El futuro de la guerra en Medio Oriente | Razón Pública 2023
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El futuro de la guerra en Medio Oriente

Escrito por Lucas dAuria
guerra en Medio Oriente

La tregua entre Israel y Hamás ha terminado, continua la guerra y aumentan los mensajes de odio. ¿Cómo ha sido recibida la guerra en Occidente y por qué la situación podría empeorar?

Lucas d’Auria*

Antisemitismo e islamofobia

Después de dos meses sin avances diplomáticos, con bombardeos israelíes a Gaza, la tregua para el intercambio de rehenes y prisioneros entre Israel y Hamás parecía ser prometedora. Lamentablemente, la tregua no se convirtió en un cese al fuego duradero y los enfrentamientos persisten.

La continuidad de la guerra es desafortunadamente clara, así que quiero llamar la atención sobre algunos asuntos no resueltos que pueden hacer peor lo que hemos visto en los últimos dos meses.

El conflicto ha avivado el antisemitismo y la islamofobia. Hay debates intensos sobre cómo definir esos comportamientos y cuáles acciones corresponden a dichos discursos de odio.

Aunque cosas como los grafitis de esvásticas en la Embajada de Israel en Colombia son un ejemplo claro de antisemitismo que debe ser repudiado, la discusión se vuelve más compleja al considerar manifestaciones masivas en países occidentales o decisiones como la prohibición de marchas estudiantiles a favor de los derechos palestinos en universidades estadounidenses y restricciones a la participación en eventos académicos por criticar las acciones de Israel en Gaza.

¿Criticar las acciones de Israel también es antisemitismo? Mi posición es que no. No es posible que cualquier crítica de las acciones de Israel o de su gobierno sean consideradas antisemitismo. Naturalmente, si las críticas van acompañadas de un discurso de odio hacia la población judía, o si aluden a la desaparición del Estado de Israel o de su población, sin duda sí lo son y dichas críticas no deben ser ni difundidas ni respetadas.

sus acciones lentas revelan que el sistema de toma de decisiones en política exterior no es efectivo en un contexto de dependencia de Estados Unidos para temas relacionados con su entorno inmediato.

Pero una cosa es decir “Israel debe desaparecer” y otra es reconocer que hay decisiones militares tomadas por sus mandatarios que, con alta probabilidad, constituyen faltas graves al Derecho Internacional.

Israel se ha esmerado en lograr que el discurso según el cual toda crítica a Israel es antisemitismo cuele y sea aceptado. El discurso se basa en una condición de victimismo sin fin que, aunque comprensible, deshabilita la capacidad de hablar de otras personas. Se convierte en un marco de comprensión que, como diría Sarah Bertrand, es un esquema de deshabilitación ilocucionaria: si la única condición aceptada para el pueblo judío es la de víctimas perpetuas, necesariamente habrá victimarios perpetuos que nunca terminarán de cumplir su condena.

Esto hace que las voces de los palestinos que no apoyan a Hams —que según los datos del Barómetro Árabe y del Centro Palestino para la Investigación de Encuestas y de Políticas son el 67% de la población en Cisjordania y Gaza— y la de quienes apoyan a los palestinos sean socialmente forzadas al silencio.

Debido a que todos estamos de acuerdo con que el antisemitismo es despreciable, Benjamin Netanyahu y su partido (el Likud) hacen uso de la historia de la persecución de los judíos para distorsionar el mensaje de apoyo a los palestinos y traducirlo como, primero, un apoyo a Hamás, y, segundo, como una exclusión e incluso eliminación del pueblo judío y de Israel.

Como consecuencia, las manifestaciones en favor de Palestina son vistas por varios políticos en Occidente como marchas que apoyan el terrorismo y que, desde los atentados del 11 de septiembre del 2001, son además enmarcadas en sus discursos como motivadas por interpretaciones radicales del Islam y, además, convenientemente vinculadas con las enormes “hordas de migrantes” que llegan a Europa desde el 2011.

La imbricación de la Great War on Terror y la migración hacia Europa han tenido como efecto el aumento de las acciones racistas islamofóbicas y los discursos de securitización sobre los migrantes a Occidente. Todo esto deslegitima el discurso de quienes reclaman un Estado para los palestinos.

Para finalizar este punto, quiero dejar claro también que el discurso de Hamás es, con frecuencia, abiertamente antisemita, y que reconocer los delitos de una parte no impide reconocer los de otra. La guerra entre Israel y Hamás continúa después de la tregua y, probablemente, veremos que el binomio antisemitismo/islamofobia será decisivo en los resultados electorales en Europa.

guerra en Medio Oriente
Foto: Flickr: World Economic Forum- Mahmoud Abbás, líder de la Autoridad Nacional Palestina, no tiene un sucesor claro, lo cual podría causar un vacío en el poder que empeore el conflicto.

El eterno problema de la Unión Europea

No es para nada coincidencia que Geert Wilders haya ganado las elecciones en los Países Bajos. La posición de Wilders, quien designa al Islam como una «ideología retrasada” y al Corán como el Mein Kampf, es compartida por varios políticos de la derecha en múltiples Estados miembros de la Unión Europea.

Las medidas restrictivas contra el Islam son pan de cada día en países como Francia e Italia. Los partidos de la derecha, como La Liga, esgrimen una retórica según la cual es Islam es incompatible con los valores occidentales desde hace décadas (desde la migración albanesa de los años noventa) y, ahora, es parte de su discurso anti-inmigración. La guerra en Gaza ha dado a los partidos de la derecha un elemento adicional para obtener votantes.

El ejemplo de Wilders es muy particular: asemejar el Corán con Mein Kampf le permite construir una narrativa que recuerda a los europeos el peor de todos sus males, y que define, por asociación, al Islam como una suerte de totalitarismo etno-nacionalista.

En conjunción con el discurso de los políticos de la derecha en Israel sobre el antisemitismo y la eterna condición de víctimas, es muy fácil para Wilders y otros políticos de su línea argumentar que los árabes musulmanes son, como les dicen en Francia, “islamofascistas” —término que, por demás, no significa nada—.

Para la Unión Europea (UE) esto es problemático, ya que puede representar el comienzo de cierto retroceso de la democracia (empezando por la restricción de los derechos propios de una democracia para poblaciones minoritarias en nombre de “la seguridad”).

Pero también es un problema porque muestra una vez más que sus miembros no pueden “hablar con una sola voz” frente a situaciones fuera de sus fronteras. Además, sus acciones lentas revelan que el sistema de toma de decisiones en política exterior no es efectivo en un contexto de dependencia de Estados Unidos para temas relacionados con su entorno inmediato.

Antony Blinken, secretario de Estado de Estados Unidos, ha mantenido una serie de reuniones con líderes del Medio Oriente y ha participado en negociaciones con Hamás, mediadas por Qatar, mientras que en Europa esto sucede hace muy poco.

Es decepcionante, pero la respuesta a la pregunta “¿A quién llamo cuando quiero llamar a Europa?” sigue sin tener una respuesta clara. Cada líder europeo va por su cuenta. Las declaraciones de primeros ministros como Pedro Sánchez —quien ha puesto en duda que Israel esté respetando el derecho internacional— son muy diferentes de las de la presidenta de Comisión Ursula von der Leyen, quien ha declarado que la UE apoya, de modo incondicional, a Israel; también son diferentes de las declaraciones de Italia y Grecia, preocupados por una posible crisis migratoria que les podría afectar de manera diferencial.

Abbás y la Autoridad Nacional Palestina

Por último, queda hablar del papel de Abbás, el líder de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

Abu Mazen, como le llaman muchos, no es un líder aceptado por una gran mayoría de la población palestina. De hecho, muchos palestinos consideran que la ANP se ha convertido en una institución corrupta, subcontratadora de la seguridad israelí.

El 78% de los palestinos quisiera que Abbás renuncie a la presidencia de la ANP, precisamente por su mala gestión desde que Hamás se tomó Gaza con las armas. El problema es que Abbás no tiene un sucesor claro o particularmente favorecido por la población palestina.

Hussein al-Sheik, el enlace con el ejército de Israel que fue designado por Abbás para ese cargo, aunque es favorecido por los Estados Unidos no tiene el apoyo popular necesario para reavivar a la ANP; Marwan Barghouti, que tiene un enorme apoyo popular de acuerdo con las encuestas y encabezó la segunda intifada, actualmente está en prisión en Israel, condenado a cinco cadenas perpetuas.

una cosa es decir “Israel debe desaparecer” y otra es reconocer que hay decisiones militares tomadas por sus mandatarios que, con alta probabilidad, constituyen faltas graves al Derecho Internacional.

Así las cosas, la actual separación entre Hamás y Fatah en el Consejo Legislativo Palestino y el vacío de poder que ocurrirá cuando Abbás ya no esté, serán problemas graves para el futuro del conflicto. Hamás podría aprovechar para tomar control completo de la ANP y la guerra podría recrudecerse todavía más. O, en el mejor de los escenarios posibles, la ANP toma fuerza y logra expulsar a Hamás y establecer relaciones cordiales con Israel.

Lo que queda claro es que Netanyahu ha hecho esfuerzos para disminuir el papel de la ANP y reducir la posibilidad de acción de Abbás hasta el punto de convertirlo en un cero a la izquierda, hablando únicamente con Egipto y con países vecinos, pero no con la ANP, y forzado a Abbás a perseguir otros medios para alcanzar el reconocimiento estatal (como la situación abierta ante la Corte Penal Internacional).

El gobierno de Israel debe ser consciente de que la paz en la región necesita una ANP respetada en Palestina.

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1 Comentario

Eduardo Sáenz Rovner diciembre 4, 2023 - 1:50 pm

Petro afirmó en Caracas (¡en la Feria del Libro!) que «el capital israelí» es dueño de la banca norteamericana. Para los nazis la «banca judía» pretendía tomarse el mundo…

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