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Prensa amenazada, cerrada, demandada y autocensurada

Escrito por Myriam Bautista
Myriam Bautista1

Myriam Bautista1El pasado 9 de Febrero, día del periodista, hubo algo que celebrar y mucho que rechazar. Un recuento y una denuncia de las amenazas abiertas o encubiertas al ejercicio actual del periodismo en Colombia.

Myriam Bautista *

Los silencios

Desde que comenzó este Gobierno, por allá en el lejano 2002, han ocurrido hechos que afectan al periodismo y que son menos notorios que otros de reciente ocurrencia. Pero no porque esos hechos hubieran sido menos graves, sino porque los afectados no pertenecen a la élite; como escribió Cecilia Orozco en su columna del 10 de Febrero: "Claudia Julieta Duque no pertenece a la élite. Por eso nadie le puso atención a su drama que empezó hace cinco años o seis años…"[1].

La falta de solidaridad y el silencio en la gran prensa sobre procedimientos sistemáticos de espionaje e intimidación contra los periodistas Claudia Julieta Duque y Hollman Morris causan pavor porque han pasado de agache y siguen en completa impunidad. De hecho  estos colegas que, a pesar de su coraje se han tenido que exiliar en varias oportunidades, casi han tenido que esconderse, como si ellos fueran los delincuentes y no quienes han instigado o llevado a cabo las amenazas.

El viacrucis que vivió Claudia Julieta, casi en secreto, a comienzos de esta década, cuando se dio a la tarea de investigar el asesinato de Jaime Garzón, fue narrado y probado con documentos procedentes del DAS y otras agencias de seguridad del Estado, en un acto  llevado a cabo el pasado martes en la Universidad Javeriana. El plan de amenazas fue ejecutado precisamente por los escoltas que el Gobierno le había asignado para su seguridad. Por Internet circula la intervención de Claudia Julieta que da cuenta detallada de esta operación[2], donde ningún aspecto de su vida privada pasó desapercibido para los "inteligentes" agentes de la seguridad del Estado, que estaban cumpliendo órdenes, aún no se sabe de quién.

El otro periodista, reconocido por su programa de televisión Contravía, que ha merecido premios nacionales e internacionales, es Hollman Morris, quien también documentó las amenazas, seguimientos y acosos que han sufrido él y su familia, utilizando los mismos métodos de las dictaduras más siniestras y a la vez más torpes, que buscan minar la fuerza moral de sus contradictores, sacándolos del escenario a través de la intimidación, y sin hacerles daño físico para que no haya evidencia material y para que las estadísticas no  aumenten. No es cuestión de realidad sino de imagen; o como declaró esta semana el Vicepresidente Francisco Santos: "…escuchaba a un ex presidente al que le mataban 12 periodistas al año cuestionar a un gobierno que, como el nuestro, no ha hecho sino proteger a los periodistas. Acusarnos es una sandez"[2]

Las graves acusaciones de Claudia Julieta y Hollman siguen retumbando y esperan no el silencio de los sepulcros sino que la justicia actúe y los culpables sean juzgados y sentenciados, como prueba de respeto a la libre expresión y a la prensa de investigación que  no accede a callarse "por las buenas".

Una para celebrar

Ese mismo martes en la tarde un Juez de Paloquemao le puso punto y final a la querella que interpusieron cuatro delfines de las familias Araujo y Molina de Valledupar, por calumnia e injuria, contra el columnista de El Espectador Alfredo Molano Bravo, por su columna "Araujo et al", único motivo de celebración de una fecha que, cada año, es menos festiva. Aún cuando el fallo definitivo se entregará el 25 de febrero, el juez consideró que la columna no fue escrita con "ánimo injuriante" y declaró la inocencia del demandado.

El caso de Molano, por buena fortuna, fue cubierto no sólo por El Espectador, sino por la mayoría de los medios nacionales, algunos internacionales y por un puñado de columnistas que repudiaron esta demanda. Algunas de las pocas agremiaciones hicieron lo propio, lo que permitió hacer públicas las amenazas contra la libertad de expresión a través de demandas como la que prosperó contra Molano, que han aumentado en los últimos años contra columnistas como Salud Hernández, Daniel Coronell, Mauricio Vargas o María Jimena Duzán, quienes vuelcan sus investigaciones en estos espacios, cada vez más escasos para quienes irritan a los poderosos. No es sino recordar a Claudia López.

Premios y más

En la noche de los mejores del Círculo de Periodistas de Bogotá, la agremiación profesional  más vieja y controvertida de las que sobreviven en nuestro medio, dirigida, en buena hora, por la reconocida periodista Sylvia Jaramillo, se le entregó el Gran Premio al Mérito Periodístico al no menos controvertido Yamid Amat, director de CM& y uno de los licitantes al tercer canal. En su agradecimiento Yamid citó al maestro Kapunchisky y dedicó el premio a María Elvira Samper y a Rodrigo Pardo, descabezados por sus patronos hace unos días.   

Y esa guillotinada fue otro de los hechos que se sumaron al memorial de agravios de la prensa colombiana en su día. El Grupo Planeta, socio mayoritario de la Casa Editorial El Tiempo, consideró que ya no iba más el proyecto de la revista Cambio, no como lo expresaron por sus pérdidas económicas que, desde el año pasado, habían comenzado a ser ganancias, sino porque el Gobierno, a juicio de los descabezados y de muchos analistas, no aguantó más las investigaciones de largo aliento que en más de una oportunidad han puesto en entredicho las maravillas de la "seguridad democrática", generándole una avalancha de críticas y disminución real de su popularidad.

"Nos botaron, pero no nos equivocamos", sentenció como cualquier reportero de la base el ex canciller y ex director de Cambio, Rodrigo Pardo García-Peña. Y le asiste toda la razón: sus palabras no cayeron en el vacío y un sector calificado de opinión ha expresado su pesar por haber sido privado de las investigaciones enjundiosas que cada jueves descorrían el velo sobre alguna de aquellas  maravillas.

De propia mano

A esta racha de amenazas, cierres y juicios se suma la autocensura que se pasea por las salas de redacción de los principales medios y de los no tan principales. Autocensura que se sienta con los periodistas día a día, limitando su visión de los hechos, ocultando muchos, trastocando la realidad en los titulares, omitiendo aristas y contextos que ayuden a entender un poco la enrevesada situación que vivimos. No es sino comparar los editoriales de El Tiempo, por ejemplo, en muchas oportunidades, con la información general, para darse cuenta de dónde se sienta la que sabemos. Por su culpa, seguramente, fue que la Revista Semana, independiente y crítica, decidió poner en alta, la semana pasada, al señor presidente por haber enfrentado a sus contradictores como "un león", en el foro de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Las escasas y débiles agremiaciones, la mayoría de periodistas y la opinión pública en general, sin embargo, no le prestan demasiada importancia a esta cascada de hechos que limitan aún más una información recortada o acomodada a los intereses de los dueños de medios, quienes cada vez más son empresarios al estilo de Berlusconi y cada vez menos comprometidos con el sentido social de la comunicación.

Verdades y soluciones

"El increíble y desalmado trabajo del periodismo" tituló, como homenaje al gremio, Omar Rincón, crítico de televisión, su columna del martes 9 de febrero, en El Tiempo, en dónde se lee: "Ser periodista consiste en buscar la verdad. Sin embargo, a los periodistas todos les mienten. Y le mienten con alevosía, sobre todo si son políticos, y corruptos, y mafiosos… Pero no sólo les mienten con alevosía, sino que los persiguen con el acoso judicial, el descrédito verbal, las agresiones, el ocultamiento de información, el privilegio de los periodistas sumisos. Se busca un periodista súbdito y complaciente para que los políticos, gobernantes y corruptos logren sus perversos objetivos. En este contexto es muy difícil informar bien. Y lo peor es que la sociedad se vuelve menos interesada en la información…".

Ha sido lugar común, en los últimos años, que ante los repetidos embates gubernamentales, empresariales, políticos, de la delincuencia de todos los pelambres, en contra de una información veraz que le ha cedido espacio a la frivolidad y que elude la búsqueda de la verdad, haya una opinión pública que se vanagloria de apagar sus receptores de radio y televisión, de suspender sus suscripciones a periódicos y revistas, en síntesis, de darle la espalda a la información, como medida de protesta individual. Esta decisión no ayuda mucho, salvo de que se hiciera en masa y las masas están ocupadas buscando la supervivencia o la manera de no dejarse quitar los pocos derechos que aún conserva en este Estado de Opinión que no Social de Derecho como reza nuestra Carta Política.

Habría que buscar formas de acción más creativas. Ojalá la propuesta que lanzó el viernes pasado en El Espectador, la periodista y escritora Patricia Lara, "¡Resucitemos ‘Cambio!" para que El Tiempo les ceda la marca Cambio, por un valor simbólico, a los periodistas que la crearon, con ella a la cabeza, para hacer "la mejor revista latinoamericana por internet", prospere, ya que se necesita con urgencia, aquí y ahora, medios que irriten, que hagan pensar, que contradigan los pensamientos unánimes. Se necesitan cambios.

Pero cambios que trasciendan la red, que permeen los grandes medios, que logren erradicar de las salas de redacción a esa lacra de la autocensura, que permitan que se den actos dignos y valerosos como los de los periodistas de Villavicencio que rechazaron y denunciaron el envío de unos sobres con 150 mil pesos como regalo de una política que, hasta el momento de escribir esta nota, negaba haberlo hecho. Y que, finalmente, los periodistas dejemos de considerarnos por encima del bien y del mal, sin reconocernos en Claudia Julieta Duque, Hollman Morris, Alfredo Molano, María Elvira Samper o Rodrigo Pardo y tantas y tantos otros periodistas nacionales y de provincia acosados, amenazados y asesinados, cuyo drama desconocemos porque la autocensura también la practicamos para acallar esas noticias incómodas.

O tener en cuenta una de las sabias enseñanzas de Tomás Eloy Martínez, para ser buenos profesionales: "Recordar siempre que el periodismo es, ante todo, un acto de servicio. El periodismo es ponerse en el lugar del otro, comprender lo otro. Y, a veces, ser otro."

 

Myriam Bautista. Periodista y colaboradora Lecturas de El Tiempo.

Notas de pie de página

[1]"Procedimientos de dictadura", El Espectador 10 de Febrero de 2010.
[2] Citado por El Espectador del12 de febrero de 2010.

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