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Álvaro Gómez Hurtado, el gran ausente

Escrito por Darío Londoño
Darío Londoño Gómez

Darío Londoño GómezUna semblanza política y personal del estadista asesinado y de su huella en Colombia y en la Constitución que hoy cumple veinte años, en un país que sigue sin acuerdo sobre lo fundamental, sin paz y sin igualdad en las oportunidades.

Darío Londoño Gómez *

“No hay casualidades sino destinos,
no se encuentra sino lo que se busca,
y se busca lo que de cierto modo está escondido
en lo más profundo y oscuro de nuestro corazón.
Así, marchamos un poco como sonámbulos,
pero con la misma seguridad de los sonámbulos
hacia los seres que de algún modo son,
desde el comienzo, nuestros destinatarios.”

Ernesto Sábato, Sobre héroes y tumbas

Casualidades, destino

La realidad y la historia, como las novelas y los cuentos, están llenos de ironías y cambios inesperados. Tal vez sea esto lo que las hace entretenidas. En las novelas, son intenciones del autor; en la realidad, se suceden como casualidades y es quizá por esto que las aceptamos como naturales.

Nuestra Constitución está cumpliendo veinte años. Hemos visto simposios, los periódicos publican separatas especiales y los “constituyentes” irsten a innumerables eventos de conmemoración. Sin embargo Álvaro Gómez Hurtado no pudo asistir a estas celebraciones. No pudo asistir porque está muerto, porque lo mataron hace 16 años, ironía de la realidad y de la historia. Su crimen sigue impune.  

Estas notas no pretenden ahondar sobre el asesinato de Gómez Hurtado, ni tampoco pretenden ocuparse del derecho constitucional. Aspiran a revisar las casualidades aparentes que marcaron la vida de Álvaro Gómez, que lo llevaron a modificar su pensamiento y a participar en la Asamblea Constituyente, casualidades estas que habrían de conducirlo, como a un personaje de Sábato, a su destino.

Dos ideas – norte

Gómez Hurtado era hijo del ex presidente Laureano Gómez, hecho este que le costó siempre muy caro; fue el heredero natural del partido conservador y de las ideas de derecha; de su padre heredó la obsesión por la moral y la ética, especialmente la moral en la política. Durante su infancia y juventud tuvo que presenciar la convulsión de la violencia política, las acusaciones contra su padre, el exilio, la injusticia y a los 35 años, la creación del Frente Nacional, lo que trajo al país una época de aparente tranquilidad.

En lo profundo de su corazón, probablemente sin que lo supiese, se gestó una idea que repitió incansablemente hasta el final de sus días, debíamos, como país, llegar a un acuerdo sobre lo fundamental.

Gómez intuía que como sociedad seguíamos teniendo desacuerdos y a la violencia política que vivió durante su infancia, la sucedió una nueva forma de violencia, la creación de las guerrillas, que respondía a la abismal desigualdad que hoy sigue desgarrando a este país. Y nuevamente comprendió que para llegar a un acuerdo sobre lo fundamental teníamos que hacer frente a la desigualdad. Pero para Gómez Hurtado la igualdad no podía ser sobre los resultados, como pedían muchos: la igualdad debía ser sobre las oportunidades.

Desde mi punto de vista, estos dos son las tesis principales de Álvaro Gómez. Y son las más importantes porque son además las más simples, dos ideas sencillas que sin embargo abarcaban mucho: teníamos que llegar a un acuerdo sobre lo fundamental, siendo fundamental la moral, la verdad, la honestidad, la justicia y la igualdad de oportunidades.  

Secuestrado

Junto con Lleras Camargo, su padre había sido el padre del Frente Nacional, que a su propia manera y en su propio momento contribuyó a la pacificación de Colombia. Pero también excluyó del panorama político a cualquiera que pensara diferente, que no estuviese de acuerdo, que no tuviese la fuerza para hacerse escuchar.

Frente a esta realidad nació el M-19, grupo al que se sumaron muchos de los que no habían sido escuchados y optaron por la vía de la guerra. Gómez, como conservador y como defensor del Estado de derecho, tenía que defender el monopolio de la fuerza legítima en manos del Estado; pero también sabía que su propio partido seguramente no iba a ser el vocero de los oprimidos y los silenciados.

Y así, como un sonámbulo, caminó hacia su secuestro, el 29 de mayo de 1988.

No puedo siquiera imaginar lo que implica el estar secuestrado. Apenas entreveo el dolor de soledad y el del encierro, la incertidumbre del pariente y amigo. Eso sí, sé que la experiencia del secuestro no solo reforzó sus ideas sino que las aclaró y las modificó de alguna manera. Sé que en esos momentos vio con toda claridad la urgencia de construir una sociedad incluyente: su acuerdo sobre lo fundamental tenía que extenderse a todos los actores, los partidos políticos dominantes tenían que aceptar una negociación que le devolviera la voz a quienes habían acallado desde siempre.

Cuánto me gustaría hoy que esto no siguiera ocurriendo, pero la realidad nunca es lo que uno espera.

Así, estando en cautiverio, Gómez Hurtado cruzó varias cartas con los jefes del M-19. Ellos demandaban inclusión y participación política, él estaba de acuerdo, quizás siempre lo estuvo, pero en este momento lo tuvo muy claro, no sólo porque tal vez su vida dependiera de ello, sino porque existía cierta armonía en el pensamiento, porque su espíritu conciliador le indicaba que, si bien no compartía los medios, sí compartía los fines y entendía las razones.

Unos meses después Álvaro Leyva Durán consigue negociar su liberación con el M-19 y después de regresar a casa escribe – “Ser abatido por ráfagas de ametralladora, como parecía ser mi suerte, no debía considerarse como un infortunio singular, quizás no era un “Bel Morir” como lo reclamaba Segismundo Malatesta, pero en las actuales circunstancias del país y del mundo, una muerte así podía no ser un sacrificio inútil, sino la creación de un símbolo que convocara un movimiento de restauración.”

Camina como sonámbulo hacia su destino, ser secuestrado por el M-19; pero sale de éste con su misión más clara que nunca, lograr, por fin, un acuerdo sobre lo fundamental. Las circunstancias de su secuestro y liberación derivan en el proceso de paz con el M-19, el EPL y el Quintín Lame.

El Constituyente

Pero Colombia se sigue desangrando, la violencia pasa a manos del señor Pablo Escobar y el fenómeno del narcotráfico nos explota en las caras, en las casas, en los centros comerciales; nos explota el país.

Llegan las elecciones presidenciales y son asesinados cuatro candidatos, Jaime Pardo, Luis Carlos Galán, Carlos Pizarro y Bernardo Jaramillo. Sus crímenes también siguen impunes. Surge Cesar Gaviria y gana las elecciones por el Partido Liberal y gana también la “tercera papeleta”; es un hecho, el país quiere cambiar la Constitución.

Se arma la Asamblea Constituyente con una presidencia colegiada: Antonio Navarro, Horacio Serpa y Álvaro Gómez.

Gómez propone tres cambios fundamentales sobre los cuales estaba basado su pensamiento: el primero, la reforma del Congreso, el segundo, la reforma a la Justicia y el tercero, la autonomía para la descentralización. De estas ideas nos quedaron la Fiscalía General de la Nación, el Defensor del Pueblo y la elección popular de alcaldes y gobernadores. De su puño y letra, resaltan cuatro artículos,  

  • el artículo 6: sobre la diferencia de responsabilidades entre particulares y servidores públicos,
  • el artículo 79: el derecho a gozar de un ambiente sano, base de la ley 99/93 y del Sistema Nacional Ambiental (SINA);
  • el artículo 83: el postulado de la buena fe, y
  • el artículo 84: sobre el orden prevalente de la ley. 

Su papel sin embargo fue más allá. Actuó como siempre, conciliador, “el estilo es el hombre”, le oí decir muchas veces, y así actuó, equitativo, sin perder de vista la idea que lo impulsó siempre, tenemos que ponernos de acuerdo. El 4 de julio de 1991, en su discurso, Gómez Hurtado dijo “este día será recordado por todos los colombianos como símbolo de grandeza”. Nos queda un vacío, 20 años después tenemos un gran ausente.

Cuando empecé a escribir estas notas me tropecé – y se muy bien que no hay casualidades- con una edición de 1974 del libro “Hablar soñando y otras alucinaciones” del poeta Eduardo Carranza. Me sorprendió encontrar que fue ilustrado por Álvaro Gómez. El poema “Interludio para cantar la rapsodia del enajenado” reza así:  

“Si mi patria es la llanura de mi corazón donde voy galopando hacia la muerte, 

si es la palabra que escribí con sangre en una inmensa plaza solitaria, 

si mi patria es el mapa invisible que llevo dibujado en la frente y en el pecho…, 

lo repito hasta el llanto – para los vivos y para mis muertos que, invisibles, leen por sobre mi hombro lo que estoy escribiendo- 

en tu calle, en mi calle, la Plaza de Bolívar y mis llanos salvajes…”  

Álvaro ilustró esa edición, recitó esos versos, hoy lo veo sobre mi hombro, seguro de que se llevó a esta patria dibujada en el pecho, marcada en el alma.    

* Ingeniero Civil de la Javeriana. Master en Hidraulica Fluvial de la Universidad de Delft. Primer Viceministro de Vivienda, Agua potable y desarrollo urbano. Director de Invias. Director de la CAR. Profesor Universitario de la Javeriana y la Escuela de Ingenieros. 

 

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