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La prueba de fuego para los gobiernos de América Latina

Escrito por Nicolás Liendo y Manuel Camilo González
LATAM y el covid19

Nicolas LiendoLa pandemia será una prueba decisiva para la política de la región, la supervivencia y el rumbo de las democracias e incluso la permanencia de algunos dictadores.

Nicolás Liendo* – Manuel Camilo González**

De Wuhan a América Latina

La llegada del coronavirus a América Latina ha puesto a prueba el liderazgo de los presidentes de cada país. Sin lugar a duda, la respuesta que cada uno dé a la emergencia y sus resultados tendrán efectos sobre las preferencias políticas de los ciudadanos.

El coronavirus apareció en la ciudad de Wuhan (China) y desde entonces ha causado la muerte de más de 64 mil personas alrededor del mundo, siendo Italia, España y Estados Unidos los países con mayores números de fallecidos.

América Latina fue el último continente donde el brote hizo su aparición. El primer caso, registrado en Brasil a finales de febrero, no encendió las alarmas prontamente.

A medida que aumentaron los contagios y las muertes, se hicieron patentes los primeros efectos para la economía latinoamericana: una intensa recesión, donde las proyecciones de crecimiento son negativas y se ven reforzadas por la informalidad laboral y el desarrollo incierto de la pandemia.

A esto se suma la preocupación por el retroceso en la lucha contra la pobreza. Según la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), la pobreza a causa de esta coyuntura global aumentaría de 185 a 220 millones de personas.

Un liderazgo innovador salvador

Foto: Wikimedia Commons
Un liderazgo innovador que atendió las recomendaciones científicas fue El Salvador, donde se prohibió los vuelos desde China, Corea del Sur e Italia a finales de enero.

El riesgo de un aumento exponencial del desempleo, en un contexto previo de nulo crecimiento y con enorme dificultad del Estado para la redistribución de la riqueza o el ingreso, plantea un escenario extraordinariamente desafiante para los gobiernos latinoamericanos.

Entre acciones tardías y negacionistas

En América Latina, la respuesta política frente al coronavirus ha sido heterogénea, demostrando una significante ausencia de coordinación entre los países, a la vez que una rápida capacidad de aprendizaje y emulación de políticas frente al reto global.

Si se agrupan los tipos de medidas, podemos diferenciar dos estilos:

  • Unos líderes optaron por anticipar los efectos de la pandemia y están tomando decisiones basadas principalmente en la evidencia científica.
  • Otros negaron los dictámenes empíricos y consideran esto una “gripita” que no debe afectar a la economía real.

Dentro del primer grupo, un liderazgo innovador que atendió las recomendaciones científicas fue El Salvador, donde a finales de enero empezaron a prohibir los vuelos desde China, Corea del Sur e Italia. Perú, Argentina y Colombia siguieron el ejemplo, decretando cierres fronterizos y estrictos periodos de cuarentena para sus ciudadanos tras conocerse los primeros casos de contagio.

Aunque algunos consideran tardías esas decisiones, las estrategias de contención han permitido que la cifra de muertos no se compare con la de los países europeos —aun cuando aquí el pico llegaría más tarde—, evitando adicionalmente el colapso inmediato de nuestros precarios sistemas de salud pública.

País Contagiados Fallecidos Recuperados
Argentina 1265 37 256
Brasil 8076 327 127
Colombia 1161 19 55
El Salvador 46 2 0
México 1510 50 633
Nicaragua 5 1 0

Tabla 1 Elaboración propia con datos del COVID – 19 Map (Johns Hopkins University) al viernes 3 de abril.

No obstante, la crisis sanitaria global ha dado espacio a liderazgos negacionistas —los del segundo estilo—, que casualmente coinciden con los denominados “populistas”. Los presidentes de Brasil, Nicaragua y México —coincidiendo con Trump en Estados Unidos— han demostrado no tomar en serio la pandemia y rechazan la evidencia científica:

  • El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, acusó a los medios de producir histeria colectiva y ha calificó al COVID -19 como “una pequeña gripa o resfriado”.
  • Daniel Ortega organizó en Nicaragua una marcha con sus seguidores denominada “Amor en los tiempos del COVID-19”, supuestamente para hacer frente a la amenaza epidemiológica.
  • Finalmente, Andrés Manuel López Obrador ha banalizado la crisis al abrazar frecuentemente a sus seguidores y afirmar: “Hay quien dice que por lo del coronavirus no hay que abrazarse. Pero hay que abrazarse, no pasa nada; así. Nada de confrontación, ni de pleitos».

Le recomendamos: Geopolítica del coronavirus en América Latina y el Caribe

El contagio político

En un mundo globalizado y socialmente interconectado a través de las redes sociales y el internet, los fenómenos se expanden y replican en cualquier lado del mundo con mayor facilidad.

La teoría de la difusión supone que una institución, comportamiento o hecho se traslada espacialmente por contagio entre agentes. Algunos ejemplos de esto en la política latinoamericana son:

  • La redemocratización que Hungtinton denominó “Tercera Ola de la Democracia”. Comenzó en 1978 con República Dominicana y Ecuador, contagiados de los vientos de cambio europeos. Se diseminó rápidamente por la región, reemplazando autoritarismos militares y personalistas por democracias liberales. Ya para el momento de la Caída del Muro de Berlín (1989), había más democracias que dictaduras en la región.
  • Otro ejemplo de contagio comenzó con la elección de Hugo Chávez en 1998 y recibió el nombre de la “Ola Rosa” o “el giro a la izquierda”. En menos de diez años la izquierda se esparció por el continente, llegando a gobernar los destinos de casi todos los países —y en muchos de ellos por primera vez—. Colombia y Guatemala fueron las excepciones.
  • Es más: poco antes de la pandemia, el 2019 había cerrado con una serie de protestas masivas que pusieron en jaque a varios gobiernos latinoamericanos. Con motivaciones diversas y particulares de cada caso, las protestas se tomaron las calles de Chile, Ecuador, Colombia y Bolivia.
Bolsonaro en la crisis sanitaria 2020

Foto: Wikimedia Commons
Bolsonaro, por su parte, ha acusado a los medios de crear histeria. Sin embargo, van de primeros en contagios y muertes.

Este último episodio demostró la indignación ante la incapacidad de los gobiernos para reducir la desigualdad, y la inconformidad de la clase media con el desempeño democrático; pero, además, dio mucho que hablar sobre la difusión y el contagio regional de esa indignación y las formas de expresarla.

La teoría de la difusión, que varias ciencias sociales han tomado de la biología, hoy nos juega una treta: el coronavirus se contagia más rápido que la democracia en los ochenta. Pero sus efectos también dependen del organismo o sistema social interno y de sus características y reacciones, como mostramos más arriba.

Le recomendamos: Cómo gobernar el territorio en la pandemia

Consecuencias para la política latinoamericana

Entonces, ¿será el coronavirus un nuevo factor decisivo en la política latinoamericana? Definitivamente.

En nuestra opinión, el virus nos meterá de lleno al siglo XXI, y la democracia deberá actuar rápido para incorporar y responder a las crecientes demandas sociales a través de las nuevas herramientas tecnológicas.

En tiempos de crisis provocadas por agentes externos —como una guerra o un virus—, la ciudadanía tiende, al menos en el corto plazo, a “cerrar filas” o a apoyar a las instituciones y líderes porque se debaten en la incertidumbre.

El manejo político de la pandemia puede acarrear dos grandes desafíos:

-Un giro hacia posiciones autoritarias de presidentes populares —piénsese por ejemplo en Bukele en El Salvador o Vizcarra en el Perú— expresada en violaciones o rupturas del sistema de pesos y contrapesos, e inclusive presentar una oportunidad para el ascenso de los militares como actores determinantes en la vida política. Ambos presidentes han mostrado ciertas tendencias e intenciones en el periodo pre-virus.

-El COVID-19 bien puede ser una variable electoral decisiva. Varias elecciones, tanto locales como nacionales, han sido pospuestas, como en los casos de Paraguay, Chile, y Bolivia.

En todo caso la forma como los gobiernos manejen la crisis tendrá efectos sobre las preferencias electorales y sobre la continuidad de varios gobiernos. Si fallan, los ciudadanos votarán por otras alternativas en forma de castigo, reconfigurando una vez más el mapa político de América Latina.

Por otro lado, las elecciones podrían abrir la puerta a los populistas. Haciendo uso de una retórica maniquea (el pueblo vs. la élite) pueden politizar la percepción de malos resultados —como sea que los definan los ciudadanos en cuestión—, demandando cambios rápidos, que se eliminen las instituciones, y despertar los sentimientos polarizantes, nacionalistas o autoritarios.

Muchos se preguntan si el coronavirus es un enemigo o un aliado de los dictadores. Algunos analistas han propuesto que los desastres naturales debilitan a los dictadores. Las demandas ciudadanas por un manejo efectivo de la pandemia podrían aparejar simultáneamente las demandas a favor de la democracia.

Así, es posible conjeturar que el coronavirus presenta una ventana de oportunidad para impulsar la redemocratización de varios países con regímenes autoritarios como Nicaragua, Venezuela y Cuba, o con serios problemas de legitimidad democrática como Guatemala, Bolivia y Honduras.

Esperamos que los líderes no interpreten la crisis como una excusa para encerrarse aún más en proyectos autoritarios, populistas y proteccionistas, sino como la génesis de una nueva etapa para América Latina, donde la cooperación y la democracia se posicionen como el eje rector de la recuperación política y socioeconómica de los Estados, y en donde el multilateralismo permita coordinar y superar los desafíos de un mundo globalizado.

* Decano de Política y Relaciones Internacionales, Universidad Sergio Arboleda.

**Profesor Auxiliar de Política y Relaciones Internacionales, Universidad Sergio Arboleda.

 

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