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Geopolítica del coronavirus en América Latina y el Caribe

Escrito por Giovanni Molano
ALC Covid19

Giovanni MolanoUn repaso de las medidas para enfrentar la pandemia en la región revela el talante político de sus gobiernos y el imperativo de cooperar con los vecinos.

Giovanni Molano Cruz*

Contención relativamente oportuna

Un mes después del 26 de febrero —cuando fue diagnosticado el primer caso en Brasil—, América Latina y el Caribe registraban 10.318 casos de contagio y 192 muertes, cifras que ya han sido rápidamente superadas.

Cuando la cuarentena general inició en Italia el 9 de marzo —después de más de cuatro centenas de muertos— y en en España el 14 de marzo —luego de 121 fallecidos—, de Río Bravo a Tierra del fuego la prensa ya anunciaba la magnitud del enorme entuerto sanitario que se avecinaba; mientras gobiernos locales o nacionales de la mayoría de países de la región iniciaban la discusión de medidas para afrontar la pandemia.

Cartografiar cómo América Latina y el Caribe enfrenta el coronavirus revela tanto el calibre del temple político de sus gobiernos y dirigentes como la pertinencia de aunar esfuerzos para una acción regional.

Matices entre izquierda y derecha

El brasileño Jair Bolsonaro —nacionalista de extrema derecha— y el mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO) —nacionalista de izquierda— han coincidido en desdeñar inicialmente la pandemia y sus efectos, burlarse de las medidas recomendadas para evitar el aislamiento y repartir besos y abrazos a sus seguidores. Su desparpajo ha sido tragicómico.

Cuando el país ya tenía un muerto por el Covid-19, López Obrador invitó a los mexicanos a salir a restaurantes. Bolsonaro, con veintitrés ministros y asesores infectados, decretó que los servicios religiosos y las loterías son actividades esenciales que no deben interrumpirse en los esfuerzos contra el coronavirus, pero la justicia brasileña detuvo la medida.

En Brasil, la prensa y los sectores políticos responsables de que Bolsonaro esté en el poder coinciden hoy en oponerse a todas sus posiciones relativa a la pandemia, mientras se multiplican cacerolazos y demandas por su destitución.

En México, cuando se anunció que el coronavirus podría ser fatal para 700,000 personas una encuesta encontró que 44% de los mexicanos desaprueban la gestión de López Obrador contra la pandemia.

Pero hay diferencias:

  • Bolsonaro preveía suspender contratos laborales durante cuatro meses, no deja de negar la realidad de la pandemia, y ha solicitado que autoridades locales paguen indemnizaciones por despidos a los trabajadores afectados por el cierre de negocios.
  • López Obrador gradualmente ha cambiado su posición, solicita a la gente que no salga, firmó un decreto para que empresas y sector público otorguen licencia remunerada a los mayores de 65 años y, en el G-20, solicitó a la ONU y países más ricos apoyar a microempresas y personas dependientes de la economía informal.
Jaír Bolsonaro, crisis del covid19

Foto: Presidencia de la República de Brasil
Jaír Bolsonaro, presidente de Brasil, quien ha desestimado el riesgo del COVID-19

Las medidas de AMLO son equiparables a las acciones del peronista Alberto Fernández en Argentina, quien, en medio del frágil contexto económico, decretó ayuda financiera mensual para los trabajadores independientes e informales de 18 a 65 años, solicitó congelar créditos hipotecarios, aumentó salarios para el personal de salud, propuso al G-20 crear un fondo global de emergencia humanitaria y obtuvo un préstamo del Banco Mundial.

Puede leer: COVID-19: la necesaria mirada global

El precio de la crisis

Los gobiernos de derecha en Colombia y Chile han reaccionado contra la pandemia según la pregunta ¿cuánto cuesta la crisis del coronavirus?

Iván Duque anunció las primeras medidas sanitarias y, en reunión con 27 asociaciones del Consejo Gremial Nacional, confirmó su intención de proteger al sector privado. También ha anunciado desembolsos para tres millones de familias de bajos ingresos, distribución de alimentos y agua para población vulnerable, y alivios para préstamos estudiantiles.

Piñera respondió con un plan económico de aproximadamente 4,7 % del PIB, que incluye medidas de alivio tributario, protección de ingresos familiares y fortalecimiento del sistema de salud.

Aunque en sus discursos dan prioridad al bienestar y la salud de sus conciudadanos y han anunciado beneficios en pagos de servicios públicos, Duque y Piñera fueron inicialmente reticentes a establecer el confinamiento y apalancan sus medidas sociales con fondos de pensiones y cesantías de los trabajadores.

Con dificultad buscan credibilidad y liderazgo por un empinado sendero construido con su desden ante las movilizaciones sociales del pasado reciente.

Piñera, que respondió con represión policial y militar las protestas reclamando por deudas sociales en transporte público, pensiones, agua, educación y salud, llama hoy a la oposición al diálogo pero tiene un aprobación del 18% en medio de la crisis por la pandemia.

Duque es diligente para informar, apelar a la solidaridad, transmitir acciones contra la pandemia y publicitar su mandato -utilizando una chaqueta marcada con su nombre y el escudo presidencial. Pero sus llamados a la unidad nacional e izar la bandera tienen más forma narrativa que asidero político o social.

Su actual imagen en construcción está precedida por audios publicados que sugieren compra masiva de votos para su elección, acciones contra la JEP y la imprementación del proceso de paz, aspersiones con glifosfato, fracking, menosprecio por los niños muertos en un bombardeo y desdeño a marchas multitudinarias por educación, salud, empleo y equidad tributaria y pensional. Además, bajo su gobierno no cesan asesinatos de líderes sociales.

La impronta de Duque y Piñera en algo se asemeja a la lógica de Lenin Moreno en Ecuador y Luis Lacalle Pou en Uruguay. Pero contrasta con Nayib Bukele en El Salvador.

Proteger a la población o proteger la economía

Moreno —derechista convertido de sus posiciones de izquierda—, después de anunciar recortes a la administración pública, promulgó toque de queda entre las 7 p. m. y las 5 a. m., sin afectar la economía laboral y, en plena crisis por el coronavirus, entró en crisis política y social por problemas instalados antes de la llegada de la peste.

Lacalle Pou —centro derecha— implantó rápidamente medidas de confinamiento y líneas de crédito desde el banco central para empresarios. Después anunció fondos para mayores de 65 años, fortalecimiento del Ministerio de Desarrollo Social, plazos para pagar impuestos y un “Fondo Coronavirus” con aportes de políticos y funcionarios públicos en altos cargos.

Foto: Presidencia de Colombia
Presidente de Colombia, Iván Duque

Por el contrario, Bukele —militante de izquierda y de derecha antes de autoproclamarse de centro—, en medio de una grave crisis política con el parlamento, ha negociado con la banca y el sector privado para enfrentar el coronavirus con medidas radicales de apoyo a la población.

A caballo entre lógica económica y lógica sanitaria está Danilo Medina, centrista en segundo mandato en República Dominicana. También ha decretado medidas de confinamiento nocturno, inyectó liquidez para bancos y créditos industriales pero dispuso recursos para alimentos y salarios en sectores vulnerables hasta por tres meses.

Le recomendamos: Cómo gobernar el territorio con la pandemia

Control social y punitivo

En Perú y Bolivia, las acciones contra la pandemia han ido acompañadas de iniciativas autoritarias.

El peruano Martín Vizcarra, que se presentaba como una opción liberal de centro derecha, ha develado su tendencia despótica. Primero, instituyó la cuarentena general, cerró comercios y empresas, pero no bancos, y sacó tropas a las calles para velar por las restricciones, que incluyen amenazas a la inviolabilidad del domicilio. Enseguida, dispuso ayudas económicas para sectores vulnerables y liquidez para empresarios, y promulgó una ley que exime de responsabilidad penal a militares y policías.

Mientras que Jeanine Áñez —senadora conservadora y presidenta de facto de Bolivia tras entrar al Palacio de Gobierno con una Biblia y sus seguidores fundamentalistas— estableció la cuarentena. Además, prometió alimentación gratuita y pagar las cuentas de electricidad y agua pero no precisó cómo lo hará.

Entretanto, su ministro de interior viste de policía, sin serlo, para advertir a las autoridades regionales que no hagan política en tiempos de emergencia por coronavirus.

Profundización de la catástrofe y ayuda externa

Nicolás Maduro decretó la cuarentena total con menos de 20 infectados y anunció recursos para la dotación de hospitales. Pero, antes de la llegada del virus, el sistema de salud en Venezuela ya estaba colapsado.

A esta situación, dramática para la población, se sumó la negativa del FMI a la solicitud de Venezuela de un préstamo de 5.000 millones de dólares para combatir la pandemia, que incrementará la crisis social. Además, la acusación que el gobierno estadounidense hizo a Maduro por narcotráfico amplía la resonancia del caos político venezolano.

Los gobiernos de Venezuela, Guatemala, Bolivia, Haiti, Honduras, Nicaragua y Paraguay, que tienen los más precarios sistemas sanitarios de la región, reciben orientación, ayuda y apoyo de la Organización Panamericana de la Salud.

Su situación se diferencia de Cuba, que destina el 10 % de su PIB al sistema de salud. Alli, Miguel Díaz-Canel cerró universidades y colegios, interrumpió los viajes internos y destinó recursos para prever la escasez de medicamentos. Adicionalmente, suspendió más de 16.000 licencias de trabajo en el sector privado.

La necesaria cooperación regional

La crisis del coronavirus no ha alterado el statu quo de las relaciones internacionales latinoamericanas. Aun así, hay iniciativas que abren el horizonte para instaurar una cooperación regional, antes de que los estragos letales de la pandemia la impongan.

Sebastián Piñera

Foto: Gobernación de Caro, Chile
Presidente de Chile, Sebastián Piñera

La diplomacia médica cubana ha respondido a los llamados de ayuda para paliar el Covid‑19 en Venezuela, Nicaragua, Jamaica, San Vicente y las Granadinas, Granada, Antigua y Barbuda, Belice, Santa Lucía, Dominica, Haití, San Cristóbal y Nieves.

Colombia y Venezuela han creado un canal de contacto entre sus ministros de salud y sus Defensorías del Pueblo. Prosur ha emitido una declaración de intercambio de información y contacto permanente.

República Dominicana, Bélice, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá suscribieron el plan regional Centroamérica Unida contra el Coronavirus.

Además, la Comunidad Andina cuenta con el Organismo Andino de Salud-Convenio Hipólito Unanue y las burocracias de los países suramericanos tienen la experiencia del Instituto Suramericano de Gobierno en Salud de Unasur. La Celac es un organismo político e institucionalmente vigente y en el sector financiero la CAF y el BID son bancos regionales de desarrollo sólidos y prestos a ayudar.

La cooperación regional es un imperativo para reducir el coronavirus, mitigar sus inevitables impactos mortales y económicos y fortalecer la capacidad de los estados de materializar, con bienes y garantías reales, los anuncios, medidas y decretos producidos para enfrentar la pandemia.

*Profesor del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia. 

 

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