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Fragmentación política y reformas sociales: ¿Dónde están los partidos políticos?

Escrito por Juan Diego Duque

Foto: X: Senado

El gobierno ha optado por negociar al por menor los votos de los congresistas, pero con esto se han fracturado los partidos y se ha deteriorado la calidad de nuestra democracia.

Juan Diego Duque*

Partidos fracturados

La turbulencia en el Partido Conservador, que se reflejó en la renuncia anunciada y después retractada de su  director, Efraín Cepeda, es otra muestra de las dificultades que  ha encontrado el gobierno para avanzar con sus reformas sociales en el Congreso.

Tanto o más que el contenido polémico de las reformas de salud, de pensiones y laboral, lo que llama la atención es la estrategia gubernamental para asegurar los votos, una táctica que ha suscitado controversia y ha revelado serias divisiones dentro de los partidos políticos al apoyar o no las propuestas del primer gobierno de izquierda.

Además del Partido Conservador, esta situación se extiende al Partido Liberal, al Partido de la U y a la Coalición del Centro Esperanza, particularmente la Alianza Verde. Todos han experimentado divisiones internas sobre si apoyar o no las propuestas del gobierno.

La estrategia gubernamental y las fracturas partidistas

Ante el fracaso de la estrategia inicial del presidente Petro de negociar directamente con los jefes o jefas de los partidos —a la manera de las democracias parlamentarias europeas — hemos pasado a una estrategia de negociaciones fragmentadas. Ante la falta de consenso interno de los partidos, el gobierno ha optado por negociar los votos  “al menudeo» de votos, ofreciendo puestos y promesas de proyectos regionales a cambio del apoyo en el Congreso.

la mayoría de los políticos buscan beneficios para sus respectivas “maquinarias” y no les interesa discutir a fondo el contenido de reformas que no afecten de manera evidente a esas maquinarias: ellos y ellas no tienen incentivos para crear colectivos programáticos.

Este giro estratégico refleja un cambio hacia las tácticas utilizadas por administraciones anteriores, como las de Santos y Uribe, pero también muestra un problema más hondo en el sistema de partidos: una disposición de los partidos a sacrificar sus principios programáticos a cambio de prebendas burocráticas que revela la naturaleza fragmentada, la debilidad organizacional y la poca disciplina de los principales partidos.

El cuadro siguiente presenta el número de congresistas según partido y posición acerca de las reformas de salud y de pensiones:

Se observa un apoyo irrestricto de los partidos de gobierno, como el Pacto Histórico y el Partido Comunes, como también la tajante oposición de Cambio Radical y el Centro Democrático. Por eso las principales divisiones corresponden al Partido Conservador, el Partido de la U, el Partido Liberal y el Partido Alianza Verde, lo cual implica luchas internas y falta de liderazgo.

El dilema de los partidos

La situación anterior muestra el dilema que encuentran los partidos colombianos: ¿deben ceder ante los incentivos selectivos que ofrece el gobierno, o mantenerse unidos en defensa de una visión coherente sobre los grandes temas nacionales?

La respuesta a esta pregunta se complica debido a la prevalencia de las relaciones clientelistas que condicionan la votación de las reformas en curso y sacrifican la identidad y cohesión de los partidos en el Congreso.

Así pues, han tenido poco éxito las reformas políticas de 2003 y 2009 que trataron de fortalecer las organizaciones partidistas, disminuir la fragmentación y fomentar la disciplina interna.

Dentro de los partidos prevalecen las redes de poder basadas en el “‘amiguismo”—nivel de cercanía y familiaridad con el líder respectivo—y encabezadas por senadores(as) regionales que representan intereses locales más que ideologías políticas.

La escogencia de los candidatos se basa en la capacidad de movilizar apoyo electoral mucho antes que en la constatación de posiciones programáticas o ideológicas. Por eso la mayoría de los políticos buscan beneficios para sus respectivas “maquinarias” y no les interesa discutir a fondo el contenido de reformas que no afecten de manera evidente a esas maquinarias: ellos y ellas no tienen incentivos para crear colectivos programáticos.

Los partidos con bases ideológicas débiles o ambiguas se convierten en conglomerados de políticos que tratan de maximizar beneficios materiales, cuotas burocráticas, contratos o proyectos de inversión que alimenten sus redes de poder. Pero con esto pasan a un segundo plano los debates sustantivos sobre el modelo de país.

Existen excepciones, congresistas que se distinguen por su independencia del clientelismo, apoyados principalmente por votantes urbanos que valoran las agendas ideológicas sobre el intercambio de favores. Se autodenominan usualmente como los senadores(as) elegidos(as) por el voto de opinión, o voto libre.

Ante el fracaso de la estrategia inicial del presidente Petro de negociar directamente con los jefes o jefas de los partidos —a la manera de las democracias parlamentarias europeas — hemos pasado a una estrategia de negociaciones fragmentadas.

Foto: Efraín Cepeda - El anuncio de la renuncia de Efraín Cepeda a la presidencia del Partido Conservador expone una fragmentación que no es exclusiva de este partido, sino que se extiende a otros como el Liberal, la U, y la Coalición del Centro Esperanza.

Aunque suelen actúan como individuos y no como representantes de un partido, estos pocos congresistas han sido fundamentales en los debates basados en principios acerca de las reformas; pero sus esfuerzos se han visto opacados por la estructura del poder político que favorece el personalismo sobre la colectividad.

Hacia una democracia más fuerte

Esta crisis en el Congreso destaca la necesidad de que los partidos adopten posiciones serias en relación con las propuestas de reforma que para bien o para mal implicarían grandes cambios en la vida de la mayoría de las y los colombianos.

Dejar atrás la práctica de negociar votos por favores no será por supuesto una tarea fácil, porque implica todo un cambio en la cultura política, la reunión de militantes que compartan visiones de país, claridad en la organización y una consciencia de las graves consecuencias negativas del clientelismo.

Solo así podremos robustecer la democracia colombiana, asegurando que las decisiones legislativas reflejen visiones coherentes en lugar de intereses personalizados. Tal vez como más lo han intentado algunos partidos en los extremos ideológicos de la izquierda y la derecha en el país, pero sin los radicalismos que los caracterizan.

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