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Reducir los salarios o garantizar los empleos: qué debemos hacer

Reducción de salario

Gonzalo CombitaIvan VelasquezGremios, economistas y políticos proponen reducir el salario para crear empleo en medio de la crisis. La idea suena convincente, pero existe otra opción que es mejor –y es factible-.     

 

Gonzalo Combita Mora* e Iván Darío Velásquez**.

Un remedio viejo

Los principales economistas del mundo discuten hoy alternativas como la renta o ingreso básico universal, el “nuevo trato verde” (ecológico) o los programas de trabajo garantizado. Pero en Colombia el tema de moda promovido por los gremios y por algunos políticos es la flexibilización del mercado laboral como salida a la crisis de empleo sin precedentes que ocasionó el cierre de la economía.

Y sin embargo la propuesta no es nueva. En pleno auge de la economía colombiana, cuando los precios del petróleo llegaron a superar los cien dólares por barril, el entonces y ahora ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla, acompañado por buena parte de la tecnocracia, propuso reducir o eliminar el salario mínimo, introducir el trabajo por horas y eliminar el pago de las contribuciones parafiscales. Decían entonces que el salario colombiano era muy elevado en comparación con el de otros países, sin advertir que esto se debía simplemente a que la tasa de cambio era muy baja y por tanto los salarios expresados en dólares parecían ser altos.

Y hoy, cuando estamos en medio de la crisis, el mismo grupo de economistas sale en defensa del mismo remedio: empeorar las condiciones laborales para permitir la creación de empleos. No se trata, por tanto, de una medida coyuntural o contra-cíclica, de un remedio de emergencia, sino de un sesgo ideológico de vieja data que ha venido desmejorando las condiciones de los trabajadores colombianos y debilitando su capacidad de negociación, sin que en efecto haya servido para aumentar el volumen de empleo a lo largo de decenios.

Vivimos en un eterno retorno a políticas fallidas.

Supuestos equivocados

Los argumentos de esos economistas suelen envolverse en un sofisticado formalismo matemático y en complicados modelos estadísticos, pero se basan en supuestos erróneos o en teorías económicas desacreditadas (a las lectoras o lectores interesados les sugerimos aquí libros como el de Steve Keen, Desenmascarando la economía, o el de Imad Moosa, Econometrics as a con art).

En el plano teórico, sabemos desde la Teoría General de John M. Keynes (publicado en 1936) que el nivel de empleo no depende de que los salarios sean altos o bajos sino de cuál sea el nivel de la demanda agregada. Aunque la teoría convencional (neoclásica) sostiene que el desempleo resulta de la rigidez de los salarios nominales (aun en tiempos de recesión, los sindicatos impiden que el salario disminuya), Keynes notó con razón que la estabilidad de los salarios nominales permite que los trabajadores mantengan sus expectativas de consumo, que a su vez son el componente principal de la demanda agregada.

Eliminar el salario minimo

Foto: Darren Soto
Eliminar el salario mínimo disminuye el poder de negociación de los trabajadores.

Quienes defienden la reducción de salarios suelen partir del supuesto de un mercado laboral de perfecta competencia, es decir, donde cada trabajador es libre de escoger entre las horas que dedica al trabajo y las que dedica al ocio: pero ni el sistema de producción permite que los trabajadores escojan a su gusto la jornada, ni menos todavía están casi nunca en condiciones de dedicarse al ocio; para decirlo en el argot de los economistas, la oferta de trabajo no es elástica  (a las lectoras o lectores interesados les sugerimos los textos de Sidney Weintraub, Teoría general de los precios, o de Paul Davidson, Reviving Keynes`s revolution).

Otro supuesto implícito de las propuestas de flexibilización es la existencia de un punto de equilibrio en el mercado laboral, es decir de un nivel de salario tal que nadie quede sin empleo de manera involuntaria. Pero no dicen ni calculan cuál sería ese salario. Peor todavía, como mostró Keynes desde 1936, la economía puede estar en equilibrio aunque exista desempleo: precisamente por eso se necesita que el Estado intervenga para romper un equilibrio que mantendría la economía en recesión.

Y es que el total de empleos no depende del salario sino de que los empresarios logren vender sus productos. La Teoría General podría resumirse en esta fórmula: “los empresarios contratarán tantos trabajadores como sean necesarios para atender la demanda de productos que ellos esperen tener”; el empleo depende de las expectativas de los empresarios sobre la demanda efectiva.

Puede leer: Salario mínimo y política laboral: qué es lo que realmente está pasando

Que paguen los de abajo

Además, los defensores de la flexibilización dicen que un salario mínimo “alto” obligaría a cerrar algunas empresas. Pero aquí surge la pregunta incómoda: ¿por qué siempre los trabajadores deben salvar a las firmas productivas, por qué los empresarios sí tienen el derecho de seguir adelante con sus firmas?

Detrás de una propuesta que parece razonable y bien intencionada, hay una ideología que se opone a que los trabajadores tengan capacidad de negociación, ideología que en Colombia ha conllevado a una caída sostenida de los salarios como porcentaje del producto total y a una creación de empleos cada vez menor.

La flexibilización es una estrategia regresiva en la distribución del ingreso vía remuneración y puestos de trabajo:

  • La participación de los salarios en el ingreso total de Colombia disminuyó de 44% a 33% entre 1993 y el momento de la medición más reciente (según la Penn World Table).
  • Utilizando las cuentas nacionales y tomando una media móvil de diez años, se ve como la capacidad de crear empleos—lo que llamamos “elasticidad empleo-producto—, pasó de 2,8 a comienzo de los noventa a un promedio de 0.5 a partir de la crisis de 1999.

Por eso el desempleo ha superado con frecuencia los dos dígitos, y por eso las tasas venían en aumento desde antes de la pandemia.

Es como dice James K. Galbraith en El Estado predador: si una empresa no puede pagar un salario mínimo pues…la empresa es inviable.

Los estudios internacionales, incluyendo a Colombia, indican además que la existencia de un salario mínimo tiene un efecto cercano a cero en la pérdida de puestos de trabajo en las actividades menos calificadas. Y este efecto de hecho se compensa por el aumento en la demanda agregada que conllevan los pagos a trabajadores poco calificados.

Reducción de salarios

Foto: Señal Colombia
Los empresarios contratarán dependiendo de las expectativas sobre la demanda efectiva. Reducir los salarios si no se afecta la demanda agregada no tiene efectos en la creación de empleo.

Puede leer: Salario mínimo: ¿es tan alto como indica el gobierno?

Trabajo garantizado

Este último punto es crucial, porque los proponentes de la flexibilización olvidan que los salarios no son apenas un costo para las empresas, sino también un componente—el principal componente— de la demanda de bienes y servicios de las cuales dependen esas empresas. Crear empleo bien remunerado es la mejor manera de asegurar el crecimiento sostenido de cualquier economía.

Pero en Colombia nos han vendido la idea de que el trabajo es una responsabilidad individual, no una tarea primordial del Estado. En vez de pensar en un programa masivo de empleo publico para enfrentar la catástrofe del mercado laboral que estamos presenciando, algunos gremios, políticos y economistas insisten en la formula fallida de recortar los salarios.

Mientras tanto, economistas innovadores como quienes proponen la “Teoría Monetaria Moderna” (que explicamos en esta misma revista) han mostrado el potencial y la factibilidad de un programa de empleo garantizado. El Estado puede actuar como empleador de último recurso, ofreciendo trabajo a aquellas personas que quieran, puedan y estén dispuestas a trabajar por un salario mínimo fijado por medio de un acuerdo.

Este programa actuaría como un ancla nominal a los precios y como una forma de alcanzar el pleno empleo. Lo importante es que los funcionarios piensen creativamente en los trabajos que necesitan las comunidades. Por ejemplo, en esta pandemia ha sido evidente que

  • los trabajos del cuidado son vitales para la sociedad,
  • afrontamos una crisis climática, de modo que los trabajos relacionados con el medio ambiente son tanto o más importantes que los derivados de la producción tradicional.

Entonces, ¿por qué no ofrecer un salario por cuidarnos a nosotros o por cuidar el medio ambiente, al mismo tiempo que mantenemos el empleo y la capacidad de compra que nos son tan urgentes en medio de la crisis que vivimos?

*Candidato a doctor en Economía de la Universidad Nacional, profesor auxiliar de la misma y profesor asociado de la Universidad de la Salle.

** Candidato a doctor en economía de University of Missouri- Kansas City y profesor asistente de Bemidji State University. 

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3 Comentarios

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J Lozano junio 22, 2020 - 4:27 pm

Excelente artículo.

Si la élite política se interesara realmente por la equidad, la reducción de la pobreza y la calidad de vida de toda la sociedad colombiana, dejarían atrás políticas fallidas como las explicada en el articulo y llamarían a sus reuniones institucionales a académicos con propuestas alternativas que pondrían a andar políticas económicas que permitieran el desarrollo de un modelo de crecimiento económico, dirigido por la demanda agregada y la distribución del ingreso.

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Carlos Arturo junio 23, 2020 - 1:30 pm

Buenos días. ¿Por qué siempre, que se ven afectadas las empresas, tienen que pagar los platos rotos los empleados? Que por circunstancias de el mercado, les vaya mal, puede ser y no hay con qué pagarles, pero por las mismas circunstancias, les va bien, porque no comparten las ganancias con los empleados. Aquí en Colombia no hay que echarle la culpa de todo a la pandemia, esa es la disculpa de el momento, pero porque no pagan los platos rotos, los causantes de la misma, que sabemos de dónde son, quiénes son y han guardado silencio. Hubiesen sido los chinos como lo insinuó el » Rico», que maneja los estados unidos y sus relaciones, como si todos fueran sus sirvientes». Este y sus cómplices de la OTAN, ¿no la hubiesen bombardeado ya? Pero cómo son ellos los causantes, ¿los medios Corruptos callan?. En conclusión, sino pueden pagar los salarios justos, pues que cierren así de sencillo, o hagan lo de varios empresarios chinos, que sacan un porcentaje de sus ganancias y le regalan un carro a cada uno de sus empleados. LA LEY DE EL EMBUDO, DE LOS GAMONALES CORRUPTOS, QUE SIEMPRE HAN MANEJADO Y CORROMPIDO A COLOMBIA. HAY QUE HACER LO DE SINGAPUR «EXPULSAR Y COLGAR A LOS CORRUPTOS» Y COLOMBIA MEJORARÁ, SE LOS GARANTIZO. MIREN A SINGAPUR, HOY EN DÍA.

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David junio 23, 2020 - 4:59 pm

Que buen articulo y sensato analisis. Critica y propone unas políticas así mismo de empleo como trabajos de cuidado y de temas relacionados con el medio ambiente.

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