
Ni tecnócratas ni activistas, solo políticos.
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Ahora bien, de forma tradicional en Colombia, hay cargos públicos que se asignan a los políticos, aun cuando en la mayoría de casos no sean los más idóneos, cargos que se asignan a tecnócratas y unos pocos cargos que se han asignado a activistas. La división parece más o menos clara. En las posiciones que requieren un amplio conocimiento de la realidad social, una experiencia en campo extensa y habilidades para el relacionamiento con las comunidades deberían estar los activistas; en los cargos que requieren un mayor conocimiento especializado, análisis de factibilidad y eficiencia y complejas simulaciones de variados escenarios deberían estar los tecnócratas.
En el caso de los cargos con mayor incidencia social, a decir verdad, a nadie parece importarle mucho quién los ocupa. Durante años, muchos de estos cargos han sido bastiones de políticos corruptos que no cuentan ni con la experiencia en campo, ni con el conocimiento técnico para cumplir con sus responsabilidades. Basta revisar las hojas de vida publicadas en el sistema de contratación nacional para encontrar abogados constitucionalistas en el Servicio Nacional de Aprendizaje, ingenieros industriales en el Departamento de Prosperidad Social, odontólogas en la agencia de promoción de las exportaciones, entre otros.
Sin embargo, en el caso de los cargos técnicos, la situación ha sido un poco distinta. Salvo excepciones muy particulares, los nombramientos en instituciones como el DANE, la DIAN, el DNP y varios viceministerios se han caracterizado por ser para personas con una alta formación técnica, estrechamente vinculada con su área de desempeño y con quienes, se puede estar en desacuerdo por su posición académica – ideológica, pero no se les puede acusar de falta de conocimiento en lo que hacen.
Y es, tal vez, precisamente porque estos cargos habían logrado estar parcialmente alejados de la política y porque por sus manos pasan un amplio conjunto de decisiones que son centrales para el funcionamiento de diferentes sistemas en el país y para el flujo de dinero, que los recientes nombramientos de activistas y políticos han causado tanto revuelo.
El DNP ha sido, desde su creación, la institución técnica insigne del país. Su nombre mismo lo dice, el Departamento de Planeación. En una época, ya prácticamente olvidada, en este departamento se debatía respecto al modelo de desarrollo que debía seguir el país. Son célebres las visitas de Lauchlin Currie y Albert Hirschman a Colombia, invitados para exponer sus ideas sobre cómo sacar al país del subdesarrollo. Podrá estarse en contra o a favor de los planteamientos de estos o tantos otros académicos que han asesorado al DNP, pero no se puede negar que este departamento era un tanque de pensamiento donde se daban discusiones de primer nivel. Por ejemplo, debería ser de obligatoria lectura la introducción al plan de desarrollo de “Las cuatro estrategias” (1971 – 1974), propuesto por Currie, y que antes que cualquier cosa, explica que entiende el autor por desarrollo y los planteamientos teóricos y supuestos detrás de su propuesta.
El director saliente del DNP, el Dr. Jorge Iván González, es un economista de reconocida trayectoria en el país. Un tecnócrata de izquierda, si se puede usar ese apelativo. Cuenta con una significativa producción académica sobre desarrollo económico en Colombia y el debate respecto a la justicia social, y es un gran conocedor de la historia del pensamiento económico, clave para comprender la forma en que se diseñan los planes de desarrollo y los supuestos teóricos detrás de las estrategias adoptadas. La información que se tiene sobre su salida representó un duro golpe para la confianza que se había tejido en torno al plan de desarrollo del gobierno Petro; sin embargo, el golpe de gracia fue saber que quien lo reemplazaría no cuenta con ninguno de los atributos ya mencionados, ni para un tecnócrata, ni para un activista.
En una intervención en el Congreso, el Sr. López Maya, nuevo director del DNP, señaló dos cosas muy inquietantes. Primero, que no aspiró a estudiar economía porque le daban muy duro las matemáticas y segundo, que su nombramiento obedece a que conoce las tragedias del pueblo colombiano. Sobre lo primero, sería importante señalarle al Sr. López Maya que la economía va mucho más allá de la formalización matemática y que si conociera a los grandes teóricos del desarrollo, como se espera de su cargo, lo sabría. Sobre lo segundo, la planeación del desarrollo requiere ir más allá del conocimiento de las “tragedias del pueblo”. El director de planeación no solo debe tener el diagnóstico de la situación, debe tener claridad en cómo lo social, económico, cultural y político entran en juego para diseñar e implementar posibles soluciones a esas “tragedias”, debe analizar los posibles catalizadores del cambio social, no el retórico, el real, el de las condiciones materiales de vida de la población, es el responsable de materializar el sueño de país de aquellos que eligieron a Petro como presidente.
El viernes 01 de marzo, el presidente publicó en la red social X “La tecnocracia es tener a supuestos técnicos en el poder. Democracia es tener gente en el poder.”. Sin entrar a debatir si existe tal cosa como los expertos o los técnicos, suena muy paradójico que un gobierno que impulsa como gran bandera de transformación social el acceso universal a la educación superior, les envíe a miles de jóvenes el mensaje de que en la jerarquía institucional primero están los alfiles políticos, veletas incapaces de sentar una posición crítica cuando se requiere; luego están los activistas, muchos de ellos con liderazgos de base, pero desconocedores de herramientas técnicas necesarias para realizar los cambios que persiguen; y, en el último lugar de la fila, los “tecnócratas”, ¿académicos en su torre de marfil?, sí, ¿pertenecientes a las élites?, muchos de ellos sí. Sin embargo, en ese grupo de “tecnócratas” también hay hombres y mujeres endeudadas para pagar su formación avanzada, trabajadores, íntegros, disciplinados, con ganas de hacer bien las cosas y trabajar por su país. Tecnócratas – activistas que respondieron a la convocatoria de doctores porque creyeron en la idea del cambio del actual del Gobierno y que, a hoy, siguen esperando que los llamen a contribuir a uno de esos cargos con los que premian a los políticos aliados de turno.
Acerca del autor
Suelen Emilia Castiblanco
*Economista y Doctora en Estudios Interdisciplinarios en Desarrollo. Profesora asociada de la Facultad de Economía, Empresa y Desarrollo Sostenible de la Universidad de La Salle. Investigadora y consultora en temas de mercado laboral, género y desarrollo.
1 comentarios





En teoria la division entre tecnocracja y activistas es un falso dilema porque lo que cuenta son los contenidos sociales y economicos de la politica publica que orienta el grupo dominante. En la practica (real) la tecnocracia seria y es en Colombia un grupo social de mayor estatus social que se presume es eficiente para dirigir una institucion publica,dado su nivel educativo y origen social, que no siempre resulta tan eficiente como se presumia. Me parece adecuado el analisis en que hay cargos que ameritan gran experticia tecnica y otros de manejo politico. A otro nivel la tecnocracia ha superado la burocracia y detenta o tiende a detentar el poder por encima de los politicos profesionales: quién domina en la Nasa o en el Banco Mundial. Por ejemplo.