Recursos naturales y desangre de la economía - Razón Pública
gabriel rosas vega

Recursos naturales y desangre de la economía

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gabriel rosas vegaLas riquezas naturales, como el petróleo, pueden impedir el desarrollo en lugar de acelerarlo. ¿Qué implicaciones tienen los biocombustibles para el crecimiento económico, el ahorro de energía, el medio ambiente, la seguridad alimentaria y la distribución del ingreso en Colombia?

Gabriel Rosas Vega*

Viejos postulados

Parafraseando la expresión de Miguel Urrutia, en el futuro será posible decir que "antes de la era de los biocombustibles, Colombia no era un país en verdadero proceso de  desarrollo". Ante el papel que ya comienzan a jugar los sustitutos del combustible fósil en la canasta exportadora de Colombia, vale la pena darle una mirada a las implicaciones que esta fuente de "bonanzas" pueda tener para el futuro de nuestra  economía.

En ese propósito, lo primero que se viene a la cabeza es repasar los viejos postulados que le dieron vida a la "teoría de la dependencia", a la hipótesis de la llamada "enfermedad holandesa" o, mejor, a la idea de la "maldición" provocada por la abundancia de recursos naturales. Si bien sus fundamentos teóricos son conocidos, no deja de ser útil su análisis para ver si el proceso en marcha encaja dentro de tales postulados y si hay forma de darle un buen trato a esta fuente de riqueza para que no genere tantas y tan indeseables consecuencias.

Enfermedad holandesa y otros virus

De manera sucinta y obviando la referencia a la teoría de la dependencia, con el nombre de "enfermedad holandesa" se designa a una serie de efectos nocivos que aparentemente ocurren cuando una economía recibe cantidades muy elevadas de recursos externos por concepto de la exportación de productos naturales. La llegada masiva y súbita de esos recursos causa la apreciación de la moneda y por ende pérdidas elevadas de competitividad de otros sectores.

Por otra parte, una investigación de Jeffrey Sachs y Andrew Warner[1], recordada  hace pocos días por Albert Berry en un seminario que tuvo lugar en Medellín, encontró que en promedio países con muchos recursos naturales crecieron menos que otros países durante las décadas del sesenta al noventa. Esto en realidad contradice la teoría convencional puesto que podría suponerse que más recursos de cualquier tipo -capital, mano de obra, tierra u otros- aceleran el crecimiento y generan un mayor nivel de ingreso. Indagaciones posteriores han encontrado resultados distintos, según el caso; pero aún quienes no comparten la idea de que la abundancia de los recursos naturales es "mala" para el crecimiento, advierten que su contribución es mucho menor que la esperada. En consecuencia, la conclusión sigue siendo válida aún con los atenuantes establecidos.

¿De qué dependen esos efectos? 

Cómo se explican, entonces, los resultados: ¿Dependen del tipo de recursos naturales?  ¿Dependen de la política económica del país?  ¿Dependen del contexto internacional del momento? ¿Dependen de la estructura de cada economía? La respuesta es que los resultados probablemente dependen de todos estos factores.

Se ha planteado que la abundancia de recursos naturales genera no sólo un retroceso estructural, sino que perturba la formación de las instituciones jurídicas y políticas  necesarias para el desarrollo económico. Los mecanismos a través de los cuales el hecho de tener más recursos impide el crecimiento, son entre otros: guerras civiles y disputas  políticas por el control del recurso natural, robo de las ganancias nacionales por parte de las multinacionales o de "rentistas" locales, y mal uso de los ingresos (por ejemplo inversiones en áreas de baja productividad).

Un hecho particularmente grave es el deterioro de la gobernabilidad en estos países, pues la posibilidad de acceso a las mayores rentas atrae gente mediocre o deshonesta al gobierno y aumenta la corrupción. Debido a la bonanza de recursos naturales, los gobiernos no tienen que esforzarse para generar crecimiento. Es difícil planear en una economía que depende de estos recursos.

Éxitos y fracasos

Un ejemplo de países que han fracasado en el intento de lograr avances en el proceso de desarrollo es Venezuela. En un interesante libro, Andrés Mejía Vergnaud describe los sinsabores y las frustraciones de esa nación, al punto de haberlo titulado "El destino trágico de Venezuela. Con o sin Chávez"[2]. Sucintamente enunciadas, las causas de los problemas venezolanos son: difícil desarrollo de competitividades; inestabilidad macroeconómica y política; pocos nuevos y buenos empleos desde los años 80; enorme aumento de la informalidad entre los años 80 y 2000. Empero, como telón de fondo aparece nítidamente la dependencia altísima de la producción de petróleo, que actuando como una verdadera trampa entorpece la acción creadora.

En oposición a este caso se cita el éxito de Chile. Este país históricamente ha sido muy dependiente del cobre, al punto de copar el 75% de las exportaciones. La crisis política y económica de los años setenta y principios de los ochenta también aparece como un hecho perjudicial. Con todo, desde 1984 el crecimiento ha sido alto y estable. A diferencia de Venezuela, Chile ha sido muy exitoso en diversificar sus exportaciones -de 200 renglones en 1970 pasó a 3.600 en 1996. Lo mismo que Indonesia, aprovechó la devaluación significativa de la moneda para ampliar el rango de competitividades y hacerlo muy rápidamente. Las nuevas exportaciones están principalmente basadas en recursos naturales, una razón por la cual la desigualdad sigue siendo alta. Sin embargo, desde los años noventa las ventas de manufacturas han crecido en forma apreciable, en particular a otros países latinos y en desarrollo. Tales productos no son intensivos en mano de obra, pero sí en capital. 

Calidad de las instituciones

Como quiera que las implicaciones para la política son francamente indeseables, es necesario insistir en que se necesita una alta calidad del gobierno para evitar la  corrupción, el derroche o la improvisación. En consecuencia se requieren buenas instituciones para la gobernabilidad; hay que estar alerta en relación con la inestabilidad macroeconómica, y se precisa una mejor planeación, especialmente en cuanto a identificar futuras actividades basadas en la ventaja comparativa internacional.

Múltiples son los casos que pueden citarse para ilustrar los problemas anotados; por ejemplo, las políticas para el empleo y la distribución de los ingresos en los países del Sureste Asiático lograron buenos resultados, sin necesidad de tener una política de empleo bien diseñada. Planearon el camino industrial, pero no planearon en igual forma la demanda de la mano de obra. Eso indica que no es conveniente dejar al azar los resultados del proceso económico. 

Por su lado, los países bajo la "maldición" sí necesitan políticas de empleo y distribución de ingreso de alta calidad, pues de otra manera el salario de equilibrio puede ser muy bajo en relación con el PIB per cápita. 

Las perspectivas de Colombia

Como quiera que Colombia, con la irrupción de la producción de biocombustibles, puede verse abocada a una situación equivalente a la de Indonesia o a la de Chile, es urgente prestarle la máxima atención a las políticas públicas que se diseñen de cara al futuro, pues en ellas está la clave del éxito o del fracaso. 

En esta dirección, por ejemplo, resulta muy interesante la expresión del presidente de Fedepalma, Jens Mesa, quien en el marco del lanzamiento de la tercera fase de pruebas del biodiesel utilizado por los buses de transmilenio, dijo: "Antes que meterse a construir plantas de producción de biodiesel, lo que el país debe hacer es garantizar la producción agrícola. Sin materia prima no puede haber combustible"[3]. Al hacer la observación, el funcionario tuvo en cuenta que uno de los errores cometidos en varios de los países que están volcando su producción agrícola hacia la palma africana, es iniciar la venta sin pruebas contundentes y construir plantas de biodiesel antes de garantizar la materia prima. Esto ha generado desabastecimientos y ha puesto en entredicho la viabilidad del combustible. 

Los pros y los contra[4]

La producción de biodiesel y bioetanol ha sido ampliamente respaldada por el gobierno y por los gremios, quienes ponderan esta actividad y la presentan como una alternativa  rentable, positiva para el desarrollo agrícola y ambientalmente amigable. Yo me cuento entre quienes creen en las bondades de este nuevo frente de trabajo, pero soy consciente de que existen dudas en torno a los posibles resultados de la producción de biocombustibles. Me atrevo a señalar las cuatro principales: (1) Balance energético de los biocombustibles; (2) Impactos sobre el medio ambiente, (3) Efectos sobre la seguridad alimentaria, y (4) Consecuencias sociales.

¿Los biocombustibles sí ahorran energía?

Para hablar de los efectos energéticos es preciso referirse al resultado de la conversión de energía solar en líquida vía fotosíntesis. En este aspecto se concentra el debate científico, dado que aún no hay respuesta sobre si los biocombustibles poseen o no un balance energético positivo, es decir, si la cantidad de energía contenida en determinado biocombustible es mayor que la cantidad de energía requerida para producirlo. Este debate es especialmente complejo, porque no existe consenso sobre la metodología adecuada para medir dicho balance.

Medio ambiente

En cuanto a los impactos ambientales hay dos opiniones encontradas. Por una parte, el beneficio ambiental es uno de los principales argumentos que esgrimen los defensores de los biocombustibles. Dos premisas sustentan esta argumentación; la primera, que el biodiesel y el bioetanol generan menos emisiones de gases (GEI) que los combustibles fósiles. La segunda, que los cultivos energéticos usados para su producción capturan dióxido de carbono de la atmósfera, contrarrestando así las emisiones de gases derivados de sus diferentes usos.

Por otra parte, hay que mencionar los argumentos que se dan sobre la biodiversidad y la presión que la producción de insumos ejerce sobre los recursos naturales, en especial, la demanda potencial de agua y la deforestación, con la remoción de material orgánico usado para la producción de biocombustibles. Así mismo, de los efectos derivados del  monocultivo. Se considera que los monocultivos a gran escala amenazan la biodiversidad de varias maneras: la simplificación de ecosistemas ya transformados, la introducción de especies invasoras y el uso de agroquímicos.

Emisiones de GEI

Uno de los factores que con frecuencia se citan a favor de los biocombustibles es su capacidad de reducir las emisiones de gases efecto invernadero frente a los combustibles fósiles. No obstante, la tarea de determinar con precisión la magnitud de dichas emisiones es bastante compleja y, por tanto, imposible de discutir en un plano equilibrado.

¿Inseguridad alimentaria?

Se teme que las ambiciosas metas de sustitución de combustibles fósiles a partir de los biocombustibles puedan representar una amenaza para la seguridad alimentaria. El último informe de la FAO indica que el sector de los biocombustibles se ha convertido en un fuerte demandante de cereales. Señala que del aumento total en la producción mundial de maíz en 2007, calculado en 40 millones de toneladas, cerca del 75% fue absorbido por plantas de producción de bioetanol.  Los precios de las semillas oleaginosas y los aceites han presentado un comportamiento similar, alcanzando niveles históricos. Considera que un factor clave que explica este fenómeno es el aumento de la demanda de productos como el maíz, que ha desembocado en una presión sobre otros cultivos y, en consecuencia, en un  aumento de precios. Adicionalmente, la creciente demanda de insumos para producción de biodiesel, en particular aceite de palma, soya y otros productos, ayuda a explicar la gradual contracción de su oferta en los mercados mundiales y el aumento acelerado de precios.

Estas afirmaciones, por supuesto, tienen opositores que señalan, por ejemplo, que los biocombustibles atraen inversión al sector agrícola, produciendo un efecto positivo sobre la productividad y el desarrollo rural. Se ha mencionado que, lejos de representar una amenaza sobre otros cultivos, la producción de insumos para biocombustibles tiende a causar un impacto positivo sobre los mismos.

En lo que toca con Colombia, es aún difícil estimar el impacto de la producción de estos bienes sobre el precio de los alimentos, pues es limitada en la actualidad. Además, la utilización de la tierra sigue siendo exactamente la misma que se tenía antes de iniciarse el boom de los biocombustibles. Con todo, no se puede despreciar el argumento que sostiene que el incremento en los precios de productos importados como maíz y trigo y sustitutos de origen nacional como panela, azúcar y yuca, puede haberse producido por cuenta del impacto de la producción de biocombustibles. De cualquiera manera, la disyuntiva de tener biocombustibles a costa de la seguridad alimentaria no se debe mantener.

Ventajas y perjuicios sociales

En relación con los beneficios y/o perjuicios sociales derivados de los biocombustibles, es cierto que están directamente relacionados con sus condiciones de producción. Varios estudios señalan que sólo tendrán impactos positivos si se evita la concentración de su producción, procesamiento y transporte.  Esto indica que el desarrollo de la industria debe estar acompañado de políticas que garanticen la distribución equitativa de los beneficios.  Hay que reconocer, sin embargo, que ésta es una actividad intensiva de capital, lo cual quiere decir que el número de empleos directos que genera no es muy alto. El impulso a proyectos a pequeña escala que favorezcan a pequeños agricultores, la puesta en marcha de sistemas de certificación que garanticen condiciones justas de trabajo, el apoyo económico a cooperativas de productores, son algunas de las soluciones señaladas en la literatura.

Epílogo

Sin duda, las perspectivas son buenas, aunque el panorama no está completamente despejado. De allí la importancia de prestarle la mayor atención a la definición de las políticas y evitar la "borrachera" de una alternativa favorable como la comentada.

*Ex ministro de Agricultura, profesor universitario, columnista y autor de numerosos libros y artículos académicos

Notas de pie de página


[1] Natural Resource Abundance and Economic Growth, National Bureau of Economic Research Working Paper W5398, 1997

[2] Caracas, Editorial Tierra Firme, 2009.

[3] "Éxito del biodiesel depende de la expansión agrícola", El Tiempo, Octubre 2 de 2009

[4] Las ideas contenidas en el documento presentado por el doctor Simón Uribe Martínez, "Debates en torno a la producción y uso de biocombustibles", sirvieron de base para el desarrollo de esta parte del artículo.

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