Petro y los “centros de consumo controlado”: los bandazos del alcalde - Razón Pública
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Petro y los “centros de consumo controlado”: los bandazos del alcalde

Escrito por Augusto Pérez
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Augusto_Perez_GomezSin prejuicios ideológicos, con los hechos en la mano, el experto en prevención concluye que la idea del alcalde es insensata y no haría sino daños.

Augusto Pérez Gómez*

Acción y reacción

El 5 de agosto pasado, el alcalde Gustavo Petro presentó ante los medios de comunicación, de una manera bastante informal, una propuesta que desencadenó de inmediato una lluvia de reacciones: abrir centros de “consumo controlado” de estupefacientes para adictos, que recibirían aquellos incautados a narcotraficantes, grandes y pequeños.

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El Procurador Alejandro Ordóñez puso al alcalde contra la pared, subrayando la inconstitucionalidad, la ilegalidad y el atropello a los derechos humanos de tal iniciativa.    Foto: Procuraduría.

De esta manera — dijo Petro — no solamente se reducirían los delitos cuyo objetivo es calmar la ansiedad de los adictos por consumir drogas (por ejemplo, el robo de celulares y muchos atracos), sino que de paso se golpearía severamente el microtráfico.

Pronto el chubasco se convirtió en tormenta tropical, a cuya cabeza se puso el propio procurador Alejandro Ordóñez, quien en una extensa carta fechada el 6 de agosto puso al alcalde contra la pared, subrayando la inconstitucionalidad, la ilegalidad y el atropello a los derechos humanos de tal iniciativa, rechazando de manera tajante el uso de drogas incautadas para distribuirlas entre los adictos y utilizar a estas personas para (supuestamente) reducir los índices de criminalidad.

En una entrevista televisada, el procurador incluso dijo jocosamente que para hacer semejante propuesta, el Alcalde “se la había fumado verde”; y en otra del 8 de agosto, ratificó una amenaza explícita que llamó “advertencia”: si Petro se atreve a poner en marcha esa idea, se atendrá a las consecuencias. Ya sabemos lo que le pasó a Piedad Córdoba.

Augusto_Perez_Alcalde_PetroEl alcalde pretendió matar dos pájaros de un tiro: mejorar la salud pública y la seguridad ciudadana.    Foto: Bogotá Humana.

Yo tiendo a discrepar en general de las posiciones del procurador, especialmente cuando pone sus convicciones religiosas por encima de la ley. Pero tengo que reconocer que en este caso el alcalde de Bogotá se prestó de lleno para que Ordóñez lo metiera en cintura: exhibió un pobre nivel de conocimiento del asunto que estaba tratando, hizo sus declaraciones en una plaza pública donde había una banda musical de jovencitas con uniformes pseudo–militares como telón de fondo, y soltó frases confusas de las que no le quedaría más camino que retractarse.

La propuesta era insensata, pero coherente con la política de palos de ciego que ha exhibido con frecuencia la presente administración distrital. Este no fue más que otro de los muchos bandazos del alcalde.

Ni novedoso, ni original… pero sí muy peligroso

Algunos defensores de esa abominación llamada “lo políticamente correcto” saltaron a decir que la propuesta era novedosa y original. Novedosa ciertamente no es, puesto que el mismo alcalde aseguró que estrategias parecidas ya habían sido utilizadas en otros países con éxito, y citó a Holanda, Suiza, Canadá y España.

Augusto_Perez_consumo_controladoLos sitios de “consumo controlado” se limitan exclusivamente a la atención de heroinómanos, y nunca han tenido como propósito nuclear reducir la criminalidad.
Foto: allthingswildlyconsidered.blogspot.com

El procurador le recordó el estruendoso fracaso de la Spitzplatz (no Platzpitz, como escribió Ordóñez) en Zürich en los años 90; y en cuanto a original… originales eran las propuestas del doctor Goyeneche, quien propuso durante años cubrir con una marquesina a Bogotá y pavimentar el río Magdalena; la originalidad no tiene nada que ver con la sensatez. Aparte de los importantes señalamientos del procurador — la mayor parte de ellos incontrovertibles — hay varios puntos que vale la pena someter a un análisis razonado:

  • Una propuesta de “consumo controlado” (que efectivamente se ha implementado, con muchas restricciones, monitoreo y controles en países como Alemania y Canadá, pero no en Holanda) solo adquiere sentido en el contexto de una política integral con respecto al consumo de drogas, en donde este dispositivo es el último escalón de una larga escalera.

Lo que Petro propuso es el último escalón de una escalera… de un solo escalón: ¿dónde están los programas de prevención destinados a padres, maestros, comunidad y escolares? ¿Dónde está el sistema de atención para consumidores no dependientes? ¿Dónde están los centros de atención altamente especializados? Parece que no somos capaces de hacer la diferencia entre Dinamarca y Cundinamarca, pues solo cuando se tiene tamaña confusión se puede comparar el sistema de salud colombiano tal como opera en la actualidad, con el canadiense o el alemán.

1. Los sitios de “consumo controlado” se limitan exclusivamente a la atención de heroinómanos, y nunca han tenido como propósito nuclear reducir la criminalidad: su objetivo central fue y es reducir los riesgos de infecciones letales asociadas con el hecho de inyectarse con jeringas usadas, como el sida y la hepatitis. En ninguna parte del mundo se les proporciona a los consumidores dependientes cocaína, speedball, éxtasis, crack o cualquier otra sustancia ilegal.

Augusto_Perez_consumo_cocainaEn ninguna parte del mundo se les proporciona a los consumidores dependientes cocaína, speedball, éxtasis, crack o cualquier otra sustancia ilegal.
Foto: brisbanetimes.com.au

2. En cambio sería aceptable la estrategia mencionada por el Secretario de Salud para salvar la cara del alcalde con el pretexto de que “lo habían entendido mal”: se trataría de unidades móviles donde se administrarían sustancias legales, pero controladas como ansiolíticos o la metadona, un agonista opiáceo únicamente para el tratamiento de heroinómanos, es decir, una sustancia que evita el síndrome de abstinencia y tranquiliza, aun cuando también produce dependencia.

Es más, estas unidades móviles son deseables, siempre y cuando cuenten con el personal especializado y debidamente entrenado, tengan un propósito claro y coherente con otras estrategias de mitigación y reducción de daño, y estén orientadas a facilitar la reinserción social; si no es así, las unidades móviles serán un ejercicio inútil y una dilapidación de los dineros públicos.

1. La hipótesis de asociar consumo con criminalidad — como el robo de celulares u otros actos delictivos — no tiene ningún sustento, o por lo menos no lo han hecho público. En estudios realizados por la Corporación Nuevos Rumbos, uno con la Dirección Nacional de Estupefacientes y el Observatorio de Drogas de la OEA con prisioneros adultos, y otros con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y Naciones Unidas en población adolescente en conflicto con la ley, se encontró una fuerte relación entre comisión de delitos y consumo de drogas; pero la comisión de delitos para conseguir drogas era el motivo menos importante de los que se evaluaron.

2. Por último, la reducción del microtráfico gracias a los “lugares de  consumo controlado” solo ocurriría si se regalaran las sustancias a cientos de miles que las utilizan sin ser dependientes ni adictos, con lo cual se le estaría dando razón al Procurador, pues se estaría promoviendo el consumo: cualquiera que haya visto en qué se convirtió la Spitzplatz (algo similar el Cartucho en una de las ciudades más ricas del mundo) podrá prever lo que nos esperaría…

El alcalde haría bien en proponer ideas menos “embrionarias” (como calificó a esta un editorial de El Tiempo), tal vez menos “originales” o “novedosas”, pero más en contacto con la realidad de Bogotá y del ciudadano corriente.

* Ph. D., director de la Corporación Nuevos Rumbos

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