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Las víctimas: memoria contra la desmemoria

Escrito por Myriam Bautista
Myriam Bautista

Myriam BautistaEl Grupo de Memoria Histórica viene reconstruyendo historias de violencia reciente, dando voz a víctimas y recomendando que sus necesidades se conviertan en políticas. Sus narrativas exhaustivas y sus análisis novedosos e independientes, son la advertencia autorizada de que todo ese horror puede volver a ocurrir. 

Myriam Bautista*

El palo no está para cucharas

No solo la fuerte lluvia que cae sobre Bogotá por estos días parecería conspirar contra la celebración de la IV Semana por la Memoria, organizada por el Grupo de Memoria Histórica (GMH), a celebrarse entre el 15 de noviembre al 6 de diciembre.

La falsa víctima de la masacre de Mapiripán y las razonadas, aunque controvertidas, explicaciones del Comité de Abogados José Alvear Restrepo, amén de los innombrables e innumerables obstáculos para desentrañar la verdad, son nubarrones que empañan los esfuerzos por hacer públicos los informes sobre una época de horror y terror a la que muchas personas preferirían echar tierra, desde distintas instancias y ojalá en sigilo total.

Los integrantes del GMH parecen inmunes a este clima desalentador: en oportunidades anteriores, multitudinarias y variopintas audiencias se hicieron presentes, personas que nunca habían oído sobre estas masacres, otras que ya las habían olvidado y un sector minoritario que las tiene presentes y considera importante volver sobre ellas cuantas veces sea necesario.

Se trata ni más ni menos de un homenaje a quienes lo han perdido todo, salvo su dignidad y espíritu de lucha: las víctimas. Miles de carne y hueso y miles que siguen sin ser reparadas y cada vez más estigmatizadas, por hechos aislados como el de la falsa víctima de Mapiripán. 

Trabajo duro

El trabajo de GMH está tocando a su fin. Han sido años duros para curtidos investigadores e investigadoras sociales, quienes por mandato del Estado y en asocio de agencias internacionales, embajadas, intelectuales de otras áreas de creación y medios de comunicación, han escarbado hasta el fondo para reconstruir hechos violentos y sacarlos a luz pública.

Las Semanas por la Memoria se han convertido en espacios singulares para el recuerdo de episodios salvajes que sobrepasaron los límites de la racionalidad, que en su mayoría no han tenido seguimiento mediático, ni institucional y ni siquiera judicial, en algunas oportunidades.

Como bien lo expresó, en un video que acompañaba la obra de teatro El deber de Fenster, que montó el Teatro Nacional, una joven del municipio de Trujillo (Valle), mirando de frente a los espectadores, decía en la pasada semana: “Para ustedes estas escenas y relatos son cuestión de una o dos semanas, de unas horas, para nosotros han sido el pan diario desde que nacimos y hasta que no haya sanción y reparación, no podremos olvidar ni por un solo instante esos crímenes que enlutaron a nuestra comunidad”.

Un reto con la historia

La misión no parecía ni aceptable ni viable cuando el abogado–historiador Gonzalo Sánchez Gómez, del Líbano (Tolima) —uno de los investigadores y escritores colombianos más respetados en este campo— fue llamado a crear y coordinar el grupo de investigación de la Comisión Nacional de Reconciliación y Reparación.

Pero como Sánchez lo ha expresado en varias oportunidades, no podía dudar ni un minuto en ponerse a la cabeza de este reto con la historia, con el país y sobre todo con las víctimas, porque se trataba de ayudar con su conocimiento, trabajo y dedicación a cientos de hombres y mujeres inocentes, que quedaron en medio del fuego cruzado de unos guerreros sin ley.

Muchas de estas víctimas perdieron su vida y la gran mayoría su tierra, sus escasos enseres y hoy sobreviven en condiciones infrahumanas en los extramuros de ciudades grandes y pequeñas, haciendo parte de los excluidos de la sociedad, para vergüenza nacional.

La Ley 975 del 2005 fijó la tarea a Gonzalo Sánchez y a su grupo interdisciplinario, del que hacen parte entre otros, Pilar Riaño, Álvaro Camacho, Fernán González, María Emma Wills, Jesús Abad Colorado, Iván Orozco y Rodrigo Uprimny: “elaborar y divulgar una narrativa sobre el conflicto armado, que identifique las razones para el surgimiento y la evolución de los grupos armados ilegales”.

Para hacer realidad ese mandato, lo primero que hicieron fue ubicar temas transversales y casos emblemáticos de violencia, de ahí pasaron a investigarlos utilizando una metodología en la que sobresalen ejercicios de acercamiento y diálogos con los habitantes de las comunidades donde sucedieron los hechos; realización permanente de talleres y conversatorios; entrevistas con distintas autoridades y personajes involucrados; presentación y montaje de exposiciones, trabajos fotográficos y audiovisuales, así como la reunión del mayor número de expresiones de creatividad de esas comunidades.

Han estudiado también expedientes judiciales, han asistido a audiencias de versiones libres, han revisado la prensa, han sostenido charlas con autoridades y han adelantado el trabajo con fuentes primarias y secundarias, para ayudarle a lograr una completa reconstrucción de los hechos.

Hacer visible lo sufrido

La experiencia ha demostrado, según afirman los miembros del GMH, que las víctimas quieren hablar, necesitan contar su versión y exponer su dolor; que la memoria de colectivos afectados por masacres, desplazamientos, desapariciones, es memoria viva.

Sin embargo, falta mucho por hacer y el GMH, cuyo mandato se extiende hasta el 2013, ha cubierto solo unos pocos casos hasta ahora, bautizados como emblemáticos.

Una de las razones fundamentales para hacer memoria, de acuerdo con especialistas nacionales en el tema, radica en hacer visible el relato de las víctimas, que han escondido su dolor y emprendido una huída que parece no tener regreso, porque muchos de los perpetradores de los crímenes siguen libres y, en algunos casos, ejerciendo poder, en alianza con autoridades civiles y militares.

Reconstruir y publicar esos episodios ha sido fundamental para desarrollar un proceso de catarsis, ayudar a la justicia y reparar a quienes, como María Eugenia Zábala, siguen a la espera.

Soy desplazada de San Rafaelito, Córdoba. Allí llegaron los paramilitares y mataron a mi esposo, a un tío y a un primo de mi esposo. Quemaron las casas y, con dos meses de embarazo, tuve que salir con mis siete hijos. Los muertos los tuvimos que enterrar en la finca. Somos miles los sobrevivientes de la guerra y aún no tengo claro cómo se va a resolver esta situación…Tuvimos que vender a $10 mil la hectárea, donde alguna vez no habían ofrecido $500 mil, ¿qué va a pasar con eso?..Debo decir que aún hay mucho temor, porque se desarmaron unos, pero se armaron otros. Antes se decía que eran los paramilitares y ahora que son Los Rastrojos o las Águilas Negras. Uno sabe que hay muchas personas armadas que están a la espera de que se vea por dónde atacar. Vivimos en la zozobra y uno siente que no tiene garantías, porque está en el medio del conflicto.” [1] 

Cuatro mujeres

La próxima semana, el GMH presentará los siguientes informes:

  • Silenciar la democracia, las masacres de Remedios y Segovia (1982-1997).
  • San Carlos, Memorias del Éxodo en la guerra.
  • El orden desarmado, la resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare.
  • Mujeres y Guerra, Víctimas y Resistentes en el Carare colombiano.
  • Desplazamiento en la Comuna 13: la huella invisible de la guerra en las ciudades.
  • Mujeres que hacen historia, cuerpo, tierra y política en el Caribe colombiano.

Este último informe, bajo la coordinación de la politóloga María Emma Wills, se presentará con la participación de algunas de las cuatro protagonistas en el Auditorio Mario Laserna de la Universidad de Los Andes, el 17 de noviembre a las 5 y 30 de la tarde. Un informe que recoge los testimonios de cuatro mujeres luchadoras, una de las cuales fue Yolanda Izquierdo, asesinada el 31 de enero del 2007 y cuya vida fue reconstruida a partir de testimonios de su familia, vecinos y personas que trabajaron con ella.

Wills sintetiza estas biografías así: “Mujeres del Caribe colombiano, cuya vida ha estado marcada por dramáticas experiencias de pobreza, exclusión social, ausencia de canales legítimos de participación y experiencias de violencia tanto en el espacio de su vida privada como en el ámbito de lo público. No son sobrevivientes pasivas sino que se han levantado una y otra vez en condiciones muy adversas.”

Más que reconstruir escenarios de guerra específicos, buscan divulgar distintas etapas de la vida de cuatro mujeres que se pusieron a la cabeza de sus comunidades y que desde antes de la época de las masacres y de la toma paramilitar de esas tierras, durante esos sucesos y después siguen siendo punto de referencia de sus comunidades, sin esperar nada a cambio… o sí: la construcción de un país más democrático, equitativo y justo para ellas, sus familias y sus comunidades.

Un justo homenaje a todas esas mujeres que, en condiciones adversas, desde los rincones más remotos del país, trabajan duro y parejo por una sociedad más equitativa.

* Periodista free-lance. Colaboradora de Lecturas El Tiempo y Revista Credencial.

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