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¿Nos gobierna el movimiento natural de la pandemia?

Escrito por María Fernanda Gutiérrez
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Desde hace un año parece que el virus dirige la vida de las personas, ya que el miedo a la enfermedad permea todas las decisiones que se toman. Pero ¿qué papel desempeña el virus en realidad?

María Fernanda Gutiérrez*

El virus

Un diminuto parásito intracelular, mejor llamado virus, ocasionó la pandemia y parece que puede gobernarnos con su diámetro de entre 100 y 120 nanómetros.

El problema empieza cuando el virus encuentra alrededor de 7730 millones de personas que son un excelente lugar de multiplicación por estar llenas de células permisivas a la infección y por no contar con experiencias previas o vacunas que crearan una memoria inmunológica para impedir su entrada a la célula.

Estas condiciones convirtieron al ser humano en el mejor lugar para que proliferara el SARS-CoV-2. Pero el virus no quiere gobernar a la humanidad.

Es increíble cómo las personas describen al virus en los memes o las caricaturas como individuos maléficos que quieren acabar con la especie humana. Pero no es cierto, de lo contrario desearía acabar con él mismo, al destruir el lugar que necesita para multiplicarse.

Conviene cambiar la idea de que los virus son malos. Ellos no están para causar daños, pero sí necesitan de las células de las personas para seguir su ciclo reproductivo. En realidad, quien nos gobierna es el conjunto de situaciones que llegan con el virus.

La pandemia comenzó porque un agente infeccioso logró infectar y enfermar a un gran número de personas. Después se expandió por distintos países, contagiando a más personas sin importar la raza, el clima o la condición social; incluso tuvo ciclos en donde parecía desaparecer únicamente para reactivarse momentos después.

Estos cambios impredecibles afectan las expectativas y las decisiones de las personas; y estas sí que nos gobiernan.

Foto: Gobernación de Boyacá - Hemos visto tomar decisiones ante un supuesto comportamiento viral las cuales se cambian un par de meses más tarde,

¿Quién gobierna?

Las empresas que inventaron las vacunas en un tiempo inimaginable les dieron esperanza a las personas. Pero las vacunas exponen la pobreza del país: para vacunar a todos hay que esperar a que los países ricos o desarrollados vacunen a su población, liberen algunas vacunas y las envíen hasta aquí.

La pandemia comenzó porque un agente infeccioso logró infectar y enfermar a un gran número de personas

Además de dinero, nos hace falta actitud. Es increíble que a estas alturas del desarrollo mundial no existan centros de investigación de vacunas en Colombia ni resultados de investigaciones sobre medicamentos a partir de nuestra biodiversidad vegetal.

Colombia es un país megadiverso. Sus habitantes saben que la pérdida de la biodiversidad es un problema, muchas veces causado por ellos mismos. Pero aunque exista conciencia, la riqueza del país se desperdicia, nadie fomenta la investigación ni explora alternativas terapéuticas con esa biodiversidad. En general al país lo gobiernan la necesidad de la vacuna y la pobreza.

Y lo peor es la vulnerabilidad. No recuerdo un proceso relacionado con la toma de conciencia sobre la vulnerabilidad de nuestras existencias tan intenso como el actual. El pequeño de tamaño nanométrico parece un gigante cuando se habla de salud, aun cuando la tasa de mortalidad por el virus es baja.

Y debido a los chismes, los medios, las experiencias de cada uno y el pánico al virus la muerte parece estar cerca: el miedo nos gobierna.

También están los gobernantes que parecen liderar procesos que ellos mismos no entienden. A sus asesores les pasa lo mismo, pero tienen títulos universitarios que los dotan del don de la confiabilidad.

Constantemente surge la inquietud por las contradicciones de los gobernantes: qué los hizo cambiar de idea, cuánto les interesa la economía y cuánto la salud, cuál debe ser el discurso para decir lo correcto y quedar bien ante la gente.

Y aunque los científicos deberían saber más que ellos en materia de virus, no siempre es así. Muchos investigadores no conocían un virus, aunque con su llegada cambiaron sus intereses e incursionaron en este campo científico.

Quizás este cambio intempestivo tenga razones económicas, puesto que muchos países destinaron grandes cantidades de dinero para investigar sobre el virus. Al final, la única certeza es la preponderancia nunca vista que tienen los científicos ante los medios de comunicación colombianos.

Los científicos nunca fueron solicitados ni presionados para hablar en público como en estos tiempos. Ni siquiera el gobierno los había considerado como asesores políticos. Pero su gen de gobernantes se avivó debido a las múltiples preguntas que exigían una respuesta rápida y a su papel protagónico en las noticias.

La pandemia

No puede escogerse un único gobernante entre el virus, las vacunas, la vulnerabilidad, los gobernantes y los científicos, ya que todos lo hacen y con buenas intenciones.

El virus quiere reproducirse. Si logran llegar, las vacunas tienen un excelente porvenir. La vulnerabilidad es la respuesta del sentido común a la muerte. Los gobernantes quieren salir adelante y que los ciudadanos estén bien y los científicos quieren encontrar una solución.

Las vacunas exponen la pobreza del país: para vacunar a todos hay que esperar a que los países ricos o desarrollados vacunen a su población, liberen algunas vacunas y las envíen hasta aquí

Pero las buenas intenciones se estrellan con el tiempo y la falta de conocimiento.

La pandemia empeora mientras se exploran posibles soluciones. El virus no es humano, no piensa ni actúa como las personas; por eso es imposible saber qué va a hacer. Quien realmente gobierna es la especulación.

Las decisiones que se toman ante un supuesto comportamiento viral cambian un par de meses después. Las vacunas estrenan magníficas tecnologías, pero únicamente el tiempo mostrará su eficacia.

Debido al terror que se siente hacía este “terrible enemigo” es imposible acompañar a las personas agónicas. Los gobiernos siguen recibiendo críticas por tomar decisiones impopulares. Los científicos aprenden a compartir el conocimiento con las personas, pero aumentan el pánico al no transmitir con sencillez los mensajes y al discutir probabilidades no confirmadas en tertulias familiares.

Parece que la pandemia gobierna, pero la historia lo confirmará.

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