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Deuda externa y fragilidad financiera

Escrito por Gonzalo Cómbita
Sociedad Portuaria de Cartagena.

Sociedad Portuaria de Cartagena.

Gonzalo CombitaLos indicadores se están deteriorando y los mercados internacionales se nos están cerrando. Vamos hacia una crisis financiera o hacia un ajuste recesivo que sacrifique crecimiento y empleos.

Gonzalo Cómbita*

De punteros a coleros

Hasta hace unos años la economía colombiana se destacaba  por su excelente desempeño: en ese entonces alcanzamos un crecimiento anual del 5,9 por ciento, con índices de inflación de un dígito para el período 2003 a 2007.

Pero hoy el panorama es muy distinto. La economía colombiana pasó súbitamente del “top” del  crecimiento a ser apenas uno de los 5 países emergentes más frágiles – los Fragile Five (FF)- en la clasificación del banco JP Morgan. Con esto se desmiente la noción de  “economía blindada” que preconiza el gobierno y habían pregonado sus antecesores.  

Como se puede ver en el Cuadro siguiente, entre los países emergentes y entre 2013 y 2015, el riesgo externo para la economía colombiana aumentó de manera que pasamos del nivel 3 al nivel 5, acompañados de Indonesia, Sudáfrica y Turquía. En el costado derecho se observa la clasificación del riesgo conjunto de la economía (tanto externo como interno), en la que nuevamente Colombia está en el top 5, después de estar en el nivel 2 en 2013.

 Fragile Five: Riesgo externo y conjunto de los mercados emergentes comparativo entre el primer trimestre de 2013 y primer trimestre de 2015

Clasificación de riesgo externo 2013 -2015               Clasificación de riesgo conjunto 2013 -2015

Fuente: Iwaniki y García, 2015

La destorcida

El derrumbe de la economía colombiana se debe a las secuelas que dejó el auge de los precios de las materias primas. Luego de un año de caída libre de la cotización de estos productos en los principales mercados bursátiles del mundo, se han hecho evidentes

  • el retroceso en la estructura productiva, particularmente la pérdida de dinamismo y participación de la industria y de la agricultura;
  • el deterioro sostenido de las finanzas públicas, altamente dependientes de los ingresos del petróleo;
  • la progresiva desaceleración de la locomotora de la construcción, y
  • un continuo pero cada vez más profundo déficit en cuenta corriente; de 1.037 millones de dólares (o el 1 por ciento del PIB) en 2001 pasamos a 14.468 millones  (5 por ciento del PIB) a fines de 2014.  

Crece la deuda

Este déficit en cuenta corriente durante más de una década ha implicado un mayor endeudamiento tanto del sector público como del privado. Tanto así que en 2015 la deuda externa equivalió al 37,1 por ciento del PIB o – peor aún- a cerca de 10,3 puntos más que  en el  2014, lo cual está muy cerca de los máximos niveles alcanzados en la crisis del fin del siglo XX. Así lo indica la gráfica siguiente:

Deuda externa privada y pública de Colombia 2000 a 2015

Fuente: Informe deuda externa Banrep, 2015.

A lo anterior se suma que los mercados de capitales internacionales perciben que la economía colombiana se encuentra en un período de fragilidad creciente dado el desequilibrio en cuenta corriente, lo que significa una mayor necesidad de financiamiento externo.

Y todo eso significa que los nuevos préstamos se pagarán a una mayor tasa de interés efectiva, porque la prima de riesgo (o el “spread”) es cada vez mayor para Colombia. En efecto la gráfica siguiente muestra cómo pasamos de ser una economía de riesgo moderado en 2013 (con un spread de 150 puntos -lado izquierdo-) a una de alto riesgo en el último año:

Spread de deuda y nivel de riesgo para economías emergentes para primer trimestre de 2013 a primer trimestre de 2015.

Fuente: Iwaniki y García, 2015.

Fragilidad financiera

En este contexto conviene recordar al economista Hyman Minsky, conocido por su hipótesis de inestabilidad o de fragilidad financiera. Esta hipótesis reconoce que el capitalismo es inherentemente inestable dado que las fases de auge siembran las semillas de las crisis.

Minsky muestra cómo y por qué los individuos (sean estos consumidores, empresarios,  bancos comerciales o países en desarrollo), luego de vivir algunos años en la prosperidad, olvidan que pueden perder sus empleos, entrar en bancarrota o no cumplir con el servicio de la deuda externa, y desarrollan un grado de confianza tal que, convencidos de su estabilidad, sigan contrayendo nuevas deudas.

Al comienzo, cuando los ingresos superan con creces las amortizaciones, es fácil acceder a nuevos préstamos y hacerlo a un bajo costo; pero después el margen de maniobra va  estrechándose hasta que – en el momento de perder el empleo o de ver reducidos los ingresos- se llega a la insolvencia y se cae en la espiral de tomar nuevos préstamos o liquidar los activos para cubrir los compromisos financieros. La venta masiva de activos desencadena una caída de su precio, lo cual aumenta el peso de la deuda en términos reales y desemboca en problemas de insolvencia; para empeorar las cosas, en ese momento el nuevo crédito es más costoso y restringido.

Las ideas de Minsky parecen explicar de manera coherente lo  que ha pasado con la deuda  externa de Colombia.

¿Cuál bonanza?

El Minhacienda Mauricio Cárdenas y el Gerente General del Banco de la República José Darío Uribe.
El Minhacienda Mauricio Cárdenas y el Gerente General del Banco de la República
José Darío Uribe. 
Foto: Ministerio de Hacienda

En el caso colombiano, el auge petro-minero fue acompañado por un acceso abundante al  financiamiento externo, particularmente de inversión extranjera directa y tamboen gracias al  bajo spread de la deuda.. Esta  abundancia de divisas llevo al aumento de las importaciones y a la pérdida de competitividad agrícola e industrial, con lo cual sobrevinieron el ya descrito déficit en cuenta corriente y el consiguiente aumento de la deuda externa.

Por su parte la inversión extranjera directa, que al comienzo fue parte del boom, se fue convirtiendo en una carga por el envío de las utilidades a las casas matrices respectivas.

De hecho, en Colombia no se pudo lograr el superávit en cuenta corriente en ningún período desde el comienzo del auge hasta ahora, dado el avance vertiginoso de las importaciones y la salida de las ganancias de las multinacionales mineras.

Ahora la economía sufre un choque por la caída de los precios del petróleo y los productos mineros que agrava el déficit en la balanza de pagos y precipita el alza de acelerada de la tasa de cambio a niveles históricos. La depreciación aumentó el costo en pesos de la deuda externa en más de un 30 por ciento y creó dudas en los mercados internacionales sobre la capacidad de Colombia para cumplir sus compromisos financieros – aumentando la prima de riesgo y el costo del endeudamiento nuevo-.

Muestras de ello son el aumento acelerado del peso de la deuda con relación al PIB, el spread creciente sobre papeles colombianos, y el que los intereses ya hoy representen el 71 por ciento de los compromisos financieros del Estado.

Mal dilema

Ante la caída de los precios de los commodities sectores de la economía como la locomotora de la construcción han desacelerado su crecimiento.
Ante la caída de los precios de los commodities sectores de la economía como la
locomotora de la construcción han desacelerado su crecimiento.
Foto: Ministerio de Vivienda

Las perspectivas para la economía colombiana son muy oscuras:

  • Podríamos llegar a un escenario de mayor endeudamiento y a la inminencia de una crisis especulativa.
  • También podría darse un ajuste del tipo promovido por el Fondo Monetario Internacional, donde se induce una recesión prolongada para corregir las importaciones y la cuenta corriente a expensas del crecimiento y el empleo. Esta solución parece ser la más probable.

 

Magister en Ciencias económicas Universidad Nacional, docente investigador Universidad de la Salle y Director Grupo de Investigación en economía y desarrollo humano de la Salle.

 

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