La seguridad ciudadana de Peñalosa: vino viejo en botellas nuevas - Razón Pública
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La seguridad ciudadana de Peñalosa: vino viejo en botellas nuevas

Escrito por Juan Carlos Ruiz
El Presidente Santos, el Alcalde Mayor Enrique Peñalosa y el Director de la Policía, General Palomino.

El Presidente Santos, el Alcalde Mayor Enrique Peñalosa y el Director de la Policía, General Palomino.

Juan Carlos RuizSitios u ollas calientes, “ventanas rotas” y otros varios anuncios hacen temer que el nuevo alcalde reedite estrategias viejas o importadas sin adaptarlas a la realidad de Bogotá. Pero también hay señales que auguran un buen futuro. 

Juan Carlos Ruiz V.*

Los puntos calientes

La reciente reunión entre el presidente Santos y el alcalde Peñalosa para tratar el tema de la seguridad en Bogotá podría ser el preludio de grandes –y positivos – cambios con respecto a la  administración anterior.

Y sin embargo los anuncios efectivos no permiten demasiado optimismo. Verdad que hay que esperar a que el nuevo gobierno muestre todas sus cartas en materia de seguridad, pero ya es posible anticipar el tono que tendrá el nuevo alcalde.

Por ejemplo, Peñalosa y Santos anunciaron la intervención de 750 zonas críticas donde se concentran los actos criminales en la ciudad. Esta política repetiría el modelo de los “puntos calientes” (hot spots) que se aplicó hace quince años en varias ciudades de Estados Unidos: según este modelo, hay que reunir instrumentos y recursos donde se concentra la criminalidad y no malgastarlos donde no se necesitan.

Sin embargo, el pie de fuerza en Bogotá es claramente insuficiente para cumplir lo que exige el modelo. Con los casi 17.000 policías de la ciudad (sin incluir auxiliares) divididos en tres turnos y repartidos en 750 zonas no daría para más de 7 uniformados por sector, suponiendo que todos los policías de la ciudad se dedicaran a la vigilancia.

Pero sabemos que hay policías resguardando embajadas, atendiendo la línea 123, en vacaciones, de licencia o en formación continua. Por ende, no habría al final más de dos o tres policías por zona crítica.  

Además, el modelo de los hot spots exige en sus primeros meses la saturación con Fuerza Pública del sector caliente, donde debe establecerse un cordón sanitario o una suerte de frontera donde la Policía sabe quién entra y sale. Así lo han hecho en Francia con las Zonas Prioritarias de Seguridad (ZPS) o en Brasil las Unidades de Policía Pacificadora (UPP). Y con tres policías por zona caliente en Bogotá parece imposible ejercer este control.

Las experiencias foráneas enseñan que después de hacer esto debe intervenirse con las agencias sociales para llevar a cabo programas de empleo, esparcimiento y educación:  nada se ha dicho al respecto en el modelo Peñalosa.

Esta estrategia no es nueva en Bogotá. La administración de Samuel Moreno se inventó 31 zonas críticas y prometió intervenirlas. El programa resultó invisible para la ciudadanía, pues la gran extensión de cada zona crítica no permitió establecer el control. Tampoco existía un plan integral para cada una de ellas, adaptado a sus necesidades particulares.

En 2013 Petro lanzó el programa 75/100, donde se detectaron 75 zonas “calientes”, que representaban el 2 por ciento de los 3.799 barrios donde se concentraba el crimen. Pero la Policía nunca se adhirió por completo al plan y unas pocas evaluaciones que realizó el Centro de Estudio y Análisis en Convivencia y Seguridad Ciudadana mostraron resultados desiguales que no permitieron determinar si las variaciones se debían al programa o a otros factores.

Las ventanas rotas

El Ex-alcalde Gustavo Petro había puesto en acción un plan de seguridad concentrado en 75 zonas críticas, la Policía Nacional nunca se adhirió al plan.
​Intervención en la Calle del Bronx durante el mandato del Ex-alcalde Gustavo Petro
Urrego
Foto: 
Gustavo Petro Urrego

Peñalosa también señaló que los lugares sin control ni orden invitaban al crimen. Como se puede ver, Peñalosa sigue anclado en su alcaldía de los noventa y no está en la ciudad de 2030, pues sigue utilizando la muy conocida metáfora de la criminología conocida como “ventanas rotas”, que ya cumplió 35 años.

Se dice equivocadamente que Peñalosa importó esta idea en su primer mandato al instalar bolardos, embellecer plazoletas y arreglar el entorno urbano de Bogotá. Pero hay que recordar que “ventanas rotas” es mucho más que eso. Con esta política se busca evitar el desorden en un sector para que no se lance la señal de que allí se puede delinquir con total impunidad.

Peñalosa sigue anclado en su alcaldía de los noventa y no está en la ciudad de 2030

Aunque Peñalosa conoce la parábola (mal llamada teoría) de las “ventanas rotas”, ahora parece querer adoptarla con todos sus componentes, pero desconociendo las críticas que recibió este modelo en los últimos 15 años.

Para poner en práctica esa “teoría” Peñalosa necesitaría de una Policía dispuesta a combatir incivilidades sin necesidad de un Código de Policía, que el alcalde considera un elemento fundamental para poder trabajar.

Anuncios variados

En la reunión con el presidente, el alcalde también anunció que su objetivo era desmantelar diez bandas criminales en la ciudad, una cifra que a primera vista parece muy baja.  

Rodolfo Escobedo, quien ha estudiado las bandas criminales en las principales ciudades de Colombia, señala que estas se reproducen de muchas maneras y cambian en sus modos de actuar y en su territorio. Sus integrantes siguen delinquiendo desde la cárcel o el “negocio” y el territorio son heredados por sus familiares. Además, cuando son perseguidos los delincuentes se van de las zonas calientes y hacen su negocio unas calles más lejos porque saben adaptarse rápidamente a las acciones de la Fuerza Pública.

Por eso, en medio del entusiasmo que despierta la nueva administración, hay que ser cauto en algunos anuncios, porque parece que el componente social de la seguridad brilla por su ausencia en la actual administración.

Lo que se ha anunciado son medidas reactivas, sin una estrategia de construcción de tejido social, que también es fundamental en una política de seguridad ciudadana. No hay políticas de segunda oportunidad ni una estrategia local antipandillas – un fenómeno que ha crecido en la última década-.

Pero hay también algunas señales positivas. La buena relación entre Peñalosa y Santos es fundamental para que la Policía adhiera a las iniciativas distritales en la materia. Si bien la Constitución establece que “el alcalde es la primera autoridad de policía del municipio”, en realidad la relación entre los mandatarios locales y la Policía Nacional ha sido distante y, en ocasiones, antagónica. Por ejemplo, las relaciones del alcalde Petro con la Policía no fueron buenas. Por eso la alianza entre el presidente y el alcalde actual es vital para que sean viables las políticas de seguridad de la ciudad, pues asegura la sinergia entre lo nacional y lo local y puede llevar a que la Policía no actúe como rueda suelta, con iniciativas distintas de las del acalde de turno.

A pesar de lo cual debo agregar que la intervención presidencial no siempre ha sido buena para la seguridad de las ciudades de Colombia. Por ejemplo cuando Santos era ministro de Defensa convocó Consejos de Seguridad en diferentes barrios de Bogotá, lo cual disgustó al acalde Samuel Moreno, quien señaló que él era la primera autoridad de la ciudad y que se estaban torpedeando los consejos que él planeaba hacer.

Ya como presidente, Santos pidió que se destruyeran 25 “ollas” en 20 ciudades en un plazo no mayor de 60 días. Hoy esas ollas siguen intactas y los esfuerzos por erradicarlas produjeron apenas fue una diáspora de indigentes, consumidores de droga y delincuentes a otras zonas céntricas de la ciudad.

En el estudio de Jorge Moreno Ponce sobre el Bronx y la territorialización de la inseguridad se afirma con razón que las “tomas” de los puntos calientes por parte de las autoridades sin una estrategia integral y multi-causal hace que las organizaciones criminales recuperen muy rápidamente el espacio perdido.

Buenas señales

Intervención en la Calle del Bronx durante el mandato del Ex-alcalde Gustavo Petro Urrego.
El Ex-alcalde Gustavo Petro había puesto en acción un plan de seguridad 
concentrado en 75 zonas críticas, la Policía Nacional nunca se adhirió al plan.
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá

Por último hay que decir que es una buena señal la creación de unas instituciones para la seguridad en Bogotá, que por fin tendrá una Secretaría de Seguridad (esperemos que con dientes y con presupuesto).

La buena relación entre Peñalosa y Santos es fundamental

El nombramiento del profesor Daniel Mejía en esta Secretaría es garantía de una gestión técnica, responsable y proba, como ya lo muestran sus anuncios de acabar con el Fondo de Vigilancia y Seguridad tras sus innumerables escándalos bajo la administración Petro.

El uso de personas de la academia en las tareas de seguridad no es nuevo, y ya tenemos buenos ejemplos de esta alianza, con Hugo Acero, subsecretario de seguridad durante las administraciones Mockus y Peñalosa, y con Andrés Restrepo, quien tuvo un papel honorable en esta dependencia a pesar de trabajar para alcaldías deslucidas.

Hay otras señales positivas en los anuncios y gestos de Peñalosa. Por ejemplo la reunión con 20 alcaldes de otras ciudades de Colombia es una clara muestra de que las autoridades locales poco pueden hacer en seguridad ciudadana si las normas y la Rama Judicial no funcionan correctamente y si el gobierno central no se interesa en estos temas. Un acuerdo nacional es fundamental para crear un aparato de seguridad bien aceitado.

Aunque el mandato de Peñalosa apenas comienza, se nota que el alcalde ha querido mostrar con fuerza su estrategia de recuperación imponiendo comparendos a los “colados” de Transmilenio (ya se cuentan 600) e interviniendo los túneles del sistema que se habían convertido en “cambuches” de los habitantes de la calle.

Sus primeras acciones, aunque tímidas, buscan sacar a la ciudad de la degradación en la que estaba. Ojalá que a esta administración no le suceda, como a las anteriores, lo que Ronald Reagan resumió en estas palabras: “El gobierno no ha sido la solución a nuestros problemas, el gobierno ha sido el problema”.

 

* Profesor titular de la Universidad del Rosario, Ph.D. en Ciencia Política de la Universidad de Oxford, máster en Administración Pública de la ENA (Francia), máster en administración de empresas de la Universidad Laval (Canadá), máster en Ciencia Política de la Universidad de los Andes.

 

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