Construir resiliencia social empieza por desescalar el lenguaje | Clara Rojas

Construir resiliencia social empieza por desescalar el lenguaje

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Colombia atraviesa, una vez más, un momento de cierta tensión política. Pasada la segunda vuelta, coaliciones que se armaron y se desarmaron, reconocimiento del proceso electoral, elección de nuevo presidente y vicepresidente, inicio del empalme para la transición de gobierno, anuncio de nuevos ministros (as). Un país que sigue buscando caminos de superación de la violencia  tras décadas de conflicto y del cansancio de la polarización política de los últimos años, donde las palabras que se usan y que se escuchan para hablar del otro se han vuelto, quizá sin que lo notemos del todo, cada vez más filosas.

¿Podemos reconstruir confianza mutua sin antes cambiar la manera en que nos hablamos? Me temo que no. La resiliencia social, entendida como la capacidad de una comunidad para absorber los golpes, adaptarse y seguir adelante sin fracturarse, no se decreta ni se logra únicamente con instituciones fuertes o economías estables. Se construye, sobre todo, en el terreno más cotidiano y menos visible: el de las conversaciones que sostenemos todos los días, en la casa, en el trabajo, en las redes sociales.

Cuando el lenguaje se polariza, ocurre algo riesgoso y peligroso: dejamos de discutir ideas y empezamos a aniquilar verbalmente al interlocutor. Etiquetar al que piensa distinto de «guerrillero», «paraco», «facho» o «vendepatrias» no es simple retórica de campaña, o de oposición; es la antesala de la deshumanización, y la deshumanización, la historia colombiana lo ha demostrado con dolor, sangre, sudor y lágrimas, casi siempre precede a la violencia física. La ONU lo advierte desde hace años: el discurso de odio rara vez se queda en las palabras.

Por eso creo que el primer paso para construir resiliencia social en un ambiente tan polarizado como el nuestro no es propugnar por un acuerdo nacional grandilocuente, sino algo mucho más modesto y, a la vez, mucho más exigente: empezar a desescalar el lenguaje, cada uno desde su propio círculo de influencia.

¿Cómo se hace esto en la práctica? Algunas ideas concretas:

  1. Debatir ideas, no personas. Se puede estar en desacuerdo profundo con una propuesta económica, judicial o electoral sin necesidad de descalificar moralmente a quien la defiende. La pregunta que deberíamos hacernos antes de escribir un comentario o un trino es si estamos atacando el argumento o atacando a la persona.
  2. Bajarles el volumen a las etiquetas. Las etiquetas simplifican y polarizan; los matices, en cambio, permiten reconocer que la mayoría de los colombianos no cabe en las dos orillas extremas que dominan la conversación pública.
  3. Exigir a los liderazgos, no solo a los ciudadanos de a pie, un lenguaje responsable. El gobierno, los funcionarios, los opositores, los medios y quienes tenemos alguna forma de audiencia pública tenemos una responsabilidad mayor, porque nuestras palabras se multiplican y normalizan comportamientos.
  4. Practicar la pausa antes de reaccionar en redes. La indignación instantánea rara vez construye; casi siempre profundiza la trinchera. Una pausa de unos minutos antes de responder a una provocación suele cambiar por completo el tono de lo que finalmente se dice.
  5. Reconocer al otro como interlocutor legítimo, incluso cuando pensamos que está profundamente equivocado. Esto no significa renunciar a las propias convicciones, sino aceptar que la democracia se construye precisamente en la posibilidad de disentir sin destruir al que disiente.

Nada de esto es fácil, y menos en un país que todavía procesa el dolor de décadas de conflicto armado y de episodios recientes de violencia política que nos han recordado lo frágil que puede ser la convivencia. Pero justamente por eso es urgente. La resiliencia social no es la ausencia de conflicto, sino la capacidad de tramitarlo sin que nos destruya como comunidad.

Desarmar el lenguaje no resuelve por sí solo la crisis de los partidos, ni la polarización estructural, ni la desconfianza institucional que arrastramos desde hace años. Pero es la base sin la cual ninguna otra reforma, por bien diseñada que esté, logrará prosperar. Un país que se habla con respeto tiene más posibilidades de construir consensos que uno que se habla a gritos, pero además, es un país que logra construir soluciones a los problemas reales que nos aquejan como sociedad, v.gr., seguridad, déficit fiscal, salud, corrupción, etc.

Quiero pensar que todavía estamos a tiempo de elegir el tono, la forma y el contenido con el que queremos construir el país que viene. No como un gesto ingenuo de buena voluntad, sino como un ejercicio deliberado y diario de responsabilidad ciudadana. Empecemos, entonces, por lo más sencillo y a la vez lo más difícil: cuidar las palabras que usamos para hablar de y con los demás.

Acerca del autor

Clara Rojas
Crojas@razonpublica.com | + posts

Abogada y Especialista en Derecho de la U del Rosario, Magister en Estudios Políticos, Representante a la Cámara por Bogotá 2014-2018, Consejera en la Unesco, docente universitaria, escritura varios libros, Cautiva -Testimonio de un Secuestro, Resiliencia Personal a Prueba de Fuego, Cartas a Emmanuel, De la Selva al Congreso, entrego otros. Actualmente, Speaker y en proceso preparación siguiente libro.

2 comentarios

Clara Rojas

Escrito por:

Clara Rojas

Abogada y Especialista en Derecho de la U del Rosario, Magister en Estudios Políticos, Representante a la Cámara por Bogotá 2014-2018, Consejera en la Unesco, docente universitaria, escritura varios libros, Cautiva -Testimonio de un Secuestro, Resiliencia Personal a Prueba de Fuego, Cartas a Emmanuel, De la Selva al Congreso, entrego otros. Actualmente, Speaker y en proceso preparación siguiente libro.

2 comentarios de “Construir resiliencia social empieza por desescalar el lenguaje”

  1. Completamente, de acuerdo. La polarización sectaria invadió las redes. Cansado de leer o ver mensajes violentos en Facebook, sectarios e intolerantes de las dos orillas, de amigos a quienes estimaba, me aburrí y bloqueé a quienes publicaban mensajes o videos intolerantes y sectarios. Pueda ser que el espíritu de fraternidad ciudadana que nos transmitió nuestra selección en el Mundial de Fútbol nos lleve a una sana convivencia democrática, que tanta falta nos hace.

    1. Gracias por la lectura de mi blog y sus comentarios.
      Confío en que se anime a construir resiliencia en el espacio que mejor se le facilite.

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