La enfermedad de Chávez, Venezuela en tres y dos - Razón Pública
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La enfermedad de Chávez, Venezuela en tres y dos

Escrito por Carlos Romero
Carlos Romero

Carlos RomeroCaudillismo, polarización, cubanización, cancillerías inquietas, asombro general, preguntas grandes para el gobierno y para la oposición, en este análisis del conocido politólogo venezolano.

Carlos A. Romero*

La turbulencia147

Desde finales de la década de los ochenta Venezuela ha experimentado un proceso político muy controversial. Tres presidentes sucesivos quisieron darle una respuesta a esos cambios. Uno (Carlos Andrés Pérez) pensó en el presente y ofreció el plan de ajuste, otro (Rafael Caldera) pensó que era preciso volver al pasado y otro (Hugo Chávez) se atrevió a ir al futuro, pero con viejas recetas.

Ninguno de los tres logró reestablecer el orden y la concordia entre los venezolanos. Uno de ellos es el Jefe del Estado y líder de la mitad del país. La otra mitad ha luchado con terquedad y en forma desigual para evitar que se imponga su proyecto hegemónico.

¡Pero nadie pensó lo impensable!

La enfermedad

La inesperada y compleja enfermedad del presidente Hugo Chávez ha movido el piso político de Venezuela y de toda América Latina.

Una concepción lineal de la historia se negó a incluir tal acontecimiento en la lista de espera, dadas las premisas de cuasi-inmortalidad que sus partidarios le han querido dar a este influyente líder regional. La oposición venezolana por su parte diseñó una hoja de ruta basada en el único escenario previsible: Chávez sería el candidato a enfrentar y derrotar.

Pero como dice la canción popular, la vida te da sorpresas… y nos ha puesto a bailar a todos sobre una cuerda floja, en medio de rumores, pronósticos y cálculos. Yo sin embargo no soy médico sino científico social y por eso no haré conjeturas sobre la salud del presidente Chávez, tarea que queda a los galenos y a los curiosos. En esta nota aludiré más bien a las consecuencias políticas de la enfermedad del señor presidente. 

El caudillismo

Una primera reflexión es notar cómo el personalismo en cuanto praxis política se ha regado por todo el tejido social. El presidente Chávez se había convertido en el alfa y el omega, en la brújula o por lo menos en el primus inter pares de la política nacional, dejando como saldo una institucionalidad débil y un cuerpo de dirigentes obedientes, pero sobre todo una puesta en escena de poder individualista, de un líder en una comunicación directa con las masas.  

Caudillismo, clientelismo, liderazgo fundamental, comandante-presidente, llámelo como quiera. Para algunos esto es una virtud. Para otros es un retroceso en la historia de la democracia, de las instituciones y del Estado de derecho. Pero eso está ahí, es un hecho haciendo una prueba de esfuerzo.

La polarización

No todo el mundo piensa igual. En el oficialismo, nadie se atrevió a decir la verdad ya revelada y sus representantes quedaron expuestos al juego del adivino-adivinador: ¿qué tiene?, ¿cuándo regresa?, ¿qué pasa?

  En la oposición despertaron los eternos pescadores en río revuelto y proclamaron que había un vacío político, para asomar así la necesidad de una salida de fuerza.

  Otros líderes se atrevieron a sugerir un gobierno de unidad nacional y el perdón por los pecados cometidos.

  Otros dirigentes más curtidos no se fueron de bruces y apenas se atrevieron a pedir la sustitución temporal del presidente Chávez por el Vicepresidente, de acuerdo con lo que estipula la Constitución.

  Sólo unos pocos se salvaron de jugar en posición adelantada y prefirieron esperar el desarrollo de los acontecimientos.

  El pueblo llano reaccionó de manera distinta de sus dirigentes. Algunos partidarios del chavismo se sintieron defraudados por la escasa información recibida y ¡pidieron ver al jefe! Muchos opositores a estas alturas dudan del problema de salud y expresan que todo es un teatro. ¡En realidad se autoproclaman expertos en dramaturgia!

  No se puede pedir el consenso en esta materia ni en muchas otras. Son dos maneras de ver el mundo y de actuar en política que no dejan espacio para la disidencia y para el análisis ponderado. Cada quien maneja sus cartas y apuesta a un trío de ases. 

La presencia de Cuba

La estancia del presidente Chávez en Cuba da cuenta de lo cerca que su gobierno está de la dirigencia cubana y en especial de ese pedazo tan controvertido de la historia que es Fidel Castro. Se vivieron momentos de una amistad llena de liturgia y se produjo un proceso de mimesis, al punto de que casi tienen la misma enfermedad y usan el mismo traje deportivo. Por otra parte, se fundamentó la idea de la confederación bilateral, potenciando la “utopía bilateral” que ha marcado la relación personal entre Chávez y los hermanos Castro y entre los dos gobiernos.

  De alguna manera ya no es posible analizar a Venezuela si no se toma en cuenta el papel que juega Cuba. Para los partidarios de la Revolución en Venezuela, la isla es el paraíso tropical. Para la oposición no es más que el infierno.  

La opinión y las cancillerías

Una cuarta reflexión merece el comportamiento de la sociedad venezolana frente a la noticia de la enfermedad. En primera instancia lo que se experimentó fue una ola de frío. Las reacciones fueron lentas, menos el mercado bursátil que dio evidentes signos de recuperación. La mayoría en el oficialismo se encuentra envuelta en una enorme y sincera tristeza. En la oposición, los que son cristianos luchan para no olvidar las sagradas escrituras: “Nunca desees el mal a tu prójimo”.

  Internacionalmente, el impacto no se hizo esperar. Todas las cancillerías metieron el grito al cielo. Aquellas cuyos gobiernos son socios privilegiados de Venezuela, aquellas que esconden sus dudas sobre lo que pasa en nuestro país ante las posibilidades de hacer negocios, y aquellas que no están de acuerdo con el socialismo del siglo XXI. Para las primeras el pensamiento central fue: ¿y cómo quedan ahora la cooperación y las dádivas?; para las segundas, ¿cómo quedan ahora los contratos?; los terceras se juegan al futuro, ¡mercado a la vista!…

Lo que sigue

Los primeros indicios luego del regreso del presidente Chávez indican que él sigue al mando y que la Revolución Bolivariana no dará ni un gramo de compasión y de apertura al “otro país” que se le opone. Parece ser que se pisará el acelerador del proyecto socialista, que no se soltarán los presos políticos, que no habrá diálogo.

  La oposición por su parte vuelve a la cruda realidad y ve con asombro que la hoja de ruta se altera, que la escogencia de un candidato de la unidad -ahora, sí cabe, más necesaria- está demasiado lejana: Si algo quedó claro es que no hay uno sino varios potenciales candidatos y que ninguno está listo para competir.

  Pasadas ya las horas de la “doble celebración” –la del Bicentenario y la del regreso de Chávez (una operación psicológica para vincular al presidente venezolano con la historia patria)– está la cruda realidad de un país que sigue arrastrando muchos problemas.

  Un cierto grupo de analistas y periodistas ha escrito o sugerido que los problemas nacionales son producto de la ausencia del presidente Chávez, que este hecho dislocó la dirección del gobierno y del partido de gobierno, que la oposición no sabe qué hacer y que la Fuerza Armada se mantuvo neutral.  

A mi manera de ver ese razonamiento es muy peligroso. Los problemas de un país con tanto ingreso petrolero son producto acumulado de la falta de eficiencia del gobierno, de la insistencia de Chávez en estatizar y controlar la economía, del fracaso de los improvisados proyectos distributivos y las Misiones, de la incesante e impune corrupción, de la inflación, del desempleo y de la terrorífica inseguridad personal, que son el resultado de una mala gestión, mala gestión que se quiere encubrir con estas “puestas en escena” a la que nos tiene acostumbrado el chavismo.  

Lo cierto es que la situación política y la contienda presidencial dependen de la evolución de la salud del presidente.  

  • Puede ser que Chávez se recupere y que siga al mando del Estado, a la vez que se mantiene como candidato hasta la fecha de las elecciones; 
  • Puede ser que aunque insista en jugar a ambas posiciones, se vea en la imposibilidad de mantenerlas en la mitad del camino; 
  • O puede ser que se retire de la escena política ahora. 

En realidad, nadie en su sano juicio conoce a ciencia cierta lo que pasará en Venezuela y con Chávez. ¿Usted apreciado lector lo sabe?… ¡No lo creo!  

*Politólogo y analista internacional. Doctor en Ciencias Políticas. Profesor titular de la Universidad Central de Venezuela.        

 

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