Hasta que la muerte los separe: crímenes contra parejas - Razón Pública
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Hasta que la muerte los separe: crímenes contra parejas

Escrito por Myriam Bautista

Myriam-Bautista1Desgarrador relato de algunos de los crímenes sin castigo ocurridos en el país en las últimas décadas contra parejas que fueron abatidas por distintos grupos armados.

Myriam Bautista*

La voz de las víctimas

Los reflectores y pantallas iluminan los rostros de las víctimas del conflicto colombiano. Los micrófonos se abren para oír sus testimonios. Su dolor y tristeza, finalmente, son reconocidos. No tienen que seguir escondiéndose y viviendo en las sombras como si fueran los criminales, como si fueran los victimarios.

Algunas víctimas, por múltiples motivos, seguirán en la oscuridad y otras, como las de mi relato, por primera vez aparecerán agrupadas. Sus familiares han buscado verdad y justicia sin encontrarlas.

Algunas víctimas, por múltiples motivos, seguirán en la oscuridad.

Este grupo tiene una característica en común: fueron asesinados en pareja durante los últimos cincuenta años, en los que no ha habido un día en el que se haya vivido en paz.

A la mayoría de estas parejas la muerte les llegó sin amenazas ni avisos previos, en una etapa en la que los proyectos de futuro y de vida parecían ser la razón de su existencia. Eran civiles, sin participación alguna en grupos armados (salvo una pareja). Eran hombres y mujeres que no estaban involucrados en esta guerra que no ha dejado una familia sin tocar.

Estos crímenes permanecen en la impunidad y sobre algunos se ha echado tanta tierra como la que cubre sus tumbas. Estas parejas vivieron en carne propia la sentencia de los matrimonios católicos que reza que el vínculo durará: “hasta que las muerte los separe”.

Mauricio y Janeth

El último de los casos conocido sucedió en enero de 2012, cuando el sindicalista de la Unión Sindical Obrera (USO) Mauricio Redondo, de 36 años, y su esposa Janeth Ordóñez, de 34, fueron asesinados en la vereda Teteye del municipio de Puerto Asís, departamento del Putumayo.

Mauricio, miembro de base de la USO, días antes había tenido una destacada participación en una asamblea de trabajadores del petróleo. Mauricio y Janeth eran, además, dirigentes comunales que luchaban por mejores condiciones de trabajo y por la protección del medio ambiente. Hombres armados llegaron a su casa la noche del 17 de enero y los acribillaron sin mediar palabra.

Posibles asesinos: paramilitares. Crimen en la impunidad.

Mateo y Margarita


Margarita Pabón y Mateo Matamala.
Foto: Libreta en Contravía

En enero de 2011 los estudiantes de la Universidad de Los Andes, Mateo Matamala Neme, de 26 años, y Margarita Gómez, de 23, fueron asesinados en la vereda Nuevo Oriente, caserío del Municipio de San Bernardo del Viento (Córdoba). Estos hechos tuvieron gran despliegue mediático, porque el joven provenía de una familia adinerada y porque eran estudiantes de la élite.

Mateo y Margarita querían casarse tan pronto recibieran su grado de biólogos, y él ya había encontrado trabajo en una organización ambiental en Montería. Después de pasar las fiestas de fin de año con sus respectivas familias, se fueron a Córdoba. Querían filmar, además de su amor, ese entorno soleado y festivo de playa, brisa, mar y manatíes del río Sinú, que les fascinaban.

No repararon en que los narcoparamilitares iban y venían con su mercancía por esa zona como amos y señores. Estos criminales fueron alertados por un mototaxista que consideró que los jóvenes estaban filmando las fechorías de quienes son la ley en esa zona del país.

El mototaxista, único detenido hasta hoy, fue condenado a 36 años de cárcel. Dos presuntos autores materiales han sido asesinados. En la zona todos señalan, de acuerdo con información de la prensa regional y nacional, a alias “Gavilán” como la persona que dio la orden de asesinarlos sin preguntarles nada.

Posibles asesinos: paramilitares. Crimen en la impunidad.  

Doris y Helmut

El 23 de junio de 2003 la exreina de belleza Doris Gil Santamaría, de 65 años, y su esposo Helmut Bickenbach, de 68, fueron asesinados por miembros de las FARC en el municipio de La Palma (Cundinamarca).

La pareja había sido secuestrada en el mes de diciembre del año anterior. Agentes antisecuestro intentaron sin éxito, en más de una ocasión, rescatarlos con vida.

Su encuentro, su noviazgo y su matrimonio fueron de público conocimiento. Él, rico, guapo, industrial antioqueño, no estuvo de acuerdo con que su novia fuera la representante de Antioquia en el reinado de belleza en 1957.

Estos crímenes permanecen en la impunidad y sobre algunos se ha echado tanta tierra como la que cubre sus tumbas.

Al final lo aceptó a regañadientes, no sin antes advertirle que si era la ganadora no podía ir al concurso de Miss Universo. Ella aceptó encantada porque estaba muy enamorada, y resultó elegida reina pero acabó cediéndole el puesto a la virreina Luz Marina Zuluaga, que ha sido la única colombiana en conseguir el cetro de la más bella del mundo. Pero esa es otra historia.

Doris y Helmut tuvieron tres hijos, y después de ser los más populares, los más fotografiados, los más asediados, decidieron pasar sus últimos años en una finca en la sabana de Bogotá, alejados del mundanal ruido.

Su casa se abría para los nietos y para su círculo de cercanos. Los trabajadores de la finca los querían porque eran justos patronos.

Asesinos: miembros de las FARC. Crimen en la impunidad.


Familiares de víctimas de la violencia.
Foto: Esperanza Próxima

Mario y Elsa

En mayo de 1997 un comando paramilitar irrumpió, hacia las dos de la madrugada, en un apartamento de Chapinero alto en Bogotá y mató a los esposos Mario Calderón, de 45 años, y Elsa Alvarado, de 36, así como al padre de esta, Carlos Alvarado Pantoja.

Elsa logró esconder en un clóset a su hijo de tres años, quien se salvó junto con su abuela. Mario había sido sacerdote jesuita, con un trabajo comunitario reconocido en Córdoba. Conoció a Elsa, comunicadora social, en el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP) y se enamoraron. Abandonó el sacerdocio y se casaron.

Estaban felices con su hijo de tres años de edad y habían consolidado un proyecto comunitario-ambiental en la región de Sumapaz (Cundinamarca) que se llamaba “Suma-paz”. El crimen fue repudiado en una marcha pública por las calles de Bogotá  que se llevó a cabo antes de su funeral.

El testimonio del portero del edificio es estremecedor: hombres armados, vestidos de negro, llegaron al lugar y lo conminaron a abrir la puerta y a no avisarle a nadie, diciendo que eran de la Fiscalía General y que harían un allanamiento.

Luego de acribillar a la pareja y al padre de ella, los hombres de negro, asesinos a sueldo, abandonaron el edificio con total parsimonia.

Presuntos asesinos: paramilitares. Crimen en la impunidad.

Gerardo y María del Pilar

En julio de 1988 fueron hallados en la vereda Los Llanos de Navas, del municipio de Curití (Santander) los cuerpos (con doce impactos de bala cada uno) de Gerardo Quevedo Cobo, de 38 años, y de María del Pilar Zuluaga, de 28, miembros del M-19 y negociadores del secuestro de Camila Michelsen. Habían sido desaparecidos misteriosamente después de salir del estadio El Campín.

Este asesinato fue recogido en un detallado artículo por la revista Semana y años después por un informe en Semana.com, dando cuenta del desarrollo de la investigación donde se informó que el carro en que la pareja se movilizaba, y que habían dejado en el aeropuerto El Dorado, apareció en las dependencias de la Policía de Melgar.

Gerardo, ingeniero industrial, era un hombre muy querido, simpático y solidario. Su ingreso al “eme”, según algunos de sus compañeros, fue para ocuparse de las relaciones internacionales. Nunca como combatiente.

María del Pilar, comunicadora social, había sido presentadora de una noticiero de televisión y se vinculó a esta organización después de que su hermano resultó muerto en un ataque de ese grupo al Batallón Cisneros de Armenia.

Se encontraron por casualidad en esa militancia y se enamoraron perdidamente, por eso la dirigencia les permitía que desarrollaran su trabajo de manera conjunta.

Presuntos asesinos: agentes del Estado. Crimen en la impunidad

Alfonso y Amparo

En junio de 1976, en el centro de Bogotá, fueron baleados el abogado laboralista, profesor universitario, creador del Instituto Nacional Sindical y uno de los fundadores la Federación Nacional de Trabajadores al Servicio del Estado, Alfonso Romero Buj, junto con su esposa, Amparo, dirigente bancaria, que tenía tres meses de embarazo.

Poco después, el crimen fue reivindicado por los integrantes del Partido Comunista Marxista Leninista, uno de los tantos grupos que pululaban por la época, conocido por sus siglas PC-ML, quienes después de un juicio revolucionario, condenaron a muerte a la pareja por traidores a la causa.

Asesinos: miembros del PC-ML. Crimen en la impunidad.

Nunca más

A la mayoría de estas parejas la muerte les llegó sin amenazas ni avisos previos, en una etapa en la que los proyectos de futuro y de vida parecían ser la razón de su existencia. 

Los pormenores de estos asesinatos, sus historias de vida y cómo ha afectado su muerte su entorno social y familiar está por documentarse, por escribirse, por contarse.

Nunca se sabrá a quién mataron primero, qué pensó el otro cuando vio caer a su pareja, a su amor. Ni tampoco conoceremos por qué los asesinos dispusieron la muerte de uno y otro.

¿Mediaron palabras?, ¿suplicó el uno por la vida del otro o viceversa?, ¿hubo llanto? No se sabrá. Los pormenores de estos asesinatos los tienen unos autores materiales y otros intelectuales que no han sido castigados y que, de seguro, no podrán dormir algunas noches al ver los rostros de esas parejas a las que asesinaron de manera cobarde.

En esta época de verdad y justicia, sus deudos y quienes hemos conocido las historias esperamos que los hechos se esclarezcan.  

 

* Periodista free-lance. Colaboradora de Lecturas El Tiempo y Revista Credencial.

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