¿Qué paso entre Colombia e Israel? ¿Qué sigue? | Razón Pública 2024
Foto: X: Embajada de Israel en Colombia

¿Qué paso entre Colombia e Israel? ¿Qué sigue?

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El gobierno colombiano rompió sus relaciones diplomáticas con el gobierno de Israel.  Cómo llegó el presidente a esta decisión, cuáles son  sus alcances y cuáles son sus consecuencia prácticas.

Diego Cardona C*

La ruptura de relaciones

El 2 de mayo le fue comunicada por la Cancillería de Colombia, a la entonces Embajada de Israel en Bogotá, la decisión de ruptura de relaciones diplomáticas entre los dos países.

En cuanto a la colonia judía que vive en Colombia, no debería verse afectada, pues las diferencias no son con los judíos o con los musulmanes o los árabes, sino con el gobierno actual de Netanyahu en Israel.

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Colombia, con gobiernos diferentes, ha tenido buenas relaciones con Israel, incluso desde la creación de dicho Estado, tras una Resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas (en 1947). Además, nuestro país siempre ha estado de acuerdo en que en la región haya dos Estados: Israel y Palestina.

Si votamos como Abstención en la Resolución de 1947, fue porque la distribución geográfica acordada era un agregado muy discontinuo, y probablemente no garantizaría la convivencia pacífica entre las dos partes, lo cual en efecto sucedió.

Colombia ha mantenido, y lo sigue haciendo, que los dos Estados deben existir, uno al lado del otro en convivencia pacífica, con fronteras seguras y posibilidades de desarrollo.

Las posiciones fundamentalistas de lado y lado, que buscan la desaparición del Estado de Israel, o del Estado de Palestina, son ajenas al sentimiento muy mayoritario de la gente en Colombia. Las posiciones extremas en esa dirección, sean de Hamas o del Gobierno Netanyahu, no son compartidas en Colombia.

Cómo llegó el gobierno a esta decisión

Para finales de abril del presente año existían sobre la mesa del presidente colombiano varias opciones. El asunto venía in crescendo.

En octubre de 2023 se dio el ataque de Hamas, con toda su crudeza; y los abusos cometidos contra población no combatiente, es decir en violación del DIH.

Vino luego la reacción israelí. Desde ese momento, y cuando comenzaron los bombardeos en Gaza, se llamó la atención sobre que la diferencia entre la reacción selectiva y medida, y otro muy diferente donde la venganza tomaba el escenario, con sus dramáticos efectos. La cantidad de muertos palestinos, en su mayoría mujeres y niños no combatientes, pasaba ya de los 10.000, y la destrucción por los bombardeos era ya inmensa.

A finales de marzo, Colombia fue uno de los numerosos países que manifestaron su apoyo a una Resolución de Naciones Unidas (CS, la 2728), que hablaba de lo crucial de un alto al fuego durante el mes de Ramadán, festividad sagrada para los musulmanes. Era un acto humanitario, que no se cumplió, por desgracia.

Quizás por ello, el 5 de abril, el gobierno colombiano anunció que coadyuvaba el caso que Sudáfrica presentó contra Israel en la Corte Internacional de Justicia de La Haya. El argumento central es que la naturaleza indiscriminada y feroz de la respuesta israelí, parecía o era violatoria de las prohibiciones de la Convención contra el Genocidio, de 1948.

Diez días más tarde, el 15 de Abril, Colombia fue uno de los muy numerosos países que estuvo a favor de una nueva Resolución de las Naciones Unidas, que insistía en lo siguiente: Que los conflictos deben solucionarse por la vía de la negociación política (léase diplomática), y de preferencia por medios pacíficos; que debía convocarse una conferencia internacional de paz en la región; que la población civil no tiene por qué ser la principal víctima de las acciones militares; y finalmente, que el mantenimiento de rehenes o secuestrados, es ajeno a la legalidad internacional y, por ende, debe producirse su liberación.

Tres días después, el 18 de abril, el canciller Murillo intervino en un amplio debate del Consejo de Seguridad de la ONU. Insistió, según los documentos, en que los 33.000 muertos y los más de 76.000 heridos, más la destrucción casi total de las ciudades de Gaza, es un desastre humanitario.

Además del llamado genérico a las soluciones pacíficas, expresó la posición tradicional del país: que la solución de dos Estados (Israel y Palestina) es un paso indispensable para emprender el camino de la paz en la región.

La situación sobre el terreno continuó sin cambios, y el 25 de abril, una semana después, la posición era clara: debía haber un alto al fuego sostenido; la liberación de los rehenes; el acceso “regular y suficiente” a la ayuda humanitaria en la Franja; el respeto al DIH por todas las partes; y el acatamiento a las Resoluciones de la ONU, en especial las del Consejo de Seguridad.

En el terreno y en las declaraciones oficiales, la situación permaneció idéntica. El 2 de mayo se produjo la ruptura de relaciones, anunciada extraoficialmente el día anterior.

La posición colombiana es muy clara: deben existir los dos países (Israel y Palestina): “Palestinos e israelíes merecen vivir en paz bajo fronteras seguras y reconocidas”. Se insiste en que una Conferencia de paz podría ser el camino para una solución permanente.

En el interim, debe garantizarse el respeto al DIH (no es falso que la guerra no tenga reglas, tanto en lo interno como en lo internacional), en especial en la distinción entre combatientes y población civil, y la proporcionalidad entre la agresión sufrida y la naturaleza de la respuesta. Ese respeto al DIH implica que los rehenes secuestrados por Hamas deben ser liberados. Ello, porque el secuestro es una violación del Derecho Internacional Humanitario.

Las implicaciones

Una ruptura de relaciones diplomáticas es excepcional en las relaciones entre Estados, pero suele ser temporal. En algunas ocasiones, afectan a otras áreas de la relación bilateral

Atención consular. Por fortuna, parece que las relaciones consulares entre los dos países no se verán afectadas, ya que puede haber unos 4000 colombianos residiendo en Israel, pese a que solo 1000 aproximadamente se encuentran registrados en el consulado de Tel Aviv. Por su parte, el número de ciudadanos israelíes residentes en Colombia es mucho menor.

En cuanto a la colonia judía que vive en Colombia —incluyendo a los descendientes de los Sefarditas que han hecho reconocer su condición de judíos frente a la legislación española—, no debería verse afectada, pues las diferencias no son con los judíos o con los musulmanes o los árabes, sino con el gobierno actual de Netanyahu en Israel.

Foto: Presidencia - El 5 de abril, el gobierno anunció que intervendría en el caso de Sudáfrica contra Israel ante Corte Internacional de Justicia de La Haya.

Al igual que la atención consular, las relaciones comerciales que se efectúan entre sectores privados, no se verían afectadas por el tema diplomático.

Comercio.  Al igual que la atención consular, las relaciones comerciales que se efectúan entre sectores privados, no se verían afectadas por el tema diplomático. Estamos hablando de unos 300 millones de dólares al año en exportaciones colombianas, principalmente de carbón y café; y de productos tecnológicos que se importan de Israel, por aproximadamente 100 millones de dólares.  El TLC entre los dos países, que podría permitir la exportación de productos pesqueros y lácteos, continúa vigente.

Defensa y seguridad. Este es el tema delicado porque romper relaciones podría implicar el congelamiento del Memorandum de Entendimiento de 2003, y el acuerdo de 2004, que comprenden transferencia de armas y equipos para la industria militar. Lo mismo pasaría con los intercambios de información, ahora restringidos.

El reemplazo y provisión de aviones, armas ligeras, proyectiles antitanque, municiones diversas, y la licencia para fabricación de los fusiles Galil, podrían dejar de ser activos. Pero hay que recordar que el mercado de armas y municiones, y en general de material militar, es uno de los más versátiles del mundo. Probablemente, veamos en el futuro próximo algunos acuerdos al respecto, con países europeos, Brasil, u otros socios internacionales.

Un caso especial: Se trata del grupo permanente de las Fuerzas de tierra colombianas (en promedio unos 250 soldados), que es parte de los Observadores militares internacionales en el Sinaí (MFO).  Estas fuerzas son en realidad pequeños contingentes de amortiguamiento y observación entre Israel y Egipto. No operan en el marco de Naciones Unidas, sino en desarrollo de los acuerdos de Camp David (1979).

El tema no es israelí, sino binacional con Egipto, pero la totalidad de los contingentes están dentro de la parte egipcia de la frontera (hecho usualmente no conocido). Su permanencia en el contexto de la MFO, depende de Egipto e Israel. Tanto Colombia como Egipto tienen clara la voluntad de permanencia. Se esperaría que el actual gobierno de Israel y los que sigan, no cambien el status actual.

La ruptura es con Netanyahu y su gobierno

En general, se trata, es cierto, de una medida extrema, pero lo que importa es que entendamos que la ruptura no tiene nada que ver con el pueblo judío, sino con un gobierno concreto, el encabezado por Netanyahu en la actualidad.

Quizás en unos meses, con un nuevo comportamiento gubernamental en Israel, pueda abrirse el espacio para la reactivación de relaciones diplomáticas, ojalá en el marco de una conferencia de paz, o de acuerdos sostenibles entre Israel y Palestina. En la mira estaría la búsqueda o el acompañamiento para una solución justa, sostenible y pacífica en la región del Medio Oriente.

Lea en Razón Pública: El derecho a la legítima defensa en el caso de Irán e Israel

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Diego Cardona Cardona

Escrito por:

Diego Cardona Cardona

*Magíster en Estudios de Asia y África de El Colegio de México y doctor en Relaciones Internacionales del Instituto de Altos Estudios Internacionales de Ginebra, Suiza. Correo: dcardonac@gmail.com

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  1. El pueblo judío no entiende esta decisión de romper relaciones de la forma en que el profesor Cardona pretende que sea entendida. Hay toda una serie de silencios previos frente a las acciones de Hamas y de calificativos ofensivos e improperios pronunciados por el actual Jefe de Estado colombiano que, sumados a su propia extracción política subversiva y profundamente violenta, hace improbable esta lectura de los hechos tan simplista. Tal vez si esta decisión proviniese de un presidente sin los antecedentes y el carácter violento, pendenciero y revanchista del actual, la interpretación del columnista sería más digerible. Esto podría denotar un desconocimiento sobre la sociedad judía en general, lo que sorprende viniendo de un profesor tan respetado como Cardona. Se está subestimando la capacidad de olvido de Israel frente a este tipo de afrentas. Tratándose de su política exterior y de su propia seguridad e integridad territorial, las divisiones partidistas en ese país no es lo que predomina. Queda muy claro que no fue un error del Presidente, fue algo muy meditado en su propio fuero personal, que desafortunadamente trascendió a su calidad de Jefe de Estado.

  2. En la pasada Feria del Libro de Caracas Petro sostuvo en forma equivocada, y hasta prejuiciada, que el capital israelita es dueño de la banca norteamericana (no olvidemos que Hitler hacía la misma asociación entre la banca alemana y los judíos). Igualmente, hace unas semanas Petro señaló que «también era árabe» y se jactó de haber entrenado militarmente en las arenas del desierto del Sahara con la OLP. Y por supuesto nunca condenó las masacres y los secuestros del 7 de octubre…

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