Qué podemos aprender del proceso peruano
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Qué podemos aprender del proceso peruano

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El proceso peruano trae consigo varios temas no solo en su vertiente electoral, sino también en la económica y política en general. Veamos los aspectos más importantes a hoy, mediados de junio de 2026.

Primero: el proceso electoral 

Todavía no hay resultados oficiales finales y probablemente solo se conocerán plenamente en un período de entre dos y cinco semanas. El proceso de contabilización electoral de Perú es lento, aunque todo indica que muy confiable. Incluso, el proceso de análisis de las actas “observadas” es público y con gran cobertura mediática y electrónica. 

Al domingo 14 de junio, escrutada la totalidad de las mesas (sin contar las “observadas”), Keiko Fujimori lleva una ventaja mínima sobre el candidato Sánchez: un poco más de 18.000 votos, sobre más de nueve millones para cada candidato(a). Ya no hay Mesas pendientes (técnicamente se habla de Actas), ni dentro de Perú ni fuera del país. En cuanto a las “actas observadas”, van 1414 para revisión de los jueces electorales especiales 1.414. ¿Cuántos votos posibles representa esta cantidad? Veamos:

De las 1.414 actas (correspondientes a las respectivas mesas), 1.214 son del interior del país, con un promedio de doscientos votos por mesa o acta. Eso nos daría aproximadamente 243.000 votos sin aprobar todavía su contabilización, dentro del país. Las del exterior son muy pocas, solo doscientas actas, a un promedio de unos cien votos por mesa, lo cual daría no más de 20.000 votos. En total, pues, aún hay por contabilizar aproximadamente 263.000 votos.

Los del exterior han tenido un promedio de 60%-40% a favor de Keiko y en los del interior es de anotar que la mayor parte de las mesas “observadas” (798 sobre 1.214) corresponden a la gran zona de Lima y alrededores (Lima, La Libertad, El Callao), de mayoría fujimorista. Así las cosas, es altamente probable que la ganadora de las elecciones sea Keiko Fujimori, así se trate de una minoría exigua. Ya ha perdido tres elecciones por minorías muy pequeñas; parece haberle llegado el momento del triunfo.

Segundo: los errores de la precipitación 

Con un proceso electoral tan disputado, y con los antecedentes de las últimas elecciones en Perú, era temerario aventurar resultados. Hace una semana, con menos del 50% del caudal electoral procesado y sin que siquiera el candidato Sánchez hubiera hecho la menor mención a resultados, algún medio de comunicación de Perú insinuó que el ganador podría estar ya decidido. Esa proyección aventurada fue recogida en algunos medios del exterior e incluso un mensaje de X del presidente colombiano asumió que ese sería el resultado. 

La felicitación efusiva y errónea al candidato Sánchez fue vista, no solo en Perú, como algo imprudente, y como una injerencia indebida en un proceso interno de otro país. El tema causó más de una incomodidad en varios países, incluido Estados Unidos, que ya había mostrado su molestia por el desconocimiento de los resultados de la primera vuelta electoral en Colombia, por parte del presidente aún en funciones en el país. La segunda enseñanza es clara: No hay que confundir las esperanzas personales con la realidad. Y… prudencia obliga.

Tercero: la gobernabilidad de Perú

Se ha dicho que con cualquier candidato que triunfe en Perú la gobernabilidad no será fácil. Si, como todo indica, la ganadora es finalmente Keiko Fujimori, debemos recordar que su grupo político tiene 22 de sesenta senadores (y el partido de Sánchez, catorce de los sesenta). Un conjunto de partidos menores tiene el resto del Senado.     

En cuanto a la Cámara, que se presenta como una novedad después de varios períodos con solo el Senado, el partido de Fujimori tiene 41 representantes y el de Sánchez, 32.  Todo ello sobre un total de 130. 

Es decir, Keiko Fujimori puede contar con 1/3 del Senado y la Cámara, más los legisladores que pueda sumar por su programa o sus alianzas esporádicas. Si el propósito es garantizar gobernabilidad, podría haber un mecanismo relativamente sencillo (entre otros): podría pensarse en la virtud de indultar al expresidente Castillo (una de las banderas de Sánchez) y en algún mecanismo semejante para el expresidente Kuczynski. Podría ser una manera valiente de comenzar una Presidencia con el pie derecho, mostrando grandeza más allá del deseo de algunos de los suyos de administrar venganzas bajo el disfraz jurídico.

Cuarto: el desastre de la judicialización de la política

Perú, un país extraordinario, tiene hoy día un triste récord. Es el país del mundo con la mayor cantidad de presidentes en diez años, algo que debería ser excepcional y que se convirtió en regla de conducta: la judicialización de la vida política. Para quienes promulgan en Colombia, o en otros países, la solución facilista y un poco demagógica de aplicar medidas judiciales como mecanismo de ejercicio político, la experiencia de desinstitucionalización disfrazada de juridicidad puede servir como un ejemplo a NO seguir. Lo único que ha salvado a Perú hasta el momento es un gran acuerdo nacional sobre los temas económicos, que está lejos de existir en otros países.

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Quinto: el acuerdo nacional sobre la economía 

La economía peruana, curiosamente, desde papá Fujimori hasta la actualidad, es decir, durante más de treinta años, parece corresponder a un gran acuerdo nacional (implícito en algunos puntos y explícito en otros). No se trata solo de la autonomía del Banco Central, aunque eso ayuda. Se trata de una política fiscal prudente, de no superar límites peligrosos de endeudamiento externo, de preservar capital para emergencias eventuales nacionales o internacionales, de promoción de las fuentes de riqueza nacional y de las exportaciones. Veamos solo algunos datos relevantes:

La inversión extranjera a Perú es tres veces más de la que llega ahora a Colombia (US$34.000 millones anuales, comparada con nuestros US$11.000 millones); Perú hace todo lo posible por mantener autonomía energética (incluso importando, pero también produciendo). Con solo el 60% de la población de Colombia, las exportaciones de Perú son 20% mayores que las de Colombia (que tiene un PIB superior a Perú).  

Por su parte, la inflación en Perú es más baja que en Colombia y el porcentaje de crecimiento es del 3,5% (comparado con el menos de 3% de Colombia). El desempleo ronda por el 4,3%, que es casi la mitad del colombiano. Las exportaciones son aproximadamente el 23% del PIB, cuando en Colombia son del orden del 13%.   

Y un dato muy importante que afecta la percepción del nivel de vida cotidiano: en homicidios por 100.000 habitantes Perú ronda por 8,6 por año, mientras Colombia llega a 24.

Sexto: hemos olvidado que Perú es esencial en los procesos de integración 

Pero no todo es una comparación entre algunos indicadores económicos o de otro orden. En los últimos años, hemos olvidado en Colombia que la Constitución de 1991, que debe defenderse con pies y manos por sus grandes logros, y quizás ajustarse en algunos temas, establece la integración y la concertación con América Latina y el Caribe como la prioridad número 1 de la política exterior. Eso no debe hacernos olvidar a otros actores de la vida internacional. Pero, después de las enseñanzas de la pandemia del covid 19, se ha visto que el nearshoring y la creación de mercados ampliados a nivel regional son dos procesos que van de la mano.

En ese proceso, Perú es el socio más cercano de la Alianza Pacífico, que tenemos hoy día olvidada, siendo como es pese a que es el único mecanismo del Gran Pacífico Oriental, para la inserción eficaz de países latinoamericanos en ese gigantesco mercado (China, Japón e India, segunda, tercera y quinta potencias económicas del mundo) más toda Asia suroriental y parte importante del continente americano, desde Canadá hasta Chile.   

Pero también es el socio más cercano a Colombia en la Comunidad Andina, que regula buena parte de nuestro relacionamiento con la esquina noroccidental de Suramérica y que en algún momento fue el marco regulatorio para buena parte de nuestras exportaciones de manufacturas. Hay aquí otra enseñanza de enorme importancia: es probable que pueda abrirse de nuevo una ventana de oportunidad para la compatibilización e incluso la integración gradual como un mecanismo de facilitar nuestra optimización de nearshoring con otros actores cruciales del mundo. Y, por si fuera poco, nuestros mas de 1.600 kilómetros de frontera con el Perú son territorio amazónico, con la extraordinaria fuente de oportunidades bilaterales y regionales que ello implica. 

Estas son algunas de las enseñanzas que podemos extraer del caso peruano. Que hayamos tenido nuestro relacionamiento diplomático bilateral y multilateral en el limbo durante los últimos años, pese a los intentos de la Cancillería, es imperdonable. Deberíamos añadir, pues, como virtudes de Perú, la preservación del respeto por una política exterior seria y profesional, el equilibrio entre actividades extractivas y la promoción de otras exportaciones, en especial de manufacturas, así como la apertura al mundo. Podemos ser socios privilegiados y ejes de un gran componente regional y global. Todavía es tiempo de corregir los errores del pasado.

Le recomendamos: ¿Puede exportarse el “modelo Bukele”?

Acerca del autor

Diego Cardona Cardona
dcardona@razonpublica.org.co | + posts

*Magíster en Estudios de Asia y África de El Colegio de México y doctor en Relaciones Internacionales del Instituto de Altos Estudios Internacionales de Ginebra, Suiza. Ex Viceministro de Relaciones Exteriores de Colombia. Correo: dcardonac@gmail.com

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Diego Cardona Cardona

*Magíster en Estudios de Asia y África de El Colegio de México y doctor en Relaciones Internacionales del Instituto de Altos Estudios Internacionales de Ginebra, Suiza. Ex Viceministro de Relaciones Exteriores de Colombia. Correo: dcardonac@gmail.com

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