La aplanadora fallida de Petro en el Congreso | Razón Pública 2024
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La aplanadora fallida de Petro en el Congreso: de la diversidad a la dispersión

Escrito por Juan Federico Pino

El presidente ha ensayado tres estrategias sucesivas para que el Congreso le apruebe sus reformas. Pero ninguna de las tres ha funcionado.

Juan Federico Pino Uribe*

Comienzo transaccional

Al tomar las riendas del país en 2022, Gustavo Petro configuró un gabinete marcado por la diversidad, con nombres como José Antonio Ocampo, Alejandro Gaviria y Cecilia López, provenientes de horizontes políticos e ideológicos diferentes del suyo.

Esta acción reflejaba un compromiso con la pluralidad y la excelencia técnica, como también el deseo de tejer una base de apoyo gubernamental más allá de los    límites de la izquierda tradicional. La escogencia de estos ministros simbolizaba una puerta abierta para negociar la agenda legislativa con sectores más moderados y conservadores, alimentando expectativas de cambio en unos y de cautela en otros.

La táctica del poder transaccional, que implica negociar respaldo político a cambio de puestos y recursos, emergía como una herramienta clave. La estrategia construía una aplanadora legislativa, cuya finalidad era pavimentar el trayecto hacia las reformas ambicionadas por Petro, una serie de cambios significativos y concertados.

La reforma tributaria, sancionada en diciembre de 2022 bajo el liderazgo del ministro de Hacienda José Antonio Ocampo, fue una victoria legislativa emblemática para la administración Petro. La reforma aumentó los ingresos fiscales de manera significativa y por lo tanto comprobó la eficacia de la coalición legislativa para hacer realidad el programa de Petro.

nos encontramos en una situación insostenible: un gobierno que ve la negociación política como traición a sus principios ideológicos, y una oposición más interesada en quemar puentes con el gobierno para obtener réditos de cara al 2026, que en fomentar un diálogo crítico alrededor de los intereses nacionales.

Pero este éxito, que prometía ser el preludio de una secuencia de reformas sociales, se convirtió paradójicamente en el último logro legislativo del gobierno. A partir de ese momento, Petro y sus ministros fueron perdiendo capacidad para gobernar el Congreso, un proceso que se desplegó en tres momentos.

Foto: Facebook: Gustavo Petro - La protesta social ha sido un mecanismo del gobierno para impulsar su agenda legislativa. Sin embargo, no ha logrado una movilización masiva y su impacto ha disminuido porque la oposición ha adoptado una estrategia similar.

Salen las voces críticas

En el primer momento se mostró que el presidente subestima la importancia de un gabinete plural y la negociación política como herramientas de gobernabilidad.

La audacia inicial, impulsada por una victoria legislativa con la reforma tributaria, creó una falsa sensación de poder en las filas gubernamentales. Por eso, al prescindir de ministros cuyas visiones no se alineaban el todo con las de Petro, el gobierno erosionó su propio suelo.

La desaparición de esas voces disidentes dentro del gabinete redujo la diversidad de perspectivas y socavó la capacidad del ejecutivo para impulsar una agenda que reflejara de veras el carácter plural de la coalición oficialista.

El intento de mantener a flote la coalición, aun después de despojarla de su diversidad ideológica mediante el uso del poder transaccional, demostró ser un ejercicio inútil: no alcanzó para lograr la mayoría que se necesitaba en el Congreso. En vez de esto provocó el descontento de los líderes tradicionales del partido Liberal, el Conservador y el de la U, al intentar ganarse el voto individual de los legisladores afiliados a estos partidos.

Profundizar el cambio

En el segundo momento, el gobierno enfrentó la realidad de que sus aspiraciones implicaban un cambio de más fondo.

La administración intentó utilizar las herramientas transaccionales para tejer coaliciones que apoyaran ese cambio profundo en el papel del Estado. La visión era clara: un Estado más activo en la esfera económica y social.

Pero las tácticas habituales de negociación y transacción, exitosas en gobiernos como el de Duque o el de Santos, no podían ser eficaces para lograr cambios de fondo. La envergadura del cambio propuesto —redefinir el papel del Estado en materia de salud, pensiones y regulación del trabajo más allá de los límites establecidos por décadas de equilibrios políticos y económicos en una agenda neoliberal— encontró la resistencia férrea de gremios, empresas, medios de comunicación y otras fuerzas políticas.

Este choque entre la visión del gobierno y la realidad política subrayó la dificultad de una transformación tan profunda dentro de un sistema que se resiste al cambio.

Llamando al pueblo

El tercer momento reveló los límites de la protesta social como mecanismo para impulsar la agenda legislativa.

Aunque las movilizaciones del 2021 habían ejercido una presión significativa, los llamados del presidente Petro a las movilizaciones en apoyo de su agenda han resonado principalmente entre sus aliados, sin lograr una movilización masiva.

Este fenómeno se ve agravado por la estrategia similar que adoptó la oposición, diluyendo el impacto de las protestas como herramienta para avanzar cambios legislativos.

El impasse

Bajo las circunstancias anteriores, nos encontramos en una situación insostenible: un gobierno que ve la negociación política como traición a sus principios ideológicos, y una oposición más interesada en quemar puentes con el gobierno para obtener réditos de cara al 2026, que en fomentar un diálogo crítico alrededor de los intereses nacionales.

La audacia inicial, impulsada por una victoria legislativa con la reforma tributaria, creó una falsa sensación de poder en las filas gubernamentales. Por eso, al prescindir de ministros cuyas visiones no se alineaban el todo con las de Petro, el gobierno erosionó su propio suelo.

Esta situación podría desencadenar un peligroso estancamiento entre gobierno y Congreso, lo cual aumentaría la inestabilidad y política, al tiempo que paralizaría las reformas sociales en el Congreso.

El gobierno Petro se encuentra en un momento decisivo. Pese al comienzo enérgico y de ambiciosas intenciones de reforma, la euforia inicial derivada del éxito de la reforma tributaria ha dado paso a una serie de desafíos que ponen en duda la capacidad del gobierno para avanzar su agenda de cambios profundos en el papel del Estado.

La disolución de la «aplanadora legislativa», demostrada por la dificultad de mantener un gabinete plural y la sobreestimación del poder transaccional, ha puesto de manifiesto tanto las limitaciones de estas estrategias como la subestimación de las resistencias al cambio en el sistema político y económico del país.

Este escenario se agrava por el hecho de que Petro está en el cenit de su gobierno, enfrentando el desafío de avanzar su agenda con el sol cada vez más a sus espaldas.

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