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Biden y su intento de recuperar el liderazgo de Estados Unidos

Escrito por Carlos Patiño
Carlos Alberto Patiño

El nuevo presidente ha dado marcha atrás a decisiones clave de su antecesor y está intentando recuperar el liderazgo mundial para Estados Unidos.

Carlos Alberto Patiño**

Giro de 180 grados

En ciertos momentos de la historia, a veces después de décadas, las tendencias históricas se acumulan y finalmente explotan.

Tal vez eso es lo que pasó bajo el gobierno de Donald Trump entre 2017 y 2021: durante años, Estados Unidos se había aislado paulatinamente y había perdido poco a poco su liderazgo global. El gobierno de Trump hizo visible ese aislamiento y lo llevó a su máxima expresión: desde el comienzo de su gestión, Trump optó por retirarse de los organismos y acuerdos internacionales que implicaban deberes para su país.

Hoy, el presidente Joe Biden, su secretario de Estado, Antony Blinken, y su secretario de Defensa, el general Lloyd Austin, deben plantear una política exterior efectiva que responda a una pregunta: ¿cómo puede Estados Unidos recuperar el liderazgo global y salir del aislamiento?

El desafío de China

En enero de 2017, Estados Unidos se retiró del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, un tratado de libre comercio entre algunos países que tienen acceso al Pacífico.

Desde los años noventa, el asesor de seguridad nacional de Carter Zbigniew Brzezinski había advertido que la gran competencia geoestratégica del siglo XXI sería por el control comercial, político y geográfico de Eurasia. Después de los desastres estratégicos que dejaron las guerras de Afganistán e Irak, Barack Obama decidió que Estados Unidos buscaría protagonismo en esta región mediante el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica. Desde comienzos de la década del 2010, este acuerdo adquirió un verdadero peso comercial y geopolítico.

Pero con la llegada al poder de Xi Jinping, un líder comunista convencido de los beneficios de la globalización y el comercio mundial, la República Popular China adquirió cada vez más importancia global y desplazó en parte a Estados Unidos. Xi Jinping planteó su gran proyecto geoestratégico como una red comercial, denominada en inglés como el One Belt, One Road (Una franja, una ruta) y en español como la Nueva Ruta de la Seda.

El proyecto comenzó con toda la fuerza económica, diplomática y política de la que podía echar mano Beijing y para finales de 2020 ya vinculaba de manera directa e indirecta a más de 80 países. Además, el proyecto le permitió a China involucrarse en grandes inversiones de infraestructura que van desde su propio territorio y que se extienden hasta Europa, específicamente hasta los puertos de El Pireo, en Grecia, y de Trieste en Italia.

Jinping planteó su gran proyecto geoestratégico como una red comercial, denominada en inglés como el One Belt, One Road: la nueva ruta de la seda

Trump, creyendo que le cerraba las puertas al comercio global de China, se retiró del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, pero su acción tuvo el efecto contrario: Estados Unidos le dejó la vía libre a China para consolidar su gran apuesta geoestratégica, que era establecer un amplio y profundo control de Eurasia.

Algo similar pasó con la Organización Mundial de la Salud (OMS): en 2020, Trump retiró a Estados Unidos de esta organización. En cambio, China ha aumentado sus cuotas y contribuciones voluntarias a lo largo de los últimos años.

Foto: Flickr - Es importante que la política exterior de Biden cambie el rumbo en sus relaciones con Medio Oriente.

Las relaciones con Europa

Pero eso no es todo. Trump también menospreció y se distanció de los aliados históricos que ha tenido Washington desde la Segunda Guerra Mundial.

Trump tuvo malas relaciones con la Unión Europea, pues apoyó el Brexit y prefirió establecer relaciones bilaterales con los países europeos. Tuvo además serias diferencias con los principales líderes europeos, como Ángela Merkel y Emanuel Macron.

En ese contexto, Trump causó la mayor crisis de confianza en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), una alianza de factura norteamericana, de la cual Trump y sus aliados han renegado de forma continua.

La actitud de Trump frente a la OTAN hizo que Washington perdiera credibilidad y confianza ante sus socios, por lo que Europa empezó a apostar por su propia autonomía, ante las presiones y los peligros que para muchos de ellos representa Vladimir Putin como competidor global.

Biden y sus cambios

Biden y Trump representan dos posiciones antagónicas en sus políticas internacionales y en la concepción de cómo de actuar Estados Unidos ante el mundo.

Por eso, desde su posesión, Biden ha empezado a mostrar las diferencias con su antecesor:

  • Ordenó el regreso de Estados Unidos a la OMS y al Acuerdo de París;
  • Detuvo el plan de Trump de reducir la presencia de tropas estadounidenses para la OTAN en Alemania;
  • Afirmó su intención de detener “los abusos” de China y Rusia en materia de seguridad nacional y economía;

Suspendió las deportaciones durante cien días, la prohibición de ingreso a migrantes de países musulmanes y la construcción del muro en la frontera con México y ordenó identificar a cada uno de los niños migrantes que habían sido separados de sus padres.

Estados Unidos reinició las acciones militares en Siria, que Trump prácticamente había dejado en manos de Rusia

En cuanto a las relaciones con el Medio Oriente, Biden también ha empezado un viraje de 180 grados. A diferencia de Trump, Biden ha afirmado la necesidad de darles prioridad a los derechos humanos. No en vano, la semana pasada la inteligencia estadounidense desclasificó un informe donde afirma que Mohamed Bin Salman, el príncipe heredero de Arabia Saudita ordenó el asesinato del periodista Jamal Khashoggi.

Además, Biden ha dicho que evaluará las políticas del gobierno de Arabia Saudita en la región que contaban con apoyo de Trump y que llevaron a tensiones y disputas con Catar, un aliado militar y comercial de Washington.

En esta misma región, Estados Unidos reinició las acciones militares en Siria, que Trump prácticamente había dejado en manos de Rusia, y atacó a las milicias y organizaciones pro-iraníes. Adicionalmente, le ofreció a Irán renegociar el acuerdo nuclear, con el fin recuperar la credibilidad internacional de Estados Unidos.

Por último, Biden ha extendido los tratados de desarme nuclear con Rusia y quiere firmar nuevos tratados de control de armamentos con China y quizás con India y Pakistán.

En resumen, la política exterior de Biden busca que Estados Unidos se reincorporen al mundo de forma urgente y activa, en un momento histórico cuando es evidente que no tienen el mismo liderazgo. Recuperar el tiempo y el liderazgo perdidos, y recomponer plenamente las relaciones con los aliados no será fácil, pero Biden ya ha dado los primeros pasos para hacerlo.

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