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Una mirada histórica al problema agrario en Colombia

Escrito por Julián Barbosa

Problema Agrario en Colombia, punto fundamental del libro escrito por Catherine LeGrand.

Julian BarbosaLa reedición de este libro clásico sobre la tierra en Colombia es una oportunidad para volver a pensar la relación entre colonos, terratenientes y Estado en la configuración rural del país.

Julián Barbosa*

Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)
Catherine LeGrand
Universidad Nacional, Cinep y Universidad de los Andes
2016

¿Historia cíclica?

El texto Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950) acaba de ser reeditado por la Universidad Nacional, el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep) y la Universidad de los Andes. En medio de una historia política que por momentos parece cíclica, este texto debe, de nuevo, convertirse en un referente pues realiza una brillante radiografía de cómo se construyeron las luchas sobre el dominio de la tierra entre colonos, terratenientes y el Estado en Colombia.

La exposición de LeGrand se aleja de los lugares comunes. La autora muestra que el problema de la tierra no es un asunto simplemente heredado del modelo colonial sino que obedece a nuevas relaciones propias del sistema capitalista. La investigación histórica se vuelve protagonista en la medida en que ayuda a entender la importancia de los procesos económicos, políticos, sociales y culturales de finales de siglo XIX y principios del XX para la configuración de las relaciones entre los colonos, los terratenientes y el Estado.

La autora muestra cómo los colonos se adaptaron a las dinámicas de los mercados mundiales, lo cual llevó la economía mundial de productos tropicales a los territorios de baldíos. La presencia de los colonos, apunta LeGrand, “era necesaria para valorizar la tierra, crear mercados regionales y suministrar mano de obra no solo para las parcelas familiares sino también para las grandes empresas comerciales”.

Uno de los aspectos más valiosos del texto es que rompe con la tradicional forma de ver al campesino como sujeto estático y sometido, como si no pudiera desprenderse del peso y el embate colonial. Por el contrario, los campesinos buscaron revertir su situación económica adversa e intentaron insertarse en las economías de mercado.

Esto es evidente cuando trataron de ubicarse en zonas con acceso a los mercados mundiales y, cuando esto no era posible, abrían trocha hacia los ríos o poblados. Como lo muestra la autora, cuando fue necesario, también se comunicaron con el Estado para que este construyera los canales necesarios para transformar su economía de subsistencia en una de mercado.

Acaparamiento de tierras

Baldíos en Colombia.
Baldíos en Colombia.  
Foto: Alcaldía de Santiago de Cali

En cuanto al terrateniente, apunta la autora, parece que su proceso de acumulación fue producto de un interés de prestigio social y no de uno con fines de acumulación para la producción. Por eso enfatiza que los terratenientes fueron culpables del atraso en las regiones rurales.

Más allá de lo descrito, la acumulación de baldíos se hacía en zonas ya ocupadas que habían sido trabajadas, por eso circundaban los territorios de los campesinos. Acaparar grandes cantidades de tierra era funcional no solo por prestigio, sino para arrebatarle al colono su independencia económica y obligarlos a trabajar sus tierras. Por eso acumularon lotes baldíos tan grandes que no podían explotar.

Este es un razonamiento económico que obedece a que las tierras que los colonos buscaban eran fértiles y con acceso a mercados. “Así, apropiarse de las tierras de campesinos representaba una economía significativa en tiempo y en dinero. Además, el trabajo que los colonos habían consagrado a la tierra aumentaba su valor en el mercado”. El motor de la economía colombiana a finales del siglo XIX y principios del XX fue la economía agrícola exportadora controlada y manejada por la élite empresarial y terrateniente.

El problema de la tierra no es un asunto simplemente heredado del modelo colonial.

Para completar la triada, la autora analiza el papel del Estado. A diferencia de lo que se suele plantear, las políticas estatales no siempre fueron controladas por la élite terrateniente. En cambio, su presencia a nivel territorial respondió a factores diversos que por momentos lo hicieron volcarse a favor de colonos y campesinos titulándoles tierra. El Estado no es, exclusivamente, un aparato de dominio avasallador sobre el colono, sino que muchas veces se puso de su lado para dar respuesta a demandas del mercado.

Sin embargo, eso no quiere decir que este no haya participado de forma activa en el despojo de miles de colonos. El poder judicial local se convirtió en el legalizador de los despojos, y allí participó muchas veces de forma violenta la Policía. Estos fenómenos se presentaron sobre todo en territorios que estaban experimentando intensos crecimientos económicos.

A pesar de esto, diversas leyes nacionales promovieron que los colonos se resistieran a los procesos de despojo. Aunque las leyes no se hayan traducido en resultados prácticos favorables a los colonos, sí influyeron en la forma en la que el campesinado entendía su situación, además de pensar que el Estado central estaba de su lado. Mientras tanto, el Estado local, controlado en muchos casos por terratenientes o funcionarios cercanos a ellos, obstaculizó estos procesos.

En el decenio que va de 1925 a 1935 el Estado entendió que era necesario acabar con el sistema de latifundio, ya que las grandes propiedades que además abarcaban los territorios más fértiles “padecían de subutilización crónica, eran ineficientes y se resistían a las innovaciones”. El crecimiento industrial, además de requerir materias primas, necesitaba un mercado doméstico que se expandiera para sus productos. El Estado trató de recuperar la tierra apropiada por los terratenientes con una rigurosa legislación sobre los baldíos, pero la política local y sus élites lo impidieron.

Aquí el papel de la política cobró relevancia pues aunque se ha creído que es necesaria la presencia de un gobierno central socialista o reformista para la rebelión campesina, LeGrand demuestra que, aunque en Colombia se intentó un cambio en la estructura de la tierra, esta fue propiciada por políticos de los partidos tradicionales.

Esto no quiere decir que no hubo protagonismo de políticos reformistas y socialistas, pero debe entenderse que ellos llegaron a seguir agitando el panorama de reclamaciones para consolidar una base popular politizando y buscando electorado. “La causa fundamental de los conflictos de baldíos en los años treinta debe buscarse en la colisión de intereses, fundamental y programada, entre terratenientes y colonos en busca de control sobre la tierra, y de la cual los colonos tenían plena conciencia”.

Un clásico actual

Protestas por parte de los Campesinos.
Protestas por parte de los Campesinos.  
Foto:  Gobernación de Nariño

La propuesta de LeGrand es un repaso de las formas de investigación históricas, manejo de fuentes primarias y secundarias con gran exhaustividad. Su principal fuente, como deja claro, fue la Correspondencia de Baldíos de Colombia, un archivo de todas las comunicaciones sobre tierras enviadas por las localidades al gobierno central entre 1830 y 1930.

En el libro hay un buen número de fuentes de archivo, documentos administrativos, periódicos, revistas y una impresionante revisión de textos escritos por académicos y políticos del período estudiado. El texto es sin duda uno de los referentes más importantes del problema de la tierra en Colombia.

Los terratenientes fueron culpables del atraso en las regiones rurales.

Sin embargo, el libro abarca un periodo lejano, lo que por momentos no deja ver momentos posteriores y también relevantes del acontecer nacional frente al problema que estudia. Esto nos deja ávidos de saber cuáles serían sus reflexiones sobre la actual coyuntura nacional.

Este libro es una forma de hacer memoria sobre el colono colombiano y el papel del terrateniente en el despojo que provocó y sigue provocando terribles consecuencias en el país.

 

* Historiador y politólogo de la Universidad de los Andes, magíster en Estudios Políticos de la Universidad Nacional, docente e investigador de la Universidad de San Buenaventura, cofundador del centro de pensamiento AlaOrilladelRío.

 

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