¿Revivió tal cual el Paro Nacional en medio de la pandemia? - Razón Pública
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¿Revivió tal cual el Paro Nacional en medio de la pandemia?

Escrito por Juan Carlos Guerrero
Juan Carlos Guerrero

La reforma tributaria fue la excusa que canalizó el descontento social. ¿Será suficiente retirarla para apagar el Paro Nacional?

Juan Carlos Guerrero Bernal*

Un paro que se había apagado

Después de haber entrado en un largo letargo, el Paro Nacional revivió el pasado 28 de abril, con un alcance que debió sorprender al gobierno nacional y a quienes no creían que una gran movilización social pudiera emerger en medio de uno de los momentos más álgidos de la pandemia.

Justamente la pandemia había acabado de asfixiar un paro que, después de irrumpir con fuerza entre noviembre y diciembre del 2019, poco a poco entró en declive desde el final de enero del 2020, hasta ahogarse al comenzar la cuarentena en marzo de ese año.

El mismo día que se decretó el llamado “Aislamiento Preventivo Obligatorio”, el Comité Nacional del Paro cambió la convocatoria a las marchas por un cacerolazo nacional, que fue más bien lánguido y tuvo poca resonancia mediática y escasa audiencia. Así, la pandemia acabó de apagar un paro histórico que de todos modos ya venía perdiendo fuerza, sobre todo en virtud de una multiplicidad de demandas y peticiones que no eran muy inteligibles para buena parte de la opinión pública.

Durante el año pasado y en medio de la pandemia, hubo algunos intentos de revivir el Paro Nacional. El más notorio fue la “caravana por la vida” convocada para el 21 de septiembre, poco después de que detonaran las protestas por el asesinato de Javier Ordóñez por parte de unos agentes de la Policía Nacional. La intención era aprovechar la indignación que desató ese abuso policial para revivir la movilización en las calles.

Pero, además de la brutalidad policial, el Comité Nacional del Paro denunció otros hechos:

  • La expedición del Decreto 1174 de 2020, considerado por los convocantes a la caravana como una medida regresiva en materia laboral;
  • El paquete de ayuda otorgado a Avianca por el gobierno Duque, y
  • El modelo de alternancia diseñado por el Ministerio de Educación Nacional.

Pero este intento de retoma de las calles no tuvo mucho eco. Y algo similar ocurrió con la convocatoria para celebrar el aniversario del paro de 2019.

¿Por qué revivió el paro?

Entonces, ¿por qué el Paro Nacional está reviviendo en este momento? Sin duda, pesan mucho el deterioro de las condiciones de vida, la asfixia económica y el aumento significativo de la pobreza que han traído las medidas para enfrentar la pandemia.

Pero todas esas insatisfacciones no habrían podido traducirse en una gran movilización si no se hubiera presentado la reforma tributaria, calificada por las centrales obreras como “el segundo paquetazo de Duque”. Esa reforma, mal acordada previamente y mal comunicada, sirvió de punto de convergencia para múltiples descontentos.

Foto: Twitter: Heidy Sánchez Barreto - La fuerza pública se involucró en nuevos atropellos, como indican las denuncias de muertes provocadas por sus agentes e incluso un caso de presunto abuso sexual por parte de un miembro del ESMAD.

Durante el año pasado y en medio de la pandemia, hubo algunos intentos de revivir el Paro Nacional.

La reforma contribuyó entonces a articular los motivos de la protesta, sin que las organizaciones que hacen parte del Comité Nacional del Paro tuvieran que plantear nuevamente un enorme pliego de peticiones, que podría haber sido difícil de entender para muchos ciudadanos y podría haberse convertido en blanco fácil de críticas.

Así, el Paro Nacional se reactivó, pese a la decisión de una magistrada del Tribunal Administrativo de Cundinamarca que ordenó su aplazamiento mediante un auto judicial. Y aunque, por ahora, las marchas tengan una menor envergadura que las de 2019, es claro que salió más gente a la calle de la que se esperaba.

Además, los cacerolazos llevados a cabo la noche del 28 de abril en varias ciudades indican que hubo seguramente más gente sintonizada con la movilización, aunque no hayan salido a marchar por prudencia o miedo al virus.

Sin embargo, este paro no es idéntico al de 2019:

  • Ha sido mucho más descentralizado, pues se ha extendido a ciudades intermedias y pequeñas, y no se ha desarrollado esencialmente en grandes ciudades;
  • Parece tener un carácter más popular, como lo indica, por ejemplo, el hecho de que taxistas y camioneros se estén sumando;
  • Esta vez, la paz no es una de las banderas importantes de la movilización.

Estos tres puntos no son insignificantes, pues pueden transformar sustancialmente la naturaleza de las movilizaciones.

La violencia y la difícil salida

Hay un último punto sobre el cual importa reflexionar: parece que la violencia se está enquistando cada vez más en las movilizaciones.

A los ojos de muchos, el libreto “de siempre” volvió a repetirse: se convocó a una jornada pacífica de protestas que terminó en algunos actos de vandalismo y de enfrentamiento entre la fuerza pública y los manifestantes. Pero, en esta ocasión, la violencia da indicios de haber escalado un poco más.

Por un lado, la fuerza pública se involucró en nuevos atropellos, como indican las denuncias de muertes provocadas por sus agentes e incluso un caso de presunto abuso sexual por parte de un miembro del ESMAD. Estos son hechos preocupantes que aumentan el miedo, la desconfianza y la rabia de la ciudadanía frente a la fuerza pública.

Además, llama la atención que estos hechos hayan sido justificados por algunos líderes políticos, como ocurrió con el tweet del expresidente Uribe, que fue luego eliminado por la plataforma por “glorificar la violencia”.

Por otro lado, el vandalismo ha adquirido nuevas proporciones, especialmente en ciudades como Cali. Este es también un hecho preocupante, porque deslegitima las protestas y opaca muchas insatisfacciones que no se expresan en demandas claras, sino en simple violencia. Además, otra vez el gobierno aprovecha para descalificar las marchas, mientras que varios medios de comunicación ponen el foco en la noticia de la violencia, sin mirarlos lo sucesos con profundidad.

Tal vez sea preciso insistir, una vez más, en que el fenómeno del vandalismo es opaco y complejo, sobre todo porque no puede reducirse a una sola causa ni tampoco es producto de un solo actor. Detrás de la etiqueta generalizante de “vándalos” hay de todo: desde grupos anarquistas politizados y quizás milicias urbanas, hasta sectores sociales que no cesan de acumular una rabia y frustración colectiva, pasando por verdaderos pirómanos oportunistas –con o sin tintes políticos– que aprovechan la ocasión para pescar en río revuelto.

Parece que la violencia se está enquistando cada vez más en las movilizaciones.

En todo caso, bien valdría la pena comenzar a diferenciar los móviles y los actores que se encuentran detrás de hechos como las quemas de buses en Cali, el lanzamiento de bombas incendiarias a policías, la destrucción de sedes bancarias, los ataques a instalaciones de medios de comunicación y los actos de saqueo. Toda esta mezcla de violencia –un tanto explosiva, otro tanto premeditada– no es movida por un único hilo.

Al final, el gran problema es que la violencia creciente parece salirse cada vez más de las manos del gobierno y de algunos mandatarios locales, como también de los organizadores del paro. Y curiosamente, aunque sabemos que es una violencia que se repite, pocos quieren mirarla en serio y con profundidad.

Hay pocos periodistas que hayan investigado a fondo estos hechos, y la policía y los órganos de seguridad del Estado tampoco parecen investigar seriamente el fenómeno. Cuando los medios de comunicación entrevistan a comandantes de la fuerza pública y les preguntan quiénes son los capturados, no parecen saber mucho sobre ellos y sobre su heterogeneidad.

En principio, tal vez parezca que la reforma tributaria fue el detonante de esta nueva versión del paro. Por eso, el 2 de mayo, el presidente Duque ordenó retirar la reforma. Pero quizás eso no sea suficiente: la reforma, con todos sus tecnicismos, a lo mejor ni siquiera era realmente entendida y conocida por muchos ciudadanos que se manifestaron pacíficamente, ni por aquellos que participaron en los actos de vandalismo.

Lo más probable es que la reforma sea apenas un foco de descontento que revela malestares y problemas más profundos, como la cólera social, la desconfianza en el Estado, la sensación de que la gente común y corriente no existe para los gobernantes, e incluso el agotamiento frente a la disrupción de la vida social y la pérdida de espacios de socialización como resultado de la pandemia.

Para salir de esta situación cada vez más crítica serán necesarios líderes en todas las orillas que vean y entiendan la gravedad del problema y que tengan la habilidad para construir consensos y mover las líneas de discusión en el debate público, mediante un diálogo amplio y una buena dosis de sagacidad política.

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