Narcóticos en Colombia: Cambios y sorpresas en el consumo - Razón Pública
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Narcóticos en Colombia: Cambios y sorpresas en el consumo

Escrito por Augusto Pérez
Augusto_Perez_Gomez

Augusto_Perez_GomezEl uso de las drogas es intermedio en América Latina, pero se observan tendencias preocupantes: más participación de las mujeres, nuevas drogas sintéticas, inicio precoz. Ni las normas ni las instituciones están listas para enfrentar el problema.

Augusto Pérez Gómez *

No es cierto

La frase “Colombia pasó de ser un país productor a ser un país consumidor de drogas” está en boca de muchos políticos por estos días, pues tratan de ubicarse a la “vanguardia” progresista desde cuando las prudentes palabras del presidente Santos hace pocos meses permitieron referirse a la despenalización del consumo de drogas como una opción a considerar.

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El consumo de drogas se ha incrementado especialmente entre los jóvenes y entre las mujeres.     Foto: Federacion de Asociaciones Cannabicas.

Sin embargo, la frase es perfectamente falsa: Colombia ha sido un país consumidor desde cuando empezaron a producirse marihuana y cocaína, y poco a poco se han ido añadiendo a la canasta todas las otras sustancias psicotrópicas que se consumen en el continente.

Este fenómeno no es particularmente colombiano: en realidad, todos los países “productores” se convierten rápidamente en “consumidores”, tal como ocurrió en Pakistán y en Afganistán; una de las pocas excepciones fue Turquía, gran productor de amapola durante un corto período. La realidad colombiana fue ocultada deliberadamente durante mucho tiempo por razones políticas que no viene al caso discutir aquí.

 

Un consumo intermedio

Los datos disponibles, aun cuando no siempre de gran calidad, demuestran que en la década de 1990, Colombia registraba uno de los niveles de consumo más altos del hemisferio.

Contrariamente a lo esperado, esa situación se fue modificando con el correr de los años; “contrariamente a lo esperado”, porque Colombia reúne todos los factores de riesgo que la literatura menciona: una amplia disponibilidad de sustancias de altísima calidad y muy bajo precio, en medio de condiciones sociales de conflicto crónico, de inmensas desigualdades económicas, de opresión de algunos sectores de la sociedad, de pobre desarrollo educativo y de falta de respeto colectivo por las normas más básicas de convivencia.

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El consumo de heroína ha tenido un aumento muy rápido en pocos años, particularmente en Bogotá, Medellín, Armenia, Pereira y Cúcuta.

Foto: situacion-drogas.blogspot.com

En este caso, un factor protector parece haber sido la fuerte cohesión familiar y otro, según el antropólogo Daniel Lende, el rechazo social o estigmatización que sufren en general los consumidores habituales de estas sustancias, los “drogadictos”. Aunque la opinión de Lende va en contravía de la doctrina ortodoxa de Naciones Unidas, resulta razonable y sensata, pero puede no ser aplicable a otros países [1].

En el momento actual disponemos de información mucho más confiable [2] que muestra una situación diferente de la de los noventa: Colombia mantiene todas las condiciones mencionadas, pero sus niveles de consumo de drogas la ubican en un nivel medio: por encima estarían Chile, Uruguay, Argentina, Brasil y El Salvador; por debajo, Ecuador y Bolivia; y compartiría el nivel intermedio con Perú y México.

 

Cambios y sorpresas

Aun así, el problema no es insignificante: el estudio nacional de consumo de sustancias en población general de 12 a 65 años de 2008, a pesar de tener una muestra reducida (red con mallas muy grandes, que no permite capturar sino peces de buen tamaño), llevó a concluir que en el país habría 300.000 personas con necesidad de tratamiento [3].

El estudio en población universitaria de Drosican [4] mostró niveles elevados de consumo de alcohol y marihuana en esa población; y en fin, el estudio publicado hace pocas semanas en población escolarizada indica que hay un aumento del consumo de cocaína entre los jóvenes, que el de marihuana se mantiene estable y que han aparecido sustancias que no habían sido identificadas en ninguna de las encuestas previas, como el dicloruro de metilo, un solvente que puede comprarse en cualquier ferretería, cuyo prevalencia ya estaría por encima del 4 por ciento [5].

Las principales conclusiones sobre consumo de drogas en Colombia pueden resumirse como sigue:

  1. Colombia ocupa el primer lugar en el subcontinente en lo que a consumo temprano de alcohol se refiere.
  2. Hay una tendencia a que entre las mujeres el consumo de todas las sustancias, tanto legales como ilegales, aumente con el paso del tiempo. En efecto, mientras que la proporción de hombres y mujeres que consumen alcohol con frecuencia es virtualmente la misma, la proporción de consumidores de sustancias ilegales, que hace 20 años era de cerca de 10 hombres por cada mujer, actualmente es apenas superior a 2:1. En lo que se refiere al consumo de tabaco, actualmente hay una proporción ligeramente mayor de mujeres que de hombres, especialmente entre los adolescentes.
  3. El consumo de tranquilizantes entre adolescentes es el más alto del subcontinente, y la proporción es superior entre mujeres.
  4. El consumo de heroína ha tenido un aumento muy rápido en pocos años. Esto es particularmente cierto en Bogotá, Medellín, Armenia, Pereira y Cúcuta, pero hay incluso municipios pequeños, como Santander de Quilichao (80.000 habitantes, incluida la población rural, que es mayoritaria), donde se ha detectado problemas serios con esta sustancia. El país muestra grandes deficiencias de infraestructura y de personal capacitado para hacerle frente a la situación.
  5. En las ciudades grandes ha crecido el consumo de sustancias sintéticas como el Popper, el GHB, la ketamina, el dicloruro de metilo y la metanfetamina. Aun cuando de momento estas sustancias no constituyen una amenaza epidemiológica grave, es importante efectuar monitoreos para ver cómo evoluciona la situación.
  6. Ha habido una disminución importante del consumo de ‘basuco’ (pasta básica de cocaína), cuyo uso se limita cada vez más a poblaciones marginalizadas.
  7. La necesidad de desarrollar sistemas preventivos, dentro de los cuales se inserten programas y campañas preventivas, adquiere un carácter cada vez más agudo. En el momento actual se observa un gran desorden en este campo, falta de criterios definidos para intervenir y una carencia dolorosa de estrategias evaluativas que permitan tomar decisiones sobre la base de la evidencia.
  8. Igualmente, se impone la necesidad de evaluar a fondo los centros de tratamiento, que siguen actuando, en la mayoría de los casos, con criterios que han sido abandonados en la mayor parte de los países del mundo por su ineficacia, sus costos excesivos o por la falta de preparación de sus operarios.

 

De criminales a enfermos crónicos

Hace pocos días, la Cámara de Representantes aprobó en último debate un proyecto de ley que reconoce a los “drogadictos” como enfermos y no como delincuentes, y que obliga al sistema de salud a prestarles atención. Se espera que la ley sea sancionada por el presidente en el próximo mes de agosto.

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Otra droga que comienza a hacer estragos entre los jóvenes: el popper.

Foto: opticascomco.blogspot.com

En Colombia, los consumidores de drogas no fueron considerados como criminales hasta el Acto Legislativo 002 de 2009, reforma constitucional que obligaba a la Policía a consagrar grandes esfuerzos a perseguirlos, pero sólo fue el resultado del capricho de un gobernante, reforma que no pasó de ser lo que coloquialmente llamamos un “saludo a la bandera”.

En realidad desde 1986 se había despenalizado el consumo de marihuana y mediante la Sentencia C221 de 1994, la Corte Constitucional despenalizó de hecho el consumo de todas las drogas.

Teniendo en cuenta el deplorable estado del sistema de salud, ya al borde de la bancarrota, la carencia total de infraestructura y el reducido número de profesionales capacitados en este campo, la nueva ley no pasará de ser, nuevamente, uno más de tantos saludos a la bandera.

* Ph. D., director de la Corporación Nuevos Rumbos.

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