Las mujeres, los hombres y el mercado laboral: ¿por qué las diferencias? - Razón Pública
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Las mujeres, los hombres y el mercado laboral: ¿por qué las diferencias?

Escrito por Sara Pineros

Investigadora de la sede colombiana del Centro Internacional para la Agricultura Tropical.

Sara PiñerosLas colombianas sufren más el desempleo, ocupan cargos inferiores y ganan menos salario que los hombres. Además del machismo, esto se debe a distorsiones en el mercado laboral que necesitan de precisas medidas correctivas.

Sara Piñeros*

La brecha

Como muestra la gráfica siguiente, el desempleo entre las colombianas ha sido mucho mayor que entre los colombianos:

Tasa de desempleo

Fuente: Departamento Nacional de Estadísticas (DANE).

Este diferencial no ha sido el mismo en todos los  momentos, pero  a comienzos de 2016 (trimestre de febrero a abril) la diferencia fue de casi 5 puntos: la tasa de desempleo femenino ascendió a 12,7 por ciento, mientras que la masculina llegó a 7,5 por ciento. De esta manera el desempleo femenino elevó la tasa nacional total a un 9,7 por ciento.

La diferencia en cuestión se debe a muchos factores y por eso no se le puede endilgar toda la culpa al fenómeno del machismo. Aunque no es fácil medir con precisión el impacto de cada factor, es claro que se trata de un asunto complejo y es evidente que plantea interrogantes y retos para al enfoque de género que debe dársele a la política educativa y laboral en Colombia.

Según el informe del Banco Mundial “Where are the women in corporate leadership?” (2016), el salario promedio de un hombre colombiano durante 2012 fue 20 por ciento más alto que el de una mujer con el mismo cargo y responsabilidades. Esta cifra supera el promedio de 17 por ciento de diferencial en América Latina, una región caracterizada por el machismo. Y por su parte el estudio de “Coyuntura Laboral en América Latina y el Caribe” (2016), realizado por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), mostró que Colombia registra la mayor tasa de desempleo urbano femenino entre 15 países de la región.

Estos datos confirman que todavía queda mucho camino por recorrer en materia de  equidad de género en el mundo laboral colombiano.

La explicación equivocada

Mujeres trabajadoras del sector de textiles.
Mujeres trabajadoras del sector de textiles.
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

Mucho piensan que la brecha laboral entre hombres y mujeres se debe al papel de la mujer como madre y cuidadora en el hogar. Pero esta explicación no tiene en cuenta el hecho básico de cómo se define el desempleo: para efectos estadísticos, se entiende que una persona está desempleada cuando reúne estas cuatro condiciones:

  • tiene capacidad de trabajar,
  • desea trabajar,
  • está buscando empleo y
  • no ha conseguido empleo.  

Es decir, la cifra de desempleados no cuenta a las personas catalogadas como “económicamente inactivas” (esto es personas que por diferentes motivos- entre ellos la maternidad o las labores del hogar- no quieren o no pueden trabajar).  Por su parte la “población económicamente activa” (PEA) es la suma de las personas que están trabajando (empleadas) más las personas desempleadas (que están buscando empleo). 

Ahora bien: el ciclo laboral de la mujer puede estudiarse mejor si se utiliza el indicador conocido como “tasa global de participación” (TGP), el cual resulta de dividir la población económicamente activa (PEA) entre la población entre 15 y 64 años de edad –esto es, la población en edad de trabajar (PET)-. La TGP es pues la proporción de los adultos que participan en el mercado laboral.

No se le puede endilgar toda la culpa al fenómeno del machismo.

Y así llegamos a una diferencia fundamental entre hombres y mujeres en relación con el mercado de trabajo: mientras la TGP masculina fue 74,4 por ciento en el trimestre febrero-abril de 2016, la TGP femenina llegó tan solo al 54,3 por ciento. Esto significa que son muchas más las mujeres que los hombres adultos que se abstienen de participar en el mercado laboral –debido a que las primeras se dedican al hogar o al cuidado de los hijos en mayor proporción que los segundos. La TGP refleja entonces el efecto del ciclo de vida de la mujer en materia laboral.

Pero esta menor tasa de participación no explica la brecha de género en cuando al desempleo o al nivel de salario.  

Además debe anotarse que mientras el 61 por ciento de los hombres económicamente inactivos se encontraba estudiando, entre las mujeres esta cifra solo fue del 30 por ciento; la diferencia se debe más que todo a que el 58 por ciento de las mujeres estaban dedicadas a los oficios del hogar.

¿En qué trabajan las mujeres?

El gráfico siguiente compara el tipo de ocupaciones de los hombres y las mujeres colombianas a principios de este año: 

Posición ocupacional

Fuente: Departamento Nacional de Estadísticas (DANE).

Aparte del mayor porcentaje de mujeres empleadas en el servicio doméstico o como trabajadoras del hogar sin remuneración (una situación derivada de los papeles “tradicionales” de la mujer) no se aprecian grandes diferencias entre géneros en cuanto a la distribución por posición ocupacional.

Sin embargo, los hombres tienen mayor presencia relativa entre los trabajadores por cuenta propia y entre los patrones o empleadores. Esta cifra concuerda con la tendencia internacional en el sentido de que las mujeres están sub-representadas entre los emprendedores, hecho esto que suele atribuirse a su mayor aversión al riesgo, como también a que sean pocas las empresas u organizaciones cuyos puestos de mando sean ejercidos por mujeres.

Según el ya mencionado informe del Banco Mundial (2016), solo el 10 por ciento de directores generales (en inglés, “chief executive officer” -o CEO) en el mundo son mujeres. Y esta baja representación no se limita a las gerencias o direcciones generales: también se da en los cargos calificados altos (senior), medios y bajo (juniors), donde tan solo el 15, el 25 y el 35 por ciento son mujeres, respectivamente. Según el estudio de la Universidad de Harvard, “Ways women lead” (1990), este comportamiento se explican en parte porque la probabilidad de que las mujeres reciban una retroalimentación efectiva durante su carrera (intercambio de información sobre los resultados y cómo mejorarlos) es menor que la de los hombres.

Pasando a la distribución ocupacional por sectores de actividad económica (Gráfico 3), es claro que en Colombia las mujeres predominan en las ramas de comercio (ventas) y servicios sociales, comunales y personales, mientras que los hombres predominan en la agricultura y la construcción.

Sectores económicos

Fuente: Departamento Nacional de Estadísticas (DANE).

Aquí nuevamente entran en juego factores socioculturales y los papeles tradicionales de cada sexo. Sin embargo, en el caso de la agricultura se ha mostrado que la participación de la mujeres es subestimada, ya que en las áreas rurales ellas proveen gran parte del autoconsumo, es decir, la producción de bienes agrícolas que no se destinan al comercio sino al consumo del hogar y que no entran en la contabilidad nacional ni se incluyen como productos del empleo.

También cabe anotar que las mujeres colombianas no estarían en igualdad de condiciones para aprovechar las oportunidades laborales resultantes de una estrategia de crecimiento económico basada en la infraestructura y en la construcción, como la planteada en las obras de cuarta generación (4G). En este caso sería necesario revisar los criterios de reclutamiento y promoción de personal, como está sucediendo por ejemplo con las fuerzas militares.

Por último, cabe destacar que las mujeres ocupadas están más concentradas que los hombres en determinados sectores. Mientras los dos sectores de mayor participación para los hombres (agricultura y comercio) emplean al 45 por ciento de estos, en el caso de las mujeres el comercio y los servicios generales concentran al 66 por ciento de las empleadas.   

La tarea pendiente

Madre indígena vende los productos de su finca en el puerto fluvial de Leticia en el Amazonas.
Madre indígena vende los productos de su finca en el puerto fluvial de Leticia en el Amazonas.
Foto: Phoyo RNW.org

Sin duda, la participación de la mujer en el mercado laboral ha venido aumentando. Según cifras del Banco Mundial, en América Latina en los años sesenta dos de cada diez mujeres trabajaban y actualmente lo hacen seis de cada diez.

En Colombia se han dado varios pasos hacia la equidad de género mediante la creación de Secretarías de la Mujer en algunas ciudades y la adopción de un marco legal que busca evitar la violencia contra la mujer, pero ha faltado un esfuerzo ambicioso para estimular la participación, emprendimiento, promoción y remuneración de las mujeres, es decir, en fomentar el empoderamiento económico.  

Es allí donde deberían concentrarse las políticas laboral y educativa, si además se tiene en cuenta que el bienestar económico de la mujer es sin duda el factor que ha demostrado tener más influencia sobre la salud y la educación de los niños en todo el mundo y, por ende, en el progreso de las futuras generaciones.

 

* Profesora de la Universidad de la Sabana y de la Universidad Nacional.
twitter1-1@sari_pc

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