
La asamblea general de las Naciones Unidas: más allá del debate interno
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El Foro de la Asamblea General de Naciones Unidas se hizo para discutir problemas de alcance global y en ocasiones macrorregional. No es válido el argumento montañero de que a Naciones Unidas se va a hablar de los temas locales. Pensar y hablar global, aunque la acción deba ser local, esa es la divisa.
Un análisis sobre los logros o no de los países en el seno de Naciones Unidas, para que no se limite a lo puramente anecdótico, requiere varias consideraciones. Lo más importante es entender que la Historia no comienza ni termina con los breves (o prolongados) discursos de los jefes de Estado en el podio de la Asamblea General. Esa es una parte emergente de un iceberg. Es lo más visible, pero lo más importante es el trabajo previo, y el posterior.
En primer lugar, todos los países miembros (que ahora alcanzan a 193) tienen derecho a que sus jefes de Estado o de Gobierno (si son diferentes) intervengan en el Debate General, que se inicia cada año el tercer martes de septiembre y se prolonga normalmente por el resto de la semana. El orden de las intervenciones tiene algunas reglas claras: quien interviene en primer lugar, desde la Conferencia de San Francisco de 1945, es Brasil. Esta fue una especie de compensación por ser el más importante país en desarrollo entre los 51 miembros fundadores, y por no haber sido incluido el portugués entre los idiomas oficiales originarios (inglés, francés, español, ruso, chino, y más tarde el árabe).
El segundo país en intervenir es siempre Estados Unidos, valga decir su presidente, cualquiera que sea. No es solo por tratarse de la mayor potencia del mundo, sino también una concesión por tratarse del país anfitrión. Es cierto que la Asamblea General se da dentro del edificio de Naciones Unidas, que tiene jurisdicción plena de la ONU, y solo de ella, y en donde no funcionan las autoridades nacionales de Estados Unidos. Pero, a fin de cuentas, todo espacio fuera del recinto es territorio de Estados Unidos y debe contarse con su colaboración para asuntos tan esenciales como aeropuertos, ubicación hotelera, sitio en donde funcionan las Embajadas y las residencias de los diplomáticos.
El anfitrión tiene obligaciones, como conceder las visas para los diplomáticos acreditados, permanentes o temporales (por ejemplo, las visas para participar en la Asamblea General), incluidos los jefes de Estado extranjeros, respetar las inmunidades y privilegios, y el respeto integral por la jurisdicción de la ONU en la pequeña porción de Manhattan en donde se encuentra ubicada.
En cuanto al resto de los oradores, existe una mezcla entre sorteo y lobby político, tanto con la Organización como entre ellos, sobre cuyas reglas no existe unanimidad. Depende de ajustes múltiples (días de disponibilidad de los participantes, rapidez para confirmar la presencia del respectivo jefe de Estado y su Delegación oficial, representatividad regional, capacidad de lobby de sus diplomáticos, pertinencia de temas de ese país en la Organización, en cada momento. Se trata de un mecanismo diverso.
Naturalmente, todos desean, en la medida de lo posible, quedar clasificados para el primer segmento del Debate si es posible, momento en el cual la sala puede abundar en jefes de Estado y cancilleres. Ese mecanismo se va diluyendo conforme pasan las horas del primer día de debates, salvo alguna excepción notable (países muy importantes que no pueden intervenir el primer día, países en guerras, o centrales en el momento por razones económicas, políticas o estratégicas, o líderes con un enorme carisma o que despiertan un interés real más allá del local.
Lo anterior explica por qué, en ocasiones, varios o muchos gobiernos muestran inquietud o inconformidad cuando sus líderes clasifican para su presentación mas allá del segmento inicial.
Segundo, el debate previo de los lunes
Si la Asamblea General comienza el tercer martes de septiembre, desde hace un par de décadas se ha programado una actividad muy importante para el lunes anterior, a la cual suele asistir por lo menos un tercio de los jefes de Estado. De los 193 países miembros, asisten cada año aproximadamente entre 100 y 120 jefes de Estado y unos 170 ministros de Relaciones Exteriores. Y el lunes anterior suele haber más de la mitad, con lo cual las reuniones temáticas del tercer lunes de septiembre pueden contar con entre cincuenta y sesenta jefes de Estado. Eso hace que esas reuniones, que no son parte integral de la Asamblea General, hayan adquirido importancia. El presidente colombiano estuvo presente tanto en la reunión temática del lunes como en una reunión extraordinaria citada por el presidente Lula de Brasil, “para ir calentando motores” de la COP30 sobre Cambio Climático, que se efectuará en Brasil en un par de meses (del 10 al 21 de noviembre). La propuesta central de Colombia para este evento es interesante: propiciar una aproximación entre los foros de discusión de Biodiversidad y los de Cambio Climático. En efecto, el componente del Cambio Climático en la disminución dramática de la biodiversidad es cada vez más evidente, y no pueden seguirse tratando como temas aparte.

Tercero: La incidencia de las reuniones bilaterales
Pero, además de la reunión central que comienza los martes, y de la reunión del día anterior, normalmente se encuentran los jefes de Estado con sus pares de numerosos países, con los cuales difícilmente (salvo largas y costosas giras) tienen algún contacto directo individual. Por ejemplo, cuando Colombia presidió el movimiento de los No Alineados, su presidente tuvo 79 reuniones bilaterales en cinco días en Nueva York, un verdadero récord de política exterior.
Es cierto que los medios electrónicos han permitido comunicaciones más o menos fluidas entre los jefes de Estado, pero si existen temas delicados, o reservados, o propuestas aún incipientes que pueden llegar a ser prometedoras, el contacto directo y reservado es todavía insustituible. Normalmente cada reunión bilateral, pese a que son muy ágiles, tiene dos o tres temas como mínimo.
Por ello, las reuniones bilaterales son en estos casos tan importantes, o a veces más, que la presentación de un discurso de un promedio de diez minutos (salvo superación del tiempo asignado), que es escuchado a su vez por pocos jefes de Estado del mundo. En el curso de los próximos días podremos tener a la mano los informes oficiales sobre las reuniones bilaterales efectuadas por los presidentes, los cancilleres y otros ministros, en esta Asamblea General.
Valga la pena mencionar que si los jefes de Estado de países diversos han aprovechado su tiempo pata programar reuniones bilaterales, siempre con ellos deben estar sus respectivos ministros de Relaciones Exteriores y uno o dos delegados adicionales. Por ello, así las sillas de los países en la Asamblea General tengan delegados presenciales, normalmente el nivel de quienes escuchan los discursos (salvo en el primer segmento de los debates) es más bajo, y por ende menor en el centro de las decisiones políticas.
Por ello, el orden de la palabra es importante. Las gestiones de las delegaciones en Nueva York son por ello imprescindibles.
De la Asamblea General de 2025, que continuará hasta diciembre, pero que ya ha cumplido su segmento de jefes de Estado, puede decirse sintéticamente lo siguiente:
Algunas presentaciones fueron bastante mediatizadas, por las circunstancias en las que se produjeron: La del presidente de Estados Unidos, por su duración excesiva (una hora, en lugar de los quince minutos previstos) y algunas de sus afirmaciones; la del presidente de Francia por algunas propuestas sobre reordenamiento mundial visto desde un país desarrollado y miembro permanente del Consejo de Seguridad; la del presidente de Brasil, por la magnitud económica, política y diplomática del país (como sabemos, Brasil tiene la mejor y más eficiente diplomacia de América Latina); la de India, por su posición de no-alineamiento activo en la práctica y su equilibrio en su posición internacional.
También la posición de Turquía, por sus apreciaciones sobre la salida a la crisis del Medio Oriente; la intervención del presidente chileno Boriç, que legitima en buena medida un propósito central de su país, al presentar oficialmente la candidatura de la expresidenta Bachelet para la elección, que será el año entrante, de la persona que asumirá la Secretaría General del Organismo. Todo indica que es el momento de América Latina, pero también es el momento de que una mujer asuma por fin la dignidad de la Secretaría General de la Organización.
El discurso del presidente colombiano tiene varios puntos de interés: el más llamativo para el mundo, sin duda, ha sido su posición sobre el conflicto Israel-Palestina, y de manera especial su posición respecto de la situación humanitaria en Gaza. Muy seguramente cuando hablaba de tropas internacionales tenía en mente la exitosa experiencia de las tropas de interposición del Sinaí, entre las cuales Colombia tiene el segundo contingente en número después de décadas; quizá le faltó aclarar esta referencia. En cuanto a las operaciones sobre el terreno, cada vez más países tienen posiciones semejantes a la expresada por el presidente colombiano y la receptividad a estos temas en Asia, África, el Medio Oriente, América Latina y gradualmente Europa, es creciente. Se calcula que siete de cada diez titulares internacionales sobre su discurso se dedicaron a este tema.
Otros asuntos tienen menores consensos internacionales: por ejemplo, la discusión sobre nuevas regulaciones del régimen de las drogas llamadas ilícitas, o la tensión con Estados Unidos. Pero es claro que le asiste razón en su insistencia en los temas ambientales; en que hay un peligro para la biodiversidad, en especial por la activad industrial desbocada; en que el cambio climático es un hecho incontrovertible, y que el actual modelo energético tiene que ver con sus efectos mas dañinos. También en que tiene que haber más cooperación Sur-Sur, y que deberían cambiar algunas reglas de juego del dialogo Norte-Sur.
Finalmente, existe un hecho importante: el Foro de la Asamblea General de Naciones Unidas se hizo no para que cada país expresara sus problemas políticos internos, de gran magnitud dentro de cada país, pero a veces muy pequeño a nivel global. El segmento de Debate de una semana de los jefes de Estado y de Gobierno se hizo para discutir problemas de alcance global y en ocasiones macrorregional: la guerra y la paz en regiones del mundo, el desarrollo, la lucha contra la pobreza, el acceso a recursos financieros, de conocimiento y de ciencia y tecnología, los grandes temas ambientales, sociales y económicos. No es válido el argumento montañero de que a Naciones Unidas se va a hablar de los temas locales. Pensar y hablar global, aunque la acción deba ser local, esa es la divisa.
Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con algunos de los planteamientos del presidente colombiano y de otros jefes de Estado, en Naciones Unidas. En especial, es sabido que existe una polémica importante frente al tema de Venezuela y algunas operaciones de Estados Unidos en el Caribe, incluidas operaciones letales extrajudiciales, así como sobre temas de política interna. También es cierto que ha recomenzado una discusión importante sobre las circunstancias de la descertificación por parte de Estados Unidos, en especial sobre la legalidad o ilegalidad internacional de medidas de ese orden. Y es cierto que existe desde hace un poco más de una década, en especial con las nuevas generaciones, una polémica sobre si el centro del debate es la democracia representativa, o el énfasis político, o el económico y participativo. Pero esas son materias de reflexiones posteriores, que podremos abordar incluso en el proceso electoral colombiano y los múltiples de América Latina en los próximos meses.
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Acerca del autor

Diego Cardona Cardona
*Magíster en Estudios de Asia y África de El Colegio de México y doctor en Relaciones Internacionales del Instituto de Altos Estudios Internacionales de Ginebra, Suiza. Ex Viceministro de Relaciones Exteriores de Colombia. Correo: dcardonac@gmail.com
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