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Alcohol en los parques: entre el liberalismo y el autoritarismo

Escrito por Roberto Solarte Rodríguez
El consumo en parques permite ejercer la autonomía

Roberto SolarteAunque la decisión de la Corte Constitucional no atenta contra los derechos de los menores, algunos han usado ese argumento para imponer una visión autoritaria.

Roberto Solarte Rodríguez

La decisión

En la sentencia C-253 de 2019 —que se dio a conocer mediante el comunicado número 18— la Corte Constitucional declaró inexequible la norma que prohibía el consumo de bebidas alcohólicas y sustancias psicoactivas en el espacio público.

La Corte eliminó la referencia explícita a bebidas alcohólicas y a sustancias psicoactivas en los artículos 33 y 140 del Código de Policía y Convivencia y la reemplazó por “sustancias prohibidas”.

De acuerdo con la decisión del alto tribunal, existen otros medios que se pueden usar para promover la tranquilidad, las relaciones respetuosas y la integridad del espacio público.

Por eso, la Corte sostiene que el Estado tiene la obligación de alcanzar estos fines, pero no puede hacerlo con medidas que no resulten razonables, como imponer por ley lo que debe ser decisión de las personas.

Con la supresión introducida, el artículo 33.2 del Código de Policía queda así: “en [el] espacio público, lugares abiertos al público, o que siendo privados trasciendan a lo público (…) [no se pueden] consumir sustancias prohibidas, no autorizadas para su consumo”.

La tormenta

La decisión de la Corte ha desatado una verdadera tormenta que enfrenta a quienes defienden el consumo de alcohol y sustancias psicoactivas en espacios públicos y a quienes defienden el derecho de los menores a disfrutar de los parques.

La Corte ha procurado armonizar estas tensiones para garantizar los derechos consagrados en la Constitución y salvaguardar los derechos de los menores, que son sujetos de especial protección.

Hay quienes reaccionaron con un disgusto exagerado a la decisión, y que buscan movilizar a los ciudadanos contra la Corte con fines electorales y políticos.

En Colombia, los derechos de los menores tienen prevalencia sobre los de los demás. En el Código de Policía, los artículos 34 a 39 regulan los comportamientos que afectan la convivencia en establecimientos educativos. Por involucrar derechos de los menores, sigue vigente la norma que prohíbe tanto el consumo como la tenencia de bebidas prohibidas dentro o alrededor de las instituciones educativas.

A quién protege la Corte

Foto: Agronet
¿A quién protege la Corte?

También sigue vigente el numeral 7 del artículo 140, según el cual no se pueden “consumir sustancias prohibidas en estadios, coliseos, centros deportivos, parques, hospitales, centros de salud y en general, en el espacio público, excepto en las actividades autorizadas por la autoridad competente.”

En consecuencia, la Corte reconoce que las administraciones municipales son competentes para regular lo referente a la convivencia en espacios públicos.

Puede leer: Sí al consumo de alcohol y drogas en espacios públicos.

¿Cuál es el verdadero problema?

No son comprensibles las reacciones indignadas que ha desencadenado la decisión de la Corte, pues esta no permite consumir lo que está prohibido en los espacios públicos, ni atenta contra los derechos de los menores.

Algunos consumidores de estas sustancias consideran que sus derechos están por encima de la convivencia con los demás. Sin embargo, este no es un verdadero problema de derechos, sino de sana convivencia.

Pero hay quienes reaccionaron con un disgusto exagerado a la decisión, y que buscan movilizar a los ciudadanos contra la Corte con fines electorales y políticos. Su objetivo es que los ciudadanos “voten verracos” e indignados por este “evidente” atropello contra los menores.

Los fines políticos de la movilización contra la Corte son más complejos. Se trata de un modelo autoritario contra uno liberal. El modelo autoritario responde a la mentalidad “traqueta” y “paraca” que no solo es incapaz de convivir con quienes son diferentes, sino que también se entromete en la vida privada. Esta actitud es patente en los manuales de convivencia que han impuesto los grupos paramilitares en las comunidades.

Esta mentalidad se ha consolidado en las redes sociales, a través de las cuáles las personas lapidan las opiniones contrarias sin la menor duda.

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La tradición liberal

La Corte se remite a la Constitución de 1991, cuyo núcleo es la dignidad de las personas, expresada en su libertad entendida como autonomía.

Los referentes teóricos son los filósofos liberales Immanuel Kant, Jürgen Habermas y John Rawls, pues la Constitución entiende la libertad como autodeterminación de los ciudadanos. La libertad individual es uno de los derechos esenciales de una Constitución en un Estado de derecho, propio de la tradición liberal.

Este tipo de estados entienden que su labor es garantizar los derechos de los ciudadanos, al tiempo que armonizan las diversas demandas a través de las leyes e instituciones en la esfera pública, y a través del diálogo y el acuerdo razonable cuando se trata de las relaciones entre personas.

Por lo tanto, la libertad no es sinónimo de “hacer lo que me da la gana”. Se trata de comprender que el derecho a unas libertades debe ser compatible con las libertades de los demás, parafraseando a Rawls.

El Estado liberal supone un individuo racional y autónomo. Sin embargo, Habermas habla de la autonomía como un ideal moral. Es decir, no nacemos autónomos, pero podemos formarnos para ejercer la autonomía.

La libertad individual es uno de los derechos esenciales de una Constitución en un Estado de derecho, propio de la tradición liberal.

La libertad entendida como autonomía es un horizonte moral deseable. Esta libertad forma ciudadanos capaces de ser autocríticos frente a sus propios prejuicios, valores e ideas. En consecuencia, son ciudadanos que deciden con responsabilidad y en coordinación con las otras personas.

Esta concepción es el fundamento para que la Corte pida afrontar el tema del abuso del alcohol y de las sustancias psicoactivas sin regular las decisiones privadas.

La Corte reconoce los efectos y la mayor o menor propensión a la adicción frente a ciertas sustancias. Para responder a eso, la legislación colombiana reconoce que son necesarias las terapias, siempre y cuando se cuente con la libre decisión de las personas.

En consecuencia, hay que reconocer que las instituciones de un país son también formas concretas de ejercer el poder y de vivir la libertad.

Puede leer: Propuestas concretas para tratar el consumo de drogas.

Una posición autoritaria

A la hora de hablar de la educación, los ejemplos son un tema central. El motivo es que reconocemos que somos los “animales miméticos” de los que hablaba Aristóteles, es decir, personas propensas a imitar a los demás.

En el caso del alcohol y las sustancias psicoactivas, no solo la familia y los profesores “dan ejemplo”, también lo hacen los medios de comunicación que nos configuran como consumidores.

Se trata del mercado global del alcohol y las drogas, frente al cual aún no hay acuerdo mundial, aunque sí espacios de decisión personal. Colombia se sumó a la guerra contra las drogas, a diferencia de otros países que hoy discuten la legalización y el control de las mismas.

Por eso, la posición de quienes se indignaron con la decisión de la Corte roza con un autoritarismo escondido bajo el ropaje de una paternal preocupación por las niñas, niños y adolescentes.

Los ataques contra la Corte Constitucional atentan de paso contra la vida privada de los ciudadanos y su libertad para decidir. La Corte considera que no se le puede imponer a los ciudadanos cómo tienen que comportarse ni qué forma de vida deben elegir.

Marchas contra las Cortes

Foto: Facebook de Herbin Hoyos
Marchas contra las Cortes.

Cuando se pasa a ese nivel, se sale del marco liberal y se irrumpe en el autoritarismo, que pretende conducir a los individuos en masa a la obediencia ciega a unos amos que dictaminan las formas de vida aceptables.

El autoritarismo nos recuerda el largo monólogo contra Cristo del gran Inquisidor de Los Hermanos Karamazov de Dostoyevskiquien lo acusa por habernos dado la libertad. Abogando por una sociedad sin libertad individual, como muchos otros en la historia, este personaje nos dice:

Les obligaremos (…) a trabajar; pero los organizaremos, para sus horas de ocio, una vida semejante a los juegos de los niños, mezcla de canciones, coros inocentes y danzas. Hasta les permitiremos pecar (…) Y, como les permitiremos pecar, nos amarán con un amor sencillo, infantil. Les diremos que todo pecado cometido con nuestro permiso será perdonado, y lo haremos por amor (…). Y nos adorarán como a bienhechores. Nos lo dirán todo y, según su grado de obediencia, les permitiremos o les prohibiremos vivir con sus mujeres o sus amantes y les consentiremos o no les consentiremos tener hijos. Y nos obedecerán, muy contentos. Nos someterán los más penosos secretos de su conciencia, y nosotros decidiremos en todo y por todo; y ellos acatarán, alegres, nuestras sentencias, pues les ahorrarán el cruel trabajo de elegir y de determinarse libremente.

* Doctor en Filosofía de la Universidad Javeriana, exdirector de departamento y profesor de la Facultad de Filosofía de la misma universidad.

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