El presidente, las drogas y la política: ¿quién necesita ayuda?
Foto: Facebook: Gustavo Petro

El presidente, las drogas y la política: ¿quién necesita ayuda?

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La carta de Álvaro Leyva arroja sombras sobre el comportamiento del presidente Petro y arroja luces sobre la falta de una política seria de drogas en Colombia.

Una carta preocupante

La carta publicada por el excanciller Álvaro Leyva el 23 de abril del 2025, ha despertado una gran cantidad de comentarios y de reacciones. 

En esa carta Leyva dice explícitamente que el presidente Petro tiene un problema de drogadicción, cosa que la periodista María Jimena Duzán ya había comentado en una carta abierta a finales del año 2023, pero esgrimiendo argumentos pobres y “sospechas” basadas en el comportamiento errático, mentiroso e incumplido del presidente. En esta ocasión Leyva parece ser un testigo de primera línea, y cita incluso una conversación con Benedetti en la cual se habla de que Petro estuvo en tratamiento y que ya había salido adelante, cosa que Leyva consideraba completamente inexacta (“Sigue igual, señor presidente”, le dice en su carta a Petro). 

Las sospechas de que el presidente de Colombia tiene problemas con diferentes sustancias psicoactivas no son nuevas. En diferentes círculos, incluso de personas muy cercanas a él, esto se menciona con frecuencia como explicación de sus “desapariciones”, ausencias incluso a consejos de ministros citados por él, e inasistencia a una infinidad de actos públicos a los cuales se había comprometido asistir. 

Es innegable que un seguimiento a los discursos del presidente muestra una creciente incongruencia en los argumentos, un “descarrilamiento” frecuente de las ideas (irse por las ramas y no volver al tema central), un ego cada vez más inflado, acompañado de ideas persecutorias, entre otras cosas. Y en otras ocasiones aparece relativamente coherente, centrado, y razonablemente ubicado. 

Esta situación podría explicarse por el abuso de ciertas sustancias, tales como el alcohol y la cocaína; pero también podrían referirse a un proceso de deterioro más grave que puede incluso llegar a incapacitarlo completamente para ejercer la presidencia; este proceso de deterioro podría estar relacionado o no con el  consumo de sustancias, pero resulta difícil negarlo. O negarlo puede estar asociado al deseo de tapar el sol con un dedo, como le ocurre a alguno de sus admiradores, entre ellos el director de Prosperidad Social, Gustavo Bolívar. 

Respuestas débiles, dudas mayores

El presidente ha respondido muy débilmente a esta creciente preocupación por su conducta. 

Como reacción a la carta de María Jimena Duzán, salió a decir que su “única dependencia es al café de la mañana” olvidando también que el café de la mañana jamás le ha producido dependencia a nadie. Y el 23 de abril del 2025, como reacción a la carta de Leyva,  publicó en X varios comentarios minúsculos insinuando que su desaparición  de dos días en París estaba relacionada con visitar museos, ir a conciertos y verse con familiares; no puede uno dejar de preguntarse si para hacer ese tipo de cosas es necesario que el presidente de la república se desaparezca y deje plantadas a un montón de personas que lo acompañaron  en ese viaje, quienes tuvieron que esperarlo sin tener siquiera hotel, porque ya habían cancelado sus reservas. 

Las declaraciones del canciller Leyva ponen sobre la mesa, una vez más, la necesidad de aclarar lo que está ocurriendo realmente. Por un acuerdo tácito, en el país no es usual que los medios se inmiscuyan en la vida privada de los políticos o de las personas muy prestantes, como sí ocurre en los Estados Unidos. Pero manifiestamente es necesario tener en cuenta que cuando la vida privada de una alta personalidad influye sobre los destinos de un país, su vida privada deja de serlo. O si no, vamos a terminar todos tapando el sol con un dedo. Y pagando las consecuencias, por supuesto. 

El plan 2023-2033: grandes anuncios, pocos resultados

Si bien es cierto que en el país no ha existido prácticamente nunca una política coherente de drogas, varios gobiernos intentaron darle poco a poco sentido a múltiples acciones relacionadas tanto con el problema del cultivo de plantas con las que se producen sustancias ilícitas, como con el narcotráfico, o con el consumo. 

En el ámbito de la producción y comercialización de sustancias ilícitas, los planteamientos del plan propuesto para 2023-2033 son interesantes, pero hasta el momento actual han mostrado muy pocos resultados: a poco más de un año de la terminación del gobierno Petro, apenas se han creado 17 misiones territoriales que están en fase de planificación pero que no han producido ningún resultado tangible; de las 92 mil hectáreas de coca que se propuso reducir en el plazo de un año solo se han erradicado 11.040 (12%) hasta abril del 2025. Del lado positivo, se han incrementado las incautaciones un 14% y se han hecho decomisos de activos ilícitos por 88 mil millones de pesos (algo más de 20 millones de dólares). 

Pero en el campo del consumo los resultados son muy pobres, y a decir verdad tienen un carácter más retórico que de acciones reales; los siguientes son los datos que se desprenden del informe 2024 del Observatorio de Drogas de Colombia:  

  • Por ejemplo, se reemplazó la palabra “drogadicto” por “persona con trastorno por consumo de sustancias” y se capacitaron 3.400 funcionarios en lenguaje no discriminatorio; es bastante improbable que estos cambios de lenguaje modifiquen en algo la situación de consumo, o que contribuyan a que quienes ya son consumidores mejoren. 
  • Se instalaron 120 centros de salud rural para hacer consultas virtuales en reducción de riesgos, tal vez olvidando que los consumidores problemáticos que necesitan reducción de riesgos se encuentran, en más del 90% de los casos, en áreas urbanas. 
  • Se hace seguimiento a consumidores de basuco y heroína “con enfoque de crisis de sobredosis”, sin tener en cuenta que los consumidores de estas dos sustancias son en la actualidad un número muy reducido; en otras palabras, parece estar poniéndose el acento en situaciones que afectan a poblaciones muy minoritarias, que probablemente no suman 10 mil en todo el país en lo que se refiere a la heroína y algo más en lo que se refiere al basuco. Los datos de la encuesta de 2013 (no consideramos los de 2019 por sus graves defectos metodológicos, que mostraban una disminución milagrosa del consumo en todo el país sin que se hubiera hecho nada), mostraban que en el país existían cerca de 450 mil personas que necesitaban tratamiento. Con ellas no se está haciendo nada nuevo. 
  • Los dos enfoques prioritarios de prevención de la política de drogas dejan por fuera a la población general: se refieren básicamente a habitantes de calle y niños delincuentes.
  • Toda política de salud pública, en cualquier parte del mundo y en cualquier campo de la salud, siempre está enfocada en la prevención primaria, e incluso el propio ministro de salud ha mostrado su acuerdo con este punto de vista hablando de otros problemas; pero en lo que se refiere al consumo de droga, en prevención primaria en el país no se está haciendo absolutamente nada desde el gobierno nacional, y son muy pocas las gobernaciones o alcaldías que están emprendiendo acciones en este sentido. La atención se ha centrado sobre el último escalón de la escalera, la reducción de daños; y no hay más peldaños.
  • En Bogotá se lanzó con bombos y platillos el Centro de Atención Integral para Consumidores (CAIC), que ofrecía consultas médicas y legales gratuitas y talleres de arte – terapia para jóvenes; este centro solamente atendió al 5% de la población objetivo por falta de presupuesto. 
Foto: Pexels: MART PRODUCTION

Dos conclusiones. 

En primer lugar, las reacciones del presidente contra las acusaciones de Leyva son muy poco creíbles, y su propia hija confirmó que solo pasó con ella un corto tiempo. El Embajador colombiano en Francia, Alfonso Prada, trató de levantar una columna de humo hablando de “agenda privada” en la estadía en París, con lo que logró incrementar la certeza de que algo muy oscuro estaba sucediendo: ningún presidente del mundo en misión oficial puede argumentar “agendas privadas”. 

En segundo lugar, hay que decir que del plan lanzado hace más de un año se ha ejecutado muy poco en lo que se refiere a producción de sustancias ilícitas y narcotráfico, lo que ha llevado a muchos a temer una descertificación dentro de pocos meses por parte de los Estados Unidos. Y el enfoque adoptado en cuanto a consumo busca de alguna manera ignorar el problema real, que son los niños y los adolescentes, quienes representan el futuro del país; los focos de intervención son poblaciones marginales, que deben ser incluidas pero sin convertirse en los únicos receptores de atención; e incluso con ellos, lo que se está haciendo es muy poco y de una calidad muy discutible.

Le recomendamos: La consulta popular de Petro: ¿la democracia de la gente?

Acerca del autor

Alejandra Villamil Sanchez
avillamil@razonpublica.org.co | + posts

* Candidata a Ph.D en Psicóloga de la Universidad de los Andes, con especialización de Psicología Clínica, investigadora adjunta a la dirección en la Corporación Nuevos Rumbos.

2 comentarios

Alejandra Villamil Sanchez y Augusto Pérez Gómez

Escrito por:

Alejandra Villamil Sanchez y Augusto Pérez Gómez

2 comentarios de “El presidente, las drogas y la política: ¿quién necesita ayuda?”

  1. Excelente artículo, descriptivo de la grave situación que vive el país actualmente. Arroja gran claridad sobre la condición de salud del presidente sobre la cual se especula hoy en día en todos los medios. Este artículo puntualiza aspectos graves que son comentados en el día a día en todos los ambientes.

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