
El rally por la Presidencia: entre el viaje a Washington y las consultas
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Tras la semana anterior, las conclusiones para el proceso electoral tienen en cuenta que la visita del presidente colombiano a su homólogo estadounidense fue exitosa y que los resultados de las consultas son fundamentales.
Entre el martes y el viernes de la semana anterior, se vivieron los eventos más intensos de la vida política colombiana de los últimos meses. Falta solo un mes para que se efectúen las elecciones legislativas y las consultas entre quienes hayan decidido participar en ellas. Y menos de tres meses después, tendremos la primera vuelta de las elecciones presidenciales. De la visita del presidente Petro al presidente Trump en Washington y de los ajustes respecto de las consultas tenemos varios resultados claros y otros en discusión. Después de algunos días, y pasadas las especulaciones iniciales, podemos tener hoy un panorama más completo y preciso.
Los resultados de la visita a Washington
Lo primero y más importante es que estableció canales de comunicación directos al más alto nivel. Con anterioridad, ningún funcionario de la administración colombiana actual (ninguno es ninguno) había tenido acceso al presidente ni al vicepresidente en la administración Trump 2.0. Habían existido algunas comunicaciones esporádicas con Marco Rubio, el secretario de Estado, así como con congresistas y staffers, y con el encargado de negocios de la embajada de Estados Unidos en Colombia (que también lo era ante el gobierno de Venezuela hasta hace un par de semanas).
El segundo es que la juiciosa preparación de la visita, hasta en sus mínimos detalles, orquestada y administrada por el embajador colombiano en Washington, Daniel García-Peña, fue muy exitosa. Los contactos previos y recientes con el Congreso de los Estados Unidos, el manejo de la agencia de lobby estadounidense recientemente contratada (asunto muy usual en Estados Unidos, en lo cual los hermanos mexicanos pueden darnos lecciones de más de un siglo) dieron sus frutos. No hay que olvidar algunos contactos facilitadores, como los del excanciller Murillo, de muy buen recibo bipartidista en Washington.
En tercer lugar, queda claro que los intentos de algunas personas en Colombia de hacer descarrilar la reunión no tuvieron, por fortuna, el resultado que ellos habrían querido. Lo que estaba en juego no era poca cosa, y un desastre habría podido ser letal para el país y sus habitantes.
Un cuarto punto importante es que, si bien es claro que el Gobierno de Estados Unidos no necesita en este momento ningún mediador para sus relaciones con el gobierno interino de Venezuela, también queda claro que Colombia puede contribuir a la estabilización económica del occidente venezolano, mediante acuerdos bilaterales y trilaterales, promoción económica y quizás en temas como control fronterizo en un sentido amplio. No está claro si habrá “facilidades” de otro tipo, en especial en temas como la seguridad fronteriza y el control de la delincuencia.
Al parecer, el tema petrolero estuvo presente en las discusiones. No es que la reactivación de la industria petrolera venezolana requiera ayuda colombiana, pues la que se produzca será, en lo sustancial (en especial en el oriente de Venezuela y en la cuenca del Orinoco), efectuada directamente por las grandes empresas petroleras mundiales que se decidan a invertir en Venezuela en este período de transición. Pero es posible que algunas formas de energía limpia puedan implementarse en Colombia mediante proyectos de importancia, para apoyar el desarrollo no solo del nororiente colombiano, sino también del noroccidente de Venezuela.
Finalmente, en el difícil tema de la lucha contra los carteles del narcotráfico (con diversas orientaciones y nombres) y los grupos asociados a dicha actividad, es altamente probable que las coincidencias con el gobierno estadounidense sean ahora importantes e incluso que se muestren algunos resultados simbólicos en los próximos meses. Ello es fundamental si tenemos en cuenta que existen porciones muy extensas del territorio nacional en las cuales la presencia estatal es muy pequeña o incluso inexistente.
Persiste la polémica por los resultados en el control (o no) de los cultivos y en la cantidad de drogas incautadas: a finales del período Samper, por ejemplo, existían 24.000 hectáreas sembradas, y en la actualidad aproximadamente diez veces más, con un incremento notable al final del período Duque, hasta 230.000 hectáreas. Pero también es cierto que en el período Petro, las incautaciones han sido las más numerosas de nuestra historia.
Las diferencias sustanciales
En los demás temas de interés para alguno de los dos países es explicable que no se hayan producido avances, como es apenas obvio: la visión imperial del actual gobierno de los Estados Unidos frente a la visión desde el Sur Global; la posición frente a Venezuela, y probablemente la que pueda venir sobre Cuba; la política respecto de los conflictos del Medio Oriente; la visión de la importancia o no de las Organizaciones Internacionales; la defensa del Estado de Derecho a nivel internacional, más propia ahora de los países intermedios y los del Gran Sur; el modelo energético, y, finalmente, los modelos de desarrollo.
En estos temas existen, por supuesto, diferencias importantes. Sería utópico e irreal pretender que esas diferencias no existen. Están allí como parte del contexto global en el que Estados Unidos tiene en esta administración una visión renovada de la Doctrina Monroe, y de su necesidad de un área de influencia expresa en la totalidad del continente americano. Ello frente a la “otra visión”, la de buena parte de Asia, parte importante del Medio Oriente y algunos países africanos (y quizá de América Latina, en especial en Brasil y México), que prefieren optar por una política de equilibrio global.
Qué orientación tenga Colombia a partir de los próximos meses depende en gran medida del resultado electoral en curso y de la coyuntura global y continental. Para algunos, deberíamos jugar de preferencia, e incluso solo, con Estados Unidos. Para otros, deberíamos optar por una posición antiimperialista de corte clásico, semejante a las políticas del “otro lado” de la vieja Guerra Fría.
Otros saben (o así parece) que puede haber una política que permita aprovechar las ventajas de las grandes economías del mundo (Estados Unidos, China, India, gigantescos mercados) mediante la atracción de inversiones en sectores estratégicos (en especial de países desarrollados, potencias intermedias económicas y los países del Oriente Medio, en particular los que cuentan con un enorme ingreso petrolero).
Y, sobre todo, sabiendo que la relación privilegiada con los demás países de América Latina es fundamental. En este proceso, juegan un papel fundamental los procesos de integración y concertación, hoy día alicaídos por la polarización ideológica de las posiciones extremas, enfermas de mesianismo.
El impacto de los hechos de la semana
De momento, tras la semana anterior, aparecen con cierta fuerza las siguientes conclusiones para el proceso electoral. Ellas tienen en cuenta que los resultados de la visita del presidente colombiano a su homólogo estadounidense fueron exitosos y ello les quita algunos argumentos tanto a la extrema derecha como a la extrema izquierda. Si el centro logra presentar una posición medianamente coordinada y coherente, tiene posibilidad de ubicar a su candidato mayoritario en segunda vuelta, con un chance real de obtener el resultado final.
- Una candidatura de la derecha dura puede tener un techo de aproximadamente 40%, pero necesita un sector de votantes de centro para poder avanzar (eso lo ha comprendido muy bien el expresidente Uribe y por eso quiere contemplar al abogado De la Espriella como Plan B, pero no como Plan A).
- Por su parte, una candidatura de la izquierda dura tiene un techo de aproximadamente 30%, pero también necesita un porcentaje importante de votantes de centro para poder triunfar (lo que ha comprendido muy bien el presidente Petro: quizá por ello, parece haber entendido que un Plan B, por ejemplo, con Roy Barreras, es procedente).
- Ningún candidato tiene, al parecer, posibilidades de ganar en primera vuelta.
Ya no es posible afirmar que la segunda vuelta esté definida entre los dos candidatos que actualmente encabezan las pocas encuestas y los sondeos realizados. Hay que esperar las consultas, y todo dependerá de las campañas subsiguientes. No hay que descartar que pueda ser una buena coyuntura para un candidato como Fajardo, dependiendo del contexto y de los movimientos de campaña.
El contenido internacional tiene, como nunca antes, una importancia creciente en las visiones de quienes elegimos en Colombia
Sin embargo, en un mes, al día siguiente de las consultas, buena parte del panorama puede haber cambiado.
Acerca del autor

Diego Cardona Cardona
*Magíster en Estudios de Asia y África de El Colegio de México y doctor en Relaciones Internacionales del Instituto de Altos Estudios Internacionales de Ginebra, Suiza. Ex Viceministro de Relaciones Exteriores de Colombia. Correo: dcardonac@gmail.com
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