La reforma política que sí necesitamos | Razón Pública 2023
Foto: Twitter: Hernán Cadavid

La reforma política que sí necesitamos

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En lugar de la colcha de retazos que acabó siendo el proyecto del gobierno, necesitamos un sistema electoral que recupere el control ciudadano sobre los políticos. Cómo sería ese sistema y cuáles serían sus ventajas.

John Sudarsky R*

La oportunidad

Con la caída del proyecto de reforma política del gobierno Petro, se abre la oportunidad de repensar cuál es la reforma que Colombia necesita.

En este artículo trataré de explicar de manera resumida en qué consiste la alternativa de un Sistema Electoral Mixto (SEM) y por qué este sistema mejoraría sustancialmente la calidad de nuestra democracia.

Me anticipo a decir que el Proyecto de Acto Legislativo sobre el SEM con pequeñas modificaciones está listo, que su última versión tuvo ponencia favorable, que hay senadores y representantes dispuestos a presentarlo de nuevo al Congreso. Espero que el presidente, que conoce este Proyecto, acoja este camino para tener una ciudadanía racional y participativa, en lugar del clientelismo y la mezcla insostenible de corrupción y mermelada.

Lea en Razón Pública: La reforma política de Roy Barreras

El problema de la representación 

Uno de los problemas centrales de sistema electoral (SE) que hoy tenemos es que el ciudadano no sabe quién lo representa y ante quién quejarse. Por ejemplo, en la medición del capital social de Colombia del 2017 encontramos que el 88% de la población ni siquiera recordaba por quien había votado en ninguna de las elecciones legislativas inmediatamente anteriores.

Esa falta de representación significa que la sociedad queda fracturada y desconectada del proceso legislativo, es decir que se abre una brecha entre la sociedad y la política. Esta es la consecuencia de un SE que utiliza un tarjetón donde no es posible identificar con nombre y foto por quién está votando cada ciudadano o ciudadana.

La solución consistirá en elegir un solo representante por cada unidad territorial reducida, es decir por cada Distrito Uninominal (DUN), de modo que los residentes sepan quién los representa en el Congreso.

Dentro de cada DUN, cada partido presentaría un solo candidato, y el ganador sería quien obtenga el mayor número de votos. Este sistema existe en muchos países, comenzado por Inglaterra, la cuna de las modernas democracias, con su sistema parlamentario, o por Estados Unidos con su régimen presidencialista.

Esa falta de representación significa que la sociedad queda fracturada y desconectada del proceso legislativo, es decir que se abre una brecha entre la sociedad y la política. Esta es la consecuencia de un SE que utiliza un tarjetón donde no es posible identificar con nombre y foto por quién está votando cada ciudadano o ciudadana.

Foto: Alcaldía Dosquebradas - Uno de los problemas centrales del sistema electoral es que los ciudadanos no saben quién los representa; es común que no se recuerden el nombre de los congresistas por los que votaron.
En esos países, los habitantes de cada DUN saben quién es su representante en la Cámara de Representantes (que por eso tiene este nombre) y saben precisamente a quién pedirle cuentas.  De esta manera quedaría resuelto el problema de la representación o el de la desconexión entre la sociedad y la política

El problema de la proporcionalidad

Pero el sistema de DUN tiene el defecto de que las personas que votaron por candidatos perdedores se quedan sin representante. Esto afecta sobre todo a los partidos minoritarios, porque sus votantes dispersos en el país no lograrían tener ni una sola victoria.

Esto viola el principio democrático de la proporcionalidad, o de que la distribución de las curules en el Congreso debe ser proporcional al número de votantes de los distintos partidos (si somos, por ejemplo, el 10% de la ciudadanía, deberíamos tener cerca del 10% de los congresistas).

En un sistema con varias circunscripciones territoriales es casi que matemáticamente imposible lograr perfecta proporcionalidad, pero hay maneras de mejorarla. Esto fue lo que se hizo en Colombia con la adopción de la “cifra repartidora” en el año 2003. Pero aun así seguimos votando por listas abiertas o cerradas en unidades territoriales con mucha población (por ejemplo, Antioquia para sus representantes a la Cámara o Bogotá para el Concejo distrital).

El sistema mixto

Para tener las ventajas y evitar las desventajas de esos dos sistemas (el uninominal y el de listas), los alemanes inventaron el Mixto (SEM) en 1953, y muchos otros países fueron siguiendo el ejemplo, hasta el punto de que hoy se califica como la “modalidad electoral del Siglo XXI.”

La variante del SEM que resumo en este artículo se basa en la propuesta de la Misión Electoral Especial que se creó en virtud del Acuerdo de Paz, y más concretamente en el proyecto de Acto Legislativo No. 023 de 2022 que un grupo de congresistas radicó en la Comisión Primera del Senado; este proyecto tuvo ponencia positiva por parte del Senador Ariel Ávila, pero no se debatió debido a la llegada del proyecto de reforma del gobierno.

El SEM se aplicaría entonces para las elecciones a la Cámara de Representantes y a las Asambleas y Concejos de territorios con más de un millón de habitantes.

En cada una de esas circunscripciones habría dos tipos de representantes. La mitad de las curules de la Cámara se elegirían, digamos como ejemplo, por listas cerradas en el departamento respectivo, y la otra mitad en distritos uninominales constituidos por territorios contiguos y con cierta unidad cultural o histórica.

Se votaría dos veces en un solo tarjetón específico para cada DUN, una vez por la lista cerrada (o lista del partido X para el departamento) y otra vez por el candidato de cada partido en el DUN.

En el escrutinio se contabilizan primero los votos por cada partido por la lista cerrada por departamento, y se pre-asignan la totalidad de curules en juego utilizando el sistema de cifra repartidora (es el sistema que funciona hoy en día y que asegura la proporcionalidad). Pero esta vez, para precisar el nombre final de los elegidos del partido, sus ganadores en los DUN entran a ocupar los últimos cupos del partido, o sea que reemplazan a los últimos que tentativamente se habían escogido como parte de la lista cerrada (el método puede sonar un poco complicado, pero en realidad no es más complicado del que hoy se utiliza).

Debo advertir además que las reglas anteriores tienen algunas variantes para casos especiales cubiertos en el proyecto.

De esta manera cada partido tendría representantes elegidos por lista cerrada y por DUN, por supuesto según la votación que haya recibido tanto en el departamento como cuando triunfe en un DUN.  El SEM combina entonces la proporcionalidad y la representación.

El tamaño poblacional del distrito debe ser lo suficientemente pequeño para que los ciudadanos se sientan ser parte de él, pero lo suficientemente grande para no encerrar a la ciudadanía en una visión muy estrecha. Hablamos, por ejemplo, de una ciudad de tamaño mediano, pero no de un barrio determinado de Bogotá.

En los estudios de campo hemos encontrado que se trataría de territorios con entre 100.000 y 400.000 habitantes. Estos cálculos se basan en la teoría de capital social, donde se habla de muros y de puentes; el “muro” encierra o divide a la ciudadanía en grupos muy pequeños, el “puente” extiende la solidaridad más allá del círculo inmediato.

A modo de ilustración, diríamos que el SEM no se aplica a las Juntas Administradoras Locales porque en este caso los distritos serían demasiado pequeños; en Cali, por ejemplo, hay comunas que los “forasteros” perciben como “tierra de nadie,” y por eso se hace necesario delimitar las ya aprobadas localidades dentro de cuales irían los DUNs.

La lista de distritos para elecciones a Cámara, Asambleas y Concejos se puede consultar en el proyecto y la ponencia que mencioné más arriba. El caso del Senado es más complejo y me propongo cubrirlo en un próximo artículo para Razón Pública.

Los distritos como fuente de capital social

El DUN es la unidad básica de la arquitectura institucional que propongo en este artículo.

Estos distritos serían los llamados “ámbitos de acumulación de capital social”, donde tendrían lugar los procesos de aprendizaje/deliberación de la ciudadanía donde se conecte la sociedad con la política, la comunidad con el legislativo.

Por eso el SEM reúne la democracia electoral con la participativa y con el cambio necesario de la cultura política. En cada DUN habría procesos de planeación participativa, donde los ciudadanos compartan los dilemas que resultan necesariamente de la escasez de recursos; un aporte invaluable para una ciudadanía racional y capaz de ejercer control sobre los elegidos.

La reforma por eso iría acompañada de modificaciones en la planeación participativa, comenzando con que el Estado divulgue información sobre impuestos y gastos en cada territorio para que haya transparencia en el momento de escoger prioridades. El Consejo Nacional de Planeación está avanzando en una propuesta sobre el particular, que de alguna manera fue parte del Acuerdos de Paz.

Por eso el SEM reúne la democracia electoral con la participativa y con el cambio necesario de la cultura política. En cada DUN habría procesos de planeación participativa, donde los ciudadanos compartan los dilemas que resultan necesariamente de la escasez de recursos; un aporte invaluable para una ciudadanía racional y capaz de ejercer control sobre los elegidos.

Por otro lado, es importante entender que los DUN conforman las audiencias que concentran la atención en su territorio y en el seguimiento de su representante. Los “informes de gestión” que suelen presentar en la Red los congresistas, no tienen quién los vea o los compruebe de manera consistente.

Una pieza entre varias

El SEM sería pues un cambio de fondo para el sistema político en Colombia.

Pero hay otras iniciativas saludables que vienen de diversas fuentes y han ganado terreno en ciertos ámbitos. Por eso este proyecto ha sido diseñado para pueda enganchar con otros proyectos, y trata de alterar lo menos posible elementos que se resuelvan en otras propuestas.

Por ejemplo, el proyecto no cambia el número de congresistas ni cambia los mínimos de votación por partido (umbrales electorales) temas estos que enredarían la discusión del proyecto.

También debe decirse que el SEM requeriría complementos que a su vez serían materia de otros actos legislativos o de la ley estatutaria que en todo caso sería necesaria.

El proyecto y la ponencia incluyen iniciativas que ilustran cambios en respectos importantes, como la financiación de las campañas, las pérdidas de investidura, la equidad de género o las coaliciones.

Un cambio crítico es cambiar el Consejo Nacional Electoral por una Corte Electoral, donde no sean representantes de los partidos interesados quienes deciden sobre las controversias electorales. También importa conformar con cuidado el “Comité de Límites” que dibuja y redibuja los DUNs. En Inglaterra el Comité está integrado por funcionarios públicos independientes que actualizan las fronteras o limites cada diez años; por contraste en Estados Unidos los políticos viven cambiando esos distritos de maneras absurdas y para asegurar el dominio de uno u otro partido; un ejemplo es el siguiente:

Hay otros temas que se tocan en la propuesta. Por ejemplo, cómo evitar que sigan proliferando los movimientos regionales y partidos personalistas sin alcance nacional. Precisamente uno de los efectos más positivos del SEM es fortalecer los partidos políticos, por la consistencia ideológica que tendrían que expresar sus candidatos en todos los distritos.

Puede leer: Las elecciones de este año: teñidas por la violencia

Acerca del autor

John Sudarsky R

*PhD. en educación de la Universidad de Harvard, psicólogo, ingeniero industrial, empresario, investigador social, autor de numerosas publicaciones y exsenador por el Partido Verde.

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John Sudarsky R

*PhD. en educación de la Universidad de Harvard, psicólogo, ingeniero industrial, empresario, investigador social, autor de numerosas publicaciones y exsenador por el Partido Verde.

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