SENA, es el momento de retomar su rumbo - Razón Pública
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SENA, es el momento de retomar su rumbo

Escrito por Luis Enrique Orozco
Luis Enrique Orozco

Luis Enrique OrozcoEl SENA no puede otorgar títulos de educación superior y en cambio debe replantear el alcance de su formación técnica y tecnológica, según un concepto reciente del Consejo de Estado. Esto ayuda a despejar el confuso panorama de nuestra educación post-secundaria.

 Luis Enrique Orozco*

Claridades necesarias

De una vez por todas quedó claro que el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA)  no es una institución de educación superior y por lo tanto no puede ofrecer títulos de este nivel educativo en Colombia. Por el contrario, como institución con amplia experiencia en la formación para el trabajo, podrá adelantar programas de carácter técnico y tecnológico que deben contar con el reconocimiento del Ministerio de Educación Nacional, para garantizar que cumplan con la calidad mínima exigida y salvaguardar de esta manera la buena fe de los usuarios.

El mandato del SENA fue precisado por el Consejo de Estado el 16 de septiembre pasado al resolver la consulta elevada por la anterior Ministra de Educación Nacional.

Se trata de una precisión muy importante ante la confusión que creó el SENA con su   oferta de programas de carácter técnico y tecnológico que -aunque habían sido autorizados por la ley- no cumplían con las exigencias del Sistema de Aseguramiento de la Calidad de Educación Superior (SACES) que preside el Consejo Nacional de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (CONACES),

De esta manera se acaba con una ambigüedad que hacía equivaler los títulos del SENA a  aquellos emitidos por las Instituciones de Educación Superior; el Consejo de Estado sostuvo además  que el SENA está obligado a mantener el registro calificado de cada uno de sus programas técnicos o tecnológicos.

En consecuencia, vuelve a prevalecer lo exigido por la Ley 30 de 1992,  según la cual la formación técnica y tecnológica en Colombia puede ser adquirida a través de dos vías:

  1. Mediante los programas académicos no universitarios que se desarrollan en las instituciones técnico-profesionales y tecnológicas y
  2. A través de programas universitarios. Estos últimos se desarrollan en las universidades e instituciones universitarias.

Técnica y tecnológica, las cenicientas

En la actualidad existen 101 instituciones de modalidad técnica y tecnológica con 373.221 estudiantes, sobre un total de la matrícula post-secundaria que asciende a 1.400.000 alumnos. Ahora bien, de la totalidad de los programas de educación superior acreditados a 2008, sólo el 5,1 por ciento y el 13,6 por ciento correspondían, respectivamente, a estas instituciones.

A pesar de los esfuerzos realizados, las técnicas y tecnológicas se han dedicado a formar para oficios u ocupaciones de bajo nivel de calificación, con lo cual no logran insertarse en una tradición intelectual seria en materia de la técnica y la tecnología -en la acepción moderna de estos dos conceptos-.  

De otra parte, la formación que ofrecen esas instituciones en general carece de bases científicas, humanísticas y metodológicas, dado lo cual su aporte al desarrollo nacional en términos de productividad científica y tecnológica es nulo o casi nulo -por lo menos a la luz de las estadísticas conocidas.

Como opciones de educación profesional, estas "carreras" no poseen un estatus reconocido; ellas se nutren sobre todo de la demanda que implica un número creciente de  bachilleres que aspiran a la universidad pero no logran los necesarios puntajes en el ICFES. Quizá por ello con el correr del tiempo se han vuelto una opción de segunda clase.

Los factores que explican esta situación son múltiples y van desde una carencia de identidad clara de la oferta que ofrecen estas instituciones, hasta la falta de normas que contribuyan a consolidarla, pasando por la poca valoración que entre nosotros tiene la educación técnica y tecnológica.

Los esfuerzos y el error reciente

En los últimos años se intentó estimular la educación técnica y tecnológica, para lo cual fue expedida la Ley 749 de 2002 que permitió diversificar la oferta educativa de estas instituciones y abrirse a nuevos mercados mediante la denominada "educación por ciclos propedéuticos". Esta medida de flexibilización se proponía facilitar la vinculación laboral de los egresados y al mismo tiempo ampliar cobertura.

También, se buscó hacer alianzas entre el Ministerio de Educación, el sector productivo y las instituciones para ofrecer programas conjuntos en el campo técnico y tecnológico. Más aún, buena parte del crédito educativo se orientó hacia personas interesadas en programas de este tipo.

En este contexto se autorizó al SENA para adelantar programas de tipo técnico y tecnológico sin someterse al "control, inspección y vigilancia" del Ministerio de Educación Nacional como deben hacerlo las demás instituciones del sector en virtud de la Ley 30. Esta concesión, sumada a la "creatividad" de las directivas del SENA, multiplicó los programas y la matrícula en programas académicos sin control del Ministerio. De aquí la importancia del concepto del Consejo de Estado que acaba de publicarse.

Siguen siendo cenicientas

Pero los síntomas de ayer aún siguen vivos. A pesar de algunos avances de los últimos años, subsisten limitaciones severas para este tipo de educación en Colombia:  

  1. Falta de claridad en las reglas de juego para el funcionamiento de las instituciones técnicas y tecnológicas.
  2. Falta de identidad conceptual sobre cada una de ellas.
  3. Falta de adecuación entre el contenido curricular de los programas existentes y los principios centrales de la técnica y la tecnología del siglo XXI.
  4. Falta de formación académica de los docentes de estas modalidades, y
  5. Falta de rendición de cuentas y de control por parte del Estado y de la sociedad en general.

¿Qué hacer en adelante?

Cada día es más necesario elevar la calidad y cobertura de la educación técnica y tecnológica, dado su papel estratégico en el desarrollo nacional en el actual contexto de la economía global. En esta dirección sería preciso:

  1. Replantear la identidad y los campos de acción de estos tipos de formación en el marco del Sistema Nacional de Ciencia Tecnología e Innovación; acá se puede aprovechar la Ley 1266 recientemente aprobada, y la posible destinación del diez por ciento de las regalías al avance tecnológico.
  2. Reformar la Ley 30 de 1992, para lo cual ya existen propuestas bien sustentadas;
  3. Diseñar una política de estímulos a la innovación y mejoramiento de la calidad en materia de educación técnica y tecnológica;
  4. Propiciar la creación y expansión de programas académicos de carácter técnico y tecnológico en las universidades más consolidadas del país;
  5. Establecer nuevas alianzas con el sector productivo para crear un "subsistema de educación para el trabajo", distinto y complementario del subsistema universitario.

En esta perspectiva, la vinculación del SENA con las instituciones de básica secundaria  puede ser de gran utilidad, siempre que no se desvirtúe su naturaleza  ni se confundan sus fines con el de las instituciones de educación superior. Zapatero a tus zapatos.

* Licenciado en Filosofía por la Pontificia Universidad Javeriana. Doctor en Filosofía por la Universidad de Lovaina (Bélgica). Vicerrector Académico de la Universidad de los Andes. Director de la Cátedra UNESCO de Educación Superior para América Latina. Director de la Maestría en Dirección Universitaria de la Universidad de los Andes. Director del área de Gestión y Políticas Públicas de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes.

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