Paros agrarios: ¿por qué se han vuelto una costumbre? - Razón Pública
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Paros agrarios: ¿por qué se han vuelto una costumbre?

Escrito por Héctor Javier Castro

Manifestaciones durante el Paro Agrario del año 2013.

Hector CastroHay una serie de problemas ya identificados que hacen que cada cierto tiempo se repitan los paros campesinos en Colombia. ¿Cuándo será que el gobierno se decide a remediar las causas conocidas del malestar rural?

Héctor Javier Castro*

Universidad de IbaguéLa misma película

Hemos perdido ya la cuenta de cuántos paros campesinos se han producido en Colombia, porque durante años hemos visto una y otra vez la misma película. Pero la sucesión de paros a lo largo de la historia muestra una cosa importante: que los paros no remedian las verdaderas causas del problema campesino en las regiones. Por el contrario el problema se agrava cada vez más.

Y esto lleva a pensar que una de dos: o se han identificado erradamente las causas del problema, o ya se identificaron pero a ningún actor le interesa su solución definitiva.

El proceso es repetitivo. Una vez comienza el paro, se arman las consabidas mesas para la negociación y otros sectores de actividad (la salud, la educación, la justicia, el transporte de carga…) anuncian su descontento con el gobierno y amenazan con unirse a la huelga. Entonces el gobierno empieza a negociar, a ceder o a otorgar prebendas a los dirigentes de la protesta, y así se acaba el paro.  

Pero meses o años más tarde vuelve y juega: arranca un nuevo paro y las razones siguen siendo las mismas. Entonces, ¿qué está pasando?

Los problemas de siempre

El paro campesino ha mojado en esta oportunidad más prensa que en el pasado. Sin embargo hay algo en común en la mayoría de artículos periodísticos: hablan del paro, de sus causas, de los actores, pero, básicamente, no dicen nada nuevo. Una comparación de esas publicaciones permitiría concluir que a nadie le importa el paro; que el verdadero problema es tan grave, ¡que nadie quiere hacerse cargo!

El problema de fondo es la apatía de los gobiernos para resolver los problemas rurales.

Históricamente el campo colombiano ha tenido muchos problemas recurrentes:

  1. Los mecanismos de apropiación de tierras, que han estado siempre marcados por hechos violentos y desplazamiento forzado. Históricamente, las mejores tierras, con mejor ubicación y mejor acceso, han estado en manos de personas con gran poder y con muchas influencias.
  2. El trabajo estéril de los gobernantes por hacer reformas agrarias para calmar los problemas rurales y apaciguar la caldera social.
  3. La frecuente reinvención de las instituciones estatales a cargo de la política rural: les cambian el nombre, eliminan unas y crean otras, y esto no hace sino evadir los problemas reales.
  4. El mercado de tierras y el papel del Estado, pues la asimetría de la información para los agentes hace de este un mercado imperfecto.
  5. Finalmente, podría afirmarse que el problema de fondo es la apatía de los gobiernos para resolver los problemas rurales, pues disponen de estudios y diagnósticos sobre el conflicto de tierras, los índices de concentración, el desplazamiento, la apropiación por la vía armada, la reforma impositiva a la tierra y su propiedad, y no hacen lo suficiente para mejorar la situación.

Las fallas del mercado

Paneles solares y cultivo en unidad productiva Wayuu del municipio guajiro de Albania.
Paneles solares y cultivo en unidad productiva Wayuu del municipio guajiro de Albania.
Foto: Minagricultura

Las fallas del mercado han sido un tema de intensos debates pero existe consenso en el sentido de que ellas son las principales responsables de los malos resultados de las actividades comerciales en el agro colombiano.

¿Pero a quién culpar? El polo opuesto a la falla del mercado es la competencia perfecta; esta es la situación ideal donde el precio de los productos obedece a fuerzas intrínsecas y donde no tendría sentido que intervenga el Estado. Sin embargo una vez que la falla se presenta – y dado que el mercado carece de personalidad propia- debemos saber quiénes son los sujetos que intervienen en él, ya que son ellos quienes deben regularlo para aumentar su eficiencia.

La falla del mercado colombiano es visible en tres aspectos: la comercialización, la información asimétrica y las externalidades.

-La comercialización es la parte más importante de un proceso productivo. Y en nuestro caso esta está en manos de unos pocos empresarios que fijan a su acomodo un precio para el producto, porque van hasta la finca a comprarlo. En este caso, el poder de negociación de un campesino es totalmente nulo y más aún cuando la siembra y todos los costos de producción han sido cubiertos por el empresario que comprará su cosecha.

Se sabe que la comercialización muchas veces está manipulada por bandas criminales, como pasó con el “cártel de la cebolla larga”.

Se sabe que la comercialización muchas veces está manipulada por bandas criminales, como pasó con el “cártel de la cebolla larga” en Ibagué. Estas bandas organizadas se llaman cárteles y esta modalidad de comercialización ha hecho carrera en Colombia. Entre estos cárteles se encuentran el de la papa, el de la cebolla, el de los cuadernos, el de los pañales, el del papel higiénico, el de la molinería de arroz, el monopolio del licor y su comercialización, el monopolio para la exportación de café, el monopolio de las tierras y otros tantos que, a través de artimañas y regulaciones sesgadas, ocasionan un daño tremendo a la industria y al campo.

-El problema de la información asimétrica se refiere a la falta de información tanto en el mercado de tierras como en el mercado de productos. Los tomadores de decisiones no tienen información veraz al respecto y no existe un mecanismo transparente de precios para guiar sus decisiones. Además, no hay información que respalde la tributación y mucha tierra en Colombia no es productiva ni tributa lo que debería.

-Las externalidades por su parte se refieren a los impactos negativos (sociales y ambientales) del desarrollo de actividades que en apariencia son benéficas.

Una de estas actividades es la minería, y parte del malestar de los campesinos se debe a las actividades de la mega minería en sus territorios Además, un país no se puede dar el lujo de que los campesinos abandonen sus actividades porque les parece mejor la minería. En Colombia hay que prestarle mucha atención a este problema ya que estos proyectos tienen un gran impacto sobre el PIB, por lo que deben ser sostenibles social y ambientalmente.

La presencia de grupos al margen de la ley agrava los problemas anteriores. Desde hace muchos años la injerencia de bandas delincuenciales, guerrilla, paramilitares u otros grupos al margen de la ley ha complicado los paros campesinos, pues esta fuerzas algunas veces aprovechan la vulnerabilidad del sector y de las autoridades para pescar en rio revuelto.

A la espera de soluciones

Manifestaciones durante el Paro Agrario del año 2013.
Manifestaciones durante el Paro Agrario del año 2013.
Foto: Marcha Patriótica

Se espera que las 1.100 horas de diálogo con los manifestantes, las 75 reuniones regionales y las 18 plenarias nacionales que ha mencionado el ministro del Interior den resultado. Lo que importa sin embargo no es la frecuencia de los diálogos sino la voluntad de los  involucrados para resolver las causas del paro.

Ojalá las investigaciones de la Superintendencia de Industria y Comercio den resultados contundentes para desmantelar los cárteles colombianos. Ojalá el Estado logre corregir los problemas del mercado, porque este no lo hará por sí mismo.

Por último, ojalá la información de los medios sea integral para no tener que vivir nuevamente el déja vu de los paros campesinos.

 

*Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad de Ibagué. Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor.

*Economista, especialista en Economía Internacional y Logística Empresarial, magíster en Administración Económica y Financiera, drector del programa de Economía de la Universidad de Ibagué.

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