
El “Plan Marshall” y la entrada de Chocó a la agenda de De la Espriella
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Si de verdad hay un interés del Gobierno por hacer algo diferente, lo que se debería hacer es que la población chocoana, la población local, sea la que siga escribiendo la historia de su territorio, pero esta vez con el apoyo de la Nación, y no a pesar de ella.
“Usted, señor gobernador, y las gentes de Chocó pueden estar seguros de que el país entero prestará la colaboración necesaria para que Quibdó no solamente pueda remediar los males causados por el incendio, sino adquirir nuevo impulso y florecimiento”. Estas fueron las palabras del presidente de la República, Carlos Lleras Restrepo, tras los incendios que en la noche del 26 y en la madrugada del 27 de octubre de 1966 azotaron la ciudad de Quibdó y la dejaron gravemente afectada. No es, entonces, la primera vez que, tras un evento de estas características, el presidente de turno pronuncia un discurso que promete remediar de una vez todos los males del territorio.
El pasado 14 de agosto, el presidente de la República, Abelardo de la Espriella, hizo presencia en Quibdó tras las serias afectaciones que sufrió el departamento a causa del terremoto que sacudió el suelo colombiano el pasado 10 de agosto. En medio del recorrido, De La Espriella dijo a los periodistas que lo acompañaban que quería proponer un plan especial, un “plan Marshall” para Chocó y tras ello repitió la histórica consigna, casi calcada, que los políticos que han visitado Chocó tras cada crisis han realizado: Reafirmó que el departamento ha sido abandonado a su suerte por el centralismo del poder en Bogotá y que quería darle, a la “patria milagro” de gente extraordinaria, el lugar “que se merece”. En la noche, en una alocución presidencial de emisión nacional, repitió el mensaje haciendo énfasis en el abandono histórico de uno de los departamentos “más olvidados” del país. Sin embargo, hay que decirlo, nada es más centralista que el discurso del abandono del Estado.
Varios análisis se aplican al caso en el marco de la relación que Chocó podría establecer con la nueva administración y del contexto de la catástrofe natural. Lo que valdría la pena decir es que las urgencias de Chocó no son nuevas y que el terremoto termina profundizando las reclamaciones históricas de una población constantemente afectada por desastres naturales y crisis humanitarias con el trasfondo histórico de una relación asimétrica con el centro andino (no sólo Bogotá), y una narrativa de abandono y atraso impulsada por políticos, mandatarios nacionales y locales, y periodistas.
Las declaraciones del actual mandatario no son nuevas y parecen emular las realizadas hace más de cien años. En 1908, en un texto publicado en el periódico El Chocó, ya se decía: “Ni más ni menos acontece a Colombia con Chocó. Este su hijo ha crecido libremente, a plena intemperie, casi abandonado por los anteriores gobiernos…”¹. Hoy un artículo publicado en el New York Times se titula “El Chocó, un rincón aislado de Colombia, enfrenta las mayores dificultades tras el terremoto” y atribuye el “aislamiento” de la región al abandono del Estado. Según el texto, “el terremoto debilitó muchos de los ya frágiles vínculos que lo unen con el resto del país”. Me atrevería a decir que si hubiera realmente aislamiento, Chocó no habría tenido las dificultades que lo han afectado en el último siglo. Que el problema no ha sido el aislamiento, sino precisamente el vínculo.
Además, complementaria a esta narrativa, viene otra: la de la corrupción local que, como diría Francisco Leal, posiciona al que gobierna como caritativo (Abelardo) y al funcionario local como un corrupto. El discurso de abandono da cuenta del lugar en el que el poder ubicó al territorio en el proceso de configuración del Estado, su persistencia caracteriza a Chocó como un espacio vacío y salvaje y termina por legitimar el despojo de la autonomía y la libre determinación del pueblo chocoano en los asuntos asociados a su administración.
¿Qué puede significar un “Plan Marshall” para Chocó?
No se sabe si lo de “Marshall” no es más que un término rimbombante usado por De La Espriella, aún es temprano para saber cuál será el enfoque del hipotético plan. Pero, sin duda, el uso del término dice algo. En Europa, el Plan Marshall significó el apuntalamiento de la influencia de Estados Unidos en Europa occidental durante su enfrentamiento con el comunismo. Así, fue un poder externo, victorioso en una guerra, el que, en ejercicio de su victoria, reconstruyó el territorio arrasado, con lo que consolidó su dominio.
¿Cómo entender esta narrativa para Chocó? ¿Sería un eventual “Plan Marshall” para Chocó, nuevamente, un proyecto pensado desde afuera, bajo intereses externos ajenos a un territorio que no tiene capacidad de maniobra? Si es así, ¿realmente se trata de un cambio estructural que generará prosperidad en la región? ¿o es simplemente lo mismo de siempre, la relación desigual entre el poder nacional y los territorios?

¿Descentralización o una diferente centralización?
En campaña, el candidato y ahora presidente hizo énfasis en un plan dirigido a la descentralización del Gobierno, en busca de un acercamiento del Estado a las regiones “históricamente olvidadas”. Nada de lo declarado acá por el presidente es novedoso, pero su campaña y sus afirmaciones al menos dejan preguntas para el seguimiento de los próximos meses y años, en relación con el tipo de acciones que ejecutará su administración y el manejo que haga de la institucionalidad del Estado en clave territorial.
Al hacer hincapié en el discurso de la descentralización de este autodenominado “hijo de la provincia”, valdría la pena preguntarse qué tan descentralizador resulta anunciar a Cali, Medellín y Barranquilla como nuevas sedes del gobierno nacional. En el caso de Chocó, sería útil recordar la histórica dominación política ejercida sobre el territorio desde Cauca, Valle del Cauca y Antioquia, y cómo la relación con estos poderes ha marcado la construcción de la relación con la Nación. ¿Acaso anunciar el apuntalamiento de poderes que tradicionalmente le han competido a Bogotá es descentralizar? ¿O simplemente el plan es centralizar en torno a nuevos poderes?
Si creer que descentralizar es administrar desde esas ciudades, se está dejando de lado el elemento histórico clave de cómo se han establecido las relaciones de poder político y administración territorial en Colombia. Desde finales del siglo XIX y todo el siglo XX Chocó se ha pensado desde los intereses de los poderes locales de Cauca, Valle y Antioquia. Los caminos, o más bien trochas, se abrieron para ser funcionales a las economías de esos departamentos, y las luchas por llegar al mar respondían a intereses ajenos a los de la mayoría de los chocoanos. Como antecedentes están la entrega que el gobierno nacional le hizo a Antioquia de la zona disputada con Chocó con salida al mar Caribe, el Urabá, que hacía parte de los antiguos Territorios Nacionales, y los proyectos de megapuertos en el Pacífico y las conexiones viales que se pretende establecer.
En esta misma argumentación, también valdría la pena preguntarse por el tipo de descentralización a realizarse por parte de un gobierno con una “nueva clase política” que realmente no es nueva, como lo muestra la trayectoria de los miembros del nuevo gabinete, provenientes de las mismas redes de poder local y nacional que han gobernado el país y las provincias en los últimos cien años; apellidos como Lara, Gómez, Dangond, Amín vuelven a aparecer en el Gobierno ¿Qué puede ser lo nuevo en el tipo de relación de poder que se establezca con los territorios?
La puesta en marcha del plan
Seguramente las voces locales y nacionales pedirán para Chocó lo que múltiples veces se ha reclamado para el territorio. Las anheladas carreteras que unan definitivamente Medellín con Quibdó y Pereira con Istmina, la construcción del canal interoceánico, la carretera al mar, colegios, hospitales y una efectiva red de comunicaciones. No quiero decir acá que estos proyectos no sean importantes y que no puedan traer prosperidad al territorio, todo lo contrario. Sin embargo, las históricas relaciones del territorio con el poder andino central, que trasciende a Bogotá e incluye otros ejes de poder, deben ser tenidas en cuenta a la hora de ejecutar planes para la región.
Chocó tiene una enorme riqueza hidrográfica, con los ríos Atrato, San Juan y Baudó, y múltiples afluentes. Al día de hoy, esas arterias siguen desaprovechadas y los chocoanos no están conectados de manera efectiva entre sí. Hace cien años, por ellos circulaban barcos de mediano calado usados para el transporte de personas y mercancías, que además los conectaban activamente con Cartagena. Naturalmente, es indispensable conectar a Chocó con el resto del país, pero valdría la pena revisar qué tan conectado está Chocó internamente y en qué estado se encuentra su autonomía alimentaria.
¿Participarán la universidad pública y los consejos comunitarios en el eventual “Plan Marshall” de reconstrucción? ¿Qué lugar tendrán los jóvenes, teniendo en cuenta que en Quibdó, la capital, la tasa de desempleo juvenil es del 30%? ¿Cómo será su participación? Por ahora, los indicios muestran que, en el mejor de los casos, lo que podría pasar de un “Plan Marshall” desde la óptica de un gobierno de De la Espriella es que no pase nada. Pero si de verdad hay un interés del gobierno nacional por hacer esta vez algo diferente, lo que se debería hacer, algo que no ha sucedido hasta ahora, es que la población chocoana, la población local, sea la que siga escribiendo la historia de su territorio, pero esta vez con el apoyo de la Nación, y no a pesar de ella.
Le recomendamos: Chocó: entre el olvido, la marginación, y el peor terremoto del siglo en Colombia*
¹‘Primera Jornada’, El Chocó (Quibdó), 1 octubre 1908, p. 1.
Acerca del autor

Julián Barbosa
Doctor en Historia del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Libre de Berlín. Autor de “Antes de la guerra. Estado, Poder Político Local y Movilización Social en el Chocó, Colombia, 1880-1990”, Editorial Herder, 2025.
2 comentarios







Felicitaciones a quienes se ocupan de publicar artículos Documentos y libros de Historia y realidades de nuestro país. Importante porque así podemos ilustrarnos para conocer y tomar consciencia de lo que viene pasando en nuestra amada Patria desde que existimos ( el tema del descubrimiento como nos contaron( cuando existió la cátedra de Historia en los programas educativos),
fue una total mentira y para completar, ya ni existe en los programas educativos) . Gracias a las Universidades que crearon la
Cátedra de Historia y Filosofía ,ojalá las generaciones venideras logren apropiarse para que participen de manera consciente en la vida Nacional y sus regiones,para bien de todos , de nuestros recursos( naturaleza , fauna,etc). Gracias a quienes se han ocupado de estudiarla para que a través de sus maestrías y doctorados puedan investigar y contarnos cómo estudiarla quienes no tuvimos la fortuna de hacerlo. Ojalá lean el libro del autor de este artículo: “Antes de la guerra” porque fue una investigación sobre el Departamento del Chocó durante un periodo de 100 años y da tristeza saber cómo es que ese bello Departamento donde existe tanta riqueza, no haya sido acompañado para su desarrollo por las autoridades Centrales y obviamente de las locales. Lo recomiendo.
Excelente artículo y muy pertinente para este momento. Es muy valioso que el autor, a través de la perspectiva histórica, nos ayude a comprender mejor la verdadera dimensión de lo que significa el Chocó como territorio y salir de los lugares comunes en los que siempre lo sitúan.
Hay dos elementos que me parecen particularmente importantes de este artículo, para continuar con la conversación sobre el Chocó:
1. No hay nada más centralista que hablar del «abandono del Estado» cuando se analiza la realidad del Chocó.
2. Y su referencia a que el problema no ha sido el aislamiento, sino, precisamente, el vínculo del Chocó con el resto del país, y no solamente con Bogotá.
Sería muy interesante que el profesor Barbosa pudiera seguir desarrollándolos en otro artículo.
¡¡¡Gracias!!!