
Geopolítica, seguridad nacional y la carrera por la IA
Compartir:
Este artículo presenta un breve análisis que relaciona las acciones de política exterior de Estados Unidos en los últimos meses con su Política de Seguridad Nacional, publicada en noviembre de 2025, y con lo que ahora conocemos como la crisis de la RAM y lo que pronto será una crisis global de la computación para el consumidor.
En diciembre de 2025, la empresa Micron, una de las tres más grandes del planeta dedicadas a la fabricación de semiconductores para memoria RAM y almacenamiento, declaró en una comunicación pública que cerraría su negocio de mercado para el consumidor (a través de la firma Crucial). Al mismo tiempo, el mercado de las piezas de computador ha visto incrementos verdaderamente estratosféricos en los precios de la memoria RAM que, según Gamers Nexus, alcanzaron un incremento del 168% en menos de tres meses en el último cuarto de 2025. Ahora, mientras nos acercamos al final del primer cuatrimestre de 2026, estamos presenciando aumentos similares en los precios de los discos de almacenamiento (los que todavía todo el mundo conoce como “discos duros”, pero ahora se llaman discos de estado sólido, o SSD por su sigla en inglés).
Muy probablemente, mucha gente creerá que esto no le afecta directamente o que estoy hablando otro idioma y usando siglas y conceptos extraños, pero el problema es mucho mayor de lo que todos creen. El incremento en los precios de estas piezas (memoria y almacenamiento) afecta directamente y en órdenes de magnitud enormes a los precios de casi todos los productos que consumimos, desde los teléfonos hasta las neveras y los automóviles, y todo está relacionado con dos cosas: primero, el desproporcionado auge de las empresas dedicadas a la construcción de centros de datos necesarios para el funcionamiento de la Inteligencia Artificial (como Nvidia y como OpenAI); segundo, con la política internacional, en especial con una renovada política del poder de Estados Unidos y de China en el sistema internacional.
Siendo así, en esta columna voy a presentar un breve análisis que relaciona justamente las acciones de política exterior de Estados Unidos en los últimos meses con su Política de Seguridad Nacional, publicada en noviembre de 2025, y con lo que ahora conocemos como la crisis de la RAM y lo que pronto será una crisis global de la computación para el consumidor. Partiré brevemente de las necesidades de la industria de la IA. Luego estableceré una conexión entre las necesidades de la industria y el comportamiento exterior de Estados Unidos. Por último, concluiré con un breve análisis sobre lo que nosotros, en las Relaciones Internacionales, estamos empezando a llamar el “momento tecnopolar”.
¿Cuáles son las necesidades de la industria?
Todos estamos bastante sorprendidos por lo que la IA puede hacer hoy. Antes, lo que llamábamos inteligencia artificial tenía capacidades bastante limitadas, pero el sorprendente avance que los nuevos modelos de lenguaje (LLM, por su sigla en inglés) han tenido en los últimos tres años nos ha permitido automatizar un montón de tareas más bien operativas, escribir códigos mucho más rápido que antes (aunque, obviamente, con errores que todavía deben ser corregidos por seres humanos) e integrar IA relativamente avanzadas en nuestros dispositivos móviles.
La capacidad de generación de contenido que tiene una IA necesita una igualmente grande infraestructura para el cálculo, y precisamente por eso OpenAI, la empresa detrás de ChatGPT, ha lanzado un proyecto que tendrá un costo de más de US$500.000 millones para construir, junto con Nvidia y Oracle (otros gigantes de la industria), una infraestructura de cómputo para sus sistemas de IA que necesitaría 10GW de potencia. Eso significa que la red eléctrica necesaria para ese proyecto debe ser capaz de suministrar, en un solo instante, una potencia equivalente a cuatro veces la demanda energética de Bogotá.
El problema no es solo de potencia de la red eléctrica, sino también de todos los equipos necesarios para que la IA funcione sin parar. Solo imaginen esto: uno de los modelos más recientes de ChatGPT necesita calcular 120.000 millones de parámetros y variables a la vez para responder a las preguntas de sus usuarios. Esa gran cantidad de datos debe estar almacenada en algún lugar y, además, se necesitan equipos capaces de leer y escribir todos esos datos a velocidades altísimas para que el tiempo de respuesta sea casi inmediato. Las partes de computador de más alta calidad y más optimizadas para cumplir con estas tareas necesitan, obviamente, una cantidad astronómica de materias primas para fabricarse.
Una política exterior direccionada por las necesidades de la industria
Esas materias primas, generalmente clasificadas todas bajo el nombre paraguas de “tierras raras”, se encuentran en lugares muy específicos del planeta (como ocurre con el silicio).
El fortísimo énfasis que la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 hace en el desarrollo de la inteligencia artificial y la computación cuántica, en expandir el acceso estadounidense a los “minerales críticos” y en controlar las cadenas de suministro de estos minerales está relacionado con esta aceleración de la carrera por la tecnología digital y la IA. Todo esto se enmarca en un contexto de seguridad nacional, autonomía estratégica y competencia entre potencias rivales.
Gracias a esta carrera, según el Wall Street Journal, el 70% de los chips de gama alta para memoria se acaparará durante todo 2026 por las grandes empresas de IA. La empresa Western Digital, uno de los mayores fabricantes a nivel global de estas piezas, anunció que ya vendió toda su producción de discos duros de 2026 y que tiene órdenes hasta 2028. El resultado es un alza desmedida en los precios de los componentes de computador ahora escasos. ¿Necesitaba usted un disco de almacenamiento nuevo para su computador? Pues ahora cuesta casi el doble. ¿Quería una unidad de memoria RAM nueva? Ahora la RAM cuesta casi cinco veces su precio normal. Y este aumento de costos impactará a todos los sectores del consumo.
El auge de la inteligencia artificial ha ocasionado un tal incremento de la demanda de tecnología, que compañías como Nvidia (una empresa que nació para fabricar procesadores diseñados para jugar videojuegos de computador) ahora controlan más del 80% de la manufactura de procesadores especializados para el uso de IA, y experimentaron un aumento del 67% del valor de sus acciones entre julio y octubre de 2025. Cosas parecidas ocurrieron con Meta y Google, que se subieron a la ola de la IA tan pronto como pudieron. No es una casualidad que los Barones de la Tecnología, es decir, los directores o dueños de las más grandes empresas americanas de tecnología, se hayan acercado muchísimo al gobierno de los Estados Unidos (hasta el punto de ser invitados en repetidas ocasiones a eventos públicos del gobierno Trump) para obtener millonarios contratos de financiación y, obviamente, para hablarle al oído directamente al presidente Trump sobre la importancia de las “tierras raras” para el sector y sus inversiones. OpenAI firmó recientemente un acuerdo de US$200 millones con el Departamento de Defensa de los Estados Unidos; Google consiguió otro contrato por el mismo monto con el mismo Departamento.

El momento “tecnopolar”
En el fondo, todo esto solo quiere decir que el Estado está absorbiendo las necesidades de la industria dentro de su definición, no solo del interés, sino también de la seguridad nacional. Es decir, está convirtiendo en una amenaza todo aquello que le impida obtener los recursos que la industria de la IA le exige. En términos muy materiales, la carrera por la IA ahora se corre fuera de las pantallas y de los laboratorios y se traslada a las minas, las redes eléctricas y la contratación pública, acaparando una enorme cantidad de recursos y financiación estatal. La competencia está llegando a tal punto que el mercado ha concluido que el consumidor final (como el lector de este texto) ya no es realmente necesario, ya que hay mayores rentas en los grandes capitales.
La reciente obsesión de Trump y de varios de sus grandes asesores por las tierras raras no es, entonces, gratuita. Trump ya había mencionado en el pasado que estaba interesado en explorar el territorio ucraniano para encontrar tierras raras y había condicionado su apoyo a la paz en Ucrania contra la invasión rusa precisamente a la exploración de dichos materiales. Trump también hizo referencia en múltiples ocasiones a los famosos metales raros cuando manifestó su necesidad imperiosa de tomarse Groenlandia. Una nueva ley sobre la minería en Venezuela permite a compañías extranjeras explorar y explotar tierras raras y, naturalmente, la legislación fue impulsada por Estados Unidos.
En otras palabras, varias de las más recientes decisiones de política exterior de Estados Unidos están motivadas precisamente por la necesidad imperiosa de sus empresas de hacerse con el control de la mayor cantidad de recursos necesarios para sus centros de datos dedicados a la IA, y los Tech Barons han logrado inmiscuirse en el Gobierno hasta el punto de que han hecho que sus prioridades individuales sean ahora intereses del Estado en materia de seguridad nacional. Estamos presenciando en vivo y en directo cómo los actores privados usan sus avances como palancas para cambiar las prioridades de política exterior de los Estados. Esto no es sino una muestra de que la industria está concentrada en muy pocos actores con muchísimo poder estructural que tienen la capacidad de capturar al Estado. Influyen fuertemente en sus prioridades de presupuesto, tienen acceso privilegiado a las altas esferas del poder público y son stakeholders esenciales en el juego de la securitización, pues indican al Estado qué cosa puede ser una amenaza en su carrera por el desarrollo o no.
Como mencionó Ian Bremmer, realmente estamos viviendo un momento tecnopolar en el cual las tecnologías digitales se convierten en los polos alrededor de los cuales orbitan las grandes potencias.
Le recomendamos: Más que guerra comercial: la tropicalización de los aranceles coercitivos
Acerca del autor
Lucas dAuria
*Profesor Asistente de Relaciones Internacionales en la Universidad de La Salle (Bogotá), magister en Teoría de las Relaciones Internacionales de la London School of Economics.
0 comentarios




