
El trabajo de calidad es posible y urgente en las plataformas digitales
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La definición de estas plataformas digitales es compleja. En términos generales, se caracterizan por estar mediadas por tecnologías, posibilitar la interacción entre individuos y facilitar que esos individuos hagan ciertas cosas. Por ejemplo, una plataforma digital como Rappi, 1. Cuenta con una aplicación móvil, 2. Pone en contacto a proveedores con potenciales consumidores y 3. Facilita canales de pago y domicilio. Dado que las plataformas son intermediarias, los prestadores del servicio —en el caso de Rappi, dos: las empresas que venden y los domiciliarios que entregan— no son empleados y deben pagar unas cuotas a la plataforma por el servicio de intermediación.
La masificación de estas plataformas, especialmente durante la pandemia reciente, ha generado oportunidades de trabajo. De acuerdo con un estudio de la CEPAL, en Colombia, se estima que entre 150.000 y 200.000 personas “colaboran” con este tipo de plataformas (de movilidad y domicilios), generando cerca del 0.7% del PIB nacional. Asimismo, el estudio de la CEPAL también recoge que, durante la pandemia, las ventas de las empresas vinculadas a las plataformas digitales aumentaron en un 19%.
Adicionalmente, estas plataformas se han convertido en una suerte de subsidio ante el desempleo. Al no mediar contratos laborales, los “colaboradores” pueden trabajar los periodos que deseen, en jornadas flexibles y generar o complementar sus ingresos. El lado opaco de la historia está en la calidad del trabajo al que acceden los “colaboradores” de las plataformas digitales. El estudio de Fairwork Colombia para 2023 analiza doce plataformas digitales de los sectores de trabajo doméstico, domicilios, belleza y transporte. Los resultados, que evalúan cinco características del trabajo justo —pagos, condiciones, contratos, gestión y representación— muestran que solo cuatro de las plataformas analizadas garantizan en alguna medida estos elementos. En general, los “colaboradores” de la mayoría de estas plataformas no reciben el salario mínimo, y solo una de ellas pudo evidenciar salarios dignos ($14.240/hora en 2022).
De forma adicional, al considerarlos “colaboradores” —contratistas independientes—, la mayor parte de las plataformas no se hace responsable de la seguridad social, ni de otro tipo de protección para quienes trabajan con ellos, elemento crítico dado que, por el tipo de actividad, estas personas están expuestas a riesgos elevados de salud, seguridad, entre otros. Asociado con lo anterior, la ruptura del contrato laboral tradicional implica que, pese a que los “colaboradores” no están sujetos a una relación de subordinación tradicional jefe–empleado; sí se espera de ellos que estén disponibles jornadas mayores a las reglamentadas por la Ley, que respondan ante la plataforma por quejas del servicio o incumplimientos y que se identifiquen con valores corporativos de empresas que no los contratan. La relación es asimétrica, los “colaboradores” tienen que rendir cuentas a plataformas y usuarios, son monitoreados y evaluados constantemente —una cultura de la auditoría pública para ellos, no para los usuarios— y no se les reconoce como trabajadores susceptibles de organizarse políticamente y reclamar derechos y condiciones de trabajo justo.
Una parte de la solución está pues en concentrarse en los casos de éxito. El informe Fair Work resalta el caso de la plataforma Hogarú. Esta plataforma que provee servicios de trabajo doméstico contrata directamente a las trabajadoras con lo que asegura que ganen un salario mínimo al margen del comportamiento de la demanda del servicio, ofrece capacitaciones constantes y provee elementos de protección para sus trabajadoras, establece un canal claro bidireccional para gestionar las inconformidades en la prestación de servicio, tiene un portafolio de servicios de ocio y acceso a créditos para sus trabajadoras, entre otros.
El caso de Hogarú y algunos otros, muestra que trabajar a través de las plataformas digitales no es necesariamente incompatible con la calidad del empleo. La nueva propuesta de reforma laboral acierta al poner este tipo de trabajo sobre la mesa, pero es esencial ampliar el análisis más allá de las plataformas de reparto y aprender de estos casos de éxito para que, en esta época hiper tecnológica, los trabajos decentes no enfrenten el mismo destino de los directorios telefónicos.
Acerca del autor
Suelen Emilia Castiblanco
*Economista y Doctora en Estudios Interdisciplinarios en Desarrollo. Profesora asociada de la Facultad de Economía, Empresa y Desarrollo Sostenible de la Universidad de La Salle. Investigadora y consultora en temas de mercado laboral, género y desarrollo.
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