Colombia: al borde de rajarse en calificación de riesgo - Razón Pública
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Colombia: al borde de rajarse en calificación de riesgo

Escrito por Sara Pineros

Sede de la calificadora Standard & Poor’s en Nueva York.

Sara PiñerosSuena como un hecho lejano o como un detalle técnico, pero el cambio reciente en la calificación crediticia del país puede ser el síntoma y el preámbulo de un grave deterioro en las finanzas externas, con serias consecuencias para los colombianos.   

Sara Piñeros*

 Mala calificación

El 15 de febrero pasado una de las más grandes calificadoras de riesgo del mundo, Standard & Poors, anunció un “cambio de la perspectiva” sobre la calificación de la deuda del Estado o deuda “soberana” de Colombia. La perspectiva pasó de “estable” a “negativa”, debido a la conjunción de dos fenómenos:

  • El desequilibrio externo, exacerbado por la caída del precio del petróleo y puesto en evidencia por el creciente déficit de cuenta corriente,  
  • Las malas perspectivas fiscales ante la ausencia de una reforma tributaria estructural.

Ante este panorama aumentan las preocupaciones de los analistas sobre la evolución futura de la calificación de riesgo del país.

Detrás de un tema como este, que puede parecer tan ajeno a un ciudadano del común, hay elementos que a todos  nos competen, nos afectan y nos importan.

El club de los buena paga

Fábrica de chocolate Luker.
Fábrica de chocolate Luker.
Foto: USAID U. S.

Las calificadoras de riesgo son entidades dedicadas a conceptuar de manera independiente sobre la calidad crediticia de diferentes tipos de deudores o, en términos simples aunque no completamente precisos, encargadas de decir si alguien se puede considerar o no una “buena paga”.

Para esto se utiliza una escala de calificación que normalmente va desde D (el nivel más bajo) hasta AAA (el nivel más alto) y cuyo nivel crítico es “BBB-“ (conocido como “grado de inversión”), que correspondería a la calificación de 3 que utilizamos en las universidades y que marca la línea entre quienes pasan (aquellos con una calificación igual o superior a BBB-, y que se pueden considerar buenas pagas) y quienes se rajan (aquellos con una calificación inferior a BBB-, que se pueden considerar malas pagas o, al menos como pagadores dudosos).

La calificación actual de Colombia en Standard & Poor’s es BBB, es decir, un grado por encima del nivel crítico (BBB-), y es igual a la de otros países de la región como Uruguay y Panamá, aunque inferior a la de Perú (BBB+) y Chile (AA-).

Este nivel de calificación es el más alto de Colombia en su historia

A cualquiera podría parecerle que al país le va un poco mal cuando pasa el examen raspando. Y sin embargo este nivel de calificación es el más alto de Colombia en su historia, y significa mucho en términos de un menor costo de financiación del Estado, de las empresas que operan en Colombia y utilizan los mercados mundiales de capitales y, a través de diversos mecanismos, de las empresas y personas que están en el país.  

No menos importante, esta fue una de las razones principales para que mejorara la confianza de los inversionistas internacionales, lo cual concuerda con los niveles record de inversión extranjera directa (IED) entre 2011 y 2014.

Colombia recibió el “grado de inversión” (BBB-) en 2011, cuando su calificación subió  desde BB+, después de haber estado en grado de no inversión o de alto riesgo (niveles inferiores a BBB-) durante once años (desde 1999 cuando estalló la crisis del sistema bancario colombiano). En 2013 la calificación mejoró de BBB- hasta el BBB actual y se mantuvo con una perspectiva que era “estable” hasta hace unos días, cuando la perspectiva, como dije, pasó a ser “negativa”.

Las consecuencias

Lo anterior significa que la calificación de la deuda soberana de Colombia bajaría en el caso de no corregirse los desequilibrios externos y de seguir aplazándose una reforma tributaria estructural. En este evento bajarían también la calificación internacional de bancos, empresas estatales y, en general, de las empresas que operan en Colombia, toda vez que el  Estado es el ente económico más importante y de mayor tamaño, de modo que su calificación normalmente es la principal referencia e incluso suele ser el límite superior (“ancla”) de las calificaciones de otros agentes que operen dentro del país.

También conviene tener en cuenta que, aunque las empresas y los países que recurren a los mercados internacionales de capitales suelen estar evaluados por más de una calificadora,  Standard & Poor’s es la primera entidad que ubica a Colombia en perspectiva negativa, es decir la primera que advierte sobre la posibilidad de bajarnos la calificación.  Si esto sucede, los mercados financieros responderían de manera inmediata pues la regla vigente entre los inversionistas internacionales es tomar la calificación más baja como referencia para evaluar el riesgo de crédito (impago) de un deudor. Entonces, sin importar si otras calificadoras bajan o no la calificación de Colombia, aumentaría el costo de la deuda externa, y se harían más intensas las presiones financieras que ya viene causando la devaluación del peso.    

La situación de fondo

El Minhacienda Mauricio Cárdenas y el Gerente del Banco de la República José Darío Uribe anuncian el recorte presupuestal de $6 billones de pesos.
El Minhacienda Mauricio Cárdenas y el Gerente del Banco de la República José Darío
Uribe anuncian el recorte presupuestal de $6 billones de pesos.
Foto: Ministerio de Hacienda

Si vamos un poco más allá y miramos lo que está detrás de los cambios en la calificación de riesgo durante los últimos años encontramos que las mejoras se dieron en un contexto   externo favorable, aunque también jugó un papel relevante la adopción de la llamada “regla fiscal” (que pone tope a los aumentos del gasto público) mediante el Acto Legislativo 03 de 2011.

Pero la situación ha cambiado y hoy los vientos de la economía mundial soplan en contra, con un comercio internacional menos pujante, bajas cotizaciones de bienes importantes dentro de la canasta exportadora de Colombia y el comienzo del alza en las tasas de interés en Estados Unidos. Y así volvemos a la conclusión de siempre: Colombia es una economía pequeña y “abierta” cuyas variables de mayor importancia se mueven al son de los factores externos.

Pero si siempre llegamos a la misma conclusión, ¿cómo es posible que el gobierno y quienes hacen la política se hayan centrado en la –sin duda importante- estabilidad macroeconómica, que sin embargo no previene la ocurrencia de estos vaivenes? La pregunta es aún más pertinente  ante un gobierno que ha tenido dos períodos para llevar a cabo proyectos de largo plazo (como una reforma tributaria estructural) y que además ha tenido la suerte de disfrutar de años de prosperidad.

El plebiscito no debería ser el argumento para aplazar nuevamente la reforma tributaria estructural.

En este punto habría que inferir que la reelección presidencial no ha sido saludable para el crecimiento económico de largo plazo porque, al revés de lo que cabría esperar, el presidente sigue cuidado su capital político y cuidándose de “pisar callos” durante sus últimos cuatro años de gobierno. Los optimistas y los amigos del gobierno contestarían tal vez que debemos estar agradecidos porque muchas de las economías emergentes están mostrando peores resultados, y añadirían que  el proceso de paz  es prueba suficiente de que el gobierno si tiene un proyecto de largo plazo. Pero lo económico no tiene por qué reñir con lo político y, por ejemplo, el plebiscito no debería ser el argumento para aplazar nuevamente la reforma tributaria estructural.

Por otra parte hay que decir que detrás de los desequilibrios externos de Colombia está la debilidad de su estructura productiva, con una industria que se redujo a su mínima expresión porque durante los últimos año se pensó que no era necesario apoyarla con políticas de gran magnitud: se creyó que la inversión mantendría el crecimiento, sin importar el sector donde fuera realizada. Por eso la devaluación del peso colombiano – una de las más marcadas entre los países emergentes- no ha logrado hacer crecer la industria nacional. Es porque el desarrollo de sectores productivos competitivos es un proceso largo y difícil, donde los pasos hacia atrás se pagan caro y cada vez son más difíciles de compensar: la tarea que no se hizo ayer es mucho más difícil hoy.  

El crecimiento sostenible es un proceso de cambio estructural y, si el gobierno no tiene el  compromiso de emprenderlo, Colombia podrá crecer al ritmo de los vientos internacionales, pero jamás podrá subirse al bus del desarrollo sostenido ni por lo tanto hacer frente a sus grandes desafíos sociales.

Al final, lo que importa no es la calificación de riesgo de Colombia, lo que importa es la   deuda del Estado con los propios ciudadanos en la construcción de una economía próspera y viable. La calificación de riesgo no es más que un indicador de esto y no necesariamente el mejor.  

 

* Profesora Universidad de la Sabana y Universidad Nacional.

 

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