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Arabia Saudita: poder geopolítico, religión y muerte

Escrito por Carlos Alberto Patiño
Rey Salman con Vladimir Putin

Rey Salman con Vladimir Putin

Carlos patinoDice el gobierno saudí que el periodista murió a causa ¡de una pelea a puños! El lío es mucho más que eso: Arabia Saudita es una pieza clave en todos los conflictos de esa parte del mundo y un aliado que Estados Unidos no se atreve a molestar.        

Carlos Alberto Patiño Villa*

Una desaparición misteriosa

El pasado 2 de octubre, la prometida del periodista saudí Jamal Khashoggi denunció que su pareja acudió al consulado saudita de Estambul para obtener un documento necesario para contraer matrimonio y nunca salió de allí.

Diecisiete días después, el gobierno saudí cedió ante la presión internacional y reconoció que el periodista de 59 años de edad había muerto en el consulado, supuestamente a causa de una pelea a puños, con nada menos que 18 individuos que habían ido a “interrogarle”.    

Aunque Donald Trump afirmó que la versión de las autoridades sauditas es “perfectamente creíble”, las fuentes cercanas al gobierno turco indican que el periodista fue asesinado y aserrado por profesionales de la seguridad cercanos al príncipe heredero del trono saudita.  Por eso varios líderes mundiales manifestaron su desconfianza; Ángela Merkel por ejemplo declaró que la explicación saudí es cuando menos insuficiente y exigió que se revelen las razones de fondo y se encuentren a los responsables del atroz episodio.

La desconfianza mundial ante la versión saudí es apenas natural, pues además de que varios medios turcos revelaron un audio que aparentemente confirma que el periodista fue torturado y asesinado por un grupo de agentes sauditas, el gobierno saudí ha sido acusado de tomar medidas extremas contra los disidentes en repetidas ocasiones.

Durante mucho tiempo Khashoggi fue percibido como alguien cercano a la familia e incluso fue consejero de funcionarios de alto rango, pero después de que el príncipe Mohámed bin Salmán llegó al trono, varios de los amigos del periodista fueron arrestados y su columna en el diario al-Hayat fue cancelada. Como consecuencia, Khashoggi decidió exiliarse en Estados Unidos y comenzó a trabajar para el Washington Post. Allí publicó varias columnas criticando las decisiones del príncipe heredero y abogando por la libertad del mundo árabe.

Evidentemente, hay motivos suficientes para pensar que efectivamente el régimen saudita está involucrado en la muerte del periodista. ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI un gobierno asesine a un disidente?

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El poderío saudí: una mezcla entre política y religión

Mezquita Arabia Saudita
Mezquita Arabia Saudita
Foto: Pixabay

De las muchas monarquías aún vigentes en el mundo, la de Arabia Saudita es quizás la única que puede considerarse como absoluta.

Contrariamente a lo que podría pensarse, Arabia Saudita es un reino joven que alcanzó el estatuto de Estado apenas en 1936 gracias a la unificación de diferentes tribus y reinos que se encontraban dispersos a lo largo del desierto de la península arábiga.

El gobierno saudí ha sido acusado de tomar medidas extremas contra los disidentes en repetidas ocasiones.

Dos acontecimientos marcaron la fundación de Arabia Saudita. Por una parte, Abdulaziz al Saud, primer rey de Arabia Saudita impuso la concepción wanabita del islam –considerada la más ortodoxa– como la corriente oficial del nuevo Estado. Por otra parte, en 1938 se descubrieron grandes reservas de petróleo a lo largo y ancho de su territorio, lo que le permitió al nuevo reino ingresar a la economía mundial y recibir un trato privilegiado por parte de las potencias occidentales. Por eso durante la Guerra Fría (1947 – 1991), Arabia Saudita fue un aliado decidido y poderoso del Reino Unido y Estados Unidos, distanciándose de otras naciones musulmanas como Irak e Irán.

La importancia que esta nación le ha concedido a la religión desde sus inicios le ha permitido convertirse en el centro del mundo islámico. Arabia Saudita se ha encargado de proteger y sacarle provecho a los lugares sagrados que posee, especialmente a La Meca, el destino soñado por los musulmanes del mundo entero.

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Riad-Teherán: una historia de intervenciones macabras  

Soldados Yemeníes
Soldados Yemeníes
Foto: Wikipedia

Desde su fundación, Arabia Saudita ha tenido un sinnúmero de conflictos con Irán. Las disputas han dado tanto de que hablar que la prensa creó el rótulo “Riad–Teherán” (nombres de sus capitales) para referirse a ellas.

Todas estas intervenciones han significado grandes pérdidas económicas y humanas para todos los países involucrados, incluyendo a Arabia Saudita e Irán. 

La enemistad se debe a desacuerdos religiosos y políticos. Por una parte, en Irán impera el chiismo, es decir, la segunda corriente más grande del islam después del sunismo –cuya versión extrema es, a su vez, la religión oficial de Arabia Saudita-.  Esa tendencia cobró más fuerza después de que la revolución iraní derrocó a la Dinastía Pahlaví e instauró la República Islámica de corte chiita en 1979. El movimiento revolucionario fue interpretado como una provocación a los regímenes sunitas, lo que impulsó al reino saudí a expandir su corriente religiosa mediante la construcción de mezquitas dentro y fuera de su territorio.

Por otra parte, Arabia Saudita e Irán son las naciones más poderosas del medio oriente y, desde mediados del siglo pasado han competido incansablemente por tener una mayor influencia sobre sus vecinos. Por eso: 

  • En tiempos de la Guerra Fría, Riad patrocinó directa e indirectamente las guerras árabe-israelíes encabezadas por Egipto y respaldadas por Jordania, Libia, Líbano y Siria.
  • Durante la década de 1980, Arabia Saudita apoyó la guerra de resistencia de los afganos contra los soviéticos, después de que la URSS derrocara el gobierno de Kabul e invadiera el país en diciembre de 1979. Los saudís canalizaron el apoyo suyo y el de Estados Unidos a través de los pakistaníes.
  • Mientras tanto, Irán se desgastaba en la brutal guerra contra Irak (entonces bajo dominio de los suni), guerra que supondría un demoledor golpe demográfico para la nueva república, pues dejaría más de un millón de muertos iraníes.
  • Diez años después, tras la caída de la URSS, el reino saudí se inmiscuyó en la separación de Yugoslavia colaborando con la creación de Armia, el ejército musulmán bosnio. De no ser por su apoyo, Bosnia no habría logrado el reconocimiento de Sarajevo como capital.
  • Lo sucedido en Bosnia fue fundamental para emprender su siguiente proyecto geopolítico: la creación del Afganistán de los talibanes, quienes fueron entrenados y armados por los pakistaníes –aliados incondicionales de los sauditas–  para crear una especie de ejército de unificación nacional. En ese escenario, Arabia Saudita proveía el dinero, las armas, y los entrenadores además de vehículos de transporte de marcas japonesas.
  • Esta intervención marchó sin problema hasta los fatales atentados del 11 de septiembre de 2001 que pusieron a Arabia Saudita en el centro del debate político internacional -la mayoría de los autores del atentado eran ciudadanos de ese país- y obligó al reino a moderar un poco su política de patrocinar fanatismos religiosos.

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Desde entonces el escenario ha sido el mismo: Turquía, Irán y Arabia Saudita compiten salvajemente por obtener más poderío e influencia a nivel mundial, siendo los dos últimos los más beligerantes.

  • De allí surgieron las revueltas árabes iniciadas a finales de 2010 que amenazaron el actual ordenamiento del mundo árabe, especialmente con la caída del gobierno de Hosni Mubarak en Egipto y el ascenso de los Hermanos Musulmanes a través de Mohamed Morsi. Finalmente, el reino saudí apoyó el golpe de Estado encabezado por Abdelfatah Al Sisi que logró derrocar a Morsi en 2013.
  • Por otra parte, la guerra de Siria empeoraba y Estados Unidos se convirtió –una vez más– en un aliado de Arabia Saudita.
  • Lo mismo sucedió con la guerra de Yemen y el aislamiento de Catar, acciones con las que Riad mostró el enorme poderío que ostenta.
  • Como si la serie de intervenciones sangrientas no fuera suficientemente larga, actualmente Raid y Teherán juegan un papel fundamental en el conflicto israelí–palestino. Mientras que Arabia Saudita defiende los intereses israelies, Irán apoya abiertamente la causa palestina acusando a los estados sunitas –particularmente a Arabia Saudita– de ignorar los problemas de sus vecinos y representar los intereses occidentales para obtener beneficios económicos y políticos de su parte, como la donación de armamento.

Sin lugar a duda todas estas intervenciones han significado grandes pérdidas económicas y humanas para todos los países involucrados, incluyendo a Arabia Saudita e Irán. Sin embargo, nada de eso parecería importarle a dos naciones que no pueden ver más allá de su hambre de poder.

En este cruento escenario, no resulta sorprendente que un periodista que manifiesta su desacuerdo con el régimen de su país, sea asesinado por agentes del mismo.

La muerte de Khashoggi es tan solo una muestra de lo que una monarquía rica y con un enorme poder geopolítico puede hacer en pleno siglo XXI sin enfrentar la más mínima de las consecuencias.

*Doctor en Filosofía, profesor titular y Director del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia.

 

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