Desastres socio-naturales ¿Y ahora quién podrá defendernos? - Razón Pública
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Desastres socio-naturales ¿Y ahora quién podrá defendernos?

Escrito por Camilo Cárdenas
Camilo Cardenas

Camilo CardenasEn medio del invierno y el desmonte del Sistema Nacional de Prevención y Atención de Desastres, hay que rescatar la labor de INGEOMINAS. Y sin embargo el gobierno nacional pretende quitarle su función a este Instituto, lo cual sería simplemente irresponsable.  

Camilo Cárdenas *

Una mala idea

Los colombianos tenemos el derecho a reclamar la protección del Estado en su integridad física frente a eventos peligrosos de la naturaleza. En mi caso personal, además, como primer Director del Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres (SNPAD), desde su creación y bajo los gobiernos de Barco y de Gaviria, me siento con autoridad moral para reclamarle al Gobierno Nacional que preserve lo poco que queda del Sistema.

Aludo aquí a los anuncios del Presidente Santos y el Ministro de Minas y Energía referentes al proceso de transformación del Instituto Colombiano de Geología y Minería (INGEOMINAS), para destinar esta institución en forma exclusiva a la administración y vigilancia de la locomotora minera.

Hay que reconocer la importancia que el Gobierno quiere otorgarle a la seguridad de las personas vinculadas con la explotación minera, a la cual el país estaba en mora de prestarle la atención debida. Sin embargo, no puedo compartir y menos guardar silencio acerca de la tesis según la cual la búsqueda del laudable objetivo de proteger la vida de miles de mineros justifique el aumento irresponsable de la inseguridad de millones de colombianos expuestos a los riesgos sísmicos, vulcanológicos y geotécnicos a lo largo y ancho de todo el territorio nacional.

Esta afirmación se sustenta por ejemplo en las palabras del Ministro de Minas y Energía ante la Cámara de Representante en septiembre del año pasado cuando, a propósito de  la reestructuración de INGEOMINAS, declaró que “El Ministerio de Minas y Energía reconoce la importancia de los observatorios vulcanológicos y la red sismológica nacional para la prevención de desastres. La reestructuración contemplará la asignación de estos importantes servicios a una entidad del Estado” [1].

Una gestión excelente 

Ninguna persona seria -y menos un Ministro formado como ingeniero civil- podría argumentar que en el país exista una institución más apropiada que el INGEOMINAS para desarrollar las actividades referentes a los riesgos sísmico, vulcanológico y geotécnico. La vigilancia apropiada de esos fenómenos de la naturaleza depende íntimamente de la investigación geológica y el conocimiento acumulado acerca del país. De ahí que no exista una entidad distinta del Instituto que pueda brindar mejor soporte científico-técnico a esa vigilancia.

Pueden existir críticas a INGEOMINAS en relación con la administración del recurso minero, las cuales no entro a discutir. Pero, ¿quién puede criticar a esta institución respecto del conocimiento y vigilancia de los fenómenos geológicos peligrosos, después de que la ley que creó el SNPAD la designó como autoridad máxima en riesgos geológicos?

Más bien, en estos momentos de fuertes y no sé si justas críticas a la entidad, debería también reconocerse lo que ha hecho y la tranquilidad que ha brindado al Estado y a la población durante las crisis volcánicas y sismológicas.

¿Por qué no reconocerle a INGEOMINAS sus aportes para la prevención de desastres, como son, entre otros, la cartografía geológica y los mapas de amenaza  para uso en los planes de ordenamiento territorial, así como la oportuna información suministrada a la población en momentos de crisis volcánicas para que puedan salvar su vida?

¿Por qué no reconocer, como se hace a nivel internacional, las altas calidades científicas del personal de INGEOMINAS, logradas por su esfuerzo y por el respaldo de ingentes inversiones del Estado y de la Cooperación Internacional  durante más de dos décadas?

Ciertamente en algunos países estas responsabilidades se han asignado a instituciones como las universidades, pero los resultados distan de ser satisfactorios. No solamente o no siempre porque ellas no puedan dedicar  el suficiente personal científico de manera exclusiva a estas materias, sino porque la  vigilancia de estos riegos debe realizarse 24 horas al día, durante 365 días al año, una exigencia que no corresponde a la dinámica de las entidades académicas. Los mayores logros en el continente se han alcanzado precisamente en aquellos países donde la vigilancia corre por cuenta de instituciones de investigación geológica.

Pesadilla del pasado

Lo dicho arriba adquiere más validez si se compara con la forma como el  Gobierno en su momento manejó el doloroso evento que afectó el área de influencia del Volcán Nevado del Ruiz en 1985.  En Armero murieron más de veinte mil personas. Y esto se debió a la desidia del Gobierno, puesto que no hizo el menor esfuerzo para salvarle la vida a la población durante el año anterior a esta catástrofe anunciada.

Bien sabemos que, con una adecuada vigilancia y un oportuno aviso, la población de Armero habría dispuesto de tiempo suficiente para trasladarse a territorio seguro y a poca distancia de su lugar de residencia. Pero esto no ocurrió así y el gobierno de la época se lavó las manos, alegando el supuesto desconocimiento del riesgo existente.

Esos pretextos no tendrían validez hoy en día. Nadie ignora que Colombia es uno de los países con mayor riesgo volcánico, sísmico y de deslizamientos: sobre esto hay suficientes estudios y mapas de amenaza, elaborados precisamente por  INGEOMINAS.

Los expertos internacionales reconocen también que, después del fracaso institucional que condujo a la tragedia de Armero, hoy por hoy Colombia cuenta con una de las instituciones más respetadas en cuanto a investigación, conocimiento y vigilancia de las amenazas geológicas: INGEOMINAS.

Además, desde 1988 Colombia dispone de una legislación que establece responsabilidades para todas las entidades del Estado vinculadas con la gestión integral de riesgos, así como para  quienes causen riesgos de índole socio-natural.

Responsabilidades

Política y jurídicamente, en el caso de Armero era difícil establecer responsabilidades sobre los daños causados por la erupción del Volcán Nevado del Ruiz.

No obstante hacia el futuro, si se toma una decisión como la anunciada por el Gobierno Nacional, no cabe la menor duda sobre quién recaerá la responsabilidad por las consecuencias que puedan derivarse del mal manejo de eventos geológicos, porque esta vez las autoridades no podrán alegar que no estaban advertidas en el momento de privar a INGEOMINAS de la función que mejor ha cumplido.

Repartir mercados en lugar de prevenir y dar la alerta 

Pese a los altos riesgos socio-naturales que registra Colombia y a la consternación de quienes participamos en la creación del SNPAD, lo que queda de él es muy poco, como se ha visto a raíz del manejo de las inundaciones que hoy estamos sufriendo.

En efecto: Los dos últimos gobiernos convirtieron la Dirección Nacional del Sistema en una agencia para la distribución mercados y menajes, abandonando casi en su totalidad su actividad primordial, la de prevención de riesgos y desastres.
 
Todavía sobrevive la valiosa labor de INGEOMINAS. Salvemos al menos este capital científico y técnico para conservarlo hasta cuando el Gobierno Nacional decida recuperar y fortalecer el Sistema que está haciendo tanta falta.

* Ingeniero Civil de la Universidad Nacional de Colombia. Primer Director del Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres. Consultor en Reducción de Riesgos Socionaturales.

Notas de pie de página



1. Ministerio de Minas y Energía, presentación en el Debate en Plenaria de la Cámara C/134 ( disponible en  http://tinyurl.com/4oolu6r)

 

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