Crisis y oportunismo en la frontera colombo-venezolana - Razón Pública
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Crisis y oportunismo en la frontera colombo-venezolana

Escrito por Carlos Romero
El Presidente Nicolás Maduro reunido con su equipo de gobierno.

El Presidente Nicolás Maduro reunido con su equipo de gobierno.

Carlos RomeroMientras el gobierno y la oposición de cada país intentan sacar provecho de la crisis, miles de colombianos (y de venezolanos) sufren cada día por el cierre arbitrario que decretó Maduro.

Carlos A. Romero*

La crisis

En la madrugada del 20 de agosto el presidente Nicolás Maduro ordenó el cierre de la frontera con Colombia por 72 horas en el estado Táchira, que limita con el departamento de Norte de Santander. Poco después, este cierre fue extendido de manera indefinida.

Las autoridades venezolanas tomaron la medida después de un atentado que causó la muerte de tres militares y un civil, con la intención de bloquear una posible salida de los atacantes. También decidieron decretar el estado de excepción en diez municipios del estado Táchira, una medida que ha sido duramente criticada por los defensores de derechos humanos.   

El gobierno del presidente Maduro cree que con esto conseguirá movilizar a su favor a la población en estos momentos de crisis y de antesala electoral.

Se ha sabido que el chavismo quiere cerrar la frontera en otras zonas contiguas con Colombia, y es probable que el gobierno de Maduro amplíe la cobertura de las medidas a los estados Zulia, Apure y Amazonas, y continúe con la política de cierre de fronteras por varias semanas más.

Como era de esperarse, la crisis provocada por las acciones del gobierno venezolano  es motivo de angustia para los pobladores de la vecindad colombo-venezolana. El verdadero drama de esta historia lo han padecido los habitantes de la frontera que viven en un lado y trabajan o estudian en el otro y utilizan los servicios de ambos lados. Todo esto sin contar los perjuicios que se le causa al continuo tránsito de venezolanos a Colombia o de colombianos a Venezuela por razones turísticas o comerciales.

Las reacciones

El Presidente Santos denuncia la situación de los expatriados en la frontera Colombo-Venezolana.
El Presidente Santos denuncia la situación de los expatriados en la frontera
Colombo-Venezolana.
Foto: Presidencia de la República de Colombia

El gobierno de Colombia no se ha quedado con los brazos cruzados. El presidente Santos envió a los ministros de Gobierno y de Relaciones Exteriores a la frontera con Venezuela y ha reclamado un mejor trato para sus nacionales.

El gobierno colombiano ha orientado su respuesta hacia la protección de los derechos humanos y el recibimiento de los expulsados de Venezuela: ha ofrecido ayuda humanitaria a los deportados y ha presionado al gobierno bolivariano para que estos puedan recoger sus enseres o a sus familiares al otro lado de la frontera y puedan dejar  resueltos sus asuntos en Venezuela.

En Colombia el tema se ha convertido en punto caliente en la agenda política y todo el mundo quiere sacarle provecho a la situación. El presidente Santos ha tratado de mantenerse en el límite de la diplomacia, pero no lo han hecho así varios dirigentes políticos colombianos, que han “aprovechado” la crisis para criticar lo que estiman es una posición pasiva del presidente colombiano frente a las “arbitrariedades” venezolanas.

Mientras el expresidente Gaviria ha pedido que Colombia se retire de UNASUR, el expresidente Uribe dice que Santos debe romper relaciones con Venezuela y el expresidente Pastrana pide que se detengan las negociaciones de paz con las FARC mientras Venezuela sea facilitadora de las mismas.

Por su parte, el también expresidente  Samper se ha manifestado en torno al caso (desde su posición como secretario de UNASUR), tratando de propiciar el diálogo entre los dos gobiernos y acusando a los paramilitares colombianos de la situación crítica. Esta actitud ha sido vista en Colombia (y en Venezuela) como una clara manifestación a favor de las tesis del gobierno de Maduro.  

La oposición venezolana se deslindó del gobierno, advirtió sobre la posibilidad de que esta sea una cortina de humo para aplazar elecciones del próximo diciembre y no ha dejado de denunciar como errada la conducta de Maduro.

Aunque el resto de los países de la región deben de estar preocupados por la situación, no han mostrado intención de involucrarse. 

El “trapo tojo” de la política venezolana

En esta situación el problema no solo radica en el cierre de la frontera y el decreto de estado de excepción en algunos municipios del Táchira, sino también en la interpretación sesgada que han hecho los funcionarios públicos de ambos países sobre la situación.

El gobierno de Maduro insiste en definir a casi todos los colombianos que viven en el lado venezolano como “paramilitares” (aunque no tiene en cuenta la significativa  presencia de la guerrilla colombiana y sus colaboradores en ese país). Al mismo tiempo, el chavismo intenta diferenciar al “pueblo colombiano” de la “oligarquía colombiana”, para achacarle a esta la culpa de los males en la frontera, así como para marcar la diferencia entre el gobierno socialista de Venezuela y el capitalista de Colombia.

El gobierno de Venezuela ha acusado al presidente Santos, a sus ministros y, en general, a la clase política colombiana, de ser los culpables de los fenómenos de la violencia y “bachaqueo” o contrabando de Venezuela a Colombia. También ha insinuado que el presidente Santos ha sido laxo con los paramilitares y ha tratado de vincular a la oposición venezolana con estos actores armados, al tiempo que los acusa de apoyar la posición del gobierno de Colombia.

En Venezuela ya se habían elevado las voces contra Estados Unidos y Guyana en nombre del antiimperialismo, pero ahora es Colombia el “trapo rojo” de la política exterior venezolana. El gobierno del presidente Maduro cree que con esto conseguirá movilizar a su favor a la población en estos momentos de crisis y de antesala electoral con pronósticos en contra. En esta crisis se pone en evidencia la necesidad de Maduro de mostrarse fuerte en el poder usando cualquier recurso a su disposición.  

Cada vez se hace más evidente la necesidad de una reunión entre los presidentes Maduro y Santos.

Con este falso nacionalismo, los funcionarios y dirigentes del gobierno venezolano y del partido oficial (el Partido Socialista Unido de Venezuela) buscan consolidar el apoyo interno a su causa, y por eso han optado por referirse a Colombia casi siempre en tono despectivo, chovinista e incluso racista.  

Sin embargo el gobierno venezolano debería recodar que este tipo de conducta no le sirvió a Venezuela con Estados Unidos (y menos después de que Cuba se embarcara en la normalización de las relaciones diplomáticas entre ambos países), ni cuando los países del Caribe le dieron un apoyo unánime a Guyana en la controversia entre Caracas y Georgetown por su diferendo territorial.

Relaciones en problemas

Colombianos expatriados de Venezuela refugiados en la ciudad de Cúcuta.
Colombianos expatriados de Venezuela refugiados en la ciudad de Cúcuta.
Foto: Defensoría del Pueblo

La situación actual no es solo producto de la posición venezolana, sino el resultado de la falta de coordinación entre Venezuela y Colombia, cuyos gobiernos no han llevado a la práctica la cooperación en seguridad que acordaron en 2010. Efectivamente, la descoordinación operativa entre ambos gobiernos le ha dado la oportunidad al crimen organizado de ir y venir de un país a otro, lo cual ha multiplicado la violencia en la zona limítrofe.

Esta crisis ha dejado al descubierto las enormes diferencias que hay entre el gobierno del presidente Santos y el gobierno del presidente Maduro, quienes hasta hace poco posaban de aliados.

Tras la puesta en práctica de las medidas tomadas recientemente por el gobierno venezolano en la frontera con Colombia la relación entre los dos países, restablecida en agosto de 2010, entra de nuevo a cuidados intensivos.

Cada vez se hace más evidente la necesidad de una reunión entre los presidentes Maduro y Santos para evitar la profundización del conflicto, que cuente con la mediación de garantes internacionales y los buenos oficios de otros países de la región.

La conducta del gobierno venezolano contra colombianos y venezolanos en la frontera común no contribuye en nada a la paz regional y corroe los canales institucionales y diplomáticos de una política exterior seria y eficiente. Un diálogo bilateral con el apoyo de los gobiernos amigos puede evitar la escalada del conflicto o un daño mortal a la buena marcha de la democracia en nuestros países.

*Politólogo y profesor universitario venezolano.

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