Bautista *

Tráfico humano, realidad inadmisible

La periodista Dominique Rodríguez Dalvard, enviada especial de El Tiempo a Cartagena, resumía así los pormenores de la investigación de la escritora mexicana Lydia Cacho, una de las más comentadas y aplaudidas en el pasado Hay Festival, que se llevó a cabo entre el 27 y el 30 de enero:

“Uno preferiría que no existiera este libro. O al menos que fuera historia. Pero Esclavas del Poder, un viaje al corazón de la trata sexual de mujeres y niñas en el mundo, existe y está más que presente… Luego de viajar durante casi cinco años por 46 países, en muchos de ellos de incógnita, con nombre falso, vistiéndose como monja, hablando con fuentes que luego fueron asesinadas y exponiéndose al peligro de las temerarias mafias chinas y japonesas, realiza una denuncia que revela el entramado perverso del negocio de la trata sexual, vinculado con el de las drogas, las armas, el blanqueo de dinero y la maquila.”

En Cartagena no son necesarias estas arriesgadas peripecias. En el centro amurallado, espacio donde se realizan todas las actividades del Hay Festival, en uno de sus restaurantes emblemáticos, por la belleza de sus instalaciones, por la rica comida que sirven y por la amabilidad de sus camareros, presencié una de esas escenas que podrían haber sido expuestas por Lydia Cacho. En la mesa contigua un grupo grande de hombres rudos, fuertes, hablando en inglés, cenaban con lindas niñas jóvenes, vestidas para la ocasión. En principio nada delataba que podría tratarse de comercio sexual.

Había que sacarlos

Sin embargo, los desagradables comentarios, en tono muy alto de los hombres, seguros de que nadie les entendía, bromeando acerca de lo que pasaría después de la comida, el silencio de las jóvenes que se limitaban a sonreír, la llegada del “chulo” o “proxeneta”, buscando al único que hablaba español para concertar sitios y precios a voz en cuello, descubrió la trama.

Dos de nuestras compañeras de mesa se dirigieron de inmediato al administrador del restaurante, quien visiblemente abochornado se comunicó con rapidez con el personal de seguridad y ordenó que les indicaran a esos “clientes”, que ya habían terminado de cenar, que debían abandonar el restaurante de inmediato. Los negociantes de sexo, con sus amigas y el intermediario, salieron sin prisa, asombrados eso sí de que hubiera personas molestas con su proceder. No fue gran cosa la que conseguimos, pero dejamos constancia de que aún quedamos personas que no aceptamos la esclavitud sexual, así sea consentida, y nos negamos a aceptar ese tráfico que ofende por igual a hombres y mujeres. 

Cartagena se ha convertido en uno de esos lugares donde el comercio sexual es diario y permanente; en donde en las esquinas “chulos” ofrecen niñas y niños a hombres extranjeros que puedan pagarles 150 euros, sin que haya autoridad que lo impida y sin que nadie se ofenda o solicite respeto por esas víctimas inocentes que a cambio de unos pocos pesos sacrifican su infancia, su juventud y la vida misma.

Dos Cartagenas

Este incidente retrata de cuerpo entero a esas dos Cartagenas que conviven, casi de manera fraternal, la de la pobreza y miseria extremas de un porcentaje grande de la población y la de la opulencia de un turismo indolente y “non sancto”, que viene creciendo y que, de no detenerse, en poco tiempo pondrá a Cartagena a codearse con las ciudades de Vietnam, Tailandia o Camboya.

Lydia Cacho ha documentado los casos de más de 200 mil niñas menores de 10 años,  obligadas a practicar sexo oral, por un puñado de dólares, los que sin embargo son el único salario de familias numerosas, como sucede por estas latitudes y que en varias oportunidades  ha sido descrita y denunciada por periodistas y miembros de organizaciones no gubernamentales que trabajan con estas jóvenes y en general con la población vulnerable a estos ataques. 

Oscar Collazos, hace ya ocho años, sintetizó en un excelente artículo que aparece en Internet, la paradoja de nuestra ciudad Patrimonio Mundial de la Humanidad.

La creciente prostitución, las basuras, los deficientes servicios públicos (no hay mes en que no se den cortes de luz y de agua en los sectores céntricos y turísticos), el desempleo, la suciedad de las playas, la contaminación del mar, el descuido arquitectónico de casas y edificios en la ciudad amurallada, los suburbios donde habitan inmensos conglomerados humanos sin alcantarillado, sin luz, sin agua, en casuchas techadas con plástico y la existencia de barrios como El Pozón y el Nelson Mandela, residencia de cientos de desplazados, hablan del desgreño administrativo y del olvido secular de unas élites que siguen construyendo lujosas viviendas sin reparar en sus vecinos y sin compadecerse de unos habitantes simpáticos y alegres, que se quejan poco.

La clase media cartagenera, cada vez menor, brilla por su ausencia en los eventos literarios del Hay Festival, la “cachaquería” se toma casi todos los auditorios; pero en los sitios de rumba como Quiebracanto, Habana Café, Bazurto y otros “boliches” o en los conciertos al aire libre, siempre se tiene la oportunidad de intercambiar con hombres y mujeres de La Heroica, admirar su baile, su frescura y buena onda, que no cambia así consuman varias botellas de “three corners”.

A lo que vinimos

El Hay Festival, en esta oportunidad, como en las anteriores, destinó el diez por ciento de la boletería para estudiantes, sobre todo, pensando en la población universitaria de la ciudad y programó dos talleres gratuitos también para estudiantes: el uno de guión con la participación del director de cine y guionista español Manuel Gutiérrez Aragón y del guionista cubano Senel Paz; y otro de edición, conducido por la fundadora de Tusquets Editores, Beatriz de Moura y el mexicano Eduardo Rabasa, director de la editorial independiente Sexto Piso. Los cupos se agotaron en las inscripciones, pero a la hora de los talleres sobraron asientos.

Los organizadores desplazaron a los míticos integrantes del Buena Vista Social Club hasta la Universidad de Cartagena, repartidos en dos auditorios diferentes, para que interpretaran sus canciones más conocidas y tuvieran un intercambio más personal con los jóvenes. Este evento, unido a los talleres gratis para niñas y niños con autores de literatura infantil, habla de una filosofía muy sabia que busca llevar la literatura a los más jóvenes para que poco a poco vaya convirtiéndose en el público fiel de mañana.

Público fiel como el que, en los últimos seis años, ha hecho de este escenario la mejor vitrina para conocer la nueva literatura y oír de boca de sus autores sus secretos, manías, virtudes y vicios a la hora de concebir novelas y cuentos reconocidos en el mundo y por especialistas, pero ajenos a los profanos o a lectores comunes y corrientes.

Pedro Navajas, ministro y abogado

La música es plato fuerte y siempre los intérpretes famosos terminan de íntimos de sus admiradores gracias a confesiones, en logradas entrevistas, hechas por Roberto Pombo.  En esta oportunidad fue el cantante, escritor, compositor, actor, músico, abogado y político panameño, Rubén Blades, quien inauguró el evento en una entrañable y nostálgica charla, en la que se descubrió a uno de los más importantes cronistas de los años setenta, que dejó huella y sigue causando admiración por su versatilidad y proyectos a sus sesenta y pico de años.

Como cuando contó que para este año tiene previsto grabar quince discos, entre los que se destacan uno con el guitarrista español Paco de Lucía, otro con cantantes brasileros, un tercero de boleros y muchos otros que por falta de tiempo no alcanzó a detallar. Y para el año 2012 ya está inscrito en una universidad norteamericana para hacer una especialización en derecho, sin abandonar sus otras labores, en las que ocupa lugar cimero la política, porque confesó que de todas las actividades que ha desempeñado, en ninguna como la de Ministro de Turismo se había sentido tan cómodo, por lo que no descarta volver a presentarse como candidato a la Presidencia de Panamá.

También por falta de tiempo Pombo no le indagó a Blades sobre su Chica Plástica que se convirtió en el anti paradigma de las universitarias y jóvenes de los setenta, pero la charla finalizó con un video de Pedro Navajas, interpretado por un Blades cuarentón que hizo rodar más de una lágrima, con esa increíble narración que durante ocho minutos mantiene en vilo a rumberos empedernidos.

Y si Blades cantó y encantó, la reunión de viejos y jóvenes músicos en el concierto de Buena Vista Social Club se robó el corazón de salseros de nuevo y viejo cuño y puso a bailar a quienes lograron ocupar las primeras filas de la Plaza de la Aduana, en un concierto maravilloso, donde de paso se homenajeó al Compay Segundo, fallecido hace un par de años. Los conciertos de piano del norteamericano Philip Glass y del noruego Kjetil Bjornstadt, completaron un menú musical diverso pero con altísima nota al final de cada ejecución.

Tanta creatividad reunida

Y en cuanto a la parte literaria fueron sorprendentes los descubrimientos de:

  • El filipino Miguel Syjuco, considerado como uno de los novelistas más iluminados por cuenta de su único libro publicado, Ilustrado, que de acuerdo con Beatriz de Moura, lectora irredenta, es una de las novelas que más la ha entretenido en tres oportunidades.
  • El francés Philippe Claudel, cineasta y escritor que se ha caracterizado por recrear y enaltecer la vida de quienes habitan las prisiones, las casas de discapacitados y hospitales, con quienes convivió por una década.
  • Los españoles David Trueba, cineasta, escritor y periodista que con su agudeza, inteligencia y sentido del humor se robó el show y el micrófono en todas sus apariciones públicas, y Juan José Millas que con su modestia y sensibilidad impactó a un auditorio que desconocía sus méritos como hombre de bien.
  • El italiano Alessandro Baricco, filósofo, ensayista, dramaturgo y director de cine, arrancó aplausos con la narración de la tras-escena de sus obras Seda, que ha vendido millones de ejemplares y de Los Bárbaros, con menos lectores, pero en donde desbarata los clichés de los intelectuales de por allí y de por aquí, con una sencilla y entendible prosa.
  • La mexicana Guadalupe Nettel se destacó no solo como narradora de su vida y milagros sino como entrevistadora, y su obra, que ha obtenido, en tan poco tiempo, tantos premios, se dio a conocer.
  • Finalmente, de nuestros escritores destaco a Tomás González, quien sin dejar de lado su veterana timidez, se aventuró a pronosticar que no todo está perdido y que si España pudo dejar atrás las profundas huellas de una dictadura feroz, así Colombia podría encontrar luz para salir de este túnel que nos agobia.

De los entrevistadores hay que mencionar a Hugo Chaparro, siempre bien preparado, documentado e inteligente en la conducción de las charlas, Marianne Ponsford, incisiva, conocedora de la obra del escritor que presentó y Daniel Samper Pizano reafirmando sus cualidades de maestro del periodismo y dueño de uno de los más agudos ingenios y mejores sentidos del humor del país.

Ya cogió impulso

La cita quedó concertada para el año entrante en donde nuevas y nuevos profesionales de la escritura se sentarán a conversar en público, para delicia de quienes puedan asistir, en un encuentro que no requiere de publicidad ni de charlas de convencimiento, porque cada una de las ediciones ha dejado la certeza de que siempre se encontrarán maravillosos seres humanos que, por añadidura, son excelentes narradores y muchas cosas más, porque ahora a ellas y a ellos no les basta con ser solo escritores.

Y ojalá la dirigencia cartagenera y la del país le presten la atención debida a la grave situación de desigualdad que de no intervenirse puede colapsar y acabar con la Heroica, así esté amurallada y parezca impenetrable.

*Periodista. Ha trabajado en la revista Semana y colaborado en Lecturas El Tiempo, en las revistas Credencial y Número. Además ha escrito en El Espectador.

 

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