Raul Marino, autor en Razón Pública
Foto: Gobernación del Magdalena

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El desabastecimiento de agua en la capital abre la pregunta sobre su manejo hídrico y sobre los problemas que puede enfrentar en el futuro. ¿Cómo prevenirlos?

Raúl Marino*

El potencial de las aguas pluviales

Por primera vez en 40 años hay un racionamiento de agua potable en Bogotá. 

Durante los años 80 empezaron a notarse las primeras alteraciones climáticas que afectan los niveles de los embalses y represas. En ese momento se tomaron algunas decisiones para mejorar el sistema de provisión, pero no se pensó en lo que podría pasar a futuro y en cómo prepararse para enfrentar sequías y lluvias cada vez más intensas.  

Si nuestras ciudades se hubieran adaptado en esa época, hoy estaríamos en capacidad de captar el agua lluvia para la gran cantidad de usos que no necesitan agua potable —aproximadamente el 25 % del consumo promedio de una vivienda—, reduciendo la presión sobre el acueducto y evitando los racionamientos que afectan el funcionamiento de las ciudades.  

Todas las ciudades del mundo enfrentan el reto del manejo del agua, porque el sistema de cada una de ellas determina la capacidad para tener buena relación con el medioambiente. Desafortunadamente, las ciudades colombianas aún tienen problemas serios en sus sistemas de manejo de aguas pluviales y residuales, ya que se siguen diseñando desde una perspectiva de metabolismo lineal, es decir cuando las ciudades consumen y contaminan en vez de aprovechar el agua de las lluvias, en lugar de tener un metabolismo circular, donde se aproveche el gran potencial del recurso de las aguas de lluvia para integrarlas con el funcionamiento de la ciudad.

En cada aguacero que cae, se desperdician miles de millones de pesos en un recurso vital que hoy tenemos que ahorrar hasta la última gota. Además, vivimos en constantes riesgos de inundación. 

Por otra parte, varias ciudades del mundo han avanzado hacia un mejor relacionamiento con el ciclo del agua urbano en el que aprovechan todos los recursos del agua en sus diferentes condiciones para reintegrarlos dentro de los flujos de la ciudad, ahorrando de esta manera millones de dólares en gastos de funcionamiento como irrigación de parques, lavado de superficies, descarga de inodoros. 
En Australia, un país que ha sufrido de manera severa los efectos de estas variaciones en las precipitaciones con inundaciones e incendios forestales de gran escala, se adoptó una visión integral de trabajo entre gobierno y comunidades, con el apoyo de la academia en la innovación del diseño de las ciudades. Estas iniciativas han aumentado la resiliencia frente a las sequías y a las inundaciones, y ha ahorrado los costos de reparar los daños de inundación o por falta de suministro de agua.

Puede Leer: Energía solar residencial, una alternativa para la transición energética

¿Qué hacer en Colombia?

La agenda de la adaptación de ciudades está en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) los cuales incluyen el acceso al agua y la necesidad de repensar los sistemas de su gestión en todas las ciudades del mundo. Los ODS también hacen énfasis en la preparación de ciudades para el cambio climático, que es el gran reto que tendrán que afrontar todas las zonas urbanas y rurales en las próximas décadas. 

Desafortunadamente, las ciudades colombianas aún tienen problemas serios en sus sistemas de manejo de aguas pluviales y residuales, ya que se siguen diseñando desde una perspectiva de metabolismo lineal

Para poder adaptar las ciudades colombianas al cambio climático, en especial en su relación con el ciclo de agua urbano, es fundamental cambiar los sistemas de provisión y tratamiento de aguas de las estructuras centralizadas, es decir basadas solo en embalses o en PTAR a unas descentralizadas que den apoyo a los sistemas del acueducto y que permitan tener mayor flexibilidad en una escala local o barrial.

Los resultados mostraron que el potencial de captación y tratamiento de agua lluvia podría aliviar de manera efectiva la dependencia y presión sobre los sistemas del acueducto.

El espacio público también juega un papel vital en esta transformación. Hay que repensarlos para que volverlo en zonas multifuncionales que no solo permitan el encuentro y la recreación, sino que tengan elementos que apoyen la adaptación, como las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN) o Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS), las cuales son de baja tecnología y están diseñados para hacer un manejo más eficiente del ciclo urbano del agua, promoviendo su captación, tratamiento, reutilización e infiltración a los acuíferos subterráneos que son una parte muy importante del sistema hídrico de la ciudad.  

Sin embargo, en el espacio público de nuestras ciudades aún no se han adoptado estas soluciones clave para la resiliencia a inundaciones y sequías. Por tal motivo, los manuales de diseño de espacio público de las principales ciudades capitales deben ser actualizados para incluir estas estrategias en el espacio público. Bogotá ya dio el primer paso con la publicación del nuevo Manual de Diseño de Espacio Público 2023 (MEP 2023), donde se incluye una sección de recomendaciones de inclusión de Sistema de Drenaje Sostenibles (SUDS) en el diseño de los espacios públicos. Sin embargo, aún no se han ejecutado de manera masiva en la ciudad. 

Planes parciales

Otro elemento fundamental de la planeación de nuestras ciudades que debe ser revisado son los Planes Parciales. Estas herramientas de planeación de ciudad son las que permiten el crecimiento y desarrollo de nuevas zonas urbanas de mayor escala. Sin embargo, en sus regulaciones no incluyen ningún elemento de adaptación del futuro desarrollo urbano al cambio climático, es decir inclusión de sistemas de captación y reutilización de agua lluvia, paneles solares o tratamiento de residuos. 

Por tal motivo, se sigue construyendo y expandiendo la ciudad de una manera insostenible, cuando podríamos integrar estos elementos de manera activa en el desarrollo de nuevos proyectos inmobiliarios para beneficio económico y ambiental de la ciudad.  

Desde la Universidad del Rosario y el Programa de Gestión y Desarrollo Urbano, hemos venido apoyando esta transición con el proyecto de investigación Ciudades Sensibles al Agua en Colombia, el cual cuenta con el apoyo de la Universidad de Utrecht de Países Bajos y Urban Mapping Agency.  Este proyecto realizó un estudio de potencial de adaptación de espacios públicos seleccionados en tres ciudades colombianas: Bogotá, Bucaramanga y Cartagena. 

Los resultados mostraron que el potencial de captación y tratamiento de agua lluvia podría aliviar de manera efectiva la dependencia y presión sobre los sistemas del acueducto. De la misma manera, al capturar y reusar el agua lluvia, disminuimos la cantidad de escorrentía de agua pluvial, la cual termina inundando espacios públicos y edificios como lo vemos continuamente en nuestras ciudades.

En conclusión, es ahora más urgente que nunca cambiar el paradigma de relación de nuestras ciudades con el agua, y la forma en que diseñamos nuestros desarrollos inmobiliarios y espacios públicos, incorporando herramientas de SBN de bajo costo y probada efectividad para tener un manejo más eficiente del valioso recurso que es el agua lluvia en los contextos urbanos. Para lograrlo es vital una gobernanza del agua que integre de manera activa a las comunidades, el gobierno y las corporaciones en la protección activa de los servicios ecosistémicos de los cuales depende nuestra vida y de la biodiversidad que nos rodea. 

Lea en Razón Pública: Transformación digital para superar la crisis hídrica en Bogotá

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Raul Marino

Escrito por:

Raul Marino

*Arquitecto de la Universidad Nacional, magister en Diseño Urbano de la Universidad ETH de Zurich, Suiza. Ph.D. en Sostenibilidad Urbana de la Universidad de Melbourne, Australia, profesor de Gestión y Desarrollo Urbano de la Universidad del Rosario, consultor en Planeación Urbana para la Secretaría de Planeación de Bucaramanga y director del Laboratorio Urban Mapping Agency.

Foto: Alcaldía de Medellín

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La transición energética va más allá de no depender de los combustibles fósiles. La energía solar residencial es una de las alternativas para hacer frente al cambio climático. ¿Cómo avanza Colombia?

Raúl Marino Zamudio*

Energías alternativas para la transición

Además de enfocarse en el cambio de la explotación y dependencia de nuestros fósiles (gas, carbón, petróleo), la transición energética debe incluir la adaptación de nuestras ciudades y edificios para aprovechar las fuentes alternativas de energía, entre ellas la energía solar, la cual abunda en Colombia, especialmente en la Costa Caribe.

La producción residencial de energía solar de baja escala ha sido una estrategia exitosa en varias ciudades del mundo (Barcelona, Melbourne, Singapur, Rio de Janeiro, Addis Ababa), donde ha probado ser una fuente confiable de energía asequible para poblaciones que no tienen acceso al recurso.

Esta estrategia también ha sido confiable en ciudades de países desarrollados donde la energía solar residencial es un importante porcentaje de la mezcla energética del país, es decir, las distintas fuentes de energía –hidroeléctrica, gas, carbón, solar, eólica, nuclear, etc.– que tiene un país para suministrar la electricidad que necesita su población.

En el caso de Colombia, esta mezcla energética en 2022 es: Hidroeléctrica (80%), Térmica (Gas-Carbón) (18%), solar (0,5%), eólica (0,07%) y biomasa (1%) del total de la energía suministrada al sistema eléctrico del país (UPME, 2022).

Este muy bajo porcentaje de energías alternativas –solar, eólica, biomasa– debe aumentarse aceleradamente en los próximos 5-10 años si el país quiere cumplir con sus metas de adopción de energía alternativas y decarbonization de su economía, tal como lo prometió en el Acuerdo de Paris en 2015 y en los COP de los últimos años.

Le recomendamos: Transición energética: del dicho al hecho

El programa del gobierno

El programa de piloto de energía residencial del actual gobierno está orientado a apoyar esta transición con proyectos de baja escala que puedan ser muestra de que el sistema funciona y que puede ser una fuente confiable de energía sostenible.

El programa llamado “A4 Solar” es desarrollado por la empresa Triple A, prestadora de energía en la Costa Caribe.  Está desarrollado en 3 etapas:

  • primero, una instalación piloto en una vivienda de Barranquilla para probar el funcionamiento del sistema;
  • segundo, la instalación del sistema de paneles solares en 50 viviendas de Barranquilla que cumplan con los requisitos para su instalación,
  • y finalmente expansión del programa a 3500 viviendas en Barranquilla.

Un sistema de energía solar funciona con paneles solares fotovoltaicos que captan la radiación solar y la convierten en corriente eléctrica continua (DC), que a su vez debe ser transformada por un inversor en corriente alterna (AC) y que es la que usamos en nuestros hogares.

La instalación de estos sistemas de energía solar residencial no reducirá a cero el costo de la factura eléctrica, pero sí disminuirá su valor. Además reducirá el impacto ambiental del consumo eléctrico, especialmente en la Costa Caribe donde en su mayoría viene de fuentes térmicas

Foto: Minciencias - Las instalaciones solares residenciales permiten que el usuario se convierta en un productor y deje de ser únicamente un consumidor.
Esta electricidad puede ser usada directamente en nuestra vivienda, ser almacenada en baterías para ser usada después o puede ser vendida al sistema eléctrico si tenemos excedentes, generando ingresos extra a la vivienda.

La energía solar también puede aprovecharse de forma pasiva, es decir, sin la generación de electricidad, pero aprovechando la radiación solar para calentar, por ejemplo, el agua. Un método probado en varias partes del país, como en la Ciudadela el Tunal en Bogotá que fue construida en los años 80s y en donde la mayoría de los conjuntos tienen calentadores solares de agua instalados sus techos, un sistema que es mucho más económico que el sistema fotovoltaico.

El potencial instalado en cada una de las viviendas no está especificado en los documentos del programa. Sin embargo, una instalación típica de 6 m2 de paneles solares por hogar en Barranquilla proporcionaría aproximadamente el 20-30% de la energía eléctrica promedio requerido por la vivienda.

Motivo por el cual, el sistema no está planteado para reemplazar del todo el suministro eléctrico de las viviendas, sino para ser un complemento en su demanda energética.  También se debe tener en cuenta el consumo típico promedio de una vivienda en Barranquilla, dentro del cual el aire acondicionado consume la mayor parte de la energía (45%) La instalación de estos sistemas de energía solar residencial no reducirá a cero el costo de la factura eléctrica, pero sí disminuirá su valor.  Además reducirá el impacto ambiental del consumo eléctrico, especialmente en la Costa Caribe donde en su mayoría viene de fuentes térmicas y demanda un suministro más alto de electricidad que en otras partes del país.

El costo de instalación del sistema está planteado a través de créditos de bajos intereses. El pago del sistema puede lograrse de manera rápida y por ende se rebajaría aproximadamente en un 30 % el costo de la factura para cada hogar.

La instalación de estos sistemas de energía solar residencial no reducirá a cero el costo de la factura eléctrica, pero sí disminuirá su valor.  Además reducirá el impacto ambiental del consumo eléctrico, especialmente en la Costa Caribe donde en su mayoría viene de fuentes térmicas –gas, carbón, petróleo–, lo cual incrementa los Gases de Efecto Invernadero (GEI) culpables del calentamiento global y el cambio climático.

Un cambio de paradigma   

Al comparar este tipo de sistemas de energía solar de baja escala con los parques solares –grandes instalaciones de energía solar de más de 1000 paneles solares–, vemos que la producción y gastos de instalación es más eficiente en un parque solar. Las instalaciones solares residenciales necesitan la instalación de todo el sistema en cada casa (paneles, cableado, inversor, batería, medidor), mientras que en los parques solares los paneles van conectados a inversores y baterías más grandes, lo cual hace que el sistema sea más eficiente en términos de producción de energía.

Sin embargo, la ventaja de los paneles solares residenciales es que la producción de energía se traslada al usuario, quien deja de ser un simple consumidor de energía y se vuelve un productor.

Este cambio de paradigma es muy importante porque puede acelerar la adopción masiva de este tipo de sistemas, no solo en viviendas, sino en todo tipo de edificios (centros comerciales, equipamientos, oficinas, fabricas, etc.). De esta manera, la capacidad instalada en las ciudades aumenta y el costo de la energía y la emisión de GEI disminuye significativamente, mitigando los efectos del cambio climático en zonas de alta vulnerabilidad como las costas marítimas y fluviales como lo es Barranquilla.

el éxito de este tipo de iniciativas depende de la forma como se promueva la adopción de estas tecnologías en nuestras ciudades

Para poder apoyar de manera más activa esta transición energética también deben tenerse en consideración otras fuentes de producción de energía alternativa, como la generación de energía a través de residuos sólidos orgánicos mediante plantas de Residuos-a-Energía (Waste to Energy).

Estas plantas funcionan mediante un proceso llamado pirólisis que quema los residuos orgánicos de manera controlada y produce electricidad limpia, pues estos gases antes de ser emitidos a la atmósfera se limpian a través de una serie de filtros industriales.

Este método ha sido probado y utilizado desde hace varias décadas en muchas ciudades del mundo, en países desarrollados y en países en desarrollo. Recientemente en la ciudad de Addis Abeba en Etiopía se construyó la primera planta de conversión de residuos sólidos orgánicos en energía eléctrica sostenible.

Finalmente, el éxito de este tipo de iniciativas depende de la forma como se promueva la adopción de estas tecnologías en nuestras ciudades: la regulación de parámetros de sostenibilidad energética de edificaciones, que ya son aplicados en varios países del mundo; la promoción a través de incentivos de instalación del sistema (rebajas y créditos blandos) y descuentos tributarios a las empresas que adopten este tipo de sistemas de energía solar en sus proyectos.

De esta manera se aceleraría la transición de nuestras ciudades a ciudades de bajo carbono, es decir, ciudades que manejen de manera más eficiente su consumo energético y disminuyen de manera drástica sus emisiones de GEI.

Lea en Razón Pública: Hidrógeno en el sector transporte en Colombia: desafíos y oportunidades

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Raul Marino

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Raul Marino

*Arquitecto de la Universidad Nacional, magister en Diseño Urbano de la Universidad ETH de Zurich, Suiza. Ph.D. en Sostenibilidad Urbana de la Universidad de Melbourne, Australia, profesor de Gestión y Desarrollo Urbano de la Universidad del Rosario, consultor en Planeación Urbana para la Secretaría de Planeación de Bucaramanga y director del Laboratorio Urban Mapping Agency.

Foto: Flickr - La brecha entre las emisiones de la especie humana y la reducción necesaria para alcanzar las metas del Acuerdo de París es gigantesca y creciente.

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El presidente y la alcaldesa dicen que Colombia es un ejemplo en materia ambiental, pero sus obras de gobierno dicen todo lo contrario. Necesitamos líderes que dejen de engañarnos.

Raúl Marino*

Las mentiras de Duque

La Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2021 (COP26, por sus siglas en inglés) pretende que los líderes globales lleguen a acuerdos para reducir la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) y descarbonizar la economía.

Pese a que Trump decidió retirarse del Acuerdo de París, el presidente Biden ratificó el compromiso de Estados Unidos con la lucha contra el cambio climático. Países como Alemania, Francia o Japón mostraron que sus medidas para reducir el uso del carbón están dando resultados.

El presidente Duque afirmó que es uno de los ‘líderes de la sostenibilidad’ en América Latina y se comprometió a reducir en 51% la cantidad de emisiones de GEI por parte de Colombia país para el año 2030, sin tener una hoja de ruta clara de cómo lo va a hacer.

Resulta paradójico que la alcaldesa fuera escogida por ciudadanos preocupados por la catástrofe ambiental y que pertenezca a un partido que de verde solo tiene el nombre.

La afirmación del presidente no puede estar más alejada de la realidad, pues su gobierno ha impulsado el fracking y la fumigación con glifosato, y ha avanzado muy poco en la producción de energías renovables, que representan apenas el 1% del consumo nacional. Además, Colombia es el país donde más asesinan líderes ambientales que denuncias los abusos de las grandes multinacionales, las mafias mineras y los carteles de la droga.

Duque quiere mostrar unos pocos proyectos de energía renovable como si fueran revolucionarios, cuando en realidad Colombia tiene más de 20 años de retraso en la materia y su economía sigue dependiendo de la extracción de combustibles fósiles.

Las mentiras de López

Claudia López también ha afirmado que Bogotá es una ciudad líder en materia climática, pero varias de sus acciones han ido en contravía de la sostenibilidad ambiental.

Por ejemplo, la alcaldesa ha promovido la expansión de la ciudad hacia el norte, argumentando que ya no tenemos suelo urbanizable, pese que dicha expansión implica alterar irremediablemente ecosistemas fundamentales para la ciudad, como Torca o el Humedal de Guaymaral. Según el reporte de la Secretaría Distrital de Planeación de 2017, la alcaldesa se equivoca porque cerca del 17% de las áreas de la ciudad tienen suelo urbano subutilizado. Además de alterar los ecosistemas, expandir la ciudad implica aumentar la energía consumida en transporte público y privado y cambiar el uso del suelo de preservación a urbano, fenómenos que empeoran la crisis del cambio climático.

Por otra parte, López respaldó la decisión de Peñalosa de renovar la flota de Transmilenio con buses Diesel. El exalcalde argumentó que los buses eléctricos no servirían en una ciudad como Bogotá, pese a que funcionan en numerosas ciudades del mundo. Si bien López puso en marcha una pequeña flota de alimentadores eléctricos, desaprovechó la oportunidad para renovar la mayor parte de la flota con buses eléctricos de última generación y condenó a la ciudad a otros 10 o 15 años de buses contaminantes.

También decidió construir más troncales de Transmilenio con sistema BRT basado en diésel en vez de poner en marcha sistemas de trenes ligeros eléctricos (tranvías) que reducirían drásticamente la polución causada por Transmilenio que, entre otras cosas, puede provocar infecciones respiratorias agudas.

Colombia es el país donde más asesinan líderes ambientales que denuncias los abusos de las grandes multinacionales, las mafias mineras y los carteles de la droga.

Como si fuera poco, la administración López insiste en verter los residuos de Bogotá en rellenos “sanitarios” que liberan miles de toneladas de gas metano, un compuesto mucho más dañino para la capa de ozono que el dióxido de carbono (CO2). En cientos de ciudades, la gestión de los residuos está a cargo de mafias públicas y privadas que acaparan los recursos del Estado e impiden transitar hacia sistemas circulares que permiten la cogeneración de energía. Es inconcebible que ciudades con menos recursos como Adís Abeba –la capital de Etiopía– cuenten con este tipo de sistemas y Bogotá no. Las 7.000 toneladas de basura que los bogotanos producen diariamente deberían ser tratadas como un recurso valioso para generar energía limpia en vez de ser arrojadas en un hueco.

Resulta paradójico que la alcaldesa fuera escogida por ciudadanos preocupados por la catástrofe ambiental, respaldada por un partido que de verde solo tiene el nombre, y tome esta serie de decisiones que van en contravía de una ciudad más limpia y menos contaminante.

Foto: Flickr Mark Dixon/ Blue Lens - Latinoamérica ha optado por ser una voz insignificante en la geopolítica climática.

Puede leer: Los planes urbanos de Bogotá: una historia sin fin

¿Qué podemos hacer?

Transitar hacia el uso de energías más limpias no es simple porque los modelos económicos tradicionales dependen de los combustibles fósiles. Para avanzar, es necesario que los políticos se comprometan seriamente y que la ciudadanía tome conciencia sobre los efectos nefastos de dichos combustibles y del impacto del medio ambiente de los estilos de vida consumistas que tenemos.  Necesitamos líderes que dejen de usar el cambio climático para ganar votos y nos presenten “logros ambientales” que en realidad no lo son.

La falta de compromiso con el cambio climático de políticos como Duque y López traerá costos enormes para la ciudadanía. Para evitar un escenario catastrófico, debemos dejar de apoyar las maquinarias que han perjudicado al país y empezar a escoger líderes competentes que adopten políticas y acciones estrictas en materia energética. No debemos conformarnos con excusas, promesas en el aire y políticas blandas que no dejan ningún resultado.

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Raul Marino

Escrito por:

Raul Marino

*Arquitecto de la Universidad Nacional, magister en Diseño Urbano de la Universidad ETH de Zurich, Suiza. Ph.D. en Sostenibilidad Urbana de la Universidad de Melbourne, Australia, profesor de Gestión y Desarrollo Urbano de la Universidad del Rosario, consultor en Planeación Urbana para la Secretaría de Planeación de Bucaramanga y director del Laboratorio Urban Mapping Agency.

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