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La reforma política: qué hacer con el Senado

Escrito por John Sudarsky R

Los votantes no sabemos quién es nuestro representante en el Congreso. ¿Cómo entonces deberíamos cambiar la elección de senadores? ¿Qué propuso el gobierno? ¿Y por qué se ahogó la reforma?

John Sudarsky*

Por qué un nuevo sistema electoral 

88 de cada cien personas encuestadas en Colombia no recuerdan por quién votaron en ninguna de las elecciones parlamentarias donde han participado.

Esta sencilla cifra demuestra el gran defecto del sistema que tenemos para elegir congresistas. Verdad que el número de curules es proporcional al número de votos de cada partido (como debe ser), pero la ciudadana o ciudadano no sabe quién es su representante y por lo mismo no tiene a quien pedirle cuentas en el Congreso.

Para resolver este problema, el proyecto de Acto Legislativo No. 023 de 2022  crearía un Sistema Electoral Mixto (SEM) donde

  • la mitad de los elegidos se escogen por listas cerradas departamentales (como en la actualidad), y
  • la otra mitad es escogida entre los candidatos únicos que presenten los partidos en territorios más pequeños -que llamamos Distritos Uninominales (DUN)-. En cada DUN se elige por mayoría un único representante.

De esta manera, los habitantes de cada territorio sabrían quién los representa y lo podrían llamar a cuentas. Si además se llevan a cabo procesos de planeación participativa en cada DUN, los electores sabrán sobre qué llamar a cuentas a su representante.

el sistema electoral debe estar al servicio de una agenda de construcción de racionalidad y ciudadanía sobre la base de la planeación y los presupuestos participativos.

Como lo expuse en esta misma revista, el sistema mixto se aplicaría a la Cámara de representantes y a las Asambleas y Concejos de territorios con más de un millón de habitantes.

Foto: ANT - Las tres alternativas tienes sus pros y contras, pero su eje central debe ser que los colectivos ciudadanos de los territorios sepan quién es su representante para que puedan pedirle rendición de cuentas.

La elección de senadores

Queda entonces la inquietud de qué se haría con el Senado, que según el artículo 171 de la Constitución es elegido en circunscripción nacional, o sea que los votos de un senador o senadora pueden provenir de cualquier parte del país. Esta medida fue adoptada en 1991 para estimular el surgimiento de partidos de alcance nacional (que en alguna medida han surgido).

¿Cómo entonces elegir a los senadores bajo un sistema electoral más representativo?  Hay cinco alternativas principales:

  • La que propuso este gobierno en su proyecto de reforma, consistente en el   uso de listas cerradas y ordenadas para todas las corporaciones públicas;
  • La de elegir los senadores por el sistema mixto, es decir, el 50% por lista cerrada nacional y el otro 50% por Distritos Uninominales de aproximadamente un millón de habitantes;
  • La de que cada departamento tenga un senador asegurado y a partir de aquí las curules se repartan de manera tan proporcional a su población como sea posible;
  • La de dividir el país en cien DUNs de 500.000 habitantes y elegir uno por cada DUN.
  • Y la de dejar el sistema que hoy existe.

Cada alternativa tiene sus pros y contras, pero el criterio principal para escoger alguna de ellas es indudable: se trata de que el colectivo de ciudadanos de un territorio sepa quién es su representante y éste sepa a quién rendirle cuentas.

Sólo de esta manera será posible que las comunidades tomen conciencia de que los recursos son limitados, de que deben escoger prioridades, de que su representante en el Congreso debe trabajar por esas prioridades, y de que debe rendirles cuentas sobre esas prioridades.

Dicho de otra manera: el sistema electoral debe estar al servicio de una agenda de construcción de racionalidad y ciudadanía sobre la base de la planeación y los presupuestos participativos.

Dada esta claridad, paso ahora a examinar esas cinco alternativas.

Por qué se ahogó la reforma de Petro

El proyecto del gobierno que naufragó en el Congreso pretendía elegir a los miembros de todos los cuerpos colegiados (incluidas las Jales) mediate listas cerradas que presentara cada partido.

Aunque esta idea no se hizo pública durante la campaña, el argumento básico en su favor era eliminar el sistema del voto preferente, o donde cada elector indica por cuál miembro de una lista deposita su voto. Este sistema es efectivamente la madre de la corrupción porque hace que cada candidato lleve a cabo su propia campaña, a menudo con recursos “non sanctos”.

De aquí surgió una jugada de “ingeniería electoral”, en la que se aprovecha para encontrar un nicho personal, combinando los no muchos votos propios con los excedentes de la cifra repartidora que aportaban o aportan las superestrellas electorales del partido respectivo. De esta manera el senador elegido de último en 2022 lo hizo con apenas 40.000 votos.

Para aplicar esa estrategia es común apelar a la compra de “capitanes” locales, sin quedar con responsabilidad ante nadie (voto comprado, voto pagado) y reelegirse repetidamente sin necesidad de protagonismo parlamentario alguno.

El proyecto de Petro tenía otros elementos valiosos, como la “lista cremallera” para asegurar la igualdad de género, para lo cual también se han previsto alternativas dentro del SEM.

Pero eliminar el voto preferente se llevaba por delante la realidad de cómo la política regional intervenía en el ordenamiento de las listas y despertó los temores de resucitar el “bolígrafo” de otra época, cuando la oligarquía de cada partido decidía quiénes iban al Congreso.

El gobierno Petro fue víctima del “degolladero” de la Comisión Primera del Senado, donde se inicia el trámite de las reformas constitucionales y leyes estatutarias. El propio presidente Petro y otros socios actuales de su gobierno se habían encargado de hundir las anteriores reformas políticas.

La oportunidad perdida

Con el argumento de eliminar la corrupción y asegurar la democracia, el proyecto del gobierno remitía el ordenamiento de las listas a las consultas internas de los partidos. Pero este argumento no es muy convincente por el riesgo obvio de que todos los vicios del voto preferente se trasladen a las consultas internas, repitiendo e incluso facilitando las prácticas de siempre.

La reforma estaba diseñada para resolver los problemas de gobernabilidad. En vez de negociar al menudeo con cada uno de los parlamentarios, se formaría una coalición con cuatro o cinco partidos que aplicarían estrictamente la ley de bancadas para impedir las divergencias y gobernar de manera más “holgada”.

De esta manera la excepcional coalición de gobierno que logró Petro se derrochó en un proyecto que obedecía más a delirios hegemónicos del Pacto Histórico que a la intención de resolver el problema verdadero: la falta de representación y de “accountability” de los congresistas.

Colombia puede seguir pagando el costo de esta concepción equivocada durante mucho tiempo, un desperdicio inconcebible de capital político.

Las tres opciones siguientes

— La segunda opción (50% de los senadores por lista cerrada nacional y el otro 50% por DUN de aproximadamente un millón de habitantes), no se incluyó en el Proyecto de Acto Legislativo qué mencione antes, precisamente para minimizar la resistencia de los miembros de la Comisión Primera del Senado

Esta opción exigiría algunos DUN que integren zonas de varios departamentos, tales como la región de La Mojana o la “federación de territorios” entre antiguas intendencias que están poco pobladas. El SEM implicaría reconocer realidades territoriales que no se agotan en el departamento.

Hay quienes dicen que el Senado es distinto, que no puede ser una Cámara más pequeña, que lo lógico entonces sería pasarse a un régimen unicameral. Por eso importa aclarar que el propósito del régimen bicameral es reducir el riesgo de “pupitrazos” o decisiones apresuradas en el legislativo. Pasar al unicameralismo fue precisamente el método de Chávez en Venezuela para hacerse al control del legislativo y sumarle el del Consejo Electoral para mandar a su antojo.

— La tercera opción (al menos un senador por cada departamento), recoge la queja de aquellos hoy no tienen senador. El problema de esta alternativa es la dificultad de   recomponer la proporcionalidad entre votos y curules, porque tan solo quedarían 18 cupos para garantizar esta proporción (32 de los 5o elegidos como candidatos únicos se habrían preasignado a los actuales departamentos). Esta dificultad se podría mitigar con un 60% de elegidos por DUN y el 40% por lista cerrada, de manera que en lugar de 18 quedarían 28 curules para repartir.

Pero este no es el único problema.  Como sucede hoy en la Cámara en departamentos muy poco poblados, habría senadores elegidos con dos o tres mil votos (el último representante elegido en 2022 tuvo 1.900 votos). Además de violar la proporcionalidad, esto aumentaría los incentivos para usar los métodos “tradicionales” y conseguir ese puñado de votos.

— La cuarta alternativa (un senador por cada DUN de 500.000 habitantes) es similar a los sistemas mayoritarios de Estados Unidos e Inglaterra.

Las criticas evidentes en este caso son la tendencia al bipartidismo (los votos de los partidos pequeños tienden a perderse) y el rediseño de los DUN para adecuarlos a la caprichosa geografía electoral de las poblaciones.  Y desaparecería la Circunscripción Nacional. En su reemplazo surgirían muchos partidos regionales y volveríamos a territorios permanentemente capturados por partidos personalistas.

La opción de no hacer nada

Y queda, claro, la opción de dejar las cosas como están, la solución preferida cuando nos enfrentamos a un problema esencial y profundo. Aquí habría dos escenarios:

  • Representantes y asambleas y concejos de territorios de más de un millón de habitantes, lo cual mejoraría la representatividad, pero dejaría al Senado como hoy, una curiosa manera de que este sea “distinto”.
  • No aplicar el SEM en ningún caso.

Seguiremos esperando un redentor que sin embargo, con el sistema actual, tendrá que recurrir a la corrupción para gobernar, seguir empujando la ciudadanía hacia el oportunismo

Esta segunda sería la manera perfecta de que sigamos sin representación y sin rendición de cuentas que, sumadas a la falta de eslabonamiento legislativo y a la creciente atomización, harían que la política siga siendo ajena al ciudadano, que por eso predominen la anomia y el oportunismo, que no existan las buscadas “articulación y compromiso de la sociedad”.

Seguiremos esperando un redentor que sin embargo, con el sistema actual, tendrá que recurrir a la corrupción para gobernar, seguir empujando la ciudadanía hacia el oportunismo y, finalmente, seguir propiciando la lucha de todos contra todos.

Medidas adicionales

Sin necesidad de cambios en el sistema electoral propiamente dicho, hay al menos tres medidas que ayudarían a avanzar en el sentido que he propuesto en este artículo:

  • Una Corte Electoral independiente de los partidos;
  • Una reforma de la Ley de Planeación en consonancia con el Acuerdo de Paz, que permita incorporar el saber acumulado en estos años sobre la planeación participativa, y
  • La obligación del gobierno nacional de publicar en cada territorio la información fiscal -fuentes y usos- antes de enero del 2024, cuando alcaldes y gobernadores elegidos en octubre sometan sus programas a la planeación participativa y la ciudadanía pueda escoger sus prioridades sobre una base cierta.

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