¿Combustibles fósiles o energía renovable? - Razón Pública
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¿Combustibles fósiles o energía renovable?

Escrito por Ernesto Guhl

Ahora que se discute la conveniencia del fracking, tendríamos que pensar en un tema de más fondo: reducir drásticamente el consumo de combustibles fósiles y utilizar las energías alternativas. Sí se puede. Y los países grandes ya lo están haciendo.

Ernesto Guhl Nannetti*

La pregunta equivocada

Tienen toda la razón los representantes del Foro Nacional Ambiental, Dejusticia y la WWF, cuando en carta al gobierno solicitan que haga uso del “principio de precaución” para ampliar la moratoria sobre el uso de la técnica del fracking en Colombia.

Existen serias dudas sobre los impactos socio-ambientales de esta técnica, y hay indicios tanto sobre la falta de conocimiento como sobre las imprecisiones del gobierno al reglamentar su aplicación. Por eso, nadie que entienda el significado de la sostenibilidad y la visión de largo plazo puede estar en desacuerdo con la carta mencionada.

Se dice con razón que no hay malas respuestas sino malas preguntas y en el caso del fracking estamos respondiendo a la pregunta equivocada.

Sin embargo se dice con razón que no hay malas respuestas sino malas preguntas y en el caso del fracking estamos respondiendo a la pregunta equivocada.

La pregunta correcta no es si debe autorizarse esta tecnología, consolidando un modelo económico insostenible y obsoleto basado en el carbono (explotación de carbón e hidrocarburos), sino qué tan comprometidos estamos en buscar una canasta energética más limpia y sostenible, acorde con las tendencias mundiales, donde se sustituyan de manera  creciente los hidrocarburos por energías renovables, como la solar y la eólica.


Granja de energía solar en Alemania.
​Foto: Wikimedia Commons

Sí se puede

Alemania lidera este nuevo camino, que se ha calificado como una revolución en materia  de generación eléctrica. Este país ha hecho cuantiosas inversiones que aprovechan al máximo su potencial eólico en el mar del Norte y disminuyen el consumo de combustibles fósiles. Allí se espera que muy pronto cerca del 30 por ciento de la electricidad provenga del viento y del sol, y que esta cuota aumente progresivamente.

La reducción del consumo de combustibles fósiles implicó una difícil decisión política  apoyada desde el más alto nivel y respaldada por inversiones cuantiosas.

Otros países siguen el camino de Alemania, principalmente Francia y otros miembros de la Unión Europea, que han prohibido el fracking.  Lo mismo han hecho algunos estados norteamericanos como California, donde se prevé  generar el 33 por ciento de la electricidad con fuentes alternativas en 2020.

Recientemente China decidió introducir grandes cambios en materia ambiental como respuesta a los impactos desastrosos de su carrera para desarrollarse a cualquier costo, que tuvieron su máxima expresión en 2013, considerado un “año catastrófico” para la ecología de ese país.

Según el PEW Research Center, en 2008 el 31 por ciento de la población china consideró  la contaminación del aire como un problema muy importante, y esta cifra llegó al 47 por ciento en 2013. Los problemas ambientales son allí la causa principal de inconformidad social, de modo que el Gobierno decidió poner en marcha un plan de control a la contaminación del aire por valor de 277 billones de dólares y otro para la descontaminación del agua por 333 billones.

Además, las protestas populares llevaron a China a replantear su ley de protección ambiental, a hacer más drásticas las sanciones a los contaminadores y a prohibir la construcción de centrales eléctricas basadas en carbón en las zonas de mayor desarrollo y consumo energético, así como todas las formas de quema de carbón en el área de Beijing. Hoy en día China es el país que más invierte en desarrollo de nuevas fuentes de energía.

Estos ejemplos demuestran que la calidad ambiental ha venido adquiriendo un valor cada vez mayor y es hoy un tema político esencial en todo el mundo.

La energía del futuro

Lo anterior apunta a un cambio radical en las políticas y tecnologías de generación eléctrica y en el uso de los combustibles fósiles, los cuales cada vez más se reducen a un apoyo para llenar los “valles” de suministro de energía eléctrica que se producen cuando no hay viento o cuando no hay brillo solar.

Este es un camino nuevo que implica inversiones altas, desarrollo tecnológico para aprovechar las nuevas fuentes y para controlar el consumo energético, nuevas políticas de precios y un cambio en la mentalidad de la población y de las empresas de generación, así como una decisión integral y sistémica que abarca muchas dimensiones y tiene el carácter de una gran prioridad nacional.

En su edición del 12 de septiembre pasado, el International New York Times publicó un artículo titulado “Sun and wind alter global energy outlook” donde explica cómo los precios de los sistemas energéticos alternativos han venido bajando y cómo el precio de  los paneles solares ha disminuido hasta en 70 por ciento en los últimos cinco años. Ahora estos sistemas pueden competir con las fuentes energéticas tradicionales.

De hecho las empresas generadoras tradicionales deben adaptarse al nuevo escenario y migrar hacia fuentes alternativas si quieren permanecer en el mercado. El artículo en referencia cita a Peter Terium, presidente de la gigantesca RWE de Alemania, quien al anunciar una pérdida de 3,8 billones de dólares el año pasado admitió que “estamos entrando tarde en el mercado de las renovables, probablemente demasiado tarde”.

La tendencia global favorece la sustitución creciente de los combustibles fósiles y reduce su demanda por razones económicas y ambientales.

Paris 2015, última esperanza

El mundo mira con expectativa y justificado temor la próxima reunión gubernamental de cambio climático que se dará en Paris en diciembre del año próximo. Esta reunión parece la última oportunidad para enfrentar una situación crítica para la humanidad, hacia la cual seguimos avanzando impulsados por el modelo energético del siglo pasado basado en el carbono.

Hasta el momento se ha mantenido la  trayectoria lamentable de las reuniones anteriores, que no han llegado a compromisos concretos para frenar el calentamiento global y evitar una situación catastrófica, debido a la debilidad de los Estados frente a los poderosos productores transnacionales de combustibles fósiles. Incluso se ha dado divulgado información falsa que minimiza la gravedad del cambio climático como una de las estrategias para engañar a la población.

Otros países siguen el camino de Alemania, principalmente Francia y otros miembros de la Unión Europea, que han prohibido el fracking.  

Por eso un grupo de ambientalistas y expertos galardonados en diferentes campos ha hecho un dramático llamado a las fundaciones y filántropos del mundo para que incidan sobre la reunión de Paris apelando a su influencia y a sus recursos. Los firmantes, que provienen de más de 100 países, manifiestan que frente a un aumento global de la temperatura, que prevén puede llegar hasta 6 grados Celsius, se sienten “aterrorizados de que perdamos la capacidad de alimentarnos, de la posible pérdida del agua potable, el aumento de las posibilidades de guerras, y la posibilidad de romper el tejido mismo de la civilización como consecuencia del cambio climático y el sobrecalentamiento que éste traerá”.

También se declaran “devastados porque nuestros gobiernos no han tenido éxito en disminuir y mucho menos en detener el flujo de gases de efecto invernadero hacia nuestra delicada atmósfera, a pesar de conocer claramente estos riesgos desde hace más de un cuarto de siglo”.


​Polución provocada por fábrica a las orillas del río
Yang Tze, en China.
​Foto: Wikimedia Commons

Preguntas para Colombia

La pregunta que entonces debemos respondernos es cómo entrar a la nueva corriente mundial que busca una relación sostenible entre la energía, el ambiente y la economía, en lugar de apostarle a una tecnología riesgosa e incierta como el fracking.

La disyuntiva para Colombia está entre insistir en un modelo de producción y de comercio exterior que depende mayoritariamente de exportar carbón e hidrocarburos, o buscar un modelo sostenible para emplear sus recursos, sus trabajadores y su territorio.

Colombia debe adoptar una nueva canasta energética que aproveche su fortaleza natural en energía solar e hidráulica por su favorable posición geo-astronómica, por la gran cantidad e intensidad del brillo solar y por su excepcional combinación de relieve y riqueza hídrica, mediante proyectos de bajo impacto y pequeña escala.

En cuanto a la energía eólica, si bien es cierto que el territorio continental no ofrece mayores posibilidades, exceptuando algunas zonas de la costa Caribe, no debemos olvidar el mar como espacio posible para la generación eólica costa afuera.

Esta decisión, que debería incluirse prioritariamente en el Plan de Desarrollo del gobierno, implica una nueva visión del futuro, que debe ser respaldada por una fuerte voluntad política, innovación, desarrollo tecnológico e inversiones considerables. Esta apuesta no deja de tener riesgos, pero de todas maneras encontrar una nueva relación entre ambiente y energía es un paso indispensable hacía el desarrollo sostenible.

 

*Director del Instituto Quinaxi, miembro de la Academia Colombiana de Ciencias, Exactas, Físicas y Naturales.

 

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