Plebiscito e impuestos: una combinación complicada - Razón Pública
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Plebiscito e impuestos: una combinación complicada

Escrito por Julio Piza

Congreso aprueba el Plebiscito por la Paz.

Julio Roberto PizaEs urgente cubrir el déficit fiscal y aumentar los impuestos de manera sostenible. Esto implica un gran esfuerzo de concertación entre gobierno, Congreso, empresarios y medios de comunicación. Y todo en medio de una campaña  electoral polarizada.

Julio Roberto Piza R.*

El problema

Empezó la segunda mitad del año y el gobierno tendrá que enfrentar un doble desafío: lograr que el proyecto político de la paz logre la aprobación popular en el plebiscito y, simultáneamente, conseguir la aprobación en el Congreso de una reforma tributaria que  aumentaría los impuestos para financiar su déficit.

En términos electorales, es obvio que la reforma tributaria tiene un efecto nocivo sobre el plebiscito; pero la reforma es ineludible y el plebiscito es un compromiso también ineludible del presidente Santos.

Reforma inaplazable

Aplazar la reforma tributaria es endosarle al próximo gobierno un problema cada vez más grave y más costoso. Si no se aumentan los impuestos ahora, el próximo año podría existir un margen de maniobra al reducir o aplazar algunos gastos o al aumentar la deuda, pero eso será insuficiente para financiar el gasto total y –en todo caso- la responsabilidad fiscal obligaría a hacerlo con más impuestos el año siguiente.

El presupuesto colombiano no es muy grande: es solo de 215 billones es decir, 27 por ciento del PIB. Pero los impuestos apenas financian la mitad, el 14 por ciento. Si se suman los impuestos locales y la seguridad social, se llega apenas al 20 por ciento del PIB.

Hasta ahora hemos vivido de impuestos transitorios que expiran en 2018 (el gravamen a los movimientos financieros y el impuesto a la riqueza). En 2019 tendremos que sustituir entre 1 y 1,5 por ciento de los ingresos tributarios actuales. Además de eso debe tenerse en cuenta que . En estas condiciones, mantener el nivel de gasto actual exige un esfuerzo tributario en el corto plazo.

La caída de los precios del petróleo representó el 2,5 por ciento del PIB. 

Y además de lo anterior, si de veras se desea disminuir la desigualdad en la distribución del ingreso hasta llegar al menos el promedio latinoamericano sería preciso aumentar el nivel de tributación en por lo menos un 10 por ciento (2 por ciento del PIB), pues la redistribución solo puede lograrse combinando más impuestos con un gasto público mejor manejado.

Pero hay otra razón todavía más importante para llevar a cabo una reforma tributaria de fondo: estabilizar las finanzas públicas. El problema está en cómo hacerlo.

Las reformas necesarias

Miembros de la Comisión de Expertos para la Equidad y Competitividad Tributaria.
Miembros de la Comisión de Expertos para la Equidad y Competitividad Tributaria. 
Foto: Ministerio de Hacienda

La propuesta de la Comisión de expertos parte  de la necesidad de recuperar los principios de equidad y eficiencia en materia de impuestos, manteniendo los criterios de generalidad y  simplicidad en el recaudo. Y por supuesto  entendiendo que ante todo se trata de cumplir  su función básica: la sustentabilidad del gasto público.  La propuesta consiste en volver a una financiación estable sobre la base de cuatro fuentes de ingreso: el impuesto sobre la renta, el impuesto sobre el consumo, los impuestos territoriales y la seguridad social.

A partir de estos parámetros, los expertos formularon cinco recomendaciones básicas, así:   

  • Las empresas productivas son vehículos para la inversión que no deben castigarse; son las personas naturales quienes en realidad deben pagar impuestos por su  riqueza. Y sin embargo el impuesto sobre la renta que hoy existe en Colombia equivale a un impuesto sobre las utilidades de las empresas. Por eso la primera propuesta de los expertos consiste en reducir la tarifa corporativa para mejorar la competitividad de la economía colombiana. Esto podría lograse eliminando exenciones o beneficios, aumentando la tarifa de las rentas de capital (incluyendo los dividendos), y aumentando el número de contribuyentes (por ejemplo, con dos millones de nuevos aportantes de la clase media con ingresos superiores a dos millones de pesos mensuales).
  • Ampliar la base y la tarifa del impuesto al consumo (IVA), que hoy por hoy es la principal fuente de recaudo. También debe corregirse la ineficiencia del régimen actual que excluye la mitad de los bienes y servicios y que, sobre todo, beneficia injustificadamente a las personas con alto nivel de consumo.
  • Simplificar el sistema tributario regional y local, diferenciando los municipios según tamaño y capacidad administrativa e incorporando criterios ambientales y de salubridad al gravar más los productos nocivos (combustibles, tabaco, bebidas alcohólicas y azucaradas).
  • Facilitar la formalización de las personas de rango medio que se incorporen a la tributación mediante un sistema simplificado de impuesto único que incluya los actuales gravámenes de renta, IVA, ICA (industria y comercio) y seguridad social.
  • Combatir la evasión mediante el fortalecimiento de la administración tributaria.

Lograr estos propósitos exige una gran voluntad política de parte del gobierno. También requiere una buena propuesta técnica y obtener el consenso de sus fuerzas políticas en el Congreso. Sobre estas bases sería posible buscar el apoyo del sector empresarial y lograr que los medios de comunicación cumplan una función genuinamente pedagógica en favor de la reforma: en efecto

Cómo lograr la reforma

Billetes de veinte mil y cincuenta mil pesos.
Billetes de veinte mil y cincuenta mil pesos.
Foto: Edgar Zuniga Jr.

-El sector empresarial alega con razón que la tarifa de impuestos actual es muy elevada, desalienta la inversión y afecta sobre todo a las grandes empresas. Pero los empresarios deben entender que reducir la tarifa obligaría a sustituir esos recursos. Eso implica eliminar los beneficios sectoriales de todo tipo y crear una fórmula más amplia, pero más exigente técnicamente, para liquidar el impuesto sobre las utilidades empresariales y, de paso, gravar los dividendos y controlar con instrumentos más eficaces la evasión de impuestos, especialmente en los negocios internacionales.

-La clase política suele ser excesivamente populista y repite en coro que entiende la necesidad de una reforma estructural. Pero, eso sí, exige que la reforma no afecte a la clase, media y que no aumente el IVA. Pero esto es imposible porque ¿de dónde pueden salir más recursos? El Estado es quien puede redistribuir la riqueza a través del gasto público, pero con el nivel de desigualdad que tenemos es imposible hacerlo sin aumentar el recaudo tributario. No hay otra fórmula.

Un buen sistema tributario es un bien público que necesita Colombia como sociedad.

-Los medios, por su parte, pueden cumplir una función pedagógica informando con más objetividad sobre la reforma, dando prioridad al interés colectivo más que a la insistencia sobre cómo le iría a cada quien. Además, deben entender que los impuestos son la manera concreta de expresar la solidaridad en cualquier sociedad.

-Pero sin duda es al gobierno a quien le corresponde el esfuerzo más decidido y eficaz, sin el cual no puede haber reforma. Este esfuerzo debe cumplir, por lo menos, tres condiciones:

  • La primera es la voluntad política, que incluye comprometerse con una reforma seria y hacer de veras el esfuerzo por alinear sus fuerzas en el Congreso. Pero ante todo esta voluntad consistirá en negarse del todo a negociar los puntos que no son negociables, porque de otra manera tendíamos apenas otra mala reforma que dé prioridad a lo urgente sobre lo importante.
  • La segunda condición, más técnica, es elaborar un buen proyecto que sea más exigente con el impuesto empresarial. Los empresarios son la clave para lograrlo y, de paso, para simplificar radicalmente el estatuto tributario.
  • La tercera es una condición administrativa y es, quizá, la de más largo aliento. Deben ponerse en práctica las normas para facilitar a los ciudadanos el cumplimiento del pago de sus impuestos y  para controlar efectivamente a los evasores.

En todo caso, no hay escapatoria: debemos afrontar el plebiscito y el problema de los impuestos. Ambos son ineludibles. Pero aunque el plebiscito, por su naturaleza, es una decisión de sí o no, la reforma es más compleja y en ese caso es especialmente importante la manera de hacerla.

Ahora que el proceso de paz nos pone a prueba como sociedad es imperioso abandonar la tendencia a anteponer los intereses electorales de corto plazo sobre las necesidades genuinas de la colectiva. Esta ha sido nuestra costumbre y es también lo más fácil. Pero ahora requerimos de un mayor grado de madurez colectiva para afrontar de manera adecuada las decisiones de largo plazo, como son las de la paz y del sistema tributario en su conjunto.

 

* Profesor de la Universidad Externado de Colombia.

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