El apocalipsis del fentanilo: ¿un peligro real? | Razón Pública 2023
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El apocalipsis del fentanilo: ¿un peligro real?

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Por qué en Estados Unidos el fentanilo se ha convertido en una pesadilla y por qué la situación de Colombia es muy distinta.

Augusto Pérez Gómez* y Alejandra Villamil Sánchez**

Creencias equivocadas

Es sorprendente la confusión que hay en Colombia sobre el fentanilo:

  • Algunos lo confunden con el captagón o “droga yihadista”, que es una sustancia de la familia de las anfetaminas, es decir, un estimulante.
  • Otros hablan de una mezcla entre fentanilo y el “tusi”, que también es una anfetamina, supuestamente para aumentar su poder adictivo.
  • Otros más, incluido el presidente Petro, aseguran que el fentanilo ha modificado el mercado de la cocaína; otros dicen que es mil veces más poderoso que la morfina y que de cada mil adictos apenas tres sobreviven.

Todo esto es falso, producto de la desinformación, de lecturas superficiales, y del amarillismo.

Le recomendamos: Legalización de la marihuana: ¿hechos o ficciones?

Qué es el fentanilo

El fentanilo es un opioide sintético creado en 1959 por Paul Janssen, dueño de una compañía farmacéutica estadounidense. Se creó como un poderoso anestésico y analgésico, especialmente para el dolor crónico.

Es casi cincuenta veces más potente que la heroína y cien veces más potente que la morfina. Los usuarios dicen experimentar un placer intenso, lo cual facilita el “enganche”. Por otra parte, una sobredosis produce un paro respiratorio y la muerte si la persona no es atendida oportunamente.

Pero los narcos sí son un peligro real, así como ciertas organizaciones que hablan de “administrar el placer” y proponen liberalizar el consumo de todas las sustancias.

La epidemia en Estados Unidos

Durante muchos años, el uso del fentanilo estuvo estrictamente limitado a los hospitales. Los problemas empezaron a aparecer entre el personal médico, especialmente entre médicos y enfermeras, pero se mantuvo allí hasta comienzos del siglo XXI.

Entonces, comenzaron a confluir varios fenómenos en Estados Unidos:

  1. La existencia de un elevado número de usuarios de heroína —más de un millón de personas— en las grandes ciudades como Nueva York, Chicago, Los Ángeles y San Francisco.

Estas personas eran totalmente dependientes de los “jíbaros” o proveedores, que les cobraban los precios que les venían en gana y les vendían una heroína de baja calidad que los obligaba a administrarse más dosis, aumentando los riesgos de adquirir infecciones como VIH y hepatitis, de intoxicarse por los productos que le mezclan a la heroína o de morir por sobredosis.

  1. Una actitud cultural muy extendida en ese país de rechazo a toda experiencia de dolor. Se supone que el dolor debe desaparecer de la experiencia humana, tanto el físico como el psicológico. Por eso se considera “natural” proporcionar analgésicos de forma masiva hasta para los dolores más nimios. Socialmente se llegó a considerar que aceptar cierto nivel de dolor en vez de embrutecerse con analgésicos era una conducta perversa. Claramente masoquista.

Por ese motivo, en vez de permitir que los duelos evolucionen y se superen naturalmente, las personas son atiborradas de medicamentos antidepresivos que los convierten en “zombies” que no lloran, ni se quejan, ni piensan. Esto se extiende a todas las pequeñas molestias de la vida cotidiana y crea más problemas que deben ser tratados con más medicamentos. Actualmente, millones de personas toman medicamentos psiquiátricos todos los días de su vida en Estados Unidos.

  1. Los médicos jugaron un papel fundamental en este problema porque en vez de acompañar a la gente que estaba sufriendo optaron por formularle medicamentos que no fueron creados con ese fin.

Cualquier médico, aun con formación mediocre, sabe que los opiáceos producen dependencia. Los médicos decidieron mirar hacia otro lado. Entre 1998 y 2017, 218.000 personas murieron por opioides formulados médicamente en Estados Unidos, especialmente oxicodona, conocida como OxyContin.

  1. Las compañías farmacéuticas ocultaron los daños que estaba causado esa droga. Movidas por el afán de lucro, promovieron el uso de estas sustancias con publicidad falsa y sugirieron que los riesgos eran mínimos.
  2. Las autoridades sanitarias guardaron silencio durante demasiado tiempo. Hay quienes piensan que ese silencio estaba sólidamente apuntalado con generosas “donaciones”.

Bajos las anteriores circunstancias, la situación empezó a salirse de control:

  • Por una parte, los heroinómanos descubrieron que podían sustituir la heroína por fentanilo traído de China, con efectos muy comparables y a mucho menor precio.
  • Por otra parte, decenas de miles de personas que habían sufrido algún accidente o intervención quirúrgica y que fueron tratados con OxyContin se convirtieron en adictos y no pudieron dejarlo aun cuando su problema físico fue superado. Además, muchos jóvenes descubrieron que podían sentir un intenso placer utilizando opioides, aun cuando la vida se les convirtiera en un infierno.
  • Por último, los traficantes notaron que el fentanilo era muy fácil de producir y que resultaba mucho más barato que la heroína. Los insumos se importaban fácilmente de China a México y, en 2014, los traficantes mexicanos comenzaron a mezclar la cocaína y las metanfetaminas con fentanilo porque era más barato. Quienes consumieron esas mezclas adquirieron una nueva dependencia sin saberlo.

Ahora el círculo se cerró y todos los elementos estaban en su lugar para que explotara una epidemia.

Los primeros brotes se presentaron en Chicago en 2006 entre los consumidores de heroína,  y la situación se mantuvo relativamente estable durante algunos años. Pero en 2014, la epidemia estalló en muchas partes de Estados Unidos, especialmente en el nororiente y en California.

El número de muertos pasó de 33.000 en 2015 a más de 105.000 en 2021. En 2017, el presidente Trump declaró que se trataba de una epidemia, y la pandemia de COVID-19 en 2020 propició un aumento del 20 % de las muertes. Las restricciones de desplazamiento, la imposibilidad de asistir a tratamientos y las limitaciones de todo tipo contribuyeron a agravar la situación. Ha habido cerca de un millón de muertos y ninguno de los grandes responsables está en la cárcel.

Uno se puede preguntar por qué quienes consumen esta droga no dejan de hacerlo a sabiendas de que es tan peligrosa. Pero esa no es una buena pregunta. Una buena pregunta sería ¿por qué empiezan a usarla ahora a sabiendas de que es tan peligrosa?

¿Qué está ocurriendo en Colombia?

Hasta agosto de 2023 apenas se han reportado dos muertes por sobredosis de fentanilo, pero el Ministerio de Salud ha hablado de 1.300 casos identificados de consumidores.

Foto: Rawpixel - En Estados Unidos hay una cultura extendida de rechazo a la experiencia del dolor, por lo cual se recetan masivamente analgésicos incluso para dolores mínimos.

Es casi cincuenta veces más potente que la heroína y cien veces más potente que la morfina. Los usuarios dicen experimentar un placer intenso, lo cual facilita el “enganche”.

En Cali, las autoridades aseguran que hay bandas delincuenciales que lo están distribuyendo y que hay consumo callejero. En 2022, se incautaron 1439 dosis y entre enero y agosto de 2023, 1151 —comparar esto con los 430 millones de dosis incautadas por la DEA en 2022 en Estados Unidos—.

Diversos medios han anunciado la proximidad de una situación parecida a la que se está viviendo en Estados Unidos. Pero esta idea carece de fundamento en la realidad — aun cuando no hay que desconocer la existencia de una cierta amenaza—.

Veamos por qué decimos que esa idea carece de fundamento:

  • Es muy poco probable que en Colombia ocurra una epidemia como la de Estados Unidos, porque de las cinco condiciones que la causaron en ese país solamente tenemos una: el interés de algunos narcos en abrir un nuevo frente de negocio.
  • En Colombia, el consumo de heroína es muy bajo y tiende a disminuir.
  • Culturalmente, no existe la actitud generalizada de rechazo al dolor.
  • Las personas se resisten a tomar analgésicos por pequeños dolores y la mayoría de las personas siguen creyendo que los duelos hay que sufrirlos y superarlos.
  • El poder de las compañías farmacéuticas es limitado y la mayoría de los médicos son conscientes del peligro de los opiáceos.

Pero los narcos sí son un peligro real, así como ciertas organizaciones que hablan de “administrar el placer” y proponen liberalizar el consumo de todas las sustancias. Tal vez no somos capaces de aprender de las experiencias ajenas y seguimos asumiendo posiciones que promueven el placer inmediato en lugar de promover la creatividad, el deporte, el estudio y el ser mejores personas. Entonces sí podremos tener graves problemas.

Puede leer: Del opio al Fentanilo, de la terapéutica a la adicción

Acerca del autor

Alejandra Villamil y Augusto Pérez

* Psicólogo y Ph. D. de la Universidad de Lovaina, fundador y director de la Corporación Nuevos Rumbos
** Candidata a Ph.D, Psicóloga de la Universidad del Bosque, con especialización de Psicología Clínica, asistente del director en la Corporación Nuevos Rumbos.

1 comentarios

Alejandra Villamil y Augusto Pérez

Escrito por:

Alejandra Villamil y Augusto Pérez

* Psicólogo y Ph. D. de la Universidad de Lovaina, fundador y director de la Corporación Nuevos Rumbos ** Candidata a Ph.D, Psicóloga de la Universidad del Bosque, con especialización de Psicología Clínica, asistente del director en la Corporación Nuevos Rumbos.

Comentarios de “El apocalipsis del fentanilo: ¿un peligro real?

  1. Creo que el problema del fentanilo es solo uno de
    los grandes problemas detrás del consumo de
    drogas. Lo que las sociedades latinoamericanas y
    norteamericanas no quieren abordar es el tema de
    la pobreza y la fragilidad mental y la vulnerabilidad
    en gran parte de la población. Aquellos que prueban
    drogas son inmediatamente conquistados por la
    sensación de bienestar que sienten. Esta es una
    lucha desigual entre las drogas y su sentimiento
    de felicidad y una vida de sufrimiento y angustia
    psicológica y social. Aunque los jóvenes son los
    más afectados, en realidad es toda la población la
    que es el objetivo de los narcotraficantes.

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